" LA ACADEMIA. CAPÍTULO 3" por Zarrio

Nota: Rompiendo una costumbre de años publicaré esta serie conforme la voy repasando, se trata de una vieja serie inconclusa que me han pedido varias veces que termine. Esto implica que algunos detalles iniciales pueden ir variando según se va desarrollando la historia. Serán pequeños cambios que no afectarán a la trama. Gracias por su paciencia y sus comentarios.

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Capítulo 3: El Casting

  • Yo creo que esto se nos está yendo de las manos  - Protesté mientras intentaba hacerme con el Ipone que las niñas me había regalado -. Ya me parece excesivo que me hayáis comprado este aparatito pero lo del portátil es demasiado.

  • ¿Pero por qué? Necesitamos un ordenador para descargar los vídeos. ¿No querrás que lo hagamos en la tablet del cole? - dijo Dora con su insolencia acostumbrada.

  • Estaros quietas un momento, voy a haceros otra foto. - Les dije.

Me resultaba difícil encuadrar el trasero de las tres nínfulas ya que no dejaban de menearse de un lado para otro. Desnudas  sobre mi cama, se dedicaban a revisar la infinidad de archivos que habían depositado en el programador mientras fumaban cigarro tras cigarro. Eran el sueño de cualquier pedófilo y no me refiero solamente a sus estilizados cuerpos adolescentes, sino también a los cientos de vídeos e imágenes de todo tipo que desfilaban por la pantalla. Cierto es que en la mayoría aparecían ellas mismas realizando actos sexuales de todo tipo pero no eran pocas en las que las protagonizaban otras niñas o incluso niños de diversas edades.

  • Pero, ¿de dónde habéis sacado todo eso? - pregunté conmocionado, mientras veía como una chiquilla en uniforme escolar y con graciosas coletas usaba su boquita para darle brillo a cuanta polla se le ponía por delante.

  • Todos estos son compañeros del cole. Nos hacemos pelis y fotos y después las intercambiamos entre nosotros. Es guay...

  • ¿Guay?

  • Mira este, es muy fuerte - dijo la más joven de las tres, abriendo un archivo de vídeo -.La grabó un chico que conozco. Esa es su hermanita pequeña y el que se la folla así de bestia es el novio de su mamá...

  • ¡Qué animal!

  • ¿Se la mete toda?

  • Hasta los huevos...

  • ¡Qué puta! 

  • No sé por qué llora tanto. Yo conozco a esa zorra y siempre está enseñando las bragas en el cole. Y eso no es nada, tendríais que verla cuando van por la calle. ¿Qué esperaba su mamá que sucedería vistiéndola así, como si fuese un putón, delante de su novio? Tiene lo que se merece, una buena polla dentro.


Era nuestro tercer encuentro conjunto después de las vacaciones de Navidad y todavía seguía alucinándome el lenguaje barriobajero y soez que aquellas jovencitas utilizaban cuando hablaban entre ellas. 

A Dora se le veía entusiasmada contemplando la violación de la niña. A sus once años recién cumplidos era una consumidora de pornografía casi patológica. Al ser más joven que las otras dos lolitas, le era más difícil escabullirse de la vigilancia de sus padres para obtener sexo, y debía conformarse con ver películas de alto voltaje a través de su teléfono móvil. Afortunadamente para su mente calenturienta, sus progenitores habían accedido a que tanto ella como su hermana fuesen las primeras usuarias de mi recién creada academia, aparte de mi ardiente sobrina, claro. 

Las mañanas de los sábados eran una orgía continua, y entre polvo y polvo, preparábamos los siguientes pasos a seguir para crear el burdel juvenil. No negaré que, al principio, me pareció una locura todo aquello, no obstante el culito de mi sobrina puede ser de lo más persuasivo. Con mi polla enterrada en él, no podía negarle nada.

  • Ven tío. Túmbate aquí entre nosotras. Tenemos que contarte algo.

  • Me dais un miedo terrible.

  • Para no enrollarme... este sitio es un antro de mala muerte.

  • Aquí no va a venir gente con pasta...

  • Necesitamos un sitio elegante...

  • Y mucho más grande...

Respiré profundamente mientras ocupaba mi lugar en medio de aquellos cuerpecitos en plena ebullición. Lo cierto es que yo también me había percatado de aquel detalle yconscientemente había evitado expresar mis reticencias para no parecer un aguafiestas. 

  • Tenemos que buscar otro sitio. Un sitio más amplio, con muchas más habitaciones...

  • Y un jacuzzi...

  • Vale, vale... dejadme respirar un rato.  Vosotras lo veis todo muy fácil pero no es tan sencillo. 

Las tres se rieron de mí descaradamente. Entonces caí en la cuenta de que todo aquello era una chanza. Leire, mi sobrina, como no, lo tenía todo resuelto y me explicó a groso modo su plan.

  • Pero... pero eso que proponéis es carísimo. Y mucho más en este barrio...

  • Seis mil euros al mes, más o menos.

  • Seis putas, a mil euros por cada una... está chupado. 

  • Leire dice que ella se levantaba  cinco o seis veces más sin problema cuando ella lo hacía...

  • ¡Pssss!

Miré fijamente a mi sobrina y ella apartó la mirada, señal inequívoca de que ocultaba algo importante.

  • ¡Dora, eres una bocazas!

  • ¿Y qué más da? Se iba a enterar tarde o temprano.

  • Leire... ¿de qué va todo esto? - Le dije en tono serio.

Hasta entonces había sospechado que mi sobrina ocultaba algo, ahora estaba del todo seguro. No era normal que tuviese tan claro los pasos a seguir para montar un negocio como aquel.

  • No es la primera vez que haces esto, ¿verdad? - Pregunté.

  • No - confesó la niña algo apesadumbrada -. Estuve en un sitio así hasta hace unos seis meses.

Me pareció increíble tal descubrimiento. Ni en un millón de años habría sospechado algo semejante: mi  princesita metida hasta las orejas en un sórdido negocio de prostitución infantil. Mi hermana, mi cuñado e sobre todo yo mismo vivíamos en la inopia.

  • Y... ¿qué pasó?

  • Pues que una vecina hija de puta se fue de la lengua y tuvimos que desmantelarlo todo deprisa y corriendo para que no nos pillaran.  Desde entonces, me lo tengo que montar por mi cuenta a través del teléfono móvil pero es una lata. Por eso te digo que es importante hacerlo tal y como te lo he dicho.

  • Entiendo. 

  • Ese piso está tal y como lo dejamos. Es sencillamente perfecto, tiene todo lo necesario para llegar y ganar pasta: habitaciones amplias con baños individuales, camas enormes,  un jacuzzi, circuito cerrado de vídeo... de todo.

  • Espera, espera. ¿Quieres montar todo esto en el mismo lugar en el que casi te pillan?  O yo no me entero de nada, u olvidas de un detalle importante... la vecina ¿Sigue viviendo allí?

Esta vez la sonrisa de mi sobrina me dio realmente miedo. 

  • Eso es lo que lo hace más divertido. Lo haremos delante de sus narices y esa zorra ni se enterará. 

El gen competitivo en aquella lolita era algo exagerado, jamás se daba por vencida. Algo me dijo que había algo más que no me contaba pero sabía que sería inútil intentar sonsacarle algo más. 

  • Venga, ayúdanos a elegir al resto de las chicas.- Dijo Andrea arrebatándole el ratón a su hermana.

Me coloqué boca abajo y fijé mis pupilas en la pantalla. La cantidad de archivos era tremenda.

  •  ¿Tantas hay?

  • ¿Bromeas? Todas se mueren por formar parte de esto. Tendremos que dejar un montón en lista de espera.

  • No dejan de mandarnos vídeos mostrando lo buenas que son en la cama.

  • Hay que buscar variedad para que los clientes no se aburran. 

  • Creo que deberíais decidir vosotras ya que yo no las conozco. Si seis es el número mágico, elegid una cada una. Confío en vosotras, seguro que no me decepcionaréis.

  • Vale. Yo primero – dijo mi sobrina, tomando una vez más el mando de las operaciones -.  Seguro que estáis de acuerdo si elijo a... esta...

  • ¡Jessi! - Chilló su mejor amiga.

  • ¡Joder! ¡Pues claro! ¿Pero no te caía como el culo? - Apuntó la más pequeña.

  • El negocio es el negocio. Además, es tan mala estudiante que no tendrá problemas con los horarios. Estará aquí todos los días abriéndose de piernas. - Continuó Leire, totalmente convencida de lo acertada de su elección.

  • Además tiene unas tetas increíbles. 

  • ¿En serio?

  • Mira.

Y ante mí asombro, apareció una sonriente jovencita clarita de piel y ojos azules. Llevaba el pelo liso y sensiblemente más corto que el de mi sobrina, pero sobre todo se diferenciaba de Leire en una cosa, o mejor dicho en dos. Dos tremendos botijos que adornaban el pecho de la niña. Eran tan grandes que sus manitas no lograban abarcarlos completamente, dejando a la vista las aréolas sonrosadas. En las siguientes instantáneas aparecía la jovencita completamente desnuda. Sin perder la sonrisa, mostraba al objetivo sus exuberantes senos, que se erigían firmes pese a su considerable volumen.

  • Ya veo, ya...

  • Eso sin contar lo otro que le encanta hacer...

  •  ¿Qué es...? - pregunté sin dejar de mirar aquel par de monumentos.

Las tres niñas volvieron a reírse al unísono.

  • Es asqueroso. - Dijo Nora, poniendo cara de asco.

  • Yo no lo haría ni por todo el dinero del mundo - Apuntó su hermana, corroborando su repulsa.

  • Pues no está tan mal. - Corrigió Leire, con la seguridad que da el hablar por propia experiencia. 

  • Pero, ¿se puede saber a qué os referís?

Andrea abrió uno de los muchos archivos de vídeo y enseguida comprendí el porqué de tanto alboroto.

  • ¡Increíble! 

En efecto, pese a que no se le veía del todo y que la cara ya que la tenía incrustada en la entrepierna del macho, aquellas tetas eran irrepetibles.

  • ¡Dios, no puedo  verlo!

Me quedé con las ganas de contemplar el final de la felación al perro, pero la triqueña optó por abrir otro archivo en el que la misma amazona de eterna sonrisa cabalgaba a un cincuentón a buen ritmo.

  • Es el Jefe de Estudios, Jessi es su favorita. Se la folla dos o tres veces a la semana.

  • No le culpo. - Apunté, sin poder dejar de mirar aquellas ubres que se movían libremente, ejercían sobre mí un influjo hipnótico.

La magia se rompió al sentir a Dora haciendo de las suyas en mi retaguardia.

  • ¿Se puede saber qué cojones haces?

  • Te dije que, con más tiempo, te comería el trasero... ¿recuerdas?

Tras sopesar un instante los pros y los contras, contesté:

  •  Vale, pero no te pases. Mete sólo la lengua o tendré que castigarte.

Relajando mi cuerpo, me dispuse a pasar un buen rato.

Dora sabía lo que hacía. Su diminuta lengua jugueteaba con mi esfínter, proporcionándome una agradable sensación en el trasero. Además, no era nada pudorosa, no tenía reparos en lamerme la parte baja de mis pelotas o incluso meterme la punta de su lengua por el culo. No era exactamente la misma sensación que cuando me lo hacía mi sobrina, ya que esta me la introducía mucho más adentro en busca del sucio néctar de mi intestino, pero aun así reconozco que aquella putilla tenía mimbres para llegar a ser una come culos de primera.

  • ¿Y cuántos años tiene esa Jessi?

  • Quince, uno más que Andrea y yo - contestó Leire -. Ha repetido un curso. Es mucho mejor en la cama que con los libros.

Visto los gemidos que emitía aquel cabronazo a punto de estallar, tuve que darle la razón a mi sobrina. A la tal Jessi se le veía realmente implicada en la tarea de ordeñarle las pelotas a tan patético semental. 

  • ¡Eppp! - Exclamé al sentir que algo no iba bien.

  • ¿Qué pasa?

  • ¿Qué cojones estás haciendo?

  • ¡Perdón!

  • Te dije que nada de dedos...

Dora fingió de manera pésima su presunta inocencia.

  • Creí que te gustaría...

  • Pues no, no me gusta.

  • ¡Perdón! - Repitió Dora, partiéndose de risa.

De un salto intentó huir inútilmente. Mi apartamento era minúsculo, se componía únicamente de mi dormitorio, una cocina-comedor y un insignificante cuarto de baño. Se dejó atrapar en el sofá y fingió resistirse hasta que la inmovilicé sobre mis rodillas. Su culito quedó a merced de mi mano derecha. Aulló al sentir la primera descarga en los glúteos. Era evidente que fingía, sin embargo, conforme la intensidad de mis azotes iba en aumento, el tono de sus chillidos iba tornándose más auténtico. 

  • Toma, papá le da con esto. 

  • ¡Zorra! - Bramó la niña pequeña a su hermana al ver cómo me esta última me alcanzaba una de sus zapatillas deportivas.

  • Si vas a ser una de mis chicas, tendrás que aprender a obedecerme, ¿comprendes?

  • ¡Sí! - gritó la chiquilla llorando a lágrima viva - Lo haré...

Después de cuatro o cinco contundentes golpes, me apiadé de ella y di por concluso el castigo. La lolita se quedó sollozando sobre el sofá, con el trasero completamente rubicundo. Me sentí un poco mal pero tuve que hacerlo, mi sobrina me había aleccionado al respecto:

  • "Las putas obedecen al chulo sí o sí. Debes dejar claro quién manda y no consentir que ninguna vaya a su bola o lo echaremos todo a perder. Ni  siquiera a mí. Si hace falta, me partes la cara de una hostia delante de las demás para que sepan que vas en serio, ¿entendido? Sobre todo con Dora, que es una bocazas y puede meternos en líos"

Yo sólo seguía las directrices que ella me había indicado. Además, por las historias que me contaban de la pequeña Dora, intuía que a la más tierna de mis putas le gustaba todo ese rollo masoquista.  La coloqué de rodillas en el suelo, con la cara pegada al asiento de cuero de tal forma que su culo quedó totalmente expuesto.

  • Ábrelo, todavía no he terminado contigo.

La niña se sorbió los mocos, y utilizando sus manos, apartó sus cachetes, dejando a la vista un minúsculo agujerito por el que ni en sueños podría meter yo mi herramienta en pleno apogeo sin causar un destrozo tremendo. Iba a comenzar a pajearme para iniciar la enculada cuando se me ocurrió otra alternativa.

  • Andrea, ven aquí y arrodíllate.

La mayor de las hermanas hizo una mueca de desagrado. Evidentemente no le agradaba demasiado comerme la polla pero tuvo la prudencia de no decir, nada sobre todo teniendo en cuenta el estado en el que le había dejado el trasero a Dora. Como la buena profesional que aspiraba a ser, se limitó a darme placer oral, dejando a un lado sus apetencias.

  • ¿Es la primera vez que te lo hacen por detrás? - Dije comenzando a acariciar el anillito rosado de la niña.

  • Con una tan grande como la tuya... sí. -Balbuceó Dora con tono tembloroso, intuyendo el mal rato que iba a pasar.

Apareció mi sobrina con el teléfono en la mano, dispuesta una vez más a inmortalizar el acto sexual justo en el instante en el que introducía mi dedo corazón en el recto de la niña. Ella no dijo nada, pero la tensión de su cuerpo me indicó que aquello no le agradaba en absoluto.

  • Tienes que portarte bien, ¿comprendes, putita? Tu culo está en venta, pero el mío no.

Dora intentó ahogar su llanto clavando los dientes en el cuero. Dos enormes dedos profanando su orto de forma simultánea era  demasiado para ella.  Los expertos labios de Andrea pronto lograron que mi falo alcanzase la dureza requerida.

  •  ¡Rómpeselo ya! - Me animó la viciosa de mi ahijada, evidentemente satisfecha por mi actitud dominante para con las otras dos ninfas.


Al sacar el rabo de la boca de Andrea, este apareció completamente erecto y cubierto de babas. Sin duda la morena sabía cómo trabajarse una polla.  Complacido, le encomendé una nueva tarea:

  • Ábrele el culo a esta desobediente todo lo que puedas.

  • Vale.

Y rápidamente, dirigió sus manos hacia los glúteos de Dora como si verla sufrir empalada por mi falo fuese el mayor deseo de su vida.

  • ¡Ya! ¡Dale!

  • ¡Uff! 

El gemido de alivio de Dora cuando dejé de hurgar con mis dedos en el interior de su recto fue más que evidente, aunque de sobras sabía que su tormento apenas había comenzado.

  • ¡Perra, mira a la cámara! - Le ordenó secamente Leire.

Cuando la cría volteó la cabeza, pude ver por un instante su cara de sufrimiento. Sus mejillas estaban totalmente sonrosadas, y de los ojos castaños manaban un par de arroyos de lágrimas de forma continua. Parecía realmente lo en realidad era, una niña vulnerable e indefensa a meced de un adulto sin alma.

A punto estuve de echarme para atrás y prometo que así hubiera sido, pese a que mi polla estaba a punto de estallar, de no haber sido por la intervención de Andrea que, enfervorecida, me animaba a continuar con aquella locura:

  • ¡Métesela, imbécil! ¿A qué esperas? ¡No es más que una zorra!

La hermana mayor, siempre tan prudente y comedida, estaba fuera de sí. Recuerdo perfectamente cómo le brillaban los ojos esperando el inminente castigo de la pequeña, deseando que sufriese lo máximo posible. Es lo que tienen los hermanos, pasan del amor fraternal al odio más visceral y viceversa en cuestión de segundos.

Por si fuera poco, Andrea se reclinó hacia el ojete y descargó sobre él una andanada de escupitajos, supongo que con la intención de facilitar la enculada. Es un detalle propio de las películas pornográficas que hasta ese momento siempre me había parecido tan desagradable como innecesario, no obstante, quizás por el hecho del parentesco entre las dos chicas, reconozco que me calentó más aún si cabe. Además, vista la diferencia de tamaño entre mi falo y el agujerito a taladrar, no me pareció entonces tan mala solución.

Aproximé mi herramienta hasta que la puntita acarició el esfínter. Los sollozos de Dora cada vez se hicieron más audibles. Mis trabajos manuales le habían dejado esa zona tremendamente sensible, y la perspectiva de la inminente presencia del aquel nuevo inquilino en el interior de su intestino no le agradaba en absoluto.

  • Vamos allá.

  • ¡No! - Gimoteó mi presa.

Me agarré el cipote por la base y llamé a la puerta con la punta. La niña intentó resistirse, contorsionándose ligeramente.

  • ¡No! - Volvió a suplicar realmente asustada.

  • ¡Relaja el culo, hostia! - Gritó Andrea, muy enfadada al tiempo que descargaba una fuerte palmada en uno de los ya castigados glúteos de la chiquilla. 

  • ¡Ay! - Chilló la pequeña.

Pero el golpe surgió efecto, consiguió que Dora dejase de hacer fuerza con su ojete, y poco a poco logré que la punta de mi capullo fuera introduciéndose en el oscuro agujero de la nínfula. Sus sollozos se transformaron en gritos de dolor conforme los centímetros de rabo iban perforando su entraña.

  •  Eso es... métesela  toda... - dijo Andrea al contemplar como mi ariete vencía la inútil resistencia, tremendamente satisfecha por haber contribuido a tal hazaña.

Pero no pude satisfacerla, al menos no totalmente. Y no fue por falta de ganas, ni mucho menos, sino porque por mucho que uno sea terco y perseverante, las limitaciones físicas existen, y era materialmente imposible que aquel traserito acogiese mi falo por completo sin más. 

Haré un inciso permitiéndome dudar del que diga que obtiene placer en una situación similar a la que yo me encontraba entonces. Lo que yo sentí, al menos en un primer momento, fue un tremendo dolor de rabo. Y es que no es lo mismo meter el cipote en un coñito estrecho que poco a poco se va dilatando y lubricando, que hacerlo por una angosta y pueril entrada trasera. El culo está hecho para evacuar y no para albergar cuerpos extraños, así que nadie podrá reprocharme nada cuando, tras varias intentonas, saqué mi dolorido estoque del cuerpo de Dora. 

  • ¿Qué pasa?

  • No puedo...

  • Pero, ¿por qué?

  • No sé... me duele. Está muy prieto. 

  • Hace falta más lubricante. - Apuntó Leire, acertadamente.

  • ¡Clávasela hasta el fondo!

Ya iba a reponer algo la buena de Andrea, cuando una luz iluminó mi mente, y, aprovechando que la morena de redondas tetas había abierto la boca, alojé entre sus labios de nuevo mi cipote. No contento con ello, le agarré de la nuca para que no le quedase otro remedio que volver a mamarme con su natural soltura. 

  • Chupa un poco más...

Recuerdo que cerró los ojos casi tan fuerte como apretaba los puños. Supongo que, con el poco aprecio que le tenía al sabor a mierda, fue la manera que la adolescente encontró de contener la arcada. Después de unas cuantas severas arremetidas contra su boca, volví a sentir la polla húmeda como recién lavada, su facilidad para salivar fue gloria bendita para mi maltrecho falo.

  • ¡Joder, qué asco! - Protestó cuando mi miembro abandonó sus labios.

  • No protestes y ábrele otra vez el culo.

La segunda intentona fue sensiblemente más placentera que la primera, aunque no lo suficiente. Fueron necesarios cinco o seis trasiegos de mi verga entre el orto de Dora y la boca de su hermana mayor para que el milagro tuviese lugar. La niña y yo éramos uno, conectados por mi rabo a través de su ano.  Las palabras se quedan cortas para describir el placer que sentí en aquel instante. 

  • ¡Eso es! ¡Fóllatela!- Me arengó su hermana, olvidando su mal sabor de boca.

Desde ese momento en el que bombeaba una y otra vez contra el culo de Dora me solidarizo con todos y cada uno de los pedófilos que disfrutan del sexo con niñas de su edad. Es algo increíble lo que la elasticidad de esos cuerpos en formación es capaz de hacer sentir en la verga de un hombre adulto. Había dado por el culo a Andrea, e incluso a mi propia sobrina la misma noche en habíamos tenido sexo por primera vez, pero lo de utilizar la entrada trasera de la más tierna miembro de mi harén para darme placer fue algo sublime. Cierto es que si le preguntan a ella no opinará lo mismo, ya que no dejó de llorar amargamente mientras la sodomizaba de manera contundente, sin embargo eso no es más que un pequeño borrón que no empañará jamás el grato recuerdo que yo tengo de tan sublime enculada. 

  •  ¡Qué fuerte! - No dejaba de repetir Laia, acercándose cuanto podía para inmortalizar con la cámara del teléfono el desigual encuentro sexual.

  • ¡Párate, joder! - protestaba la niña ante mi total falta de delicadeza -. Me duele...mucho...

  • Haberlo pensado antes de jugar con mi trasero. - Le contesté, retorciendo en su interior mi verga como el taco de billar en la tiza.

Su aullido correspondiente en lugar de lograr que me apiadase de ella espoleó mi lujuria haciendo que la enculase de forma más severa. Cuando llegó mi clímax, no me guardé nada, ni siquiera intenté retardar en momento pensando en cualquier extravagancia que no viniera a cuento. Es más, le introduje la polla lo más adentro que pude instantes antes de aliviarme en su interior con una intensidad desaforada. Bramé como un verraco, desplomándome sobre ella hasta casi aplastarla contra el mueble. Permanecí quieto intentando que el ritmo de mi corazón descendiese hasta niveles compatibles con la vida, mientras mi cipote seguía esputando babas en el interior de la pequeña. Ni siquiera escuché lo que mi sobrina decía entre risas hasta que lo repitió varias veces:

  •  ¡Se ha meado!

  • ¡Qué imbécil! - Apuntó Andrea, en tono socarrón.

No sé exactamente a qué se debió mi reacción posterior. Seguramente a que la pobre Dora no se había merecido la forma tan cruel con la que yo la había tratado, ni mucho menos la humillación posterior por parte de las otras dos adolescentes mayores. Lo cierto es que, cuando me desacoplé de ella y vi el desaguisado en forma de amalgama de heces, sangre y orina que bañaban su cuerpecito tembloroso, y vi cómo mi sobrina y su amiga se reían abiertamente a su cosa, no pude reprimirme:

  • ¿Se puede saber por qué os reís, imbéciles?

  • Es que se ha meado, ¿no lo ves?

Laia me conoce más y notó que algo no iba bien. Su semblante cambió al ver que yo no me reía en absoluto. La que no se esperaba mi reacción fue Andrea. Todavía estaba arrodillada cerca de nosotros así que no me fue difícil agarrarle del cabello:

  • ¡Ayyyyyy! - Protestó, al notar el tirón.

  • ¡Límpiale el culo, zorra, o te dejaré el tuyo en carne viva!

Y utilicé mi superioridad física y el factor sorpresa para estamparla de bruces contra el trasero de Dora. Aterrada, no pudo hacer otra cosa que obedecer como una yegua a su jinete. Por aquellas fechas no le gustaba la mierda pero puedo asegurar que cuando abrió la boca, no fue para protestar precisamente. Se tragó todo lo que del ojete de la pequeña niña iba saliendo, ya fuera esperma, heces e incluso sangre, bajo pena de una somanta de zapatillazos. No puedo asegurarlo, pero pondría la mano en el fuego por que la hermanita pequeña no jugó del todo limpio ya que la muy golfa, pese a su estado semi-catatónico, hacía todo lo posible para que  de su agujero trasero no dejasen de salir fluidos.

Todavía no estaba satisfecho, alcé la mirada en busca de mi otra víctima. Por primera vez desde que comenzó todo aquello, vi flaquear a mi sobrina. Pese a que ella me había insistido en que la tratase igual que al resto, supongo que en su interior esperaba un trato privilegiado dada su condición de alma mater del proyecto. Me incorporé lentamente. Me dieron ganas de lanzar contra la pared el teléfono que seguía manteniendo en la mano pero me contuve. En lugar de eso, le ordené secamente:

  • ¡Dámelo!

Su mano temblaba como un flan, había creado un monstruo y ni tan siquiera su belleza o nuestro parentesco iban a conseguir que me apiadase de ella.

  • Lo del suelo es para ti.

Supongo que intuyó que para cumplir la tarea debía utilizar sólo su lengua ya que, sumisa y obediente, se colocó a cuatro patas y como si fuese un cachorrito se dispuso a dar buena cuenta del charquito de orina que había en el suelo. 

  • Eso es. - Dije complacido, blandiendo la zapatilla de forma amenazante.

Las dos lolitas acataron la condena de forma bien distinta. Andrea se protegía la retaguardia mientras recorría con su lengua la anatomía fraterna a la vez que la cachonda de Leire se contorsionaba de forma que dejaba expuesto su perfecto culo, buscando un castigo que no iba a obtener. Intuí que deseaba que yo utilizase mi improvisada fusta en él, dejándolo ardiente y rojo como las brasas,  pero no me dio la gana de hacerlo: me apeteció dejarla con la miel en los labios. 

Poco a poco, tanto el ano de Dora como el suelo de mi salón fueron quedando impolutos. Fue en ese instante cuando me preocupé por el estado de la pequeña:

  •  ¿Estás bien?

  • S...sí. - Contestó ella con un hilo de voz.

Dejando a un lado el teléfono, la ayudé a levantarse mientras las otras dos permanecieron arrodilladas.

  • Vosotras no os mováis de aquí. Dora y yo vamos a tomar un baño, ¿entendido?

  • Sí. - Contestaron las otras en forma de coro mal coordinado.

  • ¿Tienes pipí?

  • No.

  • ¿Seguro?

A la jovencita se le iluminó la cara al comprender lo que yo pretendía:

  • Bueno, un poquito.

  • ¡Estupendo!

Y la agarré de tal modo que su espalda quedó apoyada en mi pecho. Le abrí las piernas lo suficiente como para que su coñito quedase justo delante de las otras dos adolescentes. Ni siquiera tuve que decirles que abrieran la boca, ninguna de las dos tenía problemas con beber la orina. Andrea ya me lo había demostrado y mi sobrina todavía no, pero no había que ser muy perspicaz para adivinarlo.

  • Mea.

Utilicé la entrepierna de Dora a modo de aspersor, duchando a mis otras dos putas de catorce años tanto como me fue posible. Cuando terminó, no me pareció suficiente, pese a que buena parte de sus cabellos y caras brillaban por el fétido líquido. Deje a la niña en el suelo y apunté con mi polla directamente a la boca de Leire. Tuve que relajarme, no es fácil mear con la polla dura.

  • ¡Venga! - Protestó la rubia.

Preferí respirar profundamente en lugar que perder el tiempo en contestarle algo ocurrente.  Tras unos instantes de suspense, salió de mí un contundente chorro de orina tibia que se alojó directamente entre los nacarados dientes de mi sobrina. 

  •  ¡Ey, deja algo para las demás! - Protestó Andrea.

Sin solución de continuidad, apunté hacia la cara de la morena con menor fortuna. Mi chorro se estampó contra su nariz, y estuvo atenta cerrando los ojos ya que, de no haberlo hecho, le hubiese meado en ellos directamente.  Enseguida se movió de forma que mi orina regase su garganta, como si fuese el más delicado de los caldos. Se la veía como un pez en el agua bebiéndose mi pipí, la muy viciosa.

  • Yo también quiero - dijo Dora, ocupando su lugar en el suelo.

Casi no pude darle nada ya que mi vejiga ya estaba en las últimas. La compensé metiéndole la punta del rabo en su boca, orinando en ella, de forma que ni una gota del preciado líquido se derramó fuera de sus labios. Fue divertido utilizar la reserva de mi depósito para mearlas a las tres rápidamente. Entre risas, las niñas pugnaban por beber el último chupito que salía de mi polla. El ambiente se había relajado bastante al ver que mi furia iba remitiendo. 

  • ¿Andrea?

  • Dime. -Me contestó la chica todavía paladeado los últimos vestigios de mi meada.

  • Vuelve a llamarme imbécil y te llenaré la boca de mierda... ¿entiendes, bonita?

Tal declaración de intenciones la dejó helada. Se limitó a asentir, visiblemente atemorizada. A Leire, en cambio, le volvió el fulgor a la mirada. Sin duda mi cambio de actitud tanto con ella como con las otras le tenía encantada. Yo ya no era el bobo que comía de su mano y hacía todo lo que a ella se le antojaba. Cada vez me parecía al chulo dominante y sin escrúpulos que ella tanto deseaba que yo fuese.

  • Si vamos a seguir con esto, va a ser siguiendo mis normas. ¿Entendido? En La Academia mando yo y se harán las cosas tal y como yo diga. Ni se rechista, ni se discute: se obedece y punto. ¿Entendido? Y eso vale tanto para vosotras como para el resto de las zorras que vayáis a elegir. Decídselo bien clarito porque no quiero malos entendidos.  Yo no soy el criado de nadie, vosotras sois MIS putas.  - Dije remarcando claramente las palabras.

  • Vale.

  • Bien.

  • Sin problemas.

Me aclaré la garganta antes de proseguir con el discurso.

  • Follaréis cuándo y con quién yo quiera solamente. En cuanto abramos el negocio, se acabó eso de ir prostituyéndoos por los lavabos. Es poco lucrativo...

  • ¿Eso qué significa?

  • Que mamando pollas se gana poca pasta, boba.

  • ¿Y por qué no lo ha dicho así?

  • ¡Pssss, cállate de una vez!

  • Si tenéis clientes fijos me la suda. Por supuesto que les podréis dar la dirección y abriros de piernas para ellos en La Academia, pero nada de hacer horas extras por vuestra cuenta. Si tenéis novios, amigos o follamigos, podéis tirároslos cuando os apetezca pero siempre que haya dinero de por medio... me lo dais a mí.

  • ¿Todo?

  • Todo.

  • T O D O.

  •  Pero...

  • Yo lo gestionaré bien, no os faltará nada para vuestros caprichos, siempre dentro de un orden. No voy a engañaros, aparte de los gastos me llevaré una buena parte, no obstante, si los datos que Leire me ha dado son correctos, habrá dinero de sobra. Cuando tengáis dieciocho años, podréis hacer con él lo que os dé la gana: marcharos de casa, pegaros una juerga continua en la universidad o metéroslo por la nariz, lo que os salga del coño. Si lo malgastáis ahora, no podréis justificarlo, y es muy probable que os pillen. Y tened muy clarito que si cazan a una, nos joden a todos, ¿comprendéis? 

  •  Por mí de acuerdo . -  Mi sobrina no me sorprendió por su apoyo incondicional.

  • Vale - enseguida Dora se apuntó al carro, y eso que su hermana me había dicho lo materialista que era -. Me fío de ti.

  • De acuerdo - se doblegó, Andrea todavía no muy convencida.

  • Tío, tengo una pregunta.

  • Dispara.

  • Papá le mea la boca a Andrea prácticamente todos los domingos. 

La implicada abrió los ojos totalmente sorprendida. Sin duda pensaba que los escarceos escatológicos con el papá de su mejor amiga eran secretos, había sido una ilusa creyendo que la avispada de Leire iba a pasar semejante detalle por alto.

  •  Yo.... yo...  - comenzó a tartamudear, totalmente bloqueada.

  • La muy perra se lo hace gratis y no sé si eso entra en la categoría de follamigo...

  •  ¿En serio? - intervino la pequeña Dora, con su natural desparpajo -. Yo por lo menos le pido cien euros cada vez que me baja las bragas...

Esta vez al estupor de su hermana se le añadió el de Leire, desconocedora por completo de aquel comprometido detalle paterno.

  •  ¡Serás zorra!

  • ¿Y qué querías que hiciera?  Tu mamá es una estrecha amargada y él está salido como un mono. Y además, podrido de dinero. ¿Debería haberle pedido más?

Mi sobrina entró en cólera y la pequeña Dora huyó despavorida riéndose de ella. Puse orden, reteniendo a mi irritada ahijada.

  • ¿Quién te ha dado permiso para levantarte?

Me miró visiblemente enojada pero no dijo ni uno de los múltiples improperios que pasaban por su mente. Resignada, ocupó de nuevo su lugar junto a Andrea.

  • ¡Ya te cogeré, puta!

  •  Andrea, bonita... se acabó eso de hacerlo gratis con personas adultas, ¿vale?

  •  Sí.

  • Hasta que inauguremos el negocio, abre las piernas donde puedas como hasta ahora, pero a partir de les cobras a todos,... ¿entendido?

  •  ¡Que sí, hostia!

  • Y más a mi querido cuñado. Si quiere hacerte pipí en la boquita, qué menos que quinientos euritos, ¿no?

  • ¡Mil! - dijo Leire, todavía enfadada.

  • ¿Mil? De acuerdo, mil. Si algo le sobra a ese cabrón es pasta. 

  • Perfecto. Todo claro pues. Me voy  a duchar con ese diablillo, que pronto os tendré que llevar a casa. Vosotras, mientras tanto id limpiando todo esto.

  • Pero...

  • No me toquéis los cojones a ver si, en lugar de utilizar una bayeta, volvéis a usar la lengua.

Y dejándolas a las dos arreglando sus problemas, busqué a la niña que había buscado cobijo en un rincón de mi cuarto.

  • Tendrás que ser un poco más discreta - le dije instantes después enjabonándole la espalda en la bañera -. Hay que pensar un poco antes de decir lo primero que se te pasa por la cabeza.

  • Es que se me ha escapado. Creí que, como sabía lo de Andrea, también conocería lo mío con su papá.

  • Se acabó lo de follar por tu cuenta, ¿entendido?

  • Vale.

  • ¿Te duele el trasero?

  • Un poquito.

  • Los clientes querrán hacértelo por ahí... ¿lo sabes, no?

Sí.  No pasa nada. ¿Puedo enjabonarte yo?

  • Pues claro.

Respiré profundamente al sentir sus manitas de nuevo tocándome. La naturaleza siguió su curso  y , bajo una reconfortante ducha calentita volví a deleitarme con la infantil agilidad de su lengua en mi falo. 

  •  "Dora la Mamadora"- recordé al eyacular abundantemente en su boca. 

Sin duda ese es el pseudónimo más apropiado que he escuchado en mi vida.

Media hora después de lo previsto, dejé a las dos morenitas sonrientes en la puerta de su casa. Mi apartamento de soltero no estaba preparado para tanta hembra y mucho menos mi pequeño secador de pelo que había fallecido abrasado intentando encubrir los excesos húmedos de la mañana.

Me quedé a solas en el coche con mi sobrina, todavía digiriendo su enésimo enfado. 

  •  Y ahora, ¿qué hacemos? Les he dicho a mis papás que me quedaría contigo todo el día.

  • Habrá que ganar algo de dinero, ¿no?

A Leire se le cambió el semblante para bien. Supongo que pensó que yo ejercería mi nuevo estatus de macho alfa con ella, obligándola a pasar la tarde encamada conmigo, pero la perspectiva de ese cambio de tercio le agradó. Mi sobrina tiene una calculadora debajo de las bragas y no hay nada que le guste más que aumentar sus reservas de dinero. También quiero pensar que le atraía la perspectiva de estrenarse como prostituta de mi propiedad; se la veía excitada cuando colgó su predisposición a mantener relaciones sexuales en el ciberespacio.

Apenas la vi en toda la tarde. Sólo se acercaba a mí de vez en cuando, para darme las ganancias. Conocedor de sus desorbitadas tarifas, no hacía falta que me dijese qué había tenido que hacer para ganar el dinero, me limitaba a limpiarle la comisura de los labios con servilletas cuando correspondía. Tan solo diré que el ojete de la niña no tuvo mucho descanso aquella tarde. Era principios de mes y que los pervertidos tenían dinero fresco que quemar.

  • ¡Uf! - me dijo frotándose el cuello, sentada el asiendo del copiloto de mi coche cuando le llevaba hacia su casa .- Ese último cabrón me ha agarrado muy fuerte del pelo. ¿Tendré yo la culpa de que la tuviese tan pequeña? "Traga, zorra, traga", no dejaba de decir, sudando como un cerdo.  Yo he hecho lo que he podido pero es que la tenía minúscula...

  •  Ahora una duchita y a dormir.

  • Podrías quedarte esta noche en casa. Iría a hacerte una visita, ya sabes...

Me agarró del brazo intentando convencerme frotándome con sus tetitas.

  •  No. Tu padre se está poniendo cada día más gilipollas. Le jode lo de La Academia, no soporta que yo vaya saliendo del pozo. 

  • Entiendo, pero a almorzar mañana si vendrás, ¿no?

  • No lo dudes.

  •  ¿Para compensarme podrías hacerme un favor? ¿Nos pasamos por el polígono industrial? Quiero enseñarte algo.

  • ¿Polígono industrial? Es sábado, estará todo cerrado.

  • No creas. Es un sitio casi más animado por las noches, los fines de semana y los festivos que durante el día.

No entendí a lo que se refería mi sobrina hasta que contemplé la fiesta que había allí montada. Era una zona de botellón, donde los muchachos y no tan muchachos se dedicaban a beber o tomar todo tipo de sustancias ilegales.  Entremezclados con ellos, surgían de aquí y allí mujeres de mala vida, gladiadoras del sexo que ofrecían su mercancía a los vehículos que por allí deambulaban. 

  • ¿Qué se supone que estamos haciendo? No me apetece nada que tu padre me eche otra bronca.

  •  ¡Cállate, hostia! Conduce despacio pero no te detengas, no quiero que me reconozca. Por ahí... suele estar en esa farola. - Me gritó Leire, ocultándose como pudo en el asiento.

Antes de llegar al lugar que ella me decía, me di cuenta de que, bajo la luminaria, se encontraba una chica cuya vestimenta dejaba a las claras su condición de trabajadora del sexo. Se movía de un lado para otra, la noche era fría. Al acercarme, distinguí más nítidamente unas botas de cuero, una cortísima mini -falda y una torerita blanca que se las veía y deseaba para contener una delantera de escándalo que se balanceaba sin amarra alguna bajo la prenda. Este último detalle pude comprobarlo claramente ya que la chica, sin el menor tapujo, me mostró sus magníficas tetas a modo de saludo. Eran impresionantes.

  • ¡Joder! ¿Es esa tu amiga? - Dije cuando la reconocí, conforme se iba acercando moviendo las caderas a mi coche.

  • ¡No te detengas, pasa de largo!

Muy a mi pesar y reaccionando a su mandato, aligeré la marcha, dejando esas tetas huérfanas de unos labios que las chupasen. No estuvieron mucho tiempo desasistidas, por el retrovisor vi como el vehículo que tenía detrás sí que solicitó sus servicios. Enseguida la chica ocupó su lugar en el asiento del copiloto.

  •  ¡Vaya melones! ¿Es ella?

  • ¡Sí! - dijo Leire recomponiendo la postura en su asiento -. Y allí está la otra.

  • ¿La otra? 

Dirigí mis ojos a la siguiente farola bajo la que también se encontraba una puta. Pese a que su figura no estaba mal del todo, se veía a la legua que era mayor a la otra. Su vestimenta era similar a la anterior, no obstante el resultado final distaba mucho de asemejarse. Sin embargo, su delantera nada tenía que envidiar a la tal Jessi, todavía era más generosa si cabe, aunque la fuerza de la gravedad dejaba ver sus efectos. Cuando me acerqué, tampoco se mostró tan predispuesta a mostrar su mercancía, se le veía algo más remisa, como si pensase que si había rechazado a una yegua pura sangre, no querría saber nada de una percherona. Le costó abrirse la coraza y cuando lo hizo, giró la cabeza a un lado, como si le diera vergüenza. Juraría que incluso se sintió aliviada cuando pasé de largo.

  • ¿Seguro que esa chica tiene sólo quince años? ¡Menuda delantera!, ¿quién es esa otra? - pregunté cuando salimos del polígono.

  • Es Lara... su mamá.

De camino a su casa, me contó la historia de la caída al infierno de madre e hija. Antes de bajarse del automóvil me dijo:

  •  Llévate a las dos a casa y no te arrepentirás. Mañana por la mañana, cuando se despierte, dile quién eres y que fuiste tú y no yo el que la eligió. Se supone que nos llevamos fatal. 

Permanecí en silencio, tan sólo pensé que quizás mi sobrina Leire no era tan fiera como aparentaba.


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