Nota: Rompiendo una costumbre de años publicaré esta serie conforme la voy repasando, se trata de una vieja serie inconclusa que me han pedido varias veces que termine. Esto implica que algunos detalles iniciales pueden ir variando según se va desarrollando la historia. Serán pequeños cambios que no afectarán a la trama. Gracias por su paciencia y sus comentarios.
Capítulo 2: La idea
¡Ay, no seas bruto! – Protestaba la rubita sentada en mi rodilla intentando inútilmente arrancar mis manos de su trasero.
Era la primera vez que, una vez solos en su cuarto los dos y sin previo aviso, me lanzaba abiertamente a tocarle el culo bajo las braguitas. No es que fuese una novedad que le palpase las nalgas piel con piel pero sí que lo hiciese sin aquellos jueguecitos previos que ella dominaba y que tan loco me volvían. Le gustaba ser ella la que manejase la situación y rara vez me dejaba llevar la iniciativa, bajo amenaza de contárselo todo a su madre. Habitualmente yo tenía que conformarme con las migajas que ella me daba y eso me volvía loco.
Pero aquella vez yo no estaba dispuesto a dejarme engatusar ya que había descubierto otras alternativas al cuerpecito de mi ahijada. Envalentonado, dirigí una de mis manos a su parte delantera y eso le puso aún más nerviosa:
¡Ahí no! - Suplicó alarmada.
Intentó apartarme la mano utilizando las suyas a un tiempo, le resultó inútil. Aquella fue la primera vez que toqué su coño sin tela alguna de por medio. No se trató de algo clandestino como cuando le hacía cosquillas en las ingles, aquella vez le metí mano a tumba abierta. Atravesé raudo y veloz los cuatro pelitos de su entrepierna y enseguida me encontré con su clítoris y sus labios vaginales. Estaban húmedos, como los ojos de la aterrada lolita. Jugueteé con ellos a placer aunque su dueña no parecía que lo estuviese pasando tan bien como yo.
¡Va a entrar mamá! - Gimoteaba inútilmente.
No te preocupes, está durmiendo la mona en el sofá…
A mi hermana le cuesta controlarse con la bebida muy a menudo. El alcohol le ayuda a sobrellevar la cornamenta.
¿Y si viene papá?
Ya debe estar en la wiskería… gastándose la paga en putas…
¡Por favor, detente! – Sollozó realmente asustada.
Abrí los ojos de par en par.
¿Qué has dicho?
¡Que pares de tocarme el coño de una puta vez, joder! ¡Nos van a pillar…! - Contestó furiosa recobrando algo de brío.
No, eso no… lo de antes…
Y amenacé con uno de mis dedos la entrada de su vulva.
¡Por favor… no sigas...! – Suplicó de nuevo con un tono cada vez menos convincente.
Eso está mejor…
Era la primera vez en mucho tiempo que me pedía algo educadamente. Se sintió mucho más aliviada cuando notó el calor de mis manos en sus nalgas, tanto que me regaló una sonrisa.
Así… así está bien, no seas malo. – Me dijo asumiendo el magreo de glúteos como un mal menor.
Pero yo no estaba dispuesto a ceder:
¡Tiooooooo! - Protestó al sentir uno de mis dedos llamando a la puerta de su esfínter anal - ¡No seas malo!
Me porté como un niño bueno y obtuve mi premio. La lolita cruzó los brazos por detrás de mi cuello y su lengua volvió a hacerme diabluras en la oreja. Le apreté tanto el culo que soltó un gruñidito.
¡Con cuidado...! Sólo soy una niña... - Me susurró con voz melosa.
Y dibujó en mi rostro un caminito de ósculos que concluyeron con sus labios sobre los míos. Comenzamos a besarnos de forma obscena, como a ella le gusta hacerlo.
Hay que ver lo bien que besa esa jodida zorrita. Así empezó todo entre nosotros años atrás, con castos besitos que poco a poco se fueron tornando en algo sucio conforme sus tetitas y su calentura fueron creciendo. Domina mil y una variantes del intercambio de babas, pero prefiere que me limite a sacar la lengua y ella hace el resto del trabajo. Son besos húmedos, con copiosos intercambios de fluidos. Mi polla se vuelve granito cuando se mete mi apéndice hasta al fondo y, al sacarlo, lo mordisquea viciosa, o cuando sencillamente se limita a atraparlo con los labios, succionándolo como si fuese un falo. También me empalmo cuando me castiga los labios, y aún más cuando lo hace de forma violenta. He llegado a eyacular varias veces simplemente a base de mordiscos.
Lo cierto es que me pongo cachondo en cuanto la veo porque sé lo puta que puede llegar a ser pese a su aspecto infantil.
Volviendo al tema de los besos sin ninguna dudo lo más me agrada es cuando me mete la lengua a conciencia en mi boca y lo hace tan profundamente que a veces pienso que está buscando algo que no encuentra. Pierdo la noción del tiempo cuando eso sucede que, afortunadamente para mí, suele ser todos los domingos y fiestas de guardar, tras nuestras tediosas comidas familiares.
Siempre he pensado que cuando más se excita mi ahijada es cuando me come la boca de esa forma sucia y aquella vez no fue una excepción. Tan caliente estaba que no protestó cuando, aprovechando una de sus arremetidas, ataqué su coño utilizando la ruta trasera. Es más, hacía ya un rato que la muy calentorra había comenzado a utilizar mi pierna para darse gusto y mi dedito jugando en su entraña no hizo más que multiplicar su fuego. De no haber estado mi hermana en casa me la habría follado allí mismo, entre sus muñecas y peluches. Y no creo que ella hubiese puesto objeción alguna, se habría abierto de piernas con sumo gusto. Hacía tiempo que sospechaba yo que esa jovencita era de todo menos virgen y los dos teníamos muy claro que el que yo me la tirase era sólo cuestión de tiempo.
¡Tiooooo! - Volvió ella a gemir cuando un segundo dedo acompañó a su hermano en su tarea de prospección vaginal.
No pudo seguir besándome y, tras cerrar los ojos, enterró su cabeza en mi pecho, abandonándose a los placeres que brotaban de su vientre.
¡Tioooo! - Repitió por enésima vez.
Comencé con los movimientos rotatorios y eso fue su perdición.
¡Por... por favor...! - Musitó con dificultad.
No tuvo arrestos para seguir hablando, su cuerpo lo hizo por ella, contradiciendo a lo que salía por su boca, retorciéndose de gusto al ser penetrado. No me duelen prendas en confesar que masturbé a mi sobrina a conciencia, con premeditación y alevosía, cosa que ella agradeció anegando mis dedos de forma copiosa. Ahogó los gemidos producidos por su orgasmo mordiendo mi ropa. Me dejó una buena marca en el pecho, aunque yo en ese instante ni siquiera me apercibí de ello. Las contracciones de su vulva alrededor de mis dedos actuaron de anestesia.
De su garganta surgían sonidos guturales, ronroneaba como una gatita en celo mientras se corría. Cuando la intuí satisfecha, con suma lentitud desacoplé mis dedos de su coño, acercándolos a mi rostro. Podría ser mi sobrina prácticamente una niña pero sus jugos olían igual que los de cualquier hembra adulta. Ya iba a deleitarme con ellos cuando se me ocurrió otra alternativa y, rescatando la cara de la niña de mi pecho, le metí los dedos cubiertos de su miel en la boca. Sumisa y obediente, mi otrora insolente sobrina procedió a limpiarlos con su lengua como un cachorro lame su plato de leche.
¿Te gusta?
S... sí.
¿Habías probado antes tu jugo?
C... claro...
¿Lo haces cuando te masturbas?
Se limitó a asentir.
¿Has probado el de otras chicas?
También...
¿Has probado algún coño?
Su cabeza volvió a reiterar la respuesta.
Esa era una historia que la muy guarra no me había contado. Quise castigarla por ello y en lugar de recoger más flujo con el que alimentarla le metí el dedo corazón por el culito lo más adentro que pude. De sus labios brotó un gemidito. Cuando lo saqué se lo di a probar y no hizo ascos a aquel nuevo sabor, dejando mi dedo impoluto.
Cuando se incorporó de mi regazo a ninguno de los dos le pasó desapercibida la mancha húmeda de la pernera de mi pantalón. Avergonzada, giró la cabeza hacia un lado, procediendo a componerse correctamente su vestimenta, cosa fácil ya que aquella faldita apenas le cubría la ropa interior. Una vez más vestía como si fuese a hacer la calle. A mí me gustaba mucho más cuando lo hacía de forma acorde a su edad o mejor aún, cuando llevaba el uniforme escolar.
¿Y qué hacemos con eso? - dijo recobrando su insolencia - . Si te ve la vieja se va a armar.
Se refería a mi evidente estado de erección.
¿Tú sabrás? ¿Qué se te ocurre?
Se me ocurren muchas cosas pero sólo podemos hacer una...
¿Qué es...?
Que te vayas al baño y te hagas una paja en mi honor, como haces siempre. - Contestó sacándome la lengua.
¿Me acompañas?
Ni hablar. Seguro que sabes cómo apañártelas tú solito.
¡Joder! - Protesté amargamente por el hecho de que no iba a poder aliviarme con ella de maestra de ceremonias.
Anda, toma - dijo bajándose las bragas ofreciéndomelas posteriormente con una mueca- . Para que te motives.
Se las arranqué de la mano con evidente mala leche. Aquel juego no era nuevo entre nosotros, no era raro que incluso fuese al colegio con las bragas bañadas en mi esperma.
Pero devuélvemelas después, que he quedado con alguien…
¿Para follar?
¡No seas bruto! Con una amiga…
¿A la que le comes el coño?
¡Sí! - contestó de forma impertinente para que no siguiese con el interrogatorio - Con esa precisamente. ¡¿Pero qué haces, guarro?!
¿Tú qué crees?
Por nada del mundo iba a arriesgarme a abandonar la habitación y que la amargada de mi hermana saliese de su sopor así que había optado por la solución más práctica aunque más arriesgada, la de sacarme la verga delante de ella y, tras envolverla con su prenda íntima, comenzar a masturbarme de manera contundente.
¡Puerco!
Pudiera ser que Leire quisiera parecer asqueada pero la verdad es que no dejó de mirarme la polla ni un instante. Inclusive abría la boca de forma inconsciente, señal evidente de lo que realmente le apetecía hacer con aquel contundente miembro viril. Como muestra de ello no protestó lo más mínimo cuando le cogí una mano para fusionarla con la mía, con sus bragas y con mi verga. Al sentir ese dulce contacto tuve que hacer un esfuerzo titánico para no correrme a las primeras de cambio.
Pedófilo… - protestaba dulcemente con voz sensual, pero sin dejar de realizar aquellos movimientos rítmicos -. Sé que deseas meter esta cosa asquerosa en mi rajita… en mi boquita… y en mi culito… ¿verdad? Quieres follarme a mí, que sólo soy una niña inocente… a la hija de tu hermana nada menos… ¡Uhmmm! ¡Pervertido de mierda…! ¡Me das asco!
Pero seguía con la paja pese a que hacía un rato que yo la había dejado sola en la tarea, podía ser cualquier cosa menos inocente. Yo la calificaría como una experta en trabajos manuales, tanto que debió intuir que el final estaba próximo, cosa nada difícil ya que mis ojos quedaron en blanco y que de la punta de mi capullo supuraba líquido preseminal. Se detuvo un instante y me temí lo peor, que me iba a dejar a punto de explotar pero lo que hizo fue apretar sus braguitas mojadas contra el orificio de mi cipote y propinar a este un par de sacudidas a dos manos que lo hicieron estallar como si de una piñata se tratase.
¡Dios! – Juré al eyacular de forma copiosa entre los suaves dedos de mi ahijada.
Tan abundante fue la avenida que la minúscula prenda no fue capaz de contener el torrente y buena parte de mi leche atravesó la tela, cayendo al piso.
¡Halaaaa, qué guarro! – Exclamó la lolita intentando evitar que alguna bala perdida manchase su falda.
Yo me limitaba a hacer lo posible por no caerme ya que mis piernas no dejaban de temblar.
¡Joder cómo lo has dejado todo!
Dijo ella y cogiendo las braguitas con la punta de los dedos para no pringarse, limpió el charquito del suelo para luego colocarse la prenda íntima en el lugar adecuado.
¡Hostia, parece que me he meado! - Reía divertida enseñándome el efecto conjugado de sus fluidos y los míos.
Encantado, pude comprobar el efecto de nuestra obra conjunta que no era otro que la total transparencia de su ropa interior y chorretones de fluidos rezumando por las cercanías del coño de la putilla.
Tras bajarse la falda, se dirigió hacia la puerta con evidentes ganas de zanjar el asunto, pero al pasar junto a mí la calentura le pudo y se contorsionó para darle un besito a la punta de mi cipote que todavía se encontraba trufado de grumos. Por una vez en la vida reaccioné rápido, evitando la fuga y aprisionándola contra la puerta.
¡Ayyyy! ¡Déjame, que tengo que irme!
Todavía no he terminado contigo…
¡Suéltame cabrón! Te juro que si no me dejas voy a gritar…
Me arriesgaré…
Y recogiendo parte de mi simiente con la mano buceé bajo su camisa hasta encontrarme con sus tetitas. Cuando ella comprendió lo que yo pretendía se dejó hacer.
Eres un asqueroso.
No perdí el tiempo en buscar una réplica ocurrente, preferí rebozarle el pecho y abdomen de lefa, especialmente los pezones y su ombligo salido hacia afuera que tanto me excita.
Voy a oler a polla toda la tarde – Rió mientras consentía que yo cubriera su cuerpo como un lienzo.
Y esa precisamente era mi intención, marcarla con mi aroma de tal forma que fuese quien fuese el que iba a gozarla aquella tarde, ya fuera hombre, mujer, animal o cosa, supiera que aquel cuerpo en construcción era de mi propiedad.
Cuando dejé de sobarla alargó la mano con la intención de abrir la puerta pero se detuvo, diciendo:
Y, por cierto... supongo que ya me habrás comprado el regalo... ¿no? - Dijo acercándose de forma insinuante.
Tragué saliva, sabía que lo que tenía que decirle no le iba a gustar.
No me equivoqué, instantes después se desató la tormenta. Por fortuna mi hermana seguía en brazos de Morfeo de forma tan profunda que ni los berridos de la niña la despertaron.
¡Eres tooooonnnttttoooo del culo!
Pero princesa...
Ni princesa ni hostias... ¡Eres un pobretón de mierda! - gritaba con voz aguda dando saltitos de ira -¡Pero si el otro día cuando hablamos tenías el dinero!
Pues sí pero...
¡Ya dice mi padre que eres un muerto de hambre! ¡Joder, joder, joder...! ¿Y ahora qué cojones hago yo...? Confiaba en ti, ¿sabes?
Bueno... tienes un teléfono bastante moderno -. Intentaba arreglar las cosas pese a que no tenía ni idea de lo que hablaba.
¡Que noooo, gilipollas! ¡Que quiero eseeeeee!
¿Pero por qué ese precisamente?
Porque todas mis amigas van a tener uno estas navidades y... porque me sale del coño, ¿te enteras?
Jamás le había visto tan enojada, realmente daba miedo.
¡Y mira que me lo he currado, haciéndome la tonta para ponerte cachondo! ¡Y pensar que casi me he dejado violar para nada! ¡Joder, si hasta estaba dispuesta a abrirme de piernas porque pensaba que ya lo tenías…!
Aquel comentario me dolió ya que daba a entender que todo lo sucedido aquella tarde tenía un motivo material y no afectivo.
La culpa es tuya y de ese jodido programa que instalaste en mi teléfono. - Respondí molesto.
Recordaré toda la vida su expresión de asombro:
¡Pues claroooo, eso es! ¡Joder, parezco lela! ¡Ya sé dónde está mi pasta, en el ojete de alguna guarra… ¿no es verdad? Te has fundido el dinero en putillas…, ¡para que luego critiques a papá! ¡Puerco!
Ni siquiera dejaba que metiese baza en la conversación:
Pues entérate bien, querido tío – siempre utilizaba esa expresión conmigo cuando la amenaza iba en serio -. O tengo ese puto teléfono esta Nochebuena, es decir pasado mañana o… despídete de reventarme el conejito con ese pollón inquieto tuyo… para siempre…
Y se cruzó de brazos hecha una fiera.
Pues como no me prestes tú el dinero... - Dije a la desesperada.
A ella le cambió el semblante, señal que por una vez yo no había dicho alguna tontería.
¡Eso es! ¡No eres tan imbécil como pensaba! ¡Pues claro! ¿Cuánto te falta?
Uff... un montón. Entre unas cosas y otras... - Dije comenzando a echar cuentas de lo gastado.
¡Me la suda...! - dijo ella abriendo una especie de cofrecito que tenía cerrado bajo llave en su armario –. Guárdate tu dinero, fracasado de mierda. Me lo compraré yo misma. Eso sí, si alguien pregunta tendrás que decir que es cosa tuya, ¿entiendes… querido tío?
De aquella caja mágica comenzaron a brotar sobre su colcha una cantidad ingente de billetes, todos dobladitos en forma de tubo. Yo no podía creer lo que veía, había de todos los colores y tamaños, la mayoría eran de veinte o de cincuenta euros aunque también distinguí no menos de una docena de quinientos.
Abajo en el trastero tengo más... pero no me sirve de gran cosa, tan solo para apostármelo con mis amigas. No puedo comprarme cosas bonitas, no se me ocurre una forma creíble de explicar a mis padres de dónde sale tanta pasta…
Pero... ¿cómo...?
Una vez pasado el tiempo reconozco que la pregunta no tenía ni pies ni cabeza, no había que ser muy listo para adivinar la respuesta.
¡De verdad, un poco más tonto y no naces! – Me dijo con tono sarcástico.
De repente lo vi todo claro, cayendo en la cuenta de que había sido ella la que me había instalado aquella diabólica aplicación y lo segura que estaba de las bondades de la misma. Mi sobrina, pese a que se sirviese de las últimas tecnologías, se dedicaba al oficio más viejo del mundo. Por si quedaba alguna duda ella prosiguió:
Soy puta… ¡PUTA!, ¿queda claro? Si quieres te lo deletreo…
Me quedé mirándola anonadado. Ella permanecía indiferente como si la bomba que había soltado no fuese importante.
No pongas esa cara de gilipollas que no es tan raro. Muchas de mis amigas también follan por dinero… casi te diría que todas, incluso las que tienen novio. ¿Qué tiene de malo? Conoces gente interesante, aprendes cosas nuevas y ganas mucha… pero mucha… pasta…
Ella le daba tan poca importancia al asunto que cambió de tema y volvió a lo suyo:
Pensándolo bien no me fío de ti. Mañana me acompañas al centro comercial y compramos el teléfono los dos juntos, ¿vale? Si te doy el dinero ahora eres capaz de volver a gastarlo en putas…
Me alucinó su manera de pensar tan resuelta y práctica.
De… de acuerdo – Contesté ya que no encontré otra manera de poder alcanzar mi objetivo prioritario en este mundo que no era otro que enterrar mi cipote en su vulva adolescente.
¡Joder, se me está ocurriendo algo de puta madre!
¿Qué? - Pregunté algo inquieto, las locuras de mi sobrina podían ser peligrosas.
¿Quieres trabajar para mí? ¿Quieres ser mi… chulo?
¿Tu chulo?
Me costaba asimilar su ofrecimiento y como vio que dudaba me justificó su oferta:
¡Es fantástico! ¿No te parece? Sólo tendrás que acompañarme de vez en cuando a donde yo te diga sin hacer preguntas y decirle a mis papis que eres tú el que me compra cositas...
Pero...
... además ganarías tanto dinero que podrías pagar el alquiler de ese tugurio que tu llamas casa... ¡hostia...!
Se le veía realmente entusiasmada con la idea.
... si nos lo montamos bien podríamos adecentarlo un poco y utilizarlo para sacarle la pasta a tipos podridos de dinero... ¿No te parce? Incluso mis amigas lo usarían... ¡Estarán encantadas! ¡Es perfecto...! Montárselo en los baños es divertido y tiene su encanto pero en una cama se pueden hacer cosas mucho más sucias... y caras...
Oye... oye...
¡Tú no te preocupes y déjalo todo de mi cuenta! ¡Verás cuando se lo diga a las otras, van a alucinar...!
¿Las otras?¿Qué otras?
Ella ni me escuchaba, todavía le dio una vuelta de tuerca al asunto. Su mente calenturienta no dejaba de bullir, estaba como loca, no cabía en sí de gozo.
¡Una academia...! ¡Una academia... de Matemáticas!
¿Qué?
Piénsalo... tú estudias matemáticas y además tío mío, alguien de toda confianza. Nadie sospechará nada. ¡No sé cómo no se me había ocurrido antes! ¡Es la tapadera perfecta!
¿Perfecta? ¿Perfecta para qué?
¡Para montar un prostíbulo de niñas!
Interrumpió tan disparatada charla el gilipollas de mi cuñado abriendo la puerta principal de la vivienda.
Hola, familia. Ya estoy en casa. ¡Mirad a quién me he encontrado viniendo hacia acá!
¡ Ya hablaremos! Toma esto, para tus gastos- Dijo mi sobrina dándome varios billetes de cien ,apresurándose a ocultar su dinero posteriormente.
Cuando pasó a mi lado me agarró del paquete y me dijo:
Los chulos se follan a las putas... cuando y como les apetece... supongo que eso sí que lo entiendes... ¿no?
No necesitaba yo más motivaciones, siempre ha sido mi princesa consentida, pero ella todavía me expuso una ventaja adicional a su propuesta :
Piensa en papi, ya no podrá meterse contigo y eso le cabreará enormemente. Tiene gracia, jamás sospechará que te estarás haciendo de oro a costa del coñito de su niña...
Salimos mi sobrina y yo de su habitación. Todavía no me había repuesto de su oferta cuando la oí exclamar:
¡Andrea!
Holaaaa Leire - Contestó la invitada.
Las dos se dieron un abrazo efusivo. Cuando me acerqué tragué saliva, la reconocí al instante. Ese lunar junto a su boca jamás podré olvidarlo. Andrea me regaló una cálida sonrisa, si me reconoció lo disimuló perfectamente. Con el tiempo he aprendido que si algo saben hacer esas niñas es fingir, tanto dentro como fuera de la cama.
Tío, ¿conoces a Andrea? ¡Es mi mejor amiga!
Hola - Me dijo tímidamente.
Hice lo posible por mantener la compostura cuando nos dimos dos besos en las mejillas. Quizás condicionado por lo que de ella sabía creí identificar bajo su fresco perfume ciertas reminiscencias de orina. Miré a mi cuñado que reía satisfecho. No sospechaba ese idiota que desde aquel instante yo conocía su más oscuro secreto.
Tío, vamos a patinar... ¿te animas? - dijo el demonio de ojitos azules.
Anda, acompaña a tu sobrina - intervino mi cuñado impertinente - . Ni que tuvieses la agenda repleta...
Una vez más no pude negarme. Instantes después cuando los tres nos dirigíamos a la parada del bus dejé que las niñas se adelantaran unos pasos. Quería deleitarme con la visión del trasero que podría ser mío. Los billetes me ardían en el bolsillo.
La pista de hielo estaba atestada de niños acompañados de papás con las carteras llenas de dinero. En cuanto llegamos a aquel sitio las chicas ni siquiera tuvieron la delicadeza de buscar una excusa con la que justificar su ausencia, desaparecieron sin decir nada aunque yo sabía bien a qué iban a dedicar la tarde y no era a patinar precisamente.
Estaba yo aburrido como una ostra esperando un mensaje en el teléfono que no se producía. Llegué a pensar que esa putita morena ni siquiera me habría reconocido o que quizás había olvidado nuestra cita cuando sentí unos toques en el hombro. Era ella. Se la veía radiante y satisfecha, supuse que tanto de sexo como de dinero.
Así que tú eres el famoso tío de esa zorra... ¡Hay que ver qué pequeño es el mundo! No para de contarme cómo le gusta calentarte y tomarte el pelo. Dice de ti que eres su perrito faldero, que eres un imbécil y un eyaculador precoz. Al menos lo último sé que no es cierto... el resto me tiene sin cuidado. ¿Traes la pasta?
Sí.
Sígueme.
Ya conocía yo la rutina y caminé varios pasos detrás de ella. Sus caderas me llevaron hasta unos retretes bastante escondidos del parking de al lado. El aparcamiento estaba desierto y ella me indicó con el dedo el de caballeros.
Este está ocupado.
Tras la puerta se escuchaban gemidos que inmediatamente identifiqué como los de una pareja follando. No había que ser muy perspicaz para darse cuenta de que mi querida sobrina no andaba lejos.
Pasa... perrito... - Dijo con sorna.
Reconozco que ahí perdí un poco los papeles. Estaba ciertamente cansado de ser un pelele en manos de aquellas niñas. Le agarré de la muñeca, tirando de ella hacia el interior del excusado. Realmente daba asco, se notaba que el servicio de limpieza hacía tiempo que no pasaba por allí pero si el olor a mierda no impedía que aquellas niñas comerciasen con su cuerpo en aquel tugurio no iba a detenerme a mí. Apenas me deshice de nuestros abrigos la aprisioné contra el lavabo bajándole los leggins hasta los tobillos de forma brusca. Ella no se resistió en absoluto, seguía con su risita floja, cosa que todavía me enfadó más.
Olvidas algo... perrito...
¡Toma, tu puto dinero! - Le grité metiéndole los billetes en la boca.
Ni aun así dejaba de reírse. Me entraron unas ganas locas de agarrarle de la nuca y estamparla contra el espejo. Afortunadamente para ella no lo hice, me conformé con pegarle la cara al cristal con una mano y agarrarle el tanga con la otra. Tiré de él con tanta fuerza que incluso elevé a la muchacha unos centímetros varias veces hasta que la telita cedió hecha añicos. Apareció ante mí ese monumento hecho carne que era su trasero. Supongo que quería provocarme ya que, tras dejar caer sus ganancias de los labios lanzó unos ladridos bastante irritantes:
Guau... guau... -
Enfervorecido por la ira continué inmovilizándola aunque sin motivo alguno ya que ella perseveró en su actitud totalmente sumisa. No hizo ni el menor amago de oponerse a mis deseos, ni siquiera cuando liberé mi balano y lo dirigí hacia su entrada trasera.
Venga perrito... tú puedes... - Me animaba a continuar mientras mi barra de hierro iba abriéndose paso por su intestino.
Inclusive alzaba su culito tanto como le era posible para facilitar la sodomía. Con mucha menos dificultad de la esperada mi ariete desapareció completamente por aquel glorioso agujerito.
Muy bien... ahora... muévete...
Pasado el tiempo y analizando, nunca mejor dicho, mi primera sodomización a Andrea debo admitir que me enferma pensar en el número de penes que esa mujercita tuvo que meterse por el trasero antes que el mío para poder acogerlo de aquella forma tan intensa sin apenas inmutarse. Lo cierto es que me despaché tan a gusto con su culo como lo había hecho con su boca días antes y no arranqué de ella más que algunos gemiditos de placer cuando mis testículos dejaron salir un buen rato después lo mejor de mí en el interior de su recto.
¡Joder... eres increíble! - Dijo levantándose los pantalones una vez terminó todo.
Supongo que se lo dirás a todos. - Contesté satisfecho pero algo frustrado por no haberla hecho gritar de dolor.
¡Bueno, sí! - dijo riendo en un arranque de sinceridad - Pero ahora te lo digo en serio, eres bueno rompiendo culos. Si de algo sé es de meterme pollas el trasero, es mi especialidad. Eso y tragar pis... ya sabes...
¿Especialidad?
Prácticamente todas lo hacemos todo pero siempre hay algo en lo que cada una destaca más...
Déjame adivinar... tu hermana... la boca...
Se llama Dora... sus compañeros de clase le llaman "Dora la ordeñadora", con eso ya está dicho todo.
Comprendo...
Soy de esos que piensan que es mejor no preguntar si no quieres saber pero ella no me dejó esa opción:
Y, como ya te dije el otro día, la guarra de tu sobrina es una...una "comemierda" - dijo con cierto resquemor -. Por quinientos euros esa boquita que tan a gusto te comes se traga la caca que haga falta. Le es indiferente si está dura, blanda, congelada o recién hecha. Yo no puedo con eso, y mira que lo he intentado...
Lejos de parecer asqueada, su tono expresaba una malsana envidia frente a las supuestas habilidades escatológicas de mi sobrina. No podía dar crédito a lo que me decía, cosa que a ella no le sorprendió.
¿No me crees, verdad? - y tras buscar en su teléfono móvil me lo ofreció -. Pues mira...
La película no era de mucha calidad, se notaba que el que operaba la cámara lo hacía prácticamente de forma intuitiva ya que, a veces, el objetivo se perdía hacia un lado y a otro pero pasados unos instantes de desconcierto pude ver a mi princesa sonriendo, tumbada en el suelo. No era un video reciente ya que se le veía aún más joven, dos o tres años atrás quizás, y con el uniforme escolar. Por la posición de la cámara deduje que ella misma era la que se estaba grabando. De repente interrumpió la visión algo que al principio no identifiqué pero conforme se fue enfocando la imagen lo hice. Se trataba de un trasero masculino, gordo, flácido y cubierto de pelos.
Mis manos sudaban y comenzaron a temblar contemplando cómo mi pequeña abría su boquita, acercándola voluntariamente a aquel nauseabundo saco de grasa. Cuando aquel hijo de la gran puta comenzó a defecar no pude aguantarlo más y aparté la mirada ciertamente desencajado.
¡Mírala, joder! - Dijo Andrea arrebatándome el teléfono y plantándolo frente a mis ojos.
Fueron suficientes unos segundos viéndola masticar heces con tanta avidez que rozaba la gula para que mi estómago dijese basta y lanzara todo su contenido en la taza del váter.
A mí me pasa lo mismo, y mira que lo he intentado de mil formas. En cuanto me meto en la boca un poquito de mierda, echo hasta la primera papilla. Mi hermana dice que soy una floja, a ella también le van este tipo de cosas... aunque no pasa de comerle el culo a los tíos... de momento.
Yo intentaba reponerme al golpe sufrido pero no me resultó fácil. Al incorporarme me di cuenta que en ese instante era yo el filmado.
Tu sobrina hace cosas... increíbles. Por eso gana lo que gana. ¿Quieres que te pase alguno de sus vídeos? ¿El que se hace una infusión con una compresa o el que se la chupa a un perro? Tengo un montón a cuál más fuerte... - Continuó ella sin dejar de enfocarme con el teléfono.
Negué con la cabeza, ya había tenido suficientes emociones por un día. Es más, todavía me acerqué de nuevo con ganas de vomitar pero ya no me quedaba nada dentro.
Antes de salir al parquin me dio una palmada en la cara para que reaccionase.
¿Estás mejor?
Sí...
Muchas gracias - Me dijo con la mejor de sus sonrisas.
¿Gracias? ¿Por qué...?
No contestó, se limitó a abrir la puerta y tras ella apareció mi sobrina. Me agradó verle el rostro impoluto pero parecía inquieta.
¿Qué? - Inquirió a su amiga.
A mí no me hizo el menor caso.
Has perdido... - Contestó Andrea extendiendo la mano.
¡No jodas! - Exclamó la rubita de nuevo airada.
Lo ha echado todo. Está en el teléfono, por si no te fías de mí, zorra.
¡Pero tiooooo! ¿No te cansas nunca de hacerme perder dinero? - Me miraba mi única sobrina con cara de enfado.
Y mientras tras sacarse varios billetes de su bolsito y depositarlos en la mano de su amiga comenzó a gritarme como de costumbre:
¡Eres muuuuyy toooonnntoooooo! ¡No aguantas nada...!, ¿Vomitas por un poco de mierda? Ni que te la hubieses tragado tú... gilipollas...
Pe... pero...
¡Que me olvides, imbécil!
Y tras darse la vuelta desapareció de nuestra vista.
No le hagas caso... se le pasará pronto.
Eso espero...
¿Te apuestas algo?
Apreté los puños porque bien a gusto le hubiese partido la cara en ese momento.
Para vosotras todo es un puto juego, ¿no?
Andrea no contestó a, se limitó a mostrarme su perfecta dentadura y seguir el mismo camino emprendido por la otra lolita mientras contaba sus ganancias.
*****
Venga, dale las gracias a tu tío. - Dijo mi hermana.
¿Pero de dónde has sacado el dinero?
Por el tono de mi cuñado se notaba bastante lo mucho que le molestaba que yo fuese capaz de comprarle aquel juguetito tan caro a su ojito derecho.
Gracias... tío... - Dijo la niña esbozando una sonrisa.
Era la primera vez que me dirigía una palabra amable desde el día en que le hice perder la apuesta. Acostumbrada a ser la abeja reina le costaba mucho encajar una derrota, no era cuestión de dinero sino de orgullo.
¿Y tú no le has regalado nada a él? Hay que ver cómo eres, hija. Si no tenías dinero podrías haberme pedido algo...
Lo... lo siento. - Dijo melosa.
No importa.
Y tras colocarle un gracioso gorro de Papá Noel le di un besito en la mejilla. Ella me lo devolvió y la paz se hizo de nuevo entre los dos.
Es un poco tarde, tengo que irme...
¿Por qué no te quedas a dormir hoy aquí? Sabes que tienes sitio en el cuarto de invitados...
No... no quiero molestar...
¡Sí tío, quédate...! - suplicó la ninfa - ¡Por favor!
Esta vez no me sorprendió que la puerta del dormitorio de invitados se abriese en mitad de la noche, ni que un cuerpecito desnudo se introdujese entre mis sábanas, colocándose sobre mí lentamente. No era cuestión de hacer ruido ya que el cuarto de sus padres estaba al otro lado de la pared. Mientras ella me bajaba los pantalones, recorrí su piel con mis manos. Me gustó el detalle de que llevase puesto el gorrito de Papá Noel solamente.
Feliz Navidad, tío... - Me susurró la niña al oído mientras poco a poco iba envolviendo mi pene el más dulce calor que jamás he sentido.
Me hizo el mejor regalo que un tío puede recibir de su sobrina preferida.
Magnífica continuación, espero que el tío sea capaz de aprovechar todas y cada una de las perversiones de las que disfruta la pequeña Leire
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