Capítulo 4
Jessi
Hola guapo. ¿Quieres pasar un buen rato? Por treinta euros me puedes hacer lo que quieras.
Minutos después de dejar a mi sobrina Leire en el calor de su hogar, me veía nuevamente delante de uno de los mejores pares de tetas que había visto en la vida. Me resultaba difícil, por no decir imposible, separar la vista de los dos botijos que la tal Jessi me mostraba abiertamente, imitando la pose que yo había visto en la fotografía aquella misma tarde. A duras penas logré analizar sus palabras, aunque tampoco había mucho que pensar. Su ofrecimiento no dejaba lugar a dudas. Cuando una brisa de raciocinio sopló en mi mente, enseguida me di cuenta de la abismal diferencia entre sus tarifas y las de las otras niñas. Jessi jugaba en otra liga, la de las putas baratas de la calle, pese a que su cuerpo y su edad no se correspondían con tan bajo pedigrí.
- ¿Treinta? ¿Qué tienes en el coño? ¿Oro? - Respondí ágilmente debido a que tenía ya decidida la respuesta de antemano – He visto ahí atrás a una chinita que, por ese precio, se dejaba mear en la boca…
Iba a regatear. Quería saber hasta qué punto llegaba la desesperación de la chica. Dicen que jugar con ventaja no es tan excitante, pero son los que pierden los que hablan así.
- ¡Venga, no me fastidies! Seguro que tienes la pasta. Se te nota que te gustan mis tetas. No seas malo y dime que sí. Te haré pasar un buen rato.
- Veinte... y por el culo. Lo tomas o lo dejas.
La chica torció el gesto y dio algunos saltitos. Tenía frío. Otra con más carácter me hubiese mandado a la mierda. Ella no podía, y yo lo sabía: eso me daba una ventaja abismal sobre ella.
- No seas malo. Treinta y me lo haces sin goma si quieres. Y por detrás, por eso no tengo problemas…
- ¿Y podré correrme en tu boca después de darte por el culo?
- ¡Sí, sí! Sin problemas. Te dejaré la polla limpita como la de un bebé, pero por treinta…
- Eres muy puerca, ¿lo sabes?
- Sí, lo que tú digas. Seré todo lo puerca que quieras… pero por treinta euros…
- La verdad que un buen polvo sí que tienes. Me gustaría llevarte a casa y follarte toda la noche… ¿qué opinas?
Ejercería el oficio más antiguo del mundo, pero en el fondo no era más que una cría. Su cara denotó que el cambio de planes no le agradaba.
Yo… yo no puedo hacer eso. Mejor vamos ahí detrás y me enculas a gusto. Me tragaré tu leche si es lo que te pone cachondo …
No, no – acompañé las palabras con el gesto de mi cabeza -. Esas tetas merecen una buena regada. Aquí hace frío y… ¿qué cojones hago yo dándote explicaciones, puta? ¿Dónde está tu chulo? ¡Quiero hablar con él directamente!. Seguro que él y yo nos entendemos enseguida. Vosotras sólo sabéis abrir las piernas.
No… no tengo chulo.
¿Qué no tienes chulo? ¡Venga ya! Seguro que te ha dicho eso para evitar que le pille la policía.
No… de verdad. Hago esto desde hace poco. No tengo chulo.
¡Uf! Pues aquí, sin un tío con cojones que te defienda, vas a durar cuatro días. Dicen que las negras tienen muy mala leche, y que luchan por su terreno incluso a navajazos. Te van a inflar a hostias si piensan que les robas los clientes…
No había que ser muy perspicaz para darse cuenta de que algún mal encuentro con otras colegas ya había tenido. Su cara era todo un poema.
Venga, tú ganas. Veinte, pero decídete rápido que hay más clientes…
¿Más clientes? Llevamos aquí diez minutos hablando y no ha pasado ni un puto coche. Estás en la peor esquina del polígono y lo sabes – reconozco que aquí me marqué un farol pero estaba decidido a jugármelo todo por el todo -. Seguro que has visto a las rusas de la calle de al lado; se tirarían a su padre por tus veinte miserables euros. No tienes nada que hacer contra ellas: altas, rubias y, sobre todo, muy pero que muy guarras. Y los pervertidos que las prefieren jovencitas se follan a las chinitas de ahí atrás. Parecen mosquitas muertas pero sacan brillo al sable hasta la empuñadura. Tendrán treinta años, sin embargo parecen de trece o catorce. Joder, conforme hablamos ya me estoy poniendo cachondo. Creo que me tiraré a una de esas esta noche, si tú no te animas… me gusta la carne tierna, ya me entiendes.
Y… ¿cuánto me darías?
¿Ves? Eso ya me gusta más. Hay que negociar siempre, putita. Si tuvieras un chulo como Dios manda, ya te lo habría enseñado.
¿Cuánto? – su voz cada vez era más desesperada.
Me has caído bien, de verdad. Te voy a dar una fortuna…
¡Cuánto, joder!
Eso depende de lo que estés dispuesta a hacer…
¡Lo hago todo! ¿Cuánto…?
Aquella confesión era redundante. Yo sabía perfectamente lo que era capaz de hacer, lo había visto con mis propios ojos en el ordenador portátil que me habían regalado mis otras chicas. Aquella niña que en aquel instante permanecía indefensa, de pie, temblorosa, con sus grandes senos y ojos vidriosos, comiéndole la verga a un perro, es algo que jamás olvidaré
No voy a engañarte, algunas putas dicen que estoy enfermo. No me gusta utilizar la taza cuando hay otros sitios mejores donde mear. Tus tetas están pidiendo a gritos una buena regada...
¿Vas a pegarme? – Me interrumpió de repente.
No – en eso fui categórico, quizás demasiado. Tuve que plegar velas -, a menos que tú me lo pidas, claro…
¡No, no! A mí no me va ese rollo. Puedes mearme hasta en la boca si eso te pone cachondo, pero…
Ciento cincuenta euros por toda la noche, y creo que estoy siendo extremadamente generoso. Esas tetas tuyas me deben estar hipnotizando porque es demasiado para una puta esquinera como tú.
Hice la oferta a sabiendas de que era injusta. Leire o Andrea ganaban el doble simplemente poniendo el culo durante quince minutos. Sin dejar de temblar, se ciñó un poco la torera.
Espera… un momento.
La vi alejarse rápidamente. Su culito, apenas mostrado hasta ese momento, me pareció un monumento a las especie humana. Los tacones lo hacían elevarse hasta el infinito, dándole una redondez propia de su condición de adolescente que tanto nos excita a los machos. No existe hombre en la tierra que no desee meter su rabo por allí.
¡Qué ricura! – Murmuré - ¡Y se lo deja romper por veinte cochinos euros! ¡Está reventando el mercado!
No pude evitar una leve sonrisa ante tan grotesca ocurrencia. Pronto me arrepentí de lo dicho. Podía aparentar ser un proxeneta sin alma, pero pasar de chico bueno a malo no era tan sencillo, al menos para mí.
Como esperaba, la interlocutora de la chica fue la prostituta de la siguiente farola, que no era otra sino Lara, su madre. Observé a las dos hablando acaloradamente y a la mayor negar con la cabeza de forma reiterada. Tras unos momentos de incertidumbre, ambas volvieron hacia donde yo me encontraba, pero fue madre la que habló.
¿Ciento cincuenta por toda la noche?
Eso es.
De acuerdo, pero tendrás que llevarnos a las dos. Trescientos. Lo tomas o lo dejas.
¿Trescientos? – mi sobrina había ganado cuatro veces más ella sola en toda la tarde - ¿piensas que estoy loco? Además, ¿para qué te querría yo a ti? Eres vieja y con las tetas caídas. Estás fuera del mercado y lo sabes.
Fui tremendamente injusto con Lara, lo reconozco. Era cierto que ya no tenía la lozanía de su hija, para nada era el despojo humano que yo había descrito. Con treinta y tantos años, parecía más bien la hermana mayor en lugar que la madre: es la ventaja o el inconveniente de parir antes de los dieciocho.
Trescientos. Lo tomas o lo dejas.
Y… ¿os lo montaréis entre vosotras?
Supongo que la puta vieja ya se esperaba algo así e iba a decir algo realmente desagradable en relación a mi familia más cercana, sin embargo Jessi se le adelantó:
Sí, lo que quieras. Pero tiene que ser ya. Trescientos y por adelantado.
Ese detalle me gustó más. Parecía que la presencia materna le daba fuerzas a la adolescente, haciéndola parecer más segura. Me rendí, intentando disimular como pude la satisfacción por lo ocurrido. Iba a consumar a la vez varias de las fantasías sexuales que me quedaban por cumplir: ver a una madre y a una hija montándoselo juntas, y, para mí la más importante, follarme a una hija delante de alguno de sus padres. Es algo que siempre me había rondado por la cabeza y por fin había visos de que pudiera materializarse. Cierto es que me iba a faltar la presencia paterna, pero hace tiempo que sé que la vida no es perfecta.
De acuerdo. Subid antes de que me arrepienta…
Vale, pero aguarda un instante, tenemos que ir a buscar unas cosas.
¿Unas cosas? ¿Pero de qué va esto?
Tú espera, cabrón. – dijo Laura con cierto orgullo.
Las vi desaparecer tras unos arbustos y enseguida volvieron con una maletita y una bolsa deportiva. Si lo que Leire me había contado era cierto, aquellas eran todas sus pertenencias. Vivían en la calle desde que un prestamista sin escrúpulos les había quitado su casa.
¿Os habéis escapado del pueblo o qué?
Es una historia larga…
Que no me interesa en absoluto. Pasa tú delante, princesa. La vieja detrás, con los bultos.
Ni siquiera tuve la galantería de bajarme del vehículo para ayudarles con las bolsas.
Ponte en el asiento del medio, vieja…
Me llamo María.- Mintió.
¡Qué casualidad! Y tú, bomboncito ¿a que también te llamas María?
S… sí. – Contestó tímidamente la niña.
No sé por qué todas las putas utilizáis el mismo nombre de virgen.
Será porque todas nos llamamos así.
¿Y a quién le importa, vieja? Ábrete de piernas y tócate un poco. Te vendrá bien ir lubricándote. Te voy a meter de todo por ahí esta noche.
Jessi tomó asiento a mi lado. Tenía tanto frío que no lograba abrochar correctamente el cinturón de seguridad y dio un respingo cuando le tomé la mano.
¿Crees le que cabrá por delante? A tu puño por el coño de la vieja, me refiero.
No… no sé.
Apuesto a que sí. Luego saldremos de dudas. Tenemos toda la noche por delante. Para eso las negras sí que son unas artistas. A una le metí la mano hasta aquí.
Reí, señalando un lugar indeterminado entre la muñeca y el codo. La cara de Jessi era todo un poema.
No te desesperes. Todavía eres muy joven, en un par de años seguro que tienes el coño tan abierto que también podrás hacerlo.
La adolescente no dijo nada. Sin duda no le agradaba para nada pensar en su futuro, con buscar un lugar donde pasar la noche le era suficiente.
Tu amiga es muy mayor para mi gusto, en cambio a ti se te ve bastante joven…
Tengo dieciocho…
Perfecto – dije, aunque sabía que me estaba mintiendo -. Tenía que preguntártelo, ya sabes. Es para no tener sorpresas si te da por denunciarme o algo parecido.
Tranquilo. ¿Me das la pasta?
Claro, claro. El negocio es lo primero. Toma.
Dije sacando de mi cartera lo convenido. Cuando la niña vio la cantidad total que todavía me quedaba, abrió sus ojitos azul claro de par en par pero no dijo nada. Fue la madre, en un gesto de rabia poco profesional, la que protestó:
¡Serás cabrón! ¿Estás podrido de dinero, y aun así le has regateado diez miserables euros?
Recordé lo que mi padre siempre me dice en estos casos.
Los ricos no lo son porque ganen mucho dinero sino porque gastan poco.
¡Capullo! – Dijo la mujer, encabronada.
¡A callar! Un trato es un trato. Ahora sed buenas zorras, dejadme satisfecho y quién sabe, hasta puede ser que os dé una propina y todo.
¡Vámonos ya! – dijo la niña bastante asqueada -. Odio este sitio. Llévanos a donde te dé la gana y haznos lo que quieras, pero lejos de aquí.
Jessi parecía derrotada por la vida, pese a tener poco más que quince primaveras.
Tranquila. Quiero comprobar algo antes. No tendrás rabo, ¿verdad? No lo parece, aunque tampoco sería la primera vez que intentan darme gato por liebre.
Mi insinuación no le sorprendió en absoluto, la chica conocía el procedimiento habitual. Tras respirar de forma profunda, Jessi abrió las piernas sobre el asiento. Con la delicadeza propia de un mandril, introduje mi mano bajo su minifalda. De camino a la vulva me tropecé con restos de esperma provenientes de su anterior cliente, por lo visto también había elegido la tarifa sin protección. Como me temía, no llevaba bragas. Son un incordio si el negocio consiste en un polvo rápido en el asiento trasero o, en el mejor de los casos, un botín demasiado goloso para coleccionistas fetichistas.
Esto está muy bien. Usado pero peladito…
En efecto, la adolescente estaba completamente depilada. En ese aspecto no se diferenciaba en absoluto con el resto de las niñas que conformaban mi harén. Todas estaban rasuradas íntegramente, o quizás tan solo lucían en su entrepierna minúsculas moscas bien conformadas. Recorrí su secreto con mis dedos unas cuantas veces, recogiendo cada porción de lefa que por allí quedase.
¡Perfecto!
Dejé de tocarle el coño, y sin el menor tapujo, desabroché la torera que mal cubría su torso. A dos manos, comencé a magrearle las tetas. De paso, me limpié con ellas los restos de lo anteriores encuentros sexuales de su dueña, teniendo mucho cuidado de que su madre fuera consciente de ello.
Me la voy a follar por todos los lados. Estas tetas están para volverse loco. Son tremendas y naturales, como a mí me gustan. Odio la silicona. ¿Se las has chupado alguna vez? - Dije mirando a Lara, por si había alguna duda de mis intenciones - Sois pareja, ¿no?
No, ni somos pareja ni se las he chupado nunca, ¿contento? Ahora arranca de una vez.
Siempre hay una primera vez para todo, no lo olvides, vieja.
Minutos después, abandonamos el polígono industrial, adentrándonos en lo más profundo de la ciudad.
Tras aparcar en el garaje subterráneo de mi apartamento, pulsé el botón del ascensor. La luz intensa de ese lugar y la cercanía de las dos chicas dejaron a la vista detalles que la penumbra del polígono industrial no me había dejado apreciar.
Por mucha ropa provocativa que portase o por muy maquillada que estuviese, Jessi jamás podría dar el pego y pasar por ser mayor de edad. El que se tragaba semejante cuento o era un ciego total o un pervertido buscando eso precisamente. Tenía aún más cara de niña que mi sobrina, pese a ser un año mayor. Rubita y con el pelo suelto hasta una longitud algo por debajo de sus hombros, se soplaba las manos intentando darse calor, dándole a su rostro un aspecto frágil y desvalido. En cambio su cuerpo era harina de otro costal. El canal de sus tetas no tenía fin, comprimidas a duras penas por la chaquetita de cuero de imitación. El resto de su anatomía nada tenía que envidiar a las mejores putas del Club de Campo que tanto frecuentaba mi cuñado. Cuerpo de vicio y cara de ángel: el sueño de cualquier putero.
Su estatura era superior a la de su madre, y más aún con aquellas botas de tacón alto que le hacían llegar casi hasta mi barbilla. Y eso a pesar de ser de esa clase de chicas con bustos exagerados que tienden a encogerse como si de ese modo su descomunal delantera fuera a pasar desapercibida.
Realmente a mí no me gustaba en absoluto su aspecto de golfa barata. Estaba seguro de que sería mucho más apetecible para los clientes de La Academia vistiendo con algo más propio de sus quince añitos. Algo juvenil y escotado, eso sí, ya que considero que las mujeres, independientemente de su edad, deben ser conscientes de sus armas y utilizarlas de forma adecuada, pero sin las estridencias propias de las putas de la calle. Simplemente con la cara lavada, nada de maquillaje, una camiseta de tirantes que le marcara sus pezones y unos pantaloncitos cortos de tipo vaquero que le perfilasen el culito, Jessi hacía saltar la banca. Los hombres harían cola para llevarla a la cama, y pagarían lo que fuese por meter el rabo entre sus pechos.
Eso me llevó por un instante a intentar adivinar la extraña razón por la que mi sobrina Leire le tenía tanta inquina a tan aparentemente inocente chiquilla. Quizás le tenía envidia por las tetas, pero ni siquiera a mí me convencía un argumento tan simple y misógino. Había algo más.
Mi buen corazón me traicionó. Pese a que intentaba seguir con mi papel de putero duro y sin escrúpulos, deslicé sobre sus hombros mi abrigo justo en el instante en el que el ascensor abrió su puerta.
Gracias. – Me dijo sonriendo levemente, para después retorcerse buscando el calor que tanto ansiaba dentro de la prenda.
A punto estuvieron aquellos bonitos ojos de derrumbar mi farsa. Estuve a un tris de decirles quién era y ofrecerles una reconfortante taza de caldo caliente, acompañada una larga ducha no menos agradable. Sacando fuerzas de flaqueza contesté:
No… no te hagas ilusiones. Pronto suplicarás para que la saque de tu culo. Voy a dejártelo como un colador… ¡Zorra!
Pero mi tono ya no resultaba tan convincente como antes. La niña no se dio cuenta de ese detalle y fijó su mirada en el suelo, intentando asimilar lo que iba a sucederle. Pese a mi torpeza, creo que se tragó eso de que yo iba a ser uno más de los clientes que utilizaban su cuerpo para darse un festín de carne tierna.
Durante el trayecto analicé a Lara. Se parecían, no cabía duda. A diferencia de Jessi, su pelo tenía tonalidad castaña tirando a oscura. La niña había heredado de ella sus ojos, azules y algo pequeños, quizás su nariz, y sobre todo sus tetas: unas enormes ubres imposibles de abarcar por cualquier ser humano. Sin ser gorda ni mucho menos, sí tenía más dónde agarrar que la niña; cosa lógica, por otra parte. Era una mujer normal, con los defectos con los que castiga el discurrir del tiempo a todo futuro inquilino del cementerio.
No pude asegurar que estuviese triste. La tristeza es algo que viene y va en un lapso de tiempo que puede ser más o menos corto. Yo diría que era una mujer derrotada por las circunstancias de la vida y eso sí que es duro de asimilar, sobre todo teniendo una hija a la que mantener.
Debía ser tremendo para Laura no sólo no ser capaz de salir del pozo en el que se había metido, sino saber que, en su caída, había arrastrado a su niña al infierno de la prostitución y la indigencia. Como supe más tarde, su último novio no sólo se había limitado a la follarse a la chiquilla, cosa que ya había hecho su anterior pareja, y la anterior a la anterior; ni a llevarse su dinero, eso le llevaba ocurriendo con hombres desde siempre y prácticamente lo veía como algo normal, sino que había logrado un buen trabajo con ella: le había arrebatado la poca autoestima que le quedaba.
El muy cabrón se lo hizo con Jessi prácticamente a diario, al tiempo que vació el mueble bar y la cuenta corriente de la madre en un visto y no visto. Después, prostituyó a la mamá, y casi de manera simultánea hizo lo mismo con la niña. Para rematar la faena, engañó a la estúpida de Laura haciéndole firmar unos papeles avalando un crédito de un prestamista a un interés desorbitado para algún negocio ruinoso.
La consecuencia de todo ello fue nefasta. El tipo voló con el dinero y nunca más de él se supo. A Laura le quedó una deuda imposible de devolver, pese a que tanto ella como Jessi habían comenzado a hacer la calle de forma más o menos regular. Enseguida el prestamista reclamó lo suyo y no sólo se quedó con la casa sino que reclamó el resto de la deuda. Laura consiguió un aplazamiento, consintiendo que aquel viejo sin escrúpulos fornicase con la niña. Hasta lo bueno cansa, y cuando el culo de Jessi dejó de ser un misterio para el usurero, este les echó de patitas en la calle. En tiempos de crisis a los buitres no les falta carroña.
Por lo que me contó mi sobrina Leire, hacía una semana que la chica no acudía al instituto y su casa había sido ocupada por una colonia de negros. La Academia era su último cartucho.
Laura daba la espalda al espejo del ascensor, como no queriendo ver en qué se había convertido. Quizás, condicionado por conocer su historia, llegué a la conclusión de que no era una puta. Podía parecerlo, con aquellas ropas baratas y ceñidas, el exceso de maquillaje y el resto de abalorios, sin embargo no daba el perfil de gladiadora del sexo: seguía siendo aquella auxiliar de estomatología que acercaba el utillaje al viejo dentista de su barrio.
Que no se me entienda mal, no con esto estoy diciendo que todas las putas lo sean por vocación. Soy consciente de que ninguna sueña con eso cuando son unas niñas y juegan con muñecas. Sólo digo que hay unas putas que realmente disfrutan haciendo lo que hacen, tanto que incluso follarían gratis si el cliente de turno tuviese un buen hierro entre las piernas y el arte suficiente para usarlo.
Otras en cambio, la mayoría diría yo, fornican a cambio de dinero. Sii bien no les gusta en absoluto lo que hacen, al menos se esfuerzan en disimularlo para que el putero de turno se lleve un buen recuerdo y le queden ganas de repetir con ellas y no con otras.
Para finalizar, están las putas como Lara. No es cuestión del tiempo que lleven en el negocio, ni de aptitud: he estado con hembras de apariencia nada apetecible que son una auténtica fiesta en la cama. Es cuestión de actitud con respecto a cómo afrontar el acto sexual.
Igual que el resto por dinero lo hacen todo, incluidas las más oscuras aberraciones, pero con una desgana y apatía que puede ser disculpable si eres una brasileña de cuerpo espectacular, o una adolescente primeriza, pero que resulta demoledoramente cargante si eres una mujer del montón y pretendes ganarte el dinero de esa forma. Siempre hay tipos dispuestos a follarse a un saco de patatas, no obstante lo normal es que los habituales del sexo de pago huyan como ratas de ese perfil de furcia poco gratificante. Son carne de cañón. Terminan viviendo en la indigencia, chupando pollas inmigrantes o a otros mendigos por un simple bocadillo, o una dosis de droga. Laura estaba a puntito de caer en ese pozo, tan solo la inestimable ayuda de las tiernas carnes de Jessi le hacían seguir a flote.
Puedo pagaros en heroína, si queréis. También tengo algo de coca…
No...no. No tomamos drogas.
¿Seguro? Tienes los ojos enrojecidos, pareces una yonqui.
No. Es por el frío.
El último tipo al que se la has chupado se ha corrido en tu cara, ¿me equivoco?
Sí... ¿pero cómo...?
Se giró frente al espejo y se dio cuenta de que yo no era un adivino ni mucho menos.
¡Joder, cabrón de negro!
Y nerviosa, rebuscó en un minúsculo bolso pero la detuve.
Tranquila, para eso está tu novia - y dirigiendo mi vista hacia la más joven, le ordené -: límpiala con tu boca, zorrita.
No, no hace falta... - Los nervios de Laura no le ayudaban en su búsqueda de los pañuelos perdidos.
He dicho que lo dejes. Ella es una nena obediente y va a hacerlo, ¿a que sí, bonita?
Laura cerró los ojos cuando vio el rostro de su niña aproximándose. Creo que no quería contemplar lo que estaba sucediendo. Sentí que se estremecía conforme la lengua de Jessi iba recorriendo su rostro, liberándolo de las costras amarillentas que sobre él se habían formado. No eran muchas, aunque había una sobre todo bastante comprometida, justo en el borde de su labio superior.
La niña tuvo mucho cuidado de no rozar más de lo debido el contorno de la boca de su madre. Lo hizo de forma tan sutil y delicada que logró que mi falo se estremeciera de gusto. No me duele en prendas reconocer que lo que realmente me puso a cien fue el brillantito que llevaba la niña en la lengua.
No seáis tímidas. Daos un besito.
Las empujé del trasero para que sus cuerpos se acercaran aún más, cosa realmente complicada ante el choque de aquel par de inconmensurables delanteras. Como intuí, el de Jessi era una delicia pero el de Laura tampoco estaba mal del todo. Les apreté el culito de forma contundente, como se supone lo hacen los puteros.
El ósculo no pasó de ser un minúsculo roce.
¡Vaya mierda de beso! ¡Con lengua, hijas de la gran puta! Enseñadme lo guarras que sois. ¡Ganaros la pasta, joder!
Una vez más fue la hija la que tomó la iniciativa y la mamá la actitud pasiva que tanto me enerva, aunque esta vez estuviese de lo más justificada. El incesto, cuando no es vocacional, debe resultar muy duro.
Jessi le comió la boca a su madre a conciencia, metiéndole la lengua hasta el fondo. Yo creo que incluso le debió tocar la campanilla. Reconozco que una apreciación exagerada pero es que no me esperaba yo aquella pasión desmedida en la niña teniendo en cuenta el parentesco de la boca que se estaba comiendo.
Se la veía cómoda explorando la cavidad materna, tanto que incluso acariciaba el costado tiernamente a su compañera de juegos. Sin duda no era la primera mujer a la que besaba, sabía cómo hacerlo. Recordé el video en el que Jessi montaba salvajemente al cabrón del colegio, y pensé que quizás la jovencita era una de esas prostitutas que disfrutaban con el sexo. Ese detalle tranquilizó algo mi agitada conciencia ya que, en pocos días, la rubia de tetas gigantes sería una de las rameras de mi burdel.
Les parecerá iluso pero por aquel entonces pensaba realmente que, si las niñas disfrutaban con lo que hacían, mis remordimientos de conciencia iban a ser menores.
Eso está mejor. ¡Vieja, ponle más ganas, joder!
Laura dejó de luchar y se entregó al juego que su hija le proponía, poniendo a disposición de esta su lengua.
Eso es. Así me gustan las putas, puercas y obedientes. Tócale un poquito las tetas...
La mano de la mujer se introdujo por entre los pliegues de mi abrigo prestado. Ansioso por ver el magreo con mis propios ojos, lo separé un poquito para comprobar cómo, en efecto, le desabrochaba la torera, y sin solución de continuidad, procedía a acariciarle las ubres a su niña mientras esta le seguía comiendo las babas.
Ni qué decir tiene que yo estaba muy cachondo, aunque aquel no era el momento y el lugar para que las dos hembras continuasen con aquello. Rompí la magia madre -hija regalándoles a ambas un sonoro cachete en la nalga. Ya hacía un rato que el ascensor había llegado a su destino.
Venga, zorras. Vamos para adentro. Me estoy poniendo como un caballo.
Cuando se separaron, la mirada de Jessi suplicaba más guerra mientras que la de su madre era de vergüenza infinita. Abrí la puerta de mi estudio y ellas entraron, llevando consigo sus pertenencias, temiendo dejar fuera la poca dignidad que aún tenían.
"La dignidad no da de comer": es una de las frases de cabecera del hijoputa de mi cuñado.
Tienes una casa bonita. - dijo Jessi, una vez dentro intentando parecer amable.
Es una mierda. Pequeña y en el culo del mundo. Es lo que hay. Si huele a meada es que esta mañana han venido unas amigas y nos hemos emocionado un poco. Ya os he dicho que me gusta ese tipo de cosas.
Me acerqué al mueble-bar y preparé tres generosos vasos de güisqui.
Está caliente, se me ha terminado el hielo.
Yo... yo no bebo. - Repuso Jessi enseguida.
Bebe, hostia. Así entrarás en calor antes. Y tú también, toma. Te hace falta un poco de marcha. Joder, no he visto nunca una puta tan patética como tú.
Esperé hasta que la adolescente se echó un buen trago. Hizo una mueca de asco, sin duda no le gustaba el bebedizo, pero sí el calor que le hizo sentir en el estómago.
¿Te han meado la boquita, princesa? - Le dije intentando sonsacarle detalles que pudieran avergonzarla delante de su madre.
Alguna vez... - contestó sin darle mayor importancia al asunto y mirando la bebida espirituosa a través del cristal.
¿Y a ti, vieja? Te va todo ese rollo.
No. Eso es asqueroso.
¿Te han cagado la boca, quizás?
¡No, por Dios! - Laura estaba realmente escandalizada tan solo con la insinuación.
¿Vas a hacérmelo a mí? - inquirió la otra en un tono ambiguo, antes de que yo le preguntara.
No sabría decir si deseaba que yo se lo hiciese o no. Eso me desorientó.
No es la idea, a menos que tú me lo pidas.
¡No, no! Tampoco me va eso.
Pero se frotó ligeramente las manos con cierto nerviosismo.
"Tú prefieres follar perros." - Pensé, pero no dije nada.
¿Te lo han hecho alguna vez?
No.
A alguien que conozcas, ¿quizás?
Quizás insistí demasiado en aquel punto, ya era tarde para recular.
¿A alguna amiga?
Es algo personal.
Se notaba que algo se le quedaba en el tintero, supuse que la presencia de su madre le impedía seguir contando más cosas o que simplemente la lealtad para con mi sobrina era muy importante para ella, pese a estar enemistadas. Su prudencia y discreción me agradaron, eran muy convenientes para nuestros planes.
¿Puedo quitarme las botas? Me están destrozando los pies.
Ni por asomo, putita. Precisamente va a ser lo único que te dejes puesto. - Contesté sentándome en una silla y dándole vueltas al licor.
Co… como quieras.
Creí que... querrías que nos duchásemos primero. - Dijo Laura algo extrañada por mi falta de escrúpulos.
¿Ducharos?, para qué. No soy para nada delicado. Si hay algo sucio por aquí, para eso están vuestras bocas. Venga, vieja, chúpamela un ratito y tú, princesa, ves quitándote la ropita, te quiero como la puta de tu madre te trajo al mundo...
Jessi abrió la boca, la interrumpí:
¡Pero con botas, joder! A veces hay que explicarlo todo.
Ni siquiera le facilité la tarea a la pobre Laura bajándome la cremallera, dejé que ella se buscase la vida. Tras despojarse de su chaqueta, la treintañera hizo todo el trabajo sucio. Mientras tanto contemplé las evoluciones de su hija. Vestía tan poca ropa que terminó enseguida con su encomienda. No estaba cómoda, eso estaba claro. Y no por estar ante mí en pelota picada, sino por lo que su mamá me estaba haciendo, que evitaba claramente mirar a la mujer trabajándome el estoque.
Jessi cruzó ligeramente las piernas y tras separarse ligeramente el cabello me dijo:
¿Y ahora qué hago? - preguntó frotándose los brazos, intentando ocultar algo sus senos.
Ahí me demostró que todavía era una cría. Cualquier puta más avezada en el oficio se hubiera esperado a que yo le diera órdenes. Ella, en cambio, parecía ansiosa por terminar con aquello cuanto antes.
"A esta le va la marcha" - Pensé, cada vez más excitado..
Desfila un poquito para mí. Tienes un cuerpo espectacular.
La adolescente cumplió con creces la tarea. Me había quedado corto con el calificativo “espectacular”. Era una diosa, una diosa con alma de niña. Sus pechos se movían acompasadamente al tiempo que sus caderas se contoneaban por el comedor de mi apartamento. Pese a los tacones, se movía con soltura. Sólo le faltaba algo de música y hubiese sido un espectáculo digno de cualquier barra americana.
Puta, acércate.
La chica se dio la vuelta, poniendo su hermosa anatomía al alcance de mis manos que, ni cortas ni perezosas, procedieron a darse un aquelarre de carne.
Vieja, tu novia tiene un cuerpo de escándalo. A ti probablemente ni te toque, pero lo que le voy a hacer a ella no tiene nombre…
Atrayendo a la niña, zambullí mi cara entre sus pechos. Abrí la boca para lamer tan sublimes ambrosías de forma vehemente. No me duelen prendas reconocer que hasta los mordisqueé levemente en busca de una reacción consecuente. Jessi dio un respingo, separándose de mí.
¿Qué cojones pasa?
Me… me has hecho daño.
¡Pero si apenas te he tocado! Ven aquí si no quieres saber lo que es dolor de verdad.
Sumisa y obediente, volvió a ofrecerme sus botijos y yo los disfruté con deleite sin utilizar los dientes, eso sí. Ella respiró aliviada al comprobar que me conformaba con babear sus pezones. Su tranquilidad terminó cuando la mano que tenía agarrándola por el culo empezó con las prospecciones anales.
¡Ay!
Laura levantó la cabeza del pilón un instante.
¿Pero quién te ha dado permiso para detenerte? ¡Chupa, hostia!
¡Eres un cabrón! – Protestó justo antes de reanudar su tarea.
Al menos logró su objetivo, aunque sólo fuese un instante, ya que saqué mi dedo percutor del ano de su hija. Agarré la mano de la niña y depositándola sobre la cabeza de Lara, le ordené:
Empújala para que se la meta más adentro.
La furcia más joven no dijo nada. Se limitó a empujar la nuca de su mamá cada vez que la boca de esta bajaba recorriendo mi cipote. Podría decirse que le estaba poniendo más empeño de lo estrictamente necesario y eso nos gustaba tanto a mí como a mi falo.
Pronto la dejé a ella sola haciendo el trabajo y volví a meterle el más largo de mis dedos por el ojete. Los chapoteos provenientes de la boca de Laura cada vez se hacían más fuertes. Una niña sometiendo sexualmente a su mamá. Hay cosas que en este mundo valen más que el dinero
En otro tiempo, en una situación similar, ya habría ametrallado la garganta de la prostituta con una andanada de esperma, pero tanto copular con las niñas, en especial con mi sobrina Leire, me habían permitido controlar algo más mi cuerpo y realmente mi aguante era muy superior al de antaño.
Pasado un rato de placer, le di otra vuelta de tuerca a la situación.
¡Joder, qué mal la chupas, hostia! - grité tanto que Laura dejó de mamarme, realmente alterada.
Mi protesta estaba fuera de lugar. Sin ser un portento como la pequeña Dora, Laura no era una negada ni mucho menos con la boca. Estaba haciendo un trabajo encomiable con mi rabo, limpiando mi prepucio con su lengua y tragándose los restos de orín con tanta efectividad que ni la misma Linda Lovelance lo hubiese hecho mejor. Lo hacía tan bien que recuerdo que incluso pensé que me había equivocado con ella a la hora de catalogarla como una puta patética y que, a poco que se lo propusiera, sería una prostituta realmente interesante.
¿Qué… qué pasa? – dijo la madre, muy extrañada.
Pues que eres una chupa-pollas deplorable.
Yo…
Seguro que la zorra de tu novia lo hace mucho mejor. Venga, bonita, enséñale a esta negada cómo se trabaja un buen rabo…
Madre e hija cruzaron las miradas y ninguna de las dos se decidía a actuar. Una seguía arrodillada frente a mí mientras la otra permanecía desnuda a mi lado, con un dedo retorciéndose por su culo. Tuve que azuzar a la pequeña, sacando mi dedo de su entraña y regalándole una ligera palmada en el culito.
No es mi… novia.
Me la suda. No te quedes ahí pasmada y al tajo.
Jessi se arrodilló relativamente rápido. Ocupó el lugar que su mamá le había dejado expedito. Laura amagó incorporarse, cosa que me obligó a intervenir:
No te muevas de ahí. Desnúdate, mira y aprende.
Mientras la joven se preparaba y la mayor se despojaba la ropa, aproveché el receso para levantarme, logrando con esto que mis pantalones y ropa interior cayesen hasta mis tobillos. Quería disfrutar del momento tanto como me fuera posible. La niña me agarró la verga desde la base, y tras batallar por enésima vez con su rebelde mechón de cabello, abrió la boca todavía decorada con un horripilante carmín.
Ya me veía yo disfrutando de una mamada antológica cuando Jessi se dirigió a mí:
¿Puedes darme más wiski, por favor?
¿Wiski? Pues claro – Le dije, alcanzándole mi vaso.
Sin soltarme la herramienta, agarró el recipiente con la mano que tenía libre y de un solo trago, se jaló todo su contenido como el que bebe agua mineral. La manera de cerrar los ojos dejó a las claras que el ardor le había llegado hasta el extremo más recóndito de su bendito cuerpo. Por fortuna para mí no apretó los puños, eso hubiera tenido funestas consecuencias en mi excitada verga. Ni siquiera esperó a que yo le retirara el vaso, se introdujo la polla tan profundamente como pudo con su madre de testigo de excepción a escasos centímetros de su cara.
Qué quieren que les diga: fue como meter la verga en gelatina. Yo creía firmemente que, después de Dora, no había boca mejor en el mundo. Mi vida es una sucesión de equivocaciones y aquella vez no fue una excepción. Tenía la frescura de la diablesa de once años combinada con la profundidad de una puta vieja y desdentada. Me la chupaba sin prisa, variando el ángulo de ataque para darme un placer que, por más que lo intente, describiré con torpeza.
Se desmarcaba claramente del ritmo machacón con el que su mamá me había tratado, modulando la intensidad de las penetraciones, tanto en ritmo como en profundidad. Realmente Jessi era genial con sus labios, y no me pregunten si tenía dientes porque ni uno solo rozó tan siguiera la inmensidad de mi verga. Pero lo que terminó de matarme fue sin duda su lengua. La muy traviesa, guardaba un as en la manga en forma de piercing. Hasta el instante que sentí su roce en mi prepucio, no supe lo que es el cielo en vida.
¡Me… me cago en mi madre! – Exclame realmente extasiado - Mira… mira y aprende, zorra.
Muy a su pesar Laura no perdía detalle. Era imposible hacerlo dada su cercanía. Sin duda corroboró algo que ya sabía, lo tremendamente dotada que estaba Jessi para el sexo.
Veamos qué has aprendido…
Jessi dejó de mamarme y sin soltarme la polla, le dijo a su madre:
Abre la boca y haz lo que te diga...
Sumisa y obediente, la interpelada obedeció.
Gira la cabeza y métela bien adentro, m…
A puntito estuvo la niña de traicionar su parentesco. Ya me había parecido a mí raro que no hubiese sucedido antes, sin embargo no tenía mérito ya que, como supe después, madre e hija siempre solían llamarse por su nombre de pila. Laura se esforzó realmente, tenía una maestra tremendamente competente. Supongo que quería que yo eyaculase en su boca, liberando de este modo a su niña de aquel mal trago. No lo consiguió. Mis esfuerzos me costó.
Aguantas mucho – dijo Jessi con tono meloso -. A ver si entre las dos…
El espectáculo era inenarrable: dos tetonas, madre e hija; una morena y otra rubia, repartiéndose mi estoque cada una por su lado. Cuando una atacaba la punta la otra se trabajaba la base de manera a cuál más húmeda y sucia. Sabía que tenía la batalla perdida, aunque juro por Dios que vendí cara mi derrota. Y todavía hubiese aguantado un rato más de no ser por las artimañas de la niña. A traición, con su manita, me acarició las pelotas y ahí terminó todo. Sólo me dio tiempo de apuntar hacia la tramposa y disparar mi cerbatana contra su cara. El dardo explotó principalmente en su mejilla y también entre los labios.
¡Joder! – Exclamé, dirigiendo mi arma hacia el otro lado
Pronto el aspecto de Laura fue similar al de su niña, con mi esperma manchándolo todo, incluso cayendo sobre sus tetas.
¡Madre mía! ¡Sabía que erais un par de guarras!
Elegí a la más joven para que rematase la faena, ella no puso reparos en degustar los restos que todavía pendían de mi falo.
¿Otra ronda? – Dije cuando intuí que ya no le quedaba nada de semen que llevarse al estómago.
Ya… ya es suficiente. – Apuntó Laura con evidente desgana.
¡Sí! – Replicó Jessi.
Pues claro que sí, la noche es joven y además… - proseguí dándoles una generosa ración de bebida espirituosa –, así se os quitará el mal gusto.
Apuraron los vasos y fue Jessi quien habló. Se la notaba mucho más animada. El alcohol tenía algo que ver con eso, sin duda.
¿Tienes algo de comer?
¿Tienes hambre?
Un poco.
No pude evitar sonreír:
Pues… tendrás que tirártela primero.
¡Ay, por Dios! – protestó Lara, viéndome venir.
¿Qué…?
Ya me has escuchado.
Pero…
No hagas que me repita, aquí habéis venido para follar no para vaciarme la nevera. Si quieres comida, tendrás que ganártela. Ya puedes empezar.
Satisfecho no tan solo con lo ocurrido hasta entonces sino por lo que iba a pasar, me recosté en mi asiento, disponiéndome a disfrutar de un espectáculo realmente notable.
Minutos después confirmaba mis sospechas. Contemplaba estupefacto la facilidad natural que Jessi tenía para el sexo y el poco problema que le suponía practicarlo con su madre. Ya hacía un rato que la pobre Laura gemía y se mordía la mano, intentando inútilmente disimular lo obvio: su hija, la niña de sus ojos, aquel angelito tierno que tantos sufrimientos le había costado sacar adelante, era una artista en la cama. Bueno, técnicamente en el suelo, ya que las dos hembras retozaban sobre él para mi mayor gozo.
Jessi también estaba excitada. Su mirada intensa y el ardor con el que frotaba su sexo al de su madre la delataban. Sudaba, y el sudor le proporcionaba un fulgor a sus tetas que, unido a la erección de sus pezones, le hacía parecer todavía más hermosa.
Se os ve muy compenetradas. ¿De verdad no sois pareja? Pues lo disimuláis divinamente. Estáis en vuestra salsa, lesbianas de mierda…
Ninguna de las dos invirtió ni siquiera un hálito de voz en responder la impertinencia. Ambas estaban centradas en las delicias provenientes de sus respectivos sexos. Como era de esperar, Jessi marcaba el ritmo. Contorsionaba sus caderas atenazando las ingles de su mamá para darse placer a sí misma y regalárselo a la otra.
Yo estaba encantado, y mi falo también, ya que había recuperado la vigorosidad perdida. Tendría que esperar su turno: en ningún momento se me pasó por la cabeza interrumpir aquellos juegos familiares. Hubiera sido un pecado.
Jessi no se quedó satisfecha haciéndole la tijera a su mama. Felina como un guepardo, se revolvió, y en un instante tenía su cabeza enterrada en la entrepierna que le dio la vida.
Eso es. Cómeselo, decías que tenías hambre, ¿no? Pues demuéstralo, guarra…
Me di cuenta de que ella comía los coños de la misma forma que lo hacía con las vergas, despacito y a conciencia, sin dejarse nada para más tarde. Claramente ya lo había hecho otras veces. Sólo de esta forma podía explicarse la naturalidad con la que buscaba el punto exacto dónde atacar. La joyita que coronaba su lengua hacía estragos en la cavidad que le dio la vida.
Laura no podía hablar, su cuerpo se sacudía como el de un reo en la soga a cada ataque a su intimidad. No supe nunca si aquella fue su primera experiencia lésbica. Si así fue, aseguro que guardará un gratísimo recuerdo de su iniciación homosexual. Cuando su niña acercó la mano al sexo de la hembra, su cabecita me impidió ver exactamente lo que le hacía, no obstante las convulsiones de la morena me hicieron saber que nada malo. Todo lo contrario.
¿Te gusta? – Preguntó Jessi de forma cándida, levantando la cabeza - ¿Lo hago bien?
Tan solo recibió un sonido gutural como respuesta. Tanto ella como yo lo interpretamos como un sí descomunal. El ligero movimiento de la ninfa me permitió observar que ya había logrado prácticamente su objetivo. El dilatado coño de Laura alojaba, deyectando babas, casi toda la mano de su hija.
¡Eso es!, ¡Apártate un poco y deja que vea eso! – Chillé, fuera de mí.
Todavía se me ocurrió algo mejor. Las dejé allí a las dos un instante, el tiempo justo para volar a mi cuarto y agarrar uno de mis nuevos juguetes. Afortunadamente para mí, ya me había hecho con el manejo del jodido aparatito, y llegué justo a tiempo en el que la muñeca de la lolita traspasaba la barrera de lo visible. No es que tuviese un especial interés en inmortalizar el encuentro, lo hice por una mera cuestión práctica. Eran mi seguro para que la madre no se fuese con el cuento a la policía en el caso de que no llegásemos a un acuerdo.
Laura tenía otras cosas más importantes en las que ocuparse en ese momento. Ni se enteró de que estaba ejerciendo de modelo fotográfica y a Jessi no pareció importarle. Su mirada estaba fija en la tarea de prospección que se tenía entre manos, nunca mejor dicho.
No… no entra más.
¿Has cerrado el puño? – sugerí, sin dejar de hacer fotos.
No… me da un poco de apuro.
Pues hazlo.
Yo creo que la lolita estaba buscando una coartada que la exonerase de culpa, acató mi orden casi de manera inmediata. Laura explotó por dentro con extrema virulencia cuando se sintió llena. Lo sé porque, hasta ese momento, yo siempre había creído que lo de la eyaculación femenina era un cuento, pero en aquel instante presencié una realmente increíble que me sacó de la inopia. Laura comenzó a lanzar improperios como un cosaco y a retorcerse por el suelo como una anguila, mientras Jessi percutía en su coño cual martilló pilón. Fue la primera vez en la vida que contemplé algo así, y en espectáculo resultó realmente impactante.
¡Se ha corrido! ¡Lo he notado, su coño me da como sacudidas!
¡Aprovecha y métele el puño hasta el fondo!
Azuzada por mi apremio, apretó mucho más fuerte y varios centímetros de antebrazo se volatilizaron ante mis ojos. Pero a Laura le debieron parecer pocos, ya que ella misma puso de su parte, agarrando a su niña para que le introdujese su extremidad todavía más adentro.
¡No pares, por Dios, no pares! ¡Dame más fuerte!
Si el clímax de Laura fue acorde con su grito, debió ser algo antológico, y todo gracias a la pericia de su niña en trabajos manuales. La mujer sudaba como una cerda y el enmarañado aspecto de su cabello le conformaba una apariencia casi animal. Su coño estaba tan empapado cuando la niña logró sacar la mano de su interior que parecía realmente que se había meado. Jessi se quedó mirando un instante la sustancia viscosa que rodeaba su puño. Cuando estaba a punto de hacerle una sugerencia actuó motu proprio. Aun ahora, cuando quiero ver algo realmente excitante, repaso las fotografías de ella en pelotas lamiendo los restos del flujo de su mamá resbalándole por entre los dedos.
No pude contenerme, y nadie podrá achacarme nada si después de aquel espectáculo majestuoso hice lo que hice. Soy un hombre y actué como tal.
Sólo me demoré el tiempo justo que me costó dejar el teléfono sobre la mesa sin apenas cuidado. No recuerdo exactamente cómo, enseguida la lolita estaba tumbada boca arriba en el suelo y yo sobre ella… haciéndole el amor. Sé que dije que mi primera intención era destrozarle el trasero con vehemencia, sin embargo estaba tan agradecido con la niña, y más concretamente con el espectáculo que me había regalado, que sólo pensaba en hacerle tocar el cielo.
Su coño aceptó a mi rabo con familiaridad, como si el uno y el otro se conociesen desde siempre. A saber a cuántos penes habría dado el mismo trato antes que al mío para ser tan complaciente. Claro que yo quería obtener el máximo placer y ,sobre todo, dárselo. Me fue sencillo conseguir ambos objetivos. Como pude comprobar infinidad de veces posteriormente, no es difícil complacer a Jessi, es la generosidad hecha carne en todos los ámbitos, incluido el sexual. A poco que le des, a ella le es suficiente. Esa chica de tetas turgentes y coño profundo era y sigue siendo el antónimo de una chica frígida.
Haber eyaculado previamente encima de la familia de putas me vino de perlas ya que, de no haber sido así, después la escena lésbica que había presenciado, me habría corrido en su vulva tras unas breves escaramuzas. Afortunadamente no fue el caso. Coincidió una de esas tardes mágicas en las que uno está pletórico y se pregunta por qué no será la cosa siempre así. La naturaleza masculina es caprichosa, y mucho más conforme se van cumpliendo los años: hay días que pretendes ser un Tarzán y no pasas de ser la mona chita, y otros, en los que aparentemente no estás para nada motivado, la cosa remonta y remonta y no para de remontar hasta tal punto que incluso llegas tener que masturbarte porque a tu compañera de juegos se le ha terminado la gasolina. Eso jamás me sucedió con Jessi: en contadas ocasiones fue ella la que tomó la iniciativa, sin embargo de su boca jamás salió un no por respuesta.
Sin dejar de bombear en su cuerpo, me incorporé sobre ella. Quería verle la cara. Estaba preciosa, mordisqueándose el labio con los ojos cerraditos para no distraerse con otra cosa que no fuese los mensajes en morse que le enviaba su sexo. Era increíble verle las tetas moviéndose adelante y atrás al ritmo de la cópula. Aprovechó el espacio que le di para poner de su parte, acompasando el movimiento de su cadera al de la mía, logrando que aquel momento fuese mágico.
Juro que, si no fue aquel el mejor polvo de mi miserable existencia, se trató sin duda de uno de los mejores. Mi pene se está desperezando mientras escribo lo que sucedió aquella noche, creo que con esto está todo dicho.
Sinceramente me dio lo mismo el haber tachado de mi lista de perversiones el copular con una chica delante de alguno de sus progenitores, tanto que incluso olvidé que mi simiente todavía pululaba por su boca, y le di un beso profundo e intenso que prolongué hasta que escuché un ruido.
Recordé entonces que no estábamos solos y el verdadero objetivo de tan gratificante sacrificio; girando levemente la cabeza vi a Laura recobrando el sentido y observándonos. Ya no parecía tan triste. Un buen orgasmo le viene bien a cualquiera. Si estuvo o no conforme con la manera que tuve de montar a su hija adolescente no lo expresó con palabras, su mirada condescendiente fue suficiente para, si no calmar mi conciencia, sí adormecerla.
En conversaciones posteriores que mantuve con Lara, me confesó que aquella no fue la primera vez que vio a un hombre follarse a su niña, que incluso algunas veces eran varios los pervertidos que profanaban el cuerpo de Jessi simultáneamente en su presencia. No hizo falta preguntarle el motivo, ella me lo contó una tarde lluviosa con un Four Roses por testigo. Me quedé muy sorprendido al saber que, al menos en un principio, la razón de todo aquello no era el estrictamente económica; fue la única manera que encontró esa desgraciada para que sus ligues no la abandonasen al descubrir que era una madre soltera.
Entre lágrimas, me explicó que ella misma desnudaba a la niña cuando aquel par de soberanas tetas no eran más que minúsculos montículos, y la metía en su cama para que el novio de turno se atiborrase de carne tremendamente fresca; que incluso ella misma le tapaba la boca a Jessi mientras era violada para que los gritos de la niña no alertasen a los vecinos. También me contó cómo, en días de partido, su casa se llenaba de hombres a los que ni siquiera conocía, y se pasaban a la cría de polla en polla como en que comparte un porro de mariguana.
También me dijo otra cosa: que aquella noche en la que yo las rescaté de la calle vio a alguien por primera vez hacerle el amor a su hija en lugar de follársela.
Quiero pensar que, de haber sabido esto, no hubiese actuado con ellas del modo que lo hice después. Es una de las pocas cosas que me arrepiento de haber hecho en la vida.
Así que, siendo totalmente desconocedor de tal revelación por parte de Lara, y volviendo a mi papel de putero sin escrúpulos, agarré los senos de la niña de forma contundente, casi violenta, y le dije a Lara:
¡Mira como me follo a tu novia, puta boyera!
Avivé el ritmo, a la chiquilla se le cortó la respiración. Sus piernas apretando mis caderas y la manera en que sus brazos se aferraban a mí, dejaron bien a las claras la inmediatez de su apogeo. Su sexo poco menos que me rebanó la polla al implosionar. En cuanto me fue posible, le regalé cuanto esperma me quedaba en las pelotas, que se unió al jugo que brotaba descontroladamente de su interior. Después, me tumbé entre ambas hasta que pude recobrar el aliento.
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