Categorías
lésbico
La
Organización (V.O)
(TEXTO RECUPERADO GRACIAS A JULIO)
Capítulo 01
Estoy seguro que todos han visto una. Si han visitado las costas mediterráneas durante los meses de verano la escena es tan típica como la paella, la sangría o la siesta.
Siempre te encuentras con la típica familia nórdica, en la que no puede faltar el cabeza de familia, alto, barrigudo, barbudo, canoso, con sandalias y esos calcetines que deben considerar obligatorios para poder pasearse por las costas de España.
A su lado, sin parar de hablar, con unas gafas de sol que cubren casi la totalidad del rostro la mamá, que apenas roza la treintena y un cuerpo menudo de escándalo que hace que el tipo que camina a su lado parezca el abuelo de Heidi.
Y revoloteando junto a ellos sin fijarse en nada concreto, saltando, correteando, con cara de aburrida y con un chupa-chups en la boca siempre está una como ella.
La primera vez que vi a Jessy apenas reparé en ella.
Yo entraba en el hotel que dirigía mi padre dispuesto a pasar otro verano más con él.
En cualquier otra circunstancia, a mis diecisiete años recién cumplidos, la expectativa de pasar un verano completo en un hotel de lujo de la costa catalana debería hacerme gritar de alegría.
No obstante, tengo que reconocer que el divorcio definitivo de mis padres me afectó mucho por aquel tiempo y no ver a mi novia durante todo el verano tampoco ayudaba.
Cargado de maletas, cansado por el viaje y sudando por el calor de los primeros días de Junio y que una adolescente pase corriendo junto a ti y te haga perder el equilibrio hace enfurecer a cualquiera.
Estaba a punto de gritarle algo cuando la madre se me adelantó y le espetó algo en un idioma ininteligible para mí.
Jessy ni me miró, ni me pidió disculpas ni nada por el estilo. Se limitó a sentarse en uno de los cómodos sillones que pueblan el tremendo hall del Gran Hotel.
La Relaciones Públicas del hotel me reconoció al instante.
Hacía un par de años que no aparecía por el establecimiento pero, al contrario de lo que decía mi madre, tampoco había cambiado tanto.
Marié me hizo dejar las maletas para que un botones las llevara a mi cuarto, me hizo las preguntas de cortesía y me entregó una nota manuscrita por papá.
En ella me explicaba que no podría verme en algunos días ya que estaba en Barcelona en no se qué convención….
-¡Pues sí que empezamos bien!- Pensé en voz alta.- Instálate en la habitación, esta tarde debo atender a unos clientes importantes pero mañana hablamos- Dijo Marie, dándome la espalda y dejándome observar su contoneo de caderas al marchar.
Pensé que no me extrañaba que estando papá rodeado de tantas y tan bellas mujeres, mi madre hubiera llevado durante su matrimonio los cuernos más grandes de todo Pamplona.
Absorto en el movimiento estaba cuando algo atrajo mi atención.
Entonces es cuando reparé en ella. Jessy estaba sentada en el mismo sillón de antes, jugueteando unas flores que adornaban la estancia.
Llevaba puesto uno de esos vestiditos blancos que las mujeres utilizan sobre el bañador, algo ceñidos por arriba y con pequeños volantes en su parte inferior.
La postura de la niña era lo que me había llamado la atención. Las piernas abiertas dejaban ver un la parte de debajo de un bañador azul cielo que mostraba distraída a todos los clientes del hotel que mirasen para aquel lado.
El centro de la minúscula prenda se introducía en su vagina, haciendo bien visible la denominada “pata de camello”.
Siempre pensé que es un nombre bastante feo para algo tan hermoso.
Afortunadamente para ella, la temporada estival estaba empezando y el hotel estaba medio vacío. La magia del momento se rompió cuando voz de la madre volvió a tronar a través del hall.
Mis escasos conocimientos de sueco, me permitieron entender algo acerca de las piernas y de mí, lo que me hizo ruborizar al instante.
La niña, sacó la lengua a su madre, clavó sus azules ojos en los míos sonriendo y, lamentablemente, cerró las piernas, tal y como le había gritado Eve, su madre.
- Una niña obediente- pensé.
Ya disponía a dirigirme al ascensor cuando Jessy derribó el jarrón y las flores cayeron al suelo.
Instintivamente se arrodilló para recogerlas dejándome ver a través de su escote, sus hermosos pechos de adolescente.
La madre, alterada, no paraba de gritarle y los nerviosos movimientos de la chiquilla intentando reparar el daño no hacían más que hacer que aquellos terrones de azúcar se movieran libremente por debajo del vestido, ante mi mirada absorta.
En un momento de lucidez, acerté a girarme de nuevo y dirigirme de manera definitiva a mi habitación. No obstante al darme la vuelta, reparé la mirada en un viejo que había observado toda la escena desde lo alto de una de las escaleras del Gran Hotel.
- Viejo verde- pensé, esta vez sí, para mis adentros.
Continuará....
Capítulo 02
Estaba cansado, furioso y cansado. Ni siquiera un buen almuerzo, una buena siesta ni la magnífica habitación que habían dispuesto para mí hacían que mi ira disminuyera.
-¡Un año entero!- grité-
Un puto año entero sin venir a verme, sólo una puta llamada para mi cumpleaños, una puta tarjeta en navidad y cuando por fin puedo verle se va a una puta convención….
Interrumpió mi discusión frente al espejo la llamada a la puerta de uno de los botones. Me entregó otra nota de mi padre.
-¡No tiene huevos ni de llamar por teléfono!- le dije de malas maneras al pobre chaval que ninguna culpa tenía.
Me miró extrañado aunque acostumbrado a que los clientes ricos le gritasen a cambio de suculentas propinas.
-Perdona tío, contigo no va nada, es que….
-No te preocupes, no pasa nada, me han dicho y hecho cosas peores…
-Ni siquiera tengo pasta para darte una propina- le dije, abriendo el sobre en ese momento.
En ese preciso instante aparecieron ante mí un fajito de billetes verdes…
- ¡Jodeeer! – se escapó de mi boca- Las pena con pan son menos…Toma chaval, te lo has ganado- le dije al botones acercándole un billete de 100 euros.
- ¡Gracias tío! Por ese precio puedes gritarme todo lo que quieras- y se alejó por el pasillo.
Cerré la puerta y me dispuse a leer la nota.
“Hola “Pedo” (que es como me llama de manera cariñosa), sé que estarás un poco enfadado conmigo por no recibirte como te mereces.
No te preocupes, tenemos todo el verano para nosotros en cuanto acabe este rollo de convención.
Créeme cuando te digo que es un tema importante.
Espero disfrutes de la habitación, es bastante especial, ya te darás cuenta de ello y está lo suficientemente alejada de la mía para que puedas traer la compañía que quieras sin que yo me entere.
Disfruta del dinero y gástatelo todo.
“XXOO Papá.”
(XOXO = besos y abrazos)
- ¡Sin que él se entere!... creo que el que no se tiene que enterar soy yo de quién entra y sale de su habitación- ¡Qué cabrón!- volví a decir en voz alta
-Habitación especial, no sé qué mierda de especial tenía esta habitación-.
La verdad es que apenas me había fijado en ella. Situada al final del pasillo, con tele de plasma, jacuzzi, cama extra grande, minibar y vistas al mar, era una de tantas habitaciones lujosas que tenía el Gran Hotel.
Una vez se me pasó el cabreo, me animé a bajar al comedor para cenar. La verdad es que no tenía mucha hambre pero estaba decidido a que el cabrón de papá no me fastidiara las vacaciones.
Tenía tres meses para disfrutar de aquello y por mis narices que lo iba a hacer. Estaba ya sentado en la mesa cuando sonó el móvil.
Cuando me di cuenta de quién llamaba, caí en la cuenta de que había olvidado algo importante…
- ¡Mierda!, ¡Teresa!- había olvidado llamar a mi novia.
- ¡Ya te vale!- Fue lo primero que me soltó- El primer día sin mí y ya pasas.
Eres una mierda- y colgó.
Le llamé para disculparme pero no lo cogió.
- ¡Joder!. Lo que me faltaba para arreglar el día- Dije en voz alta.- ¡Joder, joder y joder!.
Ya no atinaba, quería estallar, estaba otra vez fuera de mí cuando vi de nuevo esos ojos azules fijos en mí. No me había percatado de que la familia que había visto en el hall estaba sentada en la mesa junto a la mía.
Los padres me daban la espalda pero a Jessy la tenía de frente.
Me volví a ruborizar.
Me di cuenta de que era la segunda vez en el mismo día que aquella cría me había hecho sentir vergüenza. Y no sabía exactamente por qué.
De repente me tranquilicé. Sin más. Me olvidé de mi padre, de mi novia, de mi madre y del puto novio de mi madre.
En mi mente aparecieron unos ojos azules, unas piernas largas, un bikini también azul y unos turgentes pechos adolescentes que se mecían bajo un vestidito blanco.
Me fijé en el grupo. La madre estaba espectacular con una camiseta sin tirantes y como siempre no paraba de hablar y el padre asentía con la cabeza.Afortunadamente las normas de vestimenta del hotel impedían que aquel rubicundo se armase de las sandalias con los dichosos calcetines pero el cambio tampoco le había favorecido mucho.
-¡De dónde cojones sacarán esas camisas!- Mi propio pensamiento me hizo sonreír.
Jessy ya no estaba entre nosotros. Se balanceaba intranquila mientras su mirada se perdía a través de los ventanales.
Intuí que su cuerpo se separaba de la mente con gran facilidad. Inconscientemente la mano jugueteaba con un botón de su blusa que abrochaba y desabrochaba lentamente. No se veía nada extraordinario de su precioso cuerpo.
Al menos yo no veía nada.
Sentado frente a ella pude observarla mejor.
Era preciosa.
A sus trece años era una niña encerrada en un cuerpo de mujer.
En ese preciso instante yo creía que ella no era consciente de lo hermosa que era. No era consciente ni de su cuerpo ni de lo que su cuerpo hacía sentir a los que la rodeaban.
Me percaté de que cualquier movimiento de la joven en su ir y venir al bufett por entre las mesas atraía las miradas de lujuria de los hombres y de incluso algunas mujeres.
El resto de las féminas la miraban de reojo con envidia, alterando el volumen de su conversación al ver que sus compañeros de mesa se distraían con las evoluciones de la ninfa.
Observé que había al menos otras dos personas en el comedor que no disimulaban sus miradas de deseo por la niña.
Una era, como no, el bautizado en mi mente como el Viejo Verde y la otra, sorprendentemente para mí, era una mujer situada en una mesa a un nivel superior a la de los suecos.
Hablaba en inglés con unos señores trajeados pero no podía evitar que, demasiado a menudo, su vista descansara en el escote de Jessy.
Sin duda, su privilegiada situación le permitía admirar el pecho de la joven durante evoluciones con los botones.
La mujer se mordía el labio inferior con fuerza, intentando inútilmente disimular el deseo.
Era Marie.
Continuará....
Capítulo 03
No me apetecía salir.
Estaba cansado.
Cansado y asqueado.
Teresa no me cogía el teléfono así que decidí olvidarme de ella hasta mañana, hacerme un homenaje con el mueble-bar, ver porno a través de la tele del hotel y jugar al “solitario” hasta dormirme.
Sé que no era un gran plan, pero no tenía el cuerpo para nada más.
Apenas cerré la puerta de la habitación, unas palabras en el pasillo me hicieron cotillear por la mirilla. Era un detalle extraño. Es uno de los pocos hoteles que conozco en el que las puertas tienen mirilla.
La situación de la habitación me permitía ver la totalidad del pasillo.
Observé como Thomas y Eve despedían con un beso a su hija Jessy que entro por la puerta de la habitación contigua a la mía y se introducían en la suya situada enfrente.
La cosa no hubiera tenido mas relevancia si no hubiese sido porque tanto madre como padre besaron a la hija en los labios acariciando simultáneamente el culo de la niña.
Son distintas costumbres - Me dije.
Y no le di importancia.
La verdad es que el saber que al otro lado de la pared dormía un ángel como aquel hizo que mis ganas de jugar al solitario creciesen de repente sin necesidad de película alguna. Entonces caí en la cuenta de lo que el cabrón de mi padre quería había querido decir con la historia de la habitación.
No me había dado cuenta, las había visto pero no encontré nada especial en ellas. El baño de mi habitación estaba separado del de Jessy por una puerta y había otra puerta que comunicaba mi estancia con la del matrimonio.
En definitiva, las tres habitaciones estaban comunicadas.
Estuve mirando fijamente la puerta que separaba mi habitación de la de Jessy un buen rato. Creo que una hora que a mi me pareció un año. Venían a mi mente todas las imágenes relacionadas con la niña que había tenido a lo largo de todo el día.
Oía el caer del agua de la ducha, imaginándomela a ella tomando un baño, oí un secador de pelo y después la televisión con algún canal musical con el volumen a todo trapo hasta que unos toques en la habitación de al lado me sacaron del trance.
Corrí a la puerta y miré frenéticamente. Lo que ví me dejó embobado y con una erección de caballo.
Frente a la puerta de la habitación de su hija, estaba Eve enfundada en un vestido negro muy ceñido, semi-transparente y corto, con sandalias de tacón, un bolsito minúsculo a juego y maquillada como…, como…, la verdad es que la primera impresión que tuve es que parecía una puta de lujo.
Entró en la habitación y los minutos me parecieron horas.
Mi mente no dejaba de intentar imaginar qué estaba pasando. Creía que lo lógico es que Thomas saliese de su habitación con algún atuendo estrafalario para acompañar a su esposa en la salida nocturna.
Cuando noté que se habría la puerta de la habitación contigua, me abalancé de nuevo a mirar por la mirilla.
En el pasillo había dos mujeres. Dos mujeres de verdad. De no conocerlas anteriormente, nadie hubiese dicho que eran madre e hija. Como mucho parecían un par de hermanas veinteañeras.
Jessy vestía también un minivestido negro, de corte distinto al de su madre, no tan descarado porque, sencillamente, no le hacía falta. Me fijé en que no calzaba tacón, lo que hacía que la estatura de ambas hembras se igualase.
Es bien cierto eso que dicen que el maquillaje hace milagros. Si su madre parecía veinte años más joven, ella parecía diez años mayor. No obstante, recuerdo que lo que más me llamó la atención en Jessy fue la expresión de su cara.
La niña inconsciente no estaba, se había quedado en la habitación durmiendo o jugando con alguna muñeca y en su lugar por la puerta había salido una hembra sensual, erótica, vestida para salir de caza nocturna.
Eve cuchicheó algo al oído de Jessy que miró fijamente a la puerta dónde yo estaba. Creo que adivinaron que el vecino estaba mirando. Sonrió y se dio la vuelta, en dirección al ascensor, acariciando durante el trayecto la espalda y trasero de su madre.
Yo me quedé de piedra. Mi pene se quedó de piedra. Me quedé un minuto mirando, esperando vanamente que Thomas las siguiese.
Pero Thomas no salía. No salió.
Reaccioné tarde.
Me vestí lo más rápido que pude y salí corriendo escaleras abajo con la intención de seguirlas.
Todavía podía alcanzarlas. Cuando llegué a la calle, vi que cogían un taxi en dirección al centro. Como en las películas, me abalancé dentro de otro y le dije al taxista
- ¡Sigue a ese coche!
- Si claro, como en las películas- dijo en tío que, sonriendo puso en marcha el vehículo.
El coche que precedía al mío serpenteó por las avenidas y calles del centro hasta pararse en un bar que yo no conocía. Ni siquiera sabía dónde estaba.
Las mujeres bajaron del coche riendo, siguiendo una animada charla mientras se dirigían a la puerta del club.
Había cola para entrar pero el cachas de la puerta las introdujo en el interior directamente, repasando descaradamente con la mirada al par de hembras que caminaban a su lado sin hacerle caso. Esperé en mi taxi un momento, no quería que me viesen.
Quise salir cuando una voz me devolvió a la triste realidad…
- Son treinta y dos euros y medio- dijo el taxista
- ¡Joder! ¡Mierda!- grité mientras buscaba inútilmente en mis bolsillos- Oiga, mañana se los pago. Soy el hij…
- ¡Eres el hijo puta que cree que nací ayer! Nos vamos directamente al cuartelillo…
- Olvidé mi cartera en el hotel. ¿A usted no le ha pasado nunca?
- Claro que si chaval, pero ese es tu problema y no quiero que sea el mío.
Esto es muy sencillo. Te llevo de vuelta al hotel y me pagas la carrerita y punto. Mañana será otro día.
- Pero- empecé a protestar.
- ¡Ni pero, ni leches! Eso o el cuartelillo.
Derrotado me derrumbé en el asiento de atrás del coche, que se perdió por las calles en dirección al punto de partida.
Al llegar al hotel, eché un vistazo a la hoja de registro del hotel para saber algo más de mis vecinos de habitación. Ya sabía sus nombres. Mi amigo el botones me los había dicho.
- Thomas Larsson, cincuenta y dos años…-mascullé entre dientes- Eve Marié Larsson… treinta y dos…¡Qué asaltacunas eres Tom!…Jessy Larsson… trece años….
¡Carajo, ayer mismo fue su cumpleaños! ….
- ¡Trece años! ¡Joder con la niña!...¡Y joder con la mamá¡
Tumbado en la cama, mirando la tele sin verla, mi mente se nublaba por los efectos de la visita al minibar de la habitación y los pensamientos se entremezclaban en mi cabeza.
El cabrón del taxista me había cobrado más de sesenta euros y no había conseguido nada.
El muy hijo puta se había despedido riendo y soltando una frase lapidaria que no sabía cómo tomar:
- Tranquilo majete. Esas dos son mucho toro para tan poco torero.
Lo sé por experiencia, que ya les conozco. A dormir y mañana será otro día.
Me despertaron a una hora indeterminada de la madrugada unas risas y voces en el pasillo.
Algo aletargado volví a mi puesto de vigía y la visión me despejó de inmediato.
Las chicas volvían de la caza.
Y traían con ella las piezas cobradas.
La mamá, con una botella de champán en una mano y las sandalias en la otra, era llevada en volandas entre risas por dos tipos altos y musculosos.
La nena caminaba detrás mientras otro tipo le comía el cuello literalmente. Los tres primeros entraron en la habitación de Jessy, si bien esta se paró enfrente de mi cuarto.
Se quedó mirando fijamente donde yo estaba, como si supiera que estaba observándolo todo, con el tipo chupándole la oreja.
Ella tenía la cara manchada con algo blanquecino.
Dirigió las manos de aquel desgraciado hacia sus propios pechos y él la magreó sin ningún reparo. Erecto, con el pene al aire, observé la escena que se desarrollaba a escasos centímetros de mi cara. La mirada de Jessy era totalmente diferente a la que había visto antes.
Era dura y viciosa, paladeaba algo que estaba o había estado en su boca mientras el tío estrujaba sus tetas sin piedad.
Mamá, dominante de nuevo, gritó.
- ¡pasad o empezamos sin vosotros!
Jessy y su afortunado acompañante entraron en su estancia, no sin antes girarse hacia la puerta de la habitación dónde se supone dormía plácidamente su padre.
Dirigió su mirada lasciva hacia esta e introdujo de manera descarada su mano izquierda en el paquete de aquel pavo.
La puerta se cerró y yo seguí allí, mirando a la nada, intentando asimilar lo que estaba pasando.
No podía creerlo. Mi mente trababa de combinar mis pensamientos con lo que había visto y oído.
La ingenuidad de mi edad me hizo pensar que, como mucho, la mamá se lo montaría con aquellos tres tipos dejando que la niña de trece años conservara su pureza.
Casi de inmediato, el recuerdo de la mirada y los gestos de Jessy en el pasillo me hizo ver que la cría hacía mucho tiempo que no tenía nada que conservar.
Los gritos y gemidos simultáneos de voces de mujer que podía oír claramente desde mi habitación confirmaron mis sospechas.
Corrí hacia la puerta que separaba ambas habitaciones y pegué mi oreja a ella, aunque, sinceramente, no hubiese hecho falta.
Se oía todo. Se sentía el crujir de la cama, la respiración fuerte, los golpes del cabecero contra la pared, chapoteos, risas, gruñidos de mujer con la boca ocupada y más golpes…
Y gritos.
Sobre todo, gritos.
- ¡Cómetela toda….zorra!- me pareció entender una voz masculina-
¡Cómeselo todo a esta hija de puta…!
- ¡No pares, cabrón¡- dijo Eve
- ¡Come coño y calla, puta!
- Joder, qué culo más apretado tienes….
Estaba como loco, hubiese dado un brazo por ver a través de la lo que estaba pasando. Sólo uno por que el otro lo tenía ocupado.
Intentaba imaginar la escena. Imaginaba a aquellos tipos cabalgando de manera descontrolada a una dulce mamá y a su hija de trece años…
Trece…
Mientras, mamá le comía el coño a su niña de trece años…
Trece años…
Su propia niña…
Trece años…
Y su papá en la habitación de enfrente…
Era imposible que no escuchara lo que estaba pasando…
Hasta el botones del hall se la estaría pelando escuchando semejante orgía….
Y eso que estábamos en el ático….
Pero lo que me hizo eyacular como un caballo contra la puerta fue el grito de Eve…
- ¡Rómpele el culo a esa cabrona! ¡Que cumple trece años!- dijo entre gemidos- A mí, a su edad, ya me metían de todo….
- Ya lo sabemos, jefa, que estábamos en su fiesta- se oyó la voz de un macho-
Prepárate, Cielo, esto va así… nena buena parte tarta… payaso feliz parte culito...
Esperé a oír un grito desgarrador que nunca se produjo. Jessy aguantó el envite sin emitir un sonido de queja.
Sólo al cabo de bastante rato se le escapó un gemido de evidente placer, estaba llegando al orgasmo mediante la penetración anal… o vaginal… u oral….o todas al mismo tiempo, qué se yo.
Hasta ese momento, creía que el orgasmo anal era un mito, pero aquel verano la mayoría de mis convicciones en temas de sexo se vinieron abajo.
Me tumbé sobre la cama, totalmente embadurnado con mi propio semen.
Al poco tiempo sentí como se habría una puerta de habitación, se cerraba, se abría otra y se volvía a cerrar. Eve volvía con su amado esposo.
- Pero ¿cómo es posible que esa zorra deje a su niña sola con aquellos animales?- pensé, descontrolado.
Efectivamente, aquellos salvajes todavía no habían terminado.
- Tengo ganas de mear- dijo uno de los cabrones.
- Y yo.
- Tengo una idea…
- Joder. Ya veo por dónde vas. No te pases, tío.
- Si a ella le gusta. No creo que sea la primera vez que se lo hacen…
- Creo que a esta ya le han hecho de todo…
- Se la metiste de golpe por el culo y ni parpadeó…
- Dejaremos todo perdido…
- Me la suda…
- Hagámoslo en el baño…
- ¡Al jacuzzi con la puta!
- Joder no os paséis, tiene trece años…
- Que se joda…
- La chupa que te cagas…
- ¡Si hasta pagó el taxi con una mamada!
- Tenemos permiso de la hermana para hacerle de todo….
- ¿Hermana?.. Y una mierda hermana…Yo creo que es su mad…
- Yo voy a mearme en su puta boca ahora mismo…
- Ven aquí, princesa, que yo te llevo….
Por debajo de la puerta de entre los baños se escapaba una rendija de luz…
- Joder, qué ganas tengo
- Abre la boca, pequeña.
- Espérate cabrón, si lo haces a la vez, me salpicarás y me pondrás perdido…
- Un poco de orden…
- No aguanto más, abre un poco más…, así…, así…,¡Ves como no es la primera vez que lo hace! ¡Trágatelo todo, Reina! ¿Lo estás grabando también?
No pierdas detalle, a la salida de su hermana le encantará verlo. Joder que gusto.
¡Cuidado, no te atragantes!
Jessy tosió
- Te dije que tuvieses cuidado, zorrita. La última gota, con la lengua….
- Aparta cabrón, me toca…
- Hay que dejar que acabe el trabajo, hay que limpiar la herramienta después de usarla…
- ¡Más vale que cierres los ojos, puta! Te voy a mear por toda la cara ¡Uaaaaa…!
- ¡Qué guarra! Si hasta abre la boca para que te mees dentro…
- Y se lo traga de verdad…
- No creo…
- Que sí… ya verás… trae ese puto vaso…que casi no me queda ya…
- Toma…
- Ya no puedo más. Medio vaso, verás como la nena se lo bebe todo…
- No creo…
- Que te apuestas…
- Cien euros…
- Venga zorra, que me vas a hacer ganar una pasta…ya verás…pardillo…esto es como quitarle un caramelo a un niño…
- Joder ¡Qué cabrona!
- Te lo dije.
- Se lo ha tragado todo
- Y aún se ha quedado sedienta…
- Pues a mí no me queda nada…
- Ahora voy yo…
- Míralo, el remilgado….el que decía: no os paséis… sólo tiene trece años…
- Calla, joder…
- Haz puntería… como en el váter.
- Sí, sí…
- Venga, niña ponte en el suelo y abre la boquita….
- Abre más…
- Como si fuesen tus piernas…venga…que de eso sabes mucho…
- Mierda, no me hagas reír que no atino….
- Si le das en el ojo, vale cien puntos….
- Que voy…
- Venga…
- ¡Uaaaaoooo!
- Mas arriba que eso son las tetas…, a la derecha…, mas…, un poquito mas…. Eso es… premio para el caballero…
- ¡Joder! Es que con la polla dura es difícil apuntar….
- Pues tíratela otra vez…
- Y una mierda, está toda meada…
- Joder. No le escupas…
- Es la costumbre, siempre que acabo de mear, escupo.
- Pues qué puntería, casi le das en todo el ojo….
- No pasa nada, ni ha protestado…
- Si hasta le queda bien…
- Mírala. Se está relamiendo….
- Y se está metiendo dos dedos por el culo…
- Con la pinta de niña buena que tenía por la tarde y mírala ahora…
Entonces, Jessy pronunció las dos primeras palabras que oí salir de sus labios.
- ¡Quiero más!- dijo.
Continuará....
Capítulo 04
Ya había amanecido cuando me despertaron unos sonidos bastante comunes últimamente en mi vida. Volvía ha haber sexo en la habitación de al lado.
Medio adormecido me dije a mi mismo que no podía ser.
Había visto claramente como aquellos mamones abandonaban la habitación de Jessy entre gritos y risas.
Decían que esas tías estaban enfermas.
Que no era normal. Caminando a lo largo del pasillo, se repartían un buen fajo de billetes entre los tres. Habían pasado una noche inolvidable y encima, les habían pagado por ello.
Sin embargo, la ración de sexo era evidente, pero en la otra habitación.
Seguramente Thomas y Eve estaban reconciliándose a base de bien, si es que alguna vez se habían enfadado. Era evidente que papá sabía lo que la nena y mamá habían estado haciendo.
Hasta el cabrón de mi padre lo tenía que haberlo oído desde la puta convención.
Había sido una celebración de cumpleaños bastante especial, extraordinaria diría yo.
- Con este tipo de fiesta de cumpleaños, el McDonals se forraría- se me ocurrió.
Me parecía increíble que Eve no hubiese tenido bastante ración de sexo con aquellos tres sementales, y que se dedicara a una hora tan temprana de la mañana a exprimir hasta la última gota de semen de Thomas.
Después de hacerme una paja a su salud, me tomé una ducha fría y rápida, afeité los cuatro pelos que en la barba tenía, deshice la maleta y me dispuse a bajar a desayunar.
Anduve por el pasillo hasta la puerta del ascensor, dónde esperaba Thomas.
- Buenos días- me dijo en un perfecto castellano, con algo de acento.- espero haya tenido una buena noche.
- No he pegado ojo-se me escapó inconscientemente.
- ¡Ya!- dijo con una sonrisa
Ya estábamos en el interior cuando se oyó una preciosa voz juvenil.
- ¡Papi, espera! ¡Espera que voy!
Era Jessy que corría sonriente hacia nosotros.
- ¡Voy, voy! Ya llegó. Buenos días, Papi- le dijo, dándole de nuevo un beso en los labios.- buenos días, señor. -Me dijo, mirándome de nuevo a los ojos.
Me quedé de nuevo petrificado. A través de aquellos preciosos ojos se veía una niña feliz, inquieta, alegre, dulce e… inocente.
Estaba jovial, relajada, vivaz como la había conocido.
Ni rastro de ningún tipo de cansancio ni remordimiento. Ni que decir tiene que tampoco había nada de aquella mujer dura y viciosa que había estado tragando el semen y la orina de tres cabrones apenas cuatro horas antes.
Como extasiado, contemple aquella boquita perfecta, con labios sonrosados y dientes blancos.
Trataba de entender cómo era posible que aquella hermosura hubiese albergado la noche anterior el mugriento pene de algún taxista barrigudo y salido.
Intenté disimular mi incipiente erección dentro del ascensor cuando la jovencita me sonrío y dijo.
- Perdón por lo de ayer.
Me volví a ruborizar de inmediato
- Eeeee…- balbuceé. No podía creer lo que estaba oyendo.
- ¡Si! Perdón por el empujón.
Suspiré aliviado. Le dije que no se preocupara, que no tenía importancia.
- Le compensaré. Papi-dijo mirando a su padre- ¿puede desayunar con nosotros este chico tan simpático? Papi, porfa, porfa….
- Si no le importa que le atormentes con tus historietas y fantasías- le contestó burlón.
- ¿Quiere? Me dijo con cara de niña buena.
Era imposible negarse. No podía ni quería, era lo que más deseaba en el mundo. Estar cerca de aquella extraordinaria criatura
Una vez sentados en la mesa examiné la figura de Jessy en busca de algún resquicio de la zorra salida que estaba en su interior.
Ni rastro. Enfrente de mí había una cría con un cuerpo de escándalo, vestida con una blusa holgada que, eso sí, a poco que uno se fijase, dejaba al descubierto alguna parte de aquel par de pechitos redondos y duros.
Pero de manera totalmente inocente y natural.
Inocente.
Aquella puta salida de la noche anterior de día era el ser mas delicado e inocente del mundo.
Llevaba el pelo suelto y de vez en cuando, algún mechón tapaba una parte de su rostro.
Soplaba divertidamente para quitárselos de la cara…
- Me llamo Jessy y soy de Suecia- dijo atropella, pero llevo tantos años aquí que parezco catalana.
Este es mi padre Thomas, que también es sueco. Claro si yo soy sueca lo normal es que Papi sea sueco también.
Mami se llama Eve y…
- No aburras al invitado con detalles- le cortó Thomas- permite que nos cuente algo de él.
Me aclaré la garganta y me dispuse a que el interrogatorio comenzase.
- Me llamo Pedro, soy de Pamplona y mi padre es el gerente del hotel…
- ¡Así que tú eres el famoso Pedro!- me interrumpió Thomas- “Pedo” Pedro.
Tu padre Carlos nos ha hablado mucho de ti…
Enseguida se dio cuenta de que su gesto era de mala educación y se disculpó.
- Perdona hijo- me dijo- se me están pegando las costumbres locales.
Lo cierto es que, como vivimos todo el año en el hotel, tu padre es como de la familia.
Sigue. Sigue.- me dijo, dándome una palmada en la espalda.
Me disponía a continuar no sin antes acordarme de la madre que parió a mi padre (perdón abuela, que la cosa no va contigo) por haber desvelado mi apelativo familiar, cuando un gesto de Jessy hizo que mi ya olvidada erección volviese a hacer acto de presencia.
Como sin duda el cabello suelto le molestaba para desayunar, la niña se recogió distraídamente el pelo con una goma que llevaba en la muñeca para hacerse un recogido en forma de coleta.
Este gesto, de lo mas rutinario en cualquier circunstancia, no hubiese tenido mayor efecto en mi de no haber sido porque, al dejar descubierto su cuello, mostró claramente a mí y a su progenitor el estupendo moratón que el cabronazo de anoche le había hecho delante de la puerta de mi habitación.
Su padre miró el chupón (que es como por aquí lo llamamos) pero, en lugar de poner el grito en el cielo como habría hecho mi madre, no le dio la más mínima importancia y me indicó alegremente.
- Sigue chaval, sigue….
Me ruboricé de nuevo y de mi boca salieron una serie de frases inconexas que me hicieron quedar en aquel momento como lo que en realidad soy.
Un bobo.
Como si quisiera echarme una mano, dándose cuenta de la situación, Thomas me interrumpió de nuevo...
- Tendrás que disculpar a Eve, es la mamá de Jessy pero está un poco indispuesta.
Luego bajará a la piscina y te la presentaremos en el almuerzo.
Por que almorzarás con nosotros. ¿No?...
En fin, como te decía antes….
Siguió contándome algo pero yo ya no le hacía el menor caso, me acababa de dar cuenta de otro detalle.
Ya decía mamá que últimamente estaba bastante espeso.
Mi pene estaba a reventar sin ni siquiera tocarlo.
Caí en la cuenta de que Jessy se movía inquieta sentada en la silla con un pequeño vaivén casi impredecible, como el día anterior cuando le miraba diminuto bikini azul que emergía de entre sus piernas dejaba adivinar su vagina tras la tela.
Habían venido a mi mente las palabras de Eve la noche anterior….
- ¡Rómpele el culo a esa cabrona¡ ¡Ayer cumplió trece años¡… A mí, a su edad, ya me metían de todo….
Era evidente.
A Jessy le dolía el culo.
Y no sólo eso.
Al recordar la escena del hall, mi resacosa y limitada inteligencia me brindó una conclusión evidente.
Ayer por la tarde, a Jessi le dolía el culo.
Con lo que, como por otra parte ya sospechaba, anoche no era ni mucho menos la primera vez que la cría había sido sodomizada.
Tales pensamientos, imaginando de nuevo la escena, me dejaban sin aliento.
Estaba descompuesto.
La verdad es que deseaba que el desayuno acabase pronto. Además tenía un serio problema. Con semejante erección, no podría levantarme de la mesa en todo el día sin que todos los comensales se dieran cuenta.
Aquello no bajaría jamás.
A duras penas pude pasarle a Jessy la fuente con las tortitas.
No sé si me leyó la mente, me adivinó el pensamiento o eran imaginaciones mías debido a la falta de riego sanguíneo pero me miró fijamente a los ojos y por apenas dos segundos apareció de nuevo ante mi la zorra salida sedienta de orina y semen con sus dedos insertados en el culo cuya madre había pagado para que la enculasen.
Y dijo de nuevo las palabras mágicas…
- ¡Quiero más!
Fue como el “ábrete, Sésamo” de Alí Babá.
Gemí sonoramente sin importar que me oyesen ni Thomas, ni Jessy ni mi puta madre. Me corrí. Me corrí como nunca me había corrido. Sin ni siquiera tocarme.
Al menos para mí fue tan evidente. No había sabido disimular lo más mínimo.
Cerré un segundo los ojos intentando restablecerme y pensar una excusa imposible que justificase la mancha en mi pantalón y mi comportamiento.
Cuando los abrí, la Jessy de día, la niña deliciosa se disponía a llenarme el vaso con zumo helado.
De manera aparentemente casual, al igual que pasó con las flores, derribó el recipiente de manera accidental.
El zumo me cubrió completamente, proporcionándome de manera “milagrosa” una justificación al desaguisado que había causado la mirada lasciva de una jodida zorra adolescente.
Trece.
- ¡Pero hija…. Ten cuidado...!- exclamó Thomas, levantándose de inmediato, intentando arreglar el desaguisado que había formado su hija con una servilleta.
- ¡Perdón!, ¡Perdón!, ¡Perdón!- dijo Jessy imitando a su padre con otra - ¡Qué tonta soy!.
Pero mira cómo te he puesto.
Sólo quería más tortitas.- dijo mientras se acercaba su manita a mi cuerpo armado con aquella tela.
Reaccioné rápido. Me levanté como un resorte y evité que aquella preciosa me tocase.
No podía permitírmelo.
- Si me toca. Me muero- pensé
- No pasa nada, no pasa nada. Tranquila Jessy, voy a cambiarme.
Adiós Thomas, luego nos vemos- y salí atropelladamente del comedor ante la mirada divertida del inefable Viejo Verde, subiendo las escaleras corriendo de dos en dos.
En mi huída no entendí lo que Marié desde la recepción intentaba decirme.
Tenía que desfogarme, desahogarme, desbravarme o como se diga. Tenía que huir de aquella criatura desconcertante ante la cual estaba indefenso. Durante los primeros cinco pisos de la subida pensé que debía marcharme, que debía volver a Pamplona, que no era normal lo que mi cuerpo quería hacerle a una niña.
En cuanto llegué al décimo comprendí que mi lucha era inútil. En el ático reconocí que lo que más deseaba era volver a bajar y verla de nuevo.
Cabizbajo, cansado por el esfuerzo y con un intenso aroma a naranja recién exprimida en la entrepierna, entré a mi habitación y cerré la puerta.
La ducha fría y yo íbamos a ser buenos amigos durante todo el verano.
Continuará....
Capítulo 05
A los pocos minutos llamaron a la puerta.
Salté de la ducha y abrí sin pensar, solamente con una toalla en la cintura, de manera automática.
Ante mí apareció Marié, con su uniforme impecable y mirada amable.
- ¡Chico, qué energía! Te pareces a tu padre.- me dijo sonriendo.
Pensé de manera inmediata cómo sabía aquella mujer la energía que tenía papá.
Ya digo que estaba un poco lento.
Era mas que evidente. La verdad es que al principio le tenía un poco de grima.
Mamá le llamaba siempre la Puta Noruega y tenía razón en las dos cosas.
Era natural de un pueblo a las afuera de Oslo y era, o había sido puta.
Bueno, puta no sé, pero actriz porno desde luego. Y bastante buena, por cierto. El detective que mamá contrató para el tema del divorcio averiguó sin ninguna dificultad que Marié había formado parte del reparto de al menos cuatro películas para adultos.
Realmente eran películas de tortilleras…de lesbianas para que me entiendan. Recuerdo que yo las había visto todas porque mamá guardaba una copia en su despacho y no se puede decir que mamá se esforzase mucho en esconderlas.
Cuando le pregunté por qué las guardaba ella y no su abogado me contestó con una serie de vagas e inconexas excusas que en su día me habían parecido de lo más convincentes pero que con el tiempo cada vez resultaban más inverosímiles.
Lo cierto es que Marié para mí, desde entonces, era una diosa y su visión en la pequeña pantalla era el blanco de mis mejores corridas.
- - Lento… lento estoy… ¡A mamá le gusta el rollo bollo!- pensé- ¡Y con una amante de papá!
Marié interrumpió las tribulaciones de mi mente calenturienta y enfermiza.
- Te decía antes, cuando corrías a través del hall que tenía que hablar contigo.
Me temo que tu padre va a retrasarse unos días más. Ha tenido que ir urgentemente a un hotel que la cadena tiene en Tailandia.
Todavía no sabe cuándo volverá pero me ha ordenado…- se río- me ha pedido que te cuide como a mi hermano pequeño...
Así que ¿te apetece salir a dar una vuelta por el pueblo?
No podía evitarlo, cada vez que la veía recordaba su primera escena en la que le comía el coño a una rubia y acababa metiéndole el puño entero.
Había sido un escándalo.
No sólo por el hecho de que la otra tía era su propia hermana carnal sino porque ambas habían falsificado su pasaporte y no tenían mas que dieciséis y diecisiete años respectivamente cuando se filmó la grabación.
Un año y cuatro películas más tarde se descubrió el engaño, por el que acabaron en la cárcel varios productores y directores.
Los padres de las nenas, de familia con profundas convicciones cristianas, embarcaron a cada uno de los dos zorrones hacia países diferentes y a Marié le tocó España.
Estudió Relaciones Públicas en una universidad privada y se colocó brillantemente en un hotel de un amigo de Papá.
El Gran Hotel.
- ¿Me estás escuchando?- me dijo con cara de fingido enfado.
- Perdona. ¿Qué me decías?-
- Que cuando desmontes la tienda de campaña y te vistas podemos ir a dar una vuelta por el pueblo.
- ¿Qué tienda de c…? ¡Jodér!- observé la toalla y se adivinaba claramente debajo de la misma mi pene erecto de nuevo-
¡Mierda! ¡Joder, qué vergüenza!- Intenté inútilmente disimular con mis manos.
- Tranquilo “Pedo”, que no creo que tengas nada de qué avergonzarte.
Parece que estás bien equipado- me dijo dándose la vuelta y riéndose- como decís aquí “De tal palo, tal astilla”. Te espero abajo. Y desapareció en dirección al ascensor.
Sus palabras resonaron en mis oídos mientras me hacía la enésima paja y me vestía.
- ¿Qué cojones habrá querido decir?- no le di mas importancia y, cerrando la puerta de un portazo, me dispuse a bajar al hall.
La encontré hablando con una empleada y me recreé la vista con ella.
La verdad es que era preciosa.
Rondaría la treintena, morena, ojos verdes y un poco menuda para ser la típica nórdica.
Sabía que estaba dotada por unos contundentes pechos que no se esforzaba en absoluto disimular.
No obstante, su cara me hizo recordar a otra persona pero no sabía exactamente a quien. Seguramente, el hecho de haberla visto en plena faena, con multitud de consoladores en todos sus agujeros, limpiando con su lengua coño tras coño, culo tras culo, teta tras teta le jugaban a mi mente una mala pasada.
Sorprendentemente se le había dado tiempo a cambiarse de ropa por otra más informal y cómoda para nuestra excursión matutina.
- Hola Marié. ¡Qué rápido te has cambiado de ropa! Se nota que tienes experiencia en quitártela...-
Pero ¿Qué cojones estaba diciendo?
Tan rápido como salieron de mi estúpida boca esas palabras me di cuenta que la estaba cagando.
A quién se le ocurriría soltar semejante chorrada. Aparté la vista de ella y me quedé mirando al suelo
- no quería decir eso, lo que quiero decir…
- Tranquilo Pedrito…ya sé de qué vas y me conozco todos los chistecitos… no eres el único que ve películas de los que vienen por aquí…anda Boy Scout, dame la mano que nos vamos.
Supongo que preferirás esta- Me dijo dándome un guiño burlón.
Me alargó la mano que había estado metida en el coño de la su rubia hermana.
Contento y aliviado ante su actitud, estreche aquel consolador con dedos y nos dirigimos de manera relajada hacia el centro de la población en un animado paseo.
Si había algún resquicio de antipatía hacia Marié, desapareció después de aquel día.
Fue, simplemente, delicioso.
No voy a mentir diciendo que me llevó a tiendas para mostrarme cuerpo tras las más finas transparencias.
Ni que follamos como conejos en todos los portales que se pusieron a tiro.
No era eso.
En verdad, al poco tiempo de callejear bajo el sol de junio parecíamos un par de hermanos que visitaban puestos y tenderetes de lo más variopinto.
La sensación era tan agradable que me hizo olvidar a Jessy por algún tiempo, cosa que mi pene agradeció.
- ¡Uf! ¡Cómo pasa el tiempo! Ya casi es la hora del almuerzo. Y todavía no hemos llegado…-dijo.
- ¿Llegar? – Dije extrañado- Llegar a dónde.
No sabía que teníamos que ir a ningún sitio
- Es una sorpresa. Es un regalo de tu padre- comentó acelerando el paso.
Llegamos a una chalet del barrio elegante. Debía ser bonito, como todos los de la zona, pero una alta valla y una contundente verja impedían la visión del recinto desde fuera.
- Por favor, espera aquí- me dijo mientras llamaba al portero automático de la finca. Habló con su interlocutor en un idioma extraño para mí, la verja se abrió y caminó por los jardines de la casa.
A los pocos minutos volvió y con una sonrisa me dio un pequeño sobre.
- Toma, es para ti. De parte de tu padre, que la disfrutes.
- Gracias…,¿qué es?- le pregunté impaciente rompiendo bruscamente el sobre.
En mi mano cayó una especie de ficha de casino de color rojo sujeto a una fina cadenita, con multitud de pequeños signos y hologramas, un chip informático y una “Z” en el reverso.
- ¿Qué mierda es esto?- no sé exactamente qué esperaba que hubiese en un sobre tan pequeño.
Estaba claro que un ciclomotor no era.
Marié se echó a reir.
- Esa “mierda” como tu dices es el mejor regalo que le han hecho en su vida un crío de diecisiete años.
Te permitirá entrar en cualquier garito de aquí a ti y tus acompañantes sin colas, restricciones ni preguntas.
A clubes de alterne, clubes privados…bueno… a todos menos a uno.
Olvídate del dinero, esa “mierda” lo paga todo, taxis, bebidas, comidas, putas…- me quiñó de nuevo- la verdad es que, aunque no lo creas, tu padre se ha portado.
“Z” y roja.
¡Qué suerte tienes “Pedito”!
Para que te hagas una idea después de todo el tiempo que llevo aquí, yo sólo he conseguido la letra “L”, que no está nada mal pero que hasta llegar a la “Z” deberán pasar varios años.
No sabía que decir y como suele pasarme en estos casos, mejor hubiese estado callado.
- Desde luego la letra “L” es la que más te pega…
Se partía de risa. Me tiró de una oreja y me dijo:
- “Pedito”, “Pedito”, no te pases. Además, que sepas, que la letra que más me “pega” es la “B” y a ti debería “pegarte” también.
No sabes lo que te pierdes.
Hay que probarlo todo y más con una insignia “Z roja” en tu bolsillo.
Anda, graciosillo, cojamos un taxi que debo almorzar en el hotel con el representante de un Jeque Árabe que nos visitará la semana que viene.
Tengo que hacer de guía turístico o de lo que sea…
- ¡ De lo que sea, ya!- solté por mi boca.
Es que no aprendía.
Detrás de una, otra
¡Qué guapo estaba callado!
Solía decir mi madre.
Entre risas y frases con doble sentido tomamos un taxi que nos llevó de vuelta al Hotel.
Al llegar en lugar me dijo:
- Ya verás, prueba el chisme ese, paga tú esta ronda- yo no puedo usarla.
Se me olvidaba algo importante, la insignia es intransferible.
No me preguntes cómo funciona pero así.
Sólo tú puedes usar esta.
Pobre desgraciado el que intente usarla en tu nombre.
Es hombre o mujer muerta.- me dijo con un guiño.
- ¡Venga ya!. No me vaciles.
- La señorita no dice ninguna mentira- intervino el taxista- nadie que sepa lo que es intentará quitártelo.
Te hubiese venido bien tenerla ayer- me dijo con una sonrisa que dejaba ver sus amarillentos dientes.
- ¿Es qué no hay otro puto taxista en este puto pueblo?- grité medio en serio medio en broma- ¿me está siguiendo o qué? ¿Le pongo cachondo?- le dije entre risas.
Siguiendo la broma le miré descaradamente el paquete, y no pude evitar ver una manchurrona blanquecina bastante sospechosa alrededor de su bragueta.
¡No me lo puedo creer!- pensé-
El hijoputa ese era el barrigudo cabrón al que la pequeña Jessy había comido la polla la pasada madrugada. Y ni siquiera se había cambiado de ropa.
Era más puerco que un cerdo y la niña no había tenido reparo alguno en abrir su diminuta boca al miembro mugriento de semejante cabrón.
Tenía pinta de no haberse bañado en un mes y su hediondo olor corporal solamente era disimulado por los litros y litros de colonia barata que se había puesto encima.
Sus palabras resonaron en mi cabeza…
“Esas dos son mucho toro para tan poco torero”...
“Lo sé por experiencia”…
”Que ya les conozco”…
Valiente maricón.
Seguro que se dedicaba a seguir a la pareja de lobas en sus escapadas nocturnas y cobrarse las carreras a mamadas.
O en lo que cayese.
Tenía la convicción de que no quedaba ningún agujero de la nena o de mamá que aquel asqueroso no hubiese degustado como pago de los servicios prestados.
- ¿Eres virgen?
¿Es tu primera vez?-me pregunto el tío aquel.
- ¡Pero de qué vas!- le dije asustado y dando un respingo.
Marié casi se meaba de risa al ver la expresión de mi cara.
- Que digo que si es la primera vez que la usas- prosiguió-
¡La insignia, joder!
- ¡Si, si!- respondí nervioso.
- Anda, artista, pásala por aquí- me dijo acercándome un artefacto parecido a un lector de códigos de barras-
Eres salido mal pensado.
- ¡Se me está corriendo el rimel- Gritó la morena.
Continuará....
Capítulo 06
Abandonamos el taxi entre carcajadas.
Marié y yo nos despedimos con un casto beso junto a la recepción del Gran Hotel.
No se me había olvidad mi cita con la familia sueca y comencé a buscarlos.
La empresa fue fácil.
Los encontré en la piscina.
- ¡La leche, otra vez los dichosos calcetines!
Con el calor que hace- pensé mientras me acercaba a una sonriente Thomas, que estaba debajo de una sombrilla degustando una enorme jarra de cerveza.
- ¡Hola Pedrito!
Acércate hombre.Ven, que te presento a mi mujer.
¡Eve, Eve! Ven aquí, por favor.
Este es Pedro, el hijo de Carlos, el gerente.
¡Eve!. Pedro está en la habitación de al lado.
De una hamaca se levantó la rubia.
Un diminuto tanga escondía lo menos posible y lentamente se acercó a nosotros.
Sus hermosas tetas al aire apuntaban los pezones al cielo.
En su rostro las enormes gafas escondían los rastros de los excesos de la noche anterior.
Sin importarle lo mas mínimo que todo el personal disfrutase de la visión de sus pechos se acercó a darme la mano y un beso en la mejilla.
Al acercarse a mí no pude evitar que mi mano sujeta por la suya rozase de manera involuntaria uno de aquellos montículos y pude comprobar claramente la dureza de aquella teta.
Ella ni se inmutó.
Logré disimular lo mejor posible dadas las circunstancias e intenté mirarla únicamente a la cara.
Al igual que me pasó con Marié, en su rostro divisé algo familiar.
- Hola Pedro, encantada de conocerte. Tu padre nos ha hablado mucho de ti.
¿Qué tal está tu madre?
¿Y tu novia? Teresa creo que se llama…
- ¡Joder, Teresa!- pensé- Me había vuelto a olvidar de Teresa.
Ni siquiera había intentado llamarla.
El teléfono, en la habitación.
De puta madre.
Pensará que paso de ella.
¿Y acaso no es así?
Abrí la boca para contestar cuando unas pequeñas manos me taparon los ojos por detrás…
- -¿Quién soy?- gritó una voz juvenil.
Noté un delicioso cuerpo se pegó a mi espalda como una lapa.
- Jessy, déjalo en paz que ya viste lo que pasó la última vez que te acercaste a Pedro.
No va a probar el zumo de naranja en todo el verano- regaño Thomas.
- ¡Tengo hambre!
- Esta niña es insaciable.
- ¡Ya empezamos!- pensé. Mi mente de salido no descansa nunca.
- Todos a almorzar- dijo Eve, mientras se enfundaba un vestido playero bastante ceñido.
Se notaba que le gustaba mandar- Jessy, ponte algo encima, y vamos a cambiarnos de ropa.
Miré a Jessy y esta vez lucía un bañador bastante recatado, que no resaltaba demasiado su figura.
Se podía decir que la disimulaba.
Este no era el caso pero es una escena bastante común en las playas españolas, mamá e incluso abuela con unas descomunales tetas y barrigudas en un patético top less y a su alrededor, deliciosas lolitas con finos cuerpos tapadas hasta la barbilla.
Dios da pan a quien no tiene hambre.
La visión de la vestimenta de Jessy todavía me desconcertó más.
De noche follaba como una puta, mamaba sucias pollas, ofrecía su culo sin reparos, se abría de piernas para que mamá le comiese el coño e incluso bebía la meada de un desconocido hasta la última gota.
De día aparecía la niña, torpe, vergonzosa, distraída, vivaracha y recatada.
Era la misma persona pero no había nada en común entre las dos versiones de Jessy.
Bueno, bien pensado, existía una cosa en común entre las dos.
De momento, Jessy de día todavía no se había acostumbrado a los excesos anales de Jessy de noche.
Todavía le dolía el culo. Todavía…de momento.
Nos dirigimos a nuestras habitaciones para cambiarnos de ropa y quedamos en la puerta del comedor.
Tanto para el almuerzo como en la cena se exigía pantalón largo para los señores y “vestimenta adecuada” para las mujeres.
Es decir, que nada de comer en ropa de baño. Es el Gran Hotel.
Al entrar en el comedor, saludé a Marié que estaba junto a dos hombres ataviados con turbantes blancos.
Sé que me vio, pero no podía atenderme en ese momento.
Ocupamos una mesa reservada e inmediatamente el camarero nos acercó la carta.
La comida fue bastante animada, tanto Eve como Jessy lanzaron una andanada de preguntas a las que yo contestaba lo mejor que podía.
De no ser por Tom, que de vez en cuando salía en mi ayuda se habrían querido enterar hasta del más insignificante detalle de mi vida.
Me trataron de manera maravillosa.
Sabían hacerle a un invitado sentirse el centro de la atención y ese es un detalle que gusta.
Una vez concluido el ágape, les pedí disculpas ya que tenía que hacer algunas llamadas.
- Pues yo tengo sueño- dijo Thomas- la siesta, querido hijo, es un tesoro que deberíais patentar y exportar los españoles.
Es, sin duda, vuestro mejor invento.
- Yo iré a la piscina, quiero estar más morena.- dijo Eve
- ¿Más morena?
No es posible, no te ofendas Thomas, pero tu mujer es increíble.
Está perfecta
Jessy se limitó a bostezar indicando claramente cuál era su preferencia.
Abandoné el comedor en busca de mi teléfono móvil. Lo busqué por toda la habitación y no lo encontré.
Era posible que se me hubiese caído por algún lado del hotel, poco probable, pero posible.
Salía de mi habitación en dirección a recepción cuando me crucé con
Thomas y Jessy.
- ¡Qué durmáis bien!- les dije amablemente
- ¡Seguro!- me contestó el.
Caminé por el pasillo con el cuello girado en dirección al ascensor hasta que los perdí de vista y pulsé el botón de llamada.
La puerta se abrió pero yo no subí.
Estaba petrificado con el dedo en el botón.
- ¿Subes?- dijo una señora mayor con un sombrero imposible-
¿Qué te pasa, hijo?.
- No…, no subo…, olvidé algo en mi habitación- mentí.
En verdad que seguía muy lento de mente.
Había tardado bastantes segundos en darme cuenta de un pequeño detalle.
Si bien era cierto que el papá se iba a echar la siesta y que la nena iba a hacer lo mismo, no era menos cierto que tanto el papá como la nena se habían metido… en la misma habitación.
La de ella.
Me dí la vuelta a toda velocidad y corrí desenfrenado hacia mi estancia. No daba crédito a lo que estaba pensando.
No podía ser.
Difícilmente entendía cómo a un marido no le importaba que su mujer le pusiera los cuernos en la habitación de enfrente.
Me parecía imposible que consintiese que varios tíos se tirasen a su hija de trece años de manera salvaje.
Lo que era una pasada es que fuese él mismo quien se cepillara a la niña a la hora de la siesta.
Tenía que verlo con mis propios ojos.
No me conformaba con escuchar detrás de la puerta.
Debía jugármela.
No tenía nada que perder.
Frenético, busqué la solución que no encontré la noche anterior.
- Pues claro, la terraza, ¿cómo no lo pensé antes?
Las terrazas de las tres habitaciones estaban separadas por una mampara no muy alta, fácilmente salvable para un chaval de diecisiete años, salido como un mono y con las hormonas a flor de piel.
- Por favor, que no haya cortinas- supliqué
Sin ningún disimulo salté la barrera y agradecí al cielo que por fin mis súplicas fuesen oídas. Las cortinas estaban completamente abiertas.
Asomé la cabeza y comprobé que la función ya había empezado. El centelleo de una espectacular cámara de vídeo situada sobre un trípode indicaba claramente que estaba en posición de grabado.
Sobre la cama, sin almohada alguna y totalmente desnudo, mirando al techo descansaba Tom.
Entre sus piernas abiertas, de rodillas estaba Jessy también desnuda.
Desde mi posición se divisaba el culo de la ninfa, la espalda y la parte de atrás de la rubia cabeza que seguía un movimiento de ascenso y descenso lento pero constante.
Creí ver que la cría también se estaba masturbando.
- Silencio, se rueda. Toma uno: “niña comiendo rabo de papi”. ¡Acción!- me dije mentalmente.
Mi cabeza no tenía nada que imaginar. Lo que veían mis ojos era mejor que cualquier sueño.
A diferencia de las pelis porno que solía ver, la acción discurría de manera lenta, natural, sin prisas ni brusquedades.
De vez en cuando, Tom acariciaba la melena de su hija y la acompañaba en su movimiento con delicadeza, con cariño. En definitiva, con amor.
Después algunos minutos que se me hicieron eternos, la niña entendió que había que pasar a la siguiente fase.
Tranquilamente, se colocó encima de su progenitor pero de cara a la cámara y enfrente de la puerta de cristal tras la que yo me asomaba. Admiré por primera vez aquellos pechitos pequeños y sus pezones erectos.
- Toma dos: “rabo de papi en coño de niña”- pensé de nuevo.
Me fijé que Thomas tenía un pene acorde con su enorme tamaño.
- ¡Eso no le va a caber!, la va a destrozar…
Un pene erecto lo que necesita es una vagina bien lubricada.
Eso es lo que tenía entre las piernas Jessy.
Lenta pero segura, fue la propia niña la que se ensartó el ariete paterno.
Necesitó de algún tiempo y serpenteantes movimientos de cadera para ensartársela completamente. La melena cubría completamente la cara de la joven.
Una vez acoplada, sin sacarse un centímetro la verga de su coñito lampiño, recogió de nuevo su pelo en una funcional coleta y miró fijamente a la cámara.
Entonces me vio.
La miré a la cara.
Ahí estaba de nuevo.
La zorra salida que hurgaba en el paquete del cachas.
La puerca que saboreaba el semen de asqueroso taxista frente a mi puerta.
La puta que comía los escupitajos de cualquiera.
En definitiva.
La Jessy que suplicaba…
- ¡Quiero más!
Dijo algo entre dientes en lo que me pareció sueco.
Tom no respondió.
Siguió montando a su padre rítmicamente, pero con sus ojos fijos en mí.
Toda mi sangre estaba en mi rabo.
La nena abría todo lo posible para que tanto la cámara como yo no perdiésemos detalle.
Thomas la sujetaba de la cintura para que no perdiese el equilibrio.
En un momento dado, una de las manos de él dejó de sujetarla y se perdió en su trasero. Sin duda, le estaba metiendo por el culo al menos un dedo.
Llegado a ese punto, de manera inconsciente, ya había salido de mi escondite y estaba de pié con una mano en el cristal para no caerme desmayado y la otra masturbándome lentamente.
No solía hacerlo así, normalmente prefería un movimiento rápido y frenético, pero me había contagiado del ritmo lento y sensual del cabalgar de Jessy.
Cada vez que la niña se insertaba completamente la verga de su progenitor, mi mano bajaba por mi pene. De esta manera, casi podía sentir como si fuese yo el que estuviera debajo de la cría.
Llegados a este momento, Jessy miró hacia abajo y desenfundó el rabo de su entrepierna.
Al sacarlo se distinguió claramente como una mezcla de diferentes jugos caían hasta la cama desde su presuntamente tierno y virginal coñito de una nena de 13 años.
Me volvió a mirar fíjamente.
- No me lo puedo creer, la toma tres no puede ser…
Lo era.
- Toma tres: “polla de papi en culo de niña”.
Aquello fue tremendo.
Se notaba que tenían toda la experiencia del mundo y estaban, nunca mejor dicho, muy comprenetrados.
Sólo con ver el comienzo de la siguiente escena me corrí con toda mi alma y mi lefa se detuvo en el cristal que nos separaba.
La lolita se la insertó de un golpe.
Así, sin pestañear, tal y como habían descrito los hijos de puta de anoche.
Sin duda las maniobras digitales de Tom habían abierto el camino pero eso no le quitaba nada de mérito a la niña y a la elasticidad de su esfínter
Tom gimió sonoramente ante el movimiento seco de la hembra.
Eso le había gustado.
La flexibilidad de la joven salida se puso en evidencia en los siguientes minutos.
Se podía ver de manera nítida como el tremendo pene salía completamente de su ano y volvía a entrar hasta el fondo. La cara de Jessy se empezó a descomponer de puro placer. Cuando ya no pudo contenerse más, Tom se puso rígido y levantó la cadera con la zorrita encima en un claro síntoma de eyaculación desbocada.
Repitió el movimiento tres o cuatro veces y se quedó inmóvil, si sacar el pene del culo de su hija.
Con la cabeza agachada, la niña me hizo un gesto claro para que me fuera de ahí, al parecer no le importaba que mirase pero no quería me viese su papá. Lo cierto es que no estaba seguro de que no lo hubiese hecho ya, pero no quise correr el riesgo y salté de nuevo precipitadamente la mampara fronteriza hacia el refugio de mi suite.
Me senté en el suelo de la terraza con el pene colgando por la bragueta y el pulso a mil.
No me había restablecido aún cuando la puerta de la terraza vecina se abrió y sentí como Thomas salía al balcón, sin duda para tomar aire.
- ¡Jessy!- gritó en castellano-Jessy, ven, princesita.
Entre la mampara y la pared había un pequeño hueco que me permitía mirar de manera algo discreta.
Thomas seguía desnudo.
- ¡Jessy ¡ Mira.
- ¿Qué pasa, Papi?- dijo la pequeña saliendo en pelotas a la terraza.
- Mira pequeña, el cristal está sucio.
- No importa, yo lo limpio, Papi.
Lentamente se arrodilló ante el cristal y recogió con la lengua mi semen derramado. De vez en cuando, miraba de reojo dónde yo estaba. Ni que decir tiene que dejó el vidrio sin una mancha.
- Es una lástima que se haya acabado.
Me gusta su sabor. ¡Quiero más!
Continuará....
Capítulo 07
- ¿De verdad que puedo comprar cualquier cosa?- decía distraído en la recepción del hotel, dándole vueltas a aquella fichita.
- Bueno…, de todo de todo, no.
No puedes comprarte un avión, ni una casa, ni cosas así.
No puedes comprar un Ferrari pero puedes alquilar uno.
No puedes comprar un barco pero también lo puedes alquilar…- me decía mi amigo el botones- tienes una suerte que te cagas.
Sólo sé de unas pocas personas que tienen el nivel que tú tienes…”Z roja”.
- ¿Puedo alquilar una moto?
- ¿Que?
- Un ciclomotor.
En Pamplona llevo uno.
Tengo permiso.
- Si claro eso sin problemas pero no te hace falta, el hotel tiene unos cuantos para los clientes y seguro que hay uno para ti. Yo mismo dispongo de uno…
- Y…,¿putas?
- Joder tío, se te caería la polla a cachos antes de que agotaras el saldo.
Eso, las que quieras.- dijo riendo- ¡Eh! Colega, que también se incluyen para los acompañantes…estírate, macho…
- También necesito un móvil, he perdido el mío.
- Eso sin problemas, los que quieras por la filo.
- Hay pocos con un nivel como el mío…¿Cómo va esto de los niveles?
- ¿Quién paga esto?....
- No preguntes y disfruta chaval, que la curiosidad mató al gato…Sólo sé que por encima del “Z “rojo sólo está la insignia dorada.
Por debajo, están todas las demás.
- La dorada. ¿Quién tiene la dorada?
- Nadie que tú conozcas. Ricachones rusos, dictadores africanos, primeros ministros, jeques árabes…Bueno nadie que conozcas excepto tu padre, claro.
- Y el señor Larsson.
- ¿Tom?
- Sí –dijo de forma rimbombante- Thomas Larsson Tercero, amo y señor de la cadena de hoteles Larsson, en uno de los cuales te encuentras…
- ¿Tom? ¿Dueño de todo esto?...
- De todo esto, de la mitad de los bares, restaurantes y clubs del pueblo y alrededores, del Club Náutico, del casino y de al menos que yo sepa cincuenta hoteles repartidos por todo el mundo tan lujosos o más que en el que te encuentras.
Pero eso es sólo una pequeña parte del imperio Larsson.
Armas, farmacia, bancos, infinidad de negocios legales y alguno no tanto.
Ese tío es una de las veinte fortunas más grandes del mundo.
- ¡Jodeeeer! Qué pasada. Y me lleva unas camisas que tiran de espaldas. ¿Y vive aquí…? No me lo tomes a mal. El sitio está que te cagas pero seguro que hay sitios mejores.
- Eso es lo que piensa la Gran Zorra Rubia.- dijo en voz baja- pero al señor Larsson le encanta esto. Aquí pasa desapercibido, se viste y actúa como un guiri más.
No llama la atención, cumple las normas, y jamás hace ostentación de nada.
No permite que se le trate de manera diferente a cualquier otro ni lleva escolta…bueno… eso sí…pero te juro que no notarás su presencia… al menos durante el día… su habitación es buena… pero como otras tantas…en el ático eso sí, junto a la tuya.
- ¿La Gran Zorra Rubia? Supongo que te referirás a Eve…
- Maríe la bautizo así. Ella preferiría estar en un lugar más glamuroso pero en este punto el Señor Larsson es inflexible. Durante el invierno viajan por todo el mundo a donde a ella le sale del c…, pero a partir de junio y hasta septiembre siempre los encontrarás aquí, en el Gran Hotel.
- ¿Y Jessy?- pregunté, no sin miedo a la respuesta.
- La niña es un ángel puro todavía. Afortunadamente es igual que su padre y no se parece en nada a la madre. Ayer fue su cumpleaños. La fiesta de celebración fue muy bonita…
No pude evitar toser. Me había atragantado con mi propia saliva al oír aquella descripción de Jessy. No podía el chaval estar más alejado de la realidad. O mentía de puta madre o su mirada me decía que estaba convencido de lo que me contaba.
- ¿A qué fiesta te refieres exactamente?- le dije en cuanto pude.
- Joder, qué fiesta va a ser, la de ayer por la tarde en el salón azul, con mogollón de crías, partición de tarta y todo eso.
Hasta tres payasos acróbatas estuvieron dando por el culo todo el rato con sus pelotitas y mierdas.
Creo que ya está un poco crecidita para tanta chorrada. La nena estaba encantada, estaba en su salsa jugando y cantando. La mamá lo pasó aún mejor, flirteando con aquellos tres gilipollas vestidos de lentejuelas y narices postizas… la verdad es que estaban en forma los cabrones…mil euros se levantaron en una tarde…cada uno…
-Tres cabrones cachas…, la madre tonteaba con ellos…la habían visto partir la tarta…partir tarta…¡Partir el culo!...¡Mierda! Seguro que eran los cabrones que habían meado a la niña sin ningún miramiento.
¡Qué suerte tenían algunos!
Habían tenido sesión doble.
Habían conocido a la Jessy infantil por la tarde y a la Jessy ninfómana por la noche.
Y encima les habían pagado por las dos actuaciones…y la mamá de propina…
De repente, el botones se enderezó y compuso su uniforme. Por uno de los ascensores apareció la familia Larsson al completo.
El esplendido reloj situado sobre la puerta principal marcaba las siete en punto de la tarde.
- Hasta luego- me dijo Thomas sin pararse. Eve no me hizo ni caso y Jessy se abalanzó sobre mí y me dio un abrazo juguetón
- Tenemos algo de prisa, nos espera un taxi.- me susurró al oído.
En cuanto cruzaron la puerta mi instinto (o quizás mi pene) me dijo que tenía que averiguar dónde iban. Me giré frente al botones y le dije:
- Si quieres putas, te las tendrás que ganar. Necesito una moto ya.
- Joder, que prisas. Anda cógete la mía está aparcada ahí mismo.Marié dice que no la deje ahí, que la ven los clientes…
Agarré el manojo de llaves que me ofrecía y salí corriendo.
Afortunadamente algunos coches habían retrasado la marcha del taxi y no me fue difícil seguirlo por entre las calles del pueblo.
Iba despacio.
Demasiado despacio.
Hasta un ciclomotor podía seguirlo sin dificultad. El taxista debía querer alargar la carrera para cobrar más. No importaba, el dinero no era un problema para la familia que llevaba detrás.
Además, Thomas tenía una insignia dorada. Te cagas…
Salimos del pueblo.
Me preocupaba que llegásemos a alguna carretera principal y aquel trasto que conducía no pudiera seguirles.
Seguimos bastante despacio por una vía sinuosa entre pinares, bastante desierta.
De repente, el vehículo al que seguía se desvió por un camino. Sin pensarlo, lo seguí.
A unos doscientos metros del cruce, se paró. Yo también lo hice, escondí la moto detrás de un árbol y me agazapé para ver lo que pasaba…
Un par de minutos después, se abrió la puerta de atrás del coche. Salió Jessy alegremente. Entre saltitos y votecitos, abrió la puerta del acompañante.
- Cuidado no te manches el vestido- oí que le decía Eve.
Como si fuese lo más natural del mundo, la niña se sacó su corta vestimenta juvenil por alrededor de la cabeza y la alargó a su madre por la ventanilla.
Se quedó completamente desnuda, sólo llevaba unas sandalias, no llevaba ropa interior. Por lo visto, era algo habitual para ella desnudarse ante un extraño y que sus padres la vieran hacerlo.
Se cogió como tenía costumbre la melena con las dos manos y volvió a hacerse la coleta de rigor. Todavía le daba un aspecto más infantil.
Ágilmente se introdujo en el coche en el asiento del acompañante del conductor y cerró la puerta.
Los padres, sin inmutarse, conversaban animadamente sentados en el asiento trasero.
Cambié de escondite para ver mejor la escena.
Ahora podía verlo mejor.
El conductor reclinó un poco su asiento hacia atrás para estar cómodo.
La cría, de rodillas en el asiento contiguo y girada hacia él.
Estaba esperando algo.
Por los movimientos que hacía, supuse que el conductor intentaba desabrocharse algo pero que su barriga se lo ponía difícil.
Cuando estuvo todo correcto la pequeña inclinó su cabecita hacia delante y el cabrón aquel emitió un gruñido de gusto.
A continuación, la colita de pelo de la niña se dejaba ver de forma intermitente por la ventanilla.
Arriba, abajo, arriba, abajo.
Los padres continuaban hablando sin darle la menor importancia a lo que pasaba delante de sus narices.
Arriba, abajo, arriba, abajo.
El tío aquel lo estaba pasando de puta madre.
Arriba, abajo, arriba, abajo.
¡Qué cabrón!
Arriba, abajo, arriba, abajo.
Agarraba a Jessy por la coleta para acelerar el ritmo.
Arriba, abajoooo.
- ¡Zoooorraaaaa!- el grito sonó por todo el bosque.
El tipo empujó hacia abajo la nuca de la ninfa para que esta no se separara y recibiese en el interior de su garganta la descarga de semen que le proporcionaba.
No era necesario.
Seguro que Jessy no tenía la menor intención de apartarse de aquel pequeño pene que le daba su jugo sin apenas esfuerzo.
Yo sabía que estaba acostumbrada a comer rabos mucho mas grandes.
En realidad, no se puede acusar al individuo aquel de eyaculador precoz.
La situación excitaba a cualquiera.
¿Quién no se hubiera puesto cachondo en su lugar?
Yo sólo miraba y estaba completamente empalmado.
Tras varias convulsiones, el conductor soltó la cabeza de la jovencita pero esta tardó un par de minutos en liberar su presa. La había exprimido al máximo.
Tal y como a su mamá le gustaba que lo hiciera.
Salió alegremente del coche sin dar mayor importancia a lo sucedido.
Se limpió los restos de lefa que le manchaban la cara con su antebrazo y se volvió a soltar la coleta.
Eve le devolvió el vestido y comenzó a regañarla.
- No puedes mancharte tanto. Sabes que tienes que tragar la punta para que se corran dentro de la garganta, así, por mucho que salga nunca se ensucia la ropa-dijo gritando.
-¿No te enseñan eso el colegio?
- Es que la tiene muy pequeña- protestó la niña
- Razón de más para no derramar nada.
Anda sube, que llegamos tarde.
El cabrón del conductor intento introducir la camisa por dentro del pantalón, pero tuvo que salirse del vehículo para hacerlo.
Ahora lo veía bien.
Es increíble.
Otra vez el tío ese.
Estoy convencido de que montaba guardia para llevar a la familia a donde sea, sabiendo de antemano que el premio que le esperaba merecía la pena.
Esta vez, el taxi volvió rápidamente a la carretera y ya no pude seguirles.
En lugar de eso eyaculé sobre el árbol que me había servido de escondite y volví con el ciclomotor al hotel.
Durante el camino, me parecía que todavía estaba escuchando…”¿no te enseñan eso en el colegio?” ¿En que colegio de los cojones se estudiaba eso?
Desde luego, en la mío no, ni en ninguno que yo conozca.
En la puerta me esperaba el botones algo inquieto.
- ¡Joder macho, qué cagaprisas! ¿Dónde estabas? Marié te esta buscando.
¿Qué tal la burra?- dijo refiriéndose a la moto.
- De puta madre, escucha tengo que saber mas cosas de los suecos…
- De los suecos no, de los suecos y de la otra…
- ¿Qué quieres decir?
- Pues eso, tanto Larsson como su hija son suecos pero la Gran Zorra Rubia no es sueca.
Creo que es de otro país nórdico.
Marié te dirá cuál, yo no me acuerdo… danesa, finlandesa, noruega…
¡Qué se yo!
Qué mas da.
¿Qué otras cosa quieres saber?- dijo burlón- te recuerdo que me debes una ronda en un club que yo me sé…
- Jessy, la niña- dije algo turbado-
¿Por qué no está en la escuela?
¿En qué colegio estudia?...
- Tampoco lo sé muy seguro.
Es un internado privado muy elitista… en un Emirato perdido de la mano de Diós, creo…sólo niñas y niños bien…también pertenece al emporio Larsson…
Vaya sitio tan raro para un colegio de occidentales…supongo que les convendrá por lo de la la venta de armas… allí el curso es mas corto… por el calor supongo…
La Gran Zorra Rubia la internó allí con apenas seis años, creo...se limita a aguantarla durante el verano… no digo que no la quiera…pero es muy dominante…suerte tiene que la cría es un cielo…
Se me ocurrió otra pregunta.
- Oye ¿Tú trabajas aquí de noche?
- Jamás- contestó- de noche es el servicio de seguridad del Señor.
El Servicio Secreto de Larsson es el que se encarga de todo esto por la noche y de la planta ático todo el tiempo.
El personal de día apenas tiene trato con el de noche.
Es raro pero es así. Creo que tan solo Marié y tu padre tienen conviven con todos los turnos.
Sonreí.
Esto lo explicaba todo.
Aquel chaval se creía que lo sabía todo y en realidad no se enteraba de nada.
Continuará....
Capítulo 08
Encontré a Marié en su despacho.
Me sorprendió aquel sitio.
Era una estancia impersonal, no había en él algo que indicase información acerca de su propietaria.
Me recordó a la consulta de un alergólogo.
Apenas un ordenador y una impresora multifunción. Sin moquetas, libros, cortinas.
Eso si, tenía media docena de comodísimos sillones en los que me senté sin pedir permiso.
- ¿Dónde te habías metido? Te he llamado un millón de veces.
- Lo siento, creo que perdí el móvil. No tengo ni idea de dónde puede estar.
Pensaba ir a comprarme uno.
¿Estará abierto todavía? -Le dije mirando el reloj de pared, que era lo único que colgaba de las paredes.
- Si nos damos prisa, sí.- se levantó y me agarró sonriente de la mano.- espero lleves la insignia, no pienso regalártelo yo…
- Que sí… ¿Te mueres de envidia por esto verdad?.-le dije pasándome el codiciado objeto de una a otra mano.
- La verdad es que un poco… cuando veas las posibilidades que tienes me entenderás…sólo espero que sepas aprovecharlas…
Salimos corriendo y un coche privado del hotel nos acercó al centro. Marié estaba estupenda. No es que el uniforme le quedase mal.
Le daba ese aspecto de ejecutiva dura que resulta a menudo tan sexy. Su vestimenta informal le proporcionaba una apariencia más juvenil y amable. Menos tensa.
En la tienda no perdimos el tiempo. Compré el teléfono mas completo que tenían, sin soltar un euro por supuesto.
También contraté un nuevo número.
Número nuevo, vida nueva, me dije.
Nos acercamos una tienda de una marca de ropa bolsos y complementos conocidos y caros, muy caros.
Quería comprarle algo.
Supongo que en el fondo lo que deseaba es hacer realidad mi fantasía de comprarle lencería para ver cómo le sentaba a aquel fenomenal cuerpo.
Me dijo entre risas que no hacía falta. Tenía mucha, demasiada lencería provocativa.
- Si te portas bien, algún día de estos te la enseñaré toda- comentó mientras acariciaba mis labios con su dedo.
- Pues algo…¡Unas gafas de sol! Por favor, pruébate alguna- supliqué.
- De acuerdo. De verdad que eres hijo de tu padre.
Se colocaba frente al espejo una tras otra mientras nos observaba aburrido el dependiente que intuía que la hora de cerrar se retrasaría aquel día.
Pero claro, un cliente con aquella insignia era un cliente importante.
Se decía que otros con menos rango habían conseguido que el mejor restaurante de la zona, con tres estrellas Michelín abriese a las siete de la mañana para preparar huevos fritos con chorizo…se comentaba que un pinche había tenido que ir a su casa a buscar los alimentos por que en aquel templo de la cocina jamás había entrado semejante manjar…chorizo de freír.
- Esas, esas- grité- no esas no, las de antes.
Póntelas otra vez.- la miré fijamente y su sonrisa desapareció de su cara.
Me quedé parado
- ¡Joder! Con esas gafas eres igual, pero en morena, que…
- No lo digas- por favor- no lo digas. Te contaré todo lo que quieras saber luego, en otro sitio, pero por favor, ahora no.
Aquí no.
- Pero….entonces ella….ella y tú…
- Si, era ella… ella y yo éramos…somos…por favor, ahora no. Luego, cuando esté más relajada. En un sitio mas discreto y tranquilo…- y se calló.
- Te invito a cenar dónde quieras- le dije para salir de aquel silencio incómodo para ambos.
- ¡McDónals!- exclamo alegremente.
- Pero como,¿te invito a donde quieras y tú eliges eso?
- No me apetecen platos finos. Estoy cansada de acompañar a viejos babosos a restaurantes caros y minimalistas.
Hoy quiero carne- me dijo agarrándome el culo.
Nos fuimos sin comprar nada ante la irritada mirada del dependiente. Por supuesto no protestó.
No se hubiese atrevido. “Z rojo”, tenía poco menos que licencia para matar.
Con el estómago lleno de carne roja, Maríe se sinceró:
- Te voy a contar mi historia. Bueno, nuestra historia. Sólo unos pocos la conocen y confío en tú discreción.
Asentí sin interrumpirla.
- Como bien sabes, fui… fuimos… fui actriz porno cuando era más joven.
Demasiado joven.
Ya sabes.
Solo lésbico, duro, pero sólo lésbico.
La historia oficial ya la conoces.
En mi primera película me lo montaba con mi verdadera hermana, la famosa escena acababa con mi mano metida en su coño.
Hicimos tres películas más hasta que se descubrió no sólo que éramos hermanas sino que yo tenía dieciséis años y Eve uno más.
Se dijo que falsificamos nuestros pasaportes. Hubo varios juicios por corrupción de menores, pornografía infantil, etc.
Al final, para evitar males mayores, mi padre nos envió al extranjero. Yo acabé en España y Eve en Suecia.
Tomó un sorbo de Coca-Cola y prosiguió.
- La historia real tiene algunos matices.
La realidad es que un vecino salido nos reconoció en aquellas películas, amenazó con decírselo a nuestro padre si no nos portábamos bien.
Nos folló cuanto quiso durante un mes y luego el muy cabrón le fue con el cuento a Papá y a media ciudad.
Con el cuento a Papá, como si papá no supiera nada del cuento.- sonrió con una mueca-
Papá se sabía el cuento, desde el principio hasta el fin…y Mamá también se sabía el cuento… aparecía menos en él pero lo conocía perfectamente.
Ella sabía y consentía el que desde los diez años Papá se metiera en nuestras bragas. El asunto comenzó de manera progresiva. Primero se bañaba con nosotras.
Al poco tiempo nos tocaba. Luego nos masturbaba y obligaba a masturbarle a él.
En menos de un mes nos folló, sodomizó y convirtió en mamadoras expertas. Nos utilizaba a su gusto por separado o a la vez. Hasta llegó al extremo de ordenarle a Mamá que se fuera a dormir al cuarto de invitados porque “tenía que follar a las niñas y en la cama grande había mas sitio”.
Como siempre, ella obedeció.
- ¡Qué cabrón!- se me escapó
- Pero a Papá, aquel respetable reverendo protestante de la pequeña ciudad de Asker, lo que en realidad le gustaba era mirar.
Mirar como otros nos follaban.
Compró una de las primeras cámaras digitales que salieron al mercado y un ordenador para procesar las fotos.
No le fue difícil encontrar parroquianos pecadores con vicios tan inconfesables como el suyo.
Los denominados “ejercicios espirituales” que se llevaban a cabo en nuestra casa, en realidad consistían en orgías interminables que tenían come estrellas principales a Eve y a mí.
Sólo había un límite, sin marcas externas.
Todo lo demás estaba permitido.
Nunca después he follado tanto como lo hice entonces.
Había fines de semana que llegábamos el viernes de la escuela, cruzábamos la puerta y una infinidad de manos nos quitaban las bragas a estirones.
De rodillas, con la mochila todavía en la espalda, recibíamos nuestra primera ración de polla hasta la garganta.
Normalmente les excitaba más que nos mantuviésemos semidesnudas con parte del uniforme escolar.
Otras veces nos disfrazaban con los más variopintos ropajes.
Enfermeras, monjas, gimnastas, bailarinas…de todo. No obstante, lo que más éxito tenía era, sin duda, nuestro uniforme habitual.
Aquellos salidos querían follar niñas vestidas de eso… de niñas.
A veces ni siquiera nos permitían ir a la iglesia a escuchar la palabra del Señor.
Mi madre buscaba siempre alguna excusa convincente.
Hasta la gente notó que los sermones de Papá eran demasiado cortos y que apenas acabados los oficios, corría a casa inquieto.
- Serán las pequeñas. Estarán enfermas- decía la gente.
- Mamá se limitaba a rezar por nuestras almas.
Disimulaba la letra falsificando nuestras tareas escolares.
No podíamos perder el tiempo en tonterías.
Se pasaba las tardes limpiando las manchas de semen de nuestra ropita.
Los domingos elaboraba un manjar especial, consistente en una combinación de diversos postres colocados estratégicamente sobre nuestros cuerpos desnudos encima de la mesa.
Después de la bendición correspondiente, aquellos animales devoraban tanto el alimento como el recipiente.
- Papá disparaba de manera constante fotos desde todos los ángulos y nos dirigía como si de profesionales se tratase…
- ¡Marié, abre los ojitos cuando te la metan por el culo, son preciosos y quedan muy bien en la foto! ¡No te quites el semen de la cara, que voy ha hacerte otra!
¡Eve, limpia a tu hermanita…con la lengua, querida,… con la lengua!...
¡Por favor, ya conocéis las Normas, podéis orinar dentro o fuera de las niñas, pero colocadlas primero en la bañera!...
¿Dónde está ese dichoso perro?...
¡Eve, colócate aquí para que Sultán te folle!...
¡Marié, cielo, chúpasela un poco al perro a ver si se le pone dura y pueda encular a tu hermana de una vez!
- Pero lo que de verdad más le gustaba a papá eran las sesiones privadas de los días entre semana.
A Papá le gustaba ver cómo Eve y yo follábamos entre nosotras.
Teníamos un sillón en nuestro cuarto en el que se sentaba a mirar nuestros juegos, masturbándose lentamente. Entre muñecos de peluche y muñecas, los vibradores y consoladores que discretamente había comprado en un sex shop de la capital situada apenas a veinte kilómetros, hacían su función.
Al principio un pequeño braguero con un pene adosado eran el juguete favorito.
Estaba hecho a medida de nuestro pequeño cuerpo.
Nos contó que, al comprarlo el dependiente del establecimiento erótico le había preguntado que para quién era algo tan pequeño.
El le contestó que su mujer era enana y que se metiese en sus asuntos.
- ¡Si… ya! Enana…los cojones...pervertido afortunado de mierda- le había parecido entender entre dientes.
- Cuando se cansaba de consolador, Eve introducía en su vagina los brazos y piernas del las muñecas para darse placer.
Conforme fue creciendo, dichos objetos se fueron quedando pequeños para coño de la rubia y empezó a utilizar mi mano para darse gusto.
A los catorce años ya le metía cuatro dedos y a los quince, el puño completo, como podía comprobarse en la película.
Cuando papá estaba a punto, llamaba a una de las dos. Estábamos expectantes esperando saber quién era la afortunada que recibía su descarga en la boca…
Le había escuchado atentamente y, de no haber visto lo que había visto aquella tarde, le hubiese dicho que me estaba vacilando.
Llegado este punto, le interrumpí.
- Espera, espera, espera-dije- ¿Expectantes? ¿Cómo que “la afortunada”?
¿Es que acaso os gustaba lo que os hacían aquellos cabrones?.
- ¡Por supuesto! ¡Claro que sí!- me dijo sin vacilar- deseábamos llegar a casa y jugar entre nosotras o con papá.
El fin de semana disfrutábamos sin parar. Jamás nos obligaron a nada.
Para nosotras era como un juego. Incluso para nuestro gusto, sobre todo para el de Eve, aquellos tíos se quedaban cortos. Aquellos paletos apenas tenían imaginación. Felaciones, penetraciones, sodomizaciones y poco más. Enseguida nos pareció poco.
Otro trago para aclarar la garganta.
- Afortunadamente, al cabo de poco tiempo de empezar con las fotos, Papá encontró en la red una organización especial.
Una especie de logia privada.
El cabecilla era un tipo importante…, bastante importante diría yo.
Tras varios intercambios de correos con un representante de aquel tío estaba muy claro, sin decirlo explícitamente por supuesto, que mi padre podía ofrecerle algo muy interesante al pez gordo.
Miles y miles de fotos de dos niñas sonrientes folladas por diversas pollas y aparatos. Crías ataviadas con ropas escolares comiéndose el coño.
Extremidades de muñecas insertadas en anos infantiles... en definitiva, fotografías de orgías y más orgías…con una niña morena de ojos verdes de diez años y una rubita de ojos azules un año mayor como plato fuerte.
A cambio la organización disponía de fondos ilimitados.
La parroquia necesitaba dinero. El reverendo tenía dudas, pero estas desaparecieron cuando, simplemente a cambio de una foto de nosotras en bikini recibió por correo ordinario un sobre con tres mil dólares.
¿Te imaginas?
Tres mil dólares por una foto de familia corriente.
Y hace veinte años de lo que te cuento…
Dándose cuenta de mi excitación prosiguió con el relato de su vida y de la de su hermana.
- Aún recuerdo la escena bastante bien.
Le pidieron que seleccionase una veintena de fotografías representativas de su colección y se las enviásemos a través de la red mediante un sistema encriptado.
Las elegimos nosotras mismas. Desnudas enfrente de la pantalla, sentadas sobre sus piernas nos disputábamos la posesión del ratón entre risas, mientras él frotaba nuestros clítoris lentamente, tal y como acostumbraba a hacerlo.
Como era imposible ponernos de acuerdo, convinimos el elegir diez cada una.
Naturalmente, descartamos aquellas en las que podía distinguirse a nuestros conciudadanos, no era cosa de ponerlos en evidencia.
Era difícil.
Había mucho y bueno dónde elegir.
Recuerdo que yo seleccioné unas cuantas en las que papi, vestido de religioso me la clavaba por todos los lados.
Otra era un primer plano de mi boca repleta de semen y los ojos fijos al objetivo. La puse porque era la preferida de papá, en su ordenador hacía las veces de fondo de pantalla.
No recuerdo exactamente las que Eve eligió pero, conociéndola, te aseguro que serían las más guarras que con ella como protagonista encontró.
Después de eyacular sobre la rodilla del reverendo, todavía me faltaban dos fotos por elegir. Tras muchas dudas, elegí una en la que estaba de rodillas con la puerta de entrada a la casa de fondo.
Todavía vestía el uniforme escolar compuesto por minifalda azul y camisa blanca. Bragas hechas jirones por el suelo. Camisa desabotonada que mostraba mi pecho liso todavía. Boca abierta. Polla adentro. Y borbotones de semen saliendo por la comisura de mis labios, cayendo hacia el suelo.
Por supuesto, como a papi le gustaba, mirada fija hacia la cámara.
Se retorció de gusto recordando aquella foto
- Como mi hermana ya había terminado su elección, mamaba la verga de papá profundamente.
Acompañaba su paladeo con la ejecución de una cubana con sus tetitas.
Eran de un tamaño considerable para su edad.
No es que las tenga grandes, para mi gusto eran y siguen siendo perfectas.
Lo que pasa es que desarrolló pronto.
¡Cómo la envidiaba!.
Todos querían tocarla.
Por entonces ya te he dicho, yo era tan plana como una tabla de planchar
- Suerte que eso cambió- le dije mirándole con descaro a sus camiseta de tirantes.
- Si claro-continuó- pero reconozco que las de Eve siempre han sido mejores…menudas tetas tiene la cabrona...
¿Por dónde iba? ¡Ah!, sí.
La última foto…miraba una tras otra sin acabar de decidirme…Papá soltó un alarido… salpicó mi pierna…había terminado…
Eve se levantó con el torso cubierto del néctar paterno…lo recogía con dos de los deditos y lo llevaba al lugar que debía estar, que no era otro que su boca…se puso a mi lado y me ordenó… ya te habrás dado cuenta de que es muy dominante…
- ¡Límpiame!....-me dijo
- Espera. Que estoy buscando…- le contesté
- A mi padre no le gustaba eso.
Su semen era y es tan sagrado como la sangre de Cristo. No se desperdicia nada.
Me cogió del cuello y me obligó a lamer a mi hermana hasta que su suave piel quedó brillante y exenta de líquido. El miembro de papi seguía erecto.
Me alzó entre sus brazos y me dejó caer con suavidad de forma que el palo se introdujo fácilmente en mi culo. Estaba acostumbrada. Cuando follo con un tío es lo que más me gusta.
- ¡Tomo nota!- exclamé.
Marié hizo como que no me había oído y siguió.
- Moviéndome rítmicamente completamente llena seguí pasando foto tras foto ante mis ojos sin decidirme.
Hasta que alguien me interrumpió.
- ¡Esa!. Por favor, pon esa- se oyó una voz entrecortada.
Los tres nos giramos mirando a la puerta.
Era mamá quien había hablado temblorosa y avergonzada.
- De manera inmediata, nos volvimos hacia la pantalla.
Queríamos saber qué era lo que podía excitar a esa frígida mujer que era nuestra madre
Ante nosotros apareció el comedor… sillas vacías y ordenadas… servilletas rojas… todo muy limpio… luminoso… ordenado… una enorme mesa con mantel blanco inmaculado…
Y sobre ella…2 niñas
Eve y yo en pelotas abiertas de piernas, con un cucurucho de helado metido hasta el fondo del coño, un plátano en el culo, y una rodaja de piña con caramelo en nuestros ombligos, para finalizar dos flanes sobre nuestros pechitos y trocitos de fresa con nata en nuestras caras.
- No había más que hablar…como ahora.
¡Vamos de aquí! Busquemos otro sitio más divertido, esto está muerto- dicho esto Marié se levantó y me sacó del local atropelladamente.
Continuará....
Capítulo 09
Era tarde, pasadas las dos de la madrugada.
Absorto en su relato, las tres horas que invertimos en cenar se me pasaron como un suspiro.
Apenas reparé en que en el local de comida rápida los camareros estaban recogiendo ya.
Anduvimos por callejuelas estrechas a lo largo del casco viejo.
Estaba desorientado pero Marié sabía perfectamente al lugar que íbamos.
- Esta la pago yo- me dijo al oído, mordiéndome levemente el lóbulo de la oreja.
Al girar una esquina un pequeño cartel de neón rosa parpadeaba al final de un oscuro callejón.
El nombre de “Isla de Lesbos” no dejaba ninguna duda acerca de qué tipo de local se trataba.
La cosa se ponía interesante.
Esperaba que no hubiese ningún problema dada mi condición de hombre para entrar en el local.
Si este existía, desapareció cuando la hembra mostró al cachas de la puerta el su mágico disco.
- Según ella no es como el mío, pero no está mal.- pensé mientras caminaba por un pasillo semioscuro.
Tras una cortina, apareció ante mí un mundo mágico.
Hembras de todos los formatos disfrutaban de un espacio dedicado exclusivamente para ellas.
Todo muy elegante y moderno.
Nada del antro lujurioso que la parte exterior daba a entender. Una barra larga tras la que se encontraban atractivas camareras que servían bebidas a mujeres de negocios, veinteañeras primerizas, madres de familia y hasta me pareció divisar un grupito peligroso celebrando una despedida de soltera.
Alguna pareja se besaba en la boca pero de manera natural y nada lasciva.
Unas cuantas se limitaban a cogerse de la mano.
Otras bailaban en la pista central siguiendo el ritmo de alguna canción conocida.
Aparentemente era un simple bar de copas. Podía pasar por cualquier garito de última moda. El hecho de que hubiese sobre unos pequeños escenarios jóvenes go gós en top less bailando sensualmente era algo muy común en los pubs de la costa.
Alguna me miraba como un bicho raro pero ninguna dijo nada. Me percaté de que era el único hombre del local.
- ¿Qué quieres tomar?- me dijo mi acompañante.
Hasta el volumen de la música era menor al habitual para poder llevar una conversación cómoda.
- ¡Vodka! ¡Vodka con limón!- le dije al oído, devolviéndole el mordisquito.
- Empezamos fuerte. ¡Bieeeen!
Se giro hacia una camarera que se acercó sonriente. Le pidió las bebidas y me miró de reojo. Se dio cuenta de que repasaba con la mirada a la chica pelirroja que se alejaba en busca de hielo. El relato de Marié me había puesto a cien.
Cuando terminó de servirnos la bebida me quedé mirando descaradamente el pecoso escote de la camarera.
- ¡Que buena esta! ¿eh…?- dijo Marié de manera que la chica la oyese- se mira pero no se toca…
- ¿Ni siquiera con esto?- le dije mostrando mi envidiada insignia.
Se limitó a sonreír y me llevó al centro de la pista dónde bailamos animadamente. Me rozaba y sobaba sutilmente pero no dejaba que yo le pusiese la mano encima.
Como decía mi madre, en verdad era una calientabraguetas. Bebimos y bailamos tanto como quiso. Súbitamente me cogió de la mano y me llevó por un pasillo situado al fondo del local.
Entramos en una pequeña estancia circular, en el centro de la misma, un pequeño escenario con una barra metálica hasta el techo. Alrededor de la misma, un asiento continuo circundaba el escenario.
- ¡Siéntate aquí ¡ Ahora vengo- me dijo.
Me dio un beso en los labios con tanta fuerza que acabé cayéndome al sillón de espaldas, había introducido en mi boca una pastilla que tragué sin preguntarle qué era. Así me quedé, un poco bebido y como si me hubiese tirado de un quinto piso.
Al poco tiempo apareció Marié acompañada de una de las go gós del local.
Vista de cerca no me pareció tan joven. Era rubia tenida, con dos flotadores operados por tetas y un poco baja. Bueno, de la estatura de Marié.
Ante mis ojos empezó a desarrollarse una escena que me era conocida. De hecho me la sabía de memoria. La cabrona de Marié estaba recreando delante de mí la primera película comercial que había protagonizado junto a su hermana. La rubia se parecía a Eve como un huevo a una castaña, pero después de unas cuantas copas todo vale. Ambas hembras se desnudaron mutuamente, enlazándose en un apasionado beso de tornillo.
Al contrario que en la realidad, y tal como ocurría en la película, la morena llevaba la voz cantante y la rubia obedecía sumisa.
En un periquete la rubia estaba esposada a la barra con las piernas abiertas frente a mí.
Cuando Marié empezó a comer las tetas de su “hermana” no pude contenerme más. No sabía si estaba permitido o no, pero desenfundé mi miembro y empecé a masturbarme.
De repente, la puerta del reservado se abrió.
-¡Ya está!- pensé- Me he pasao, me van a echar a patadas... debí suponerlo…hay cámaras de vigilancia…este es un local de categoría…se mira pero no se toca…ni siquiera a uno mismo…
Sin embargo, la persona que entró no era precisamente un gorila enfurecido.
Mas bien al contrario, era una gatita en celo.
La pelirroja me miro sonriente y dispuesta. Ataviada sólo con un tanga en la parta inferior me traía una nueva ronda de bebida.
Esto era un sueño.
Se acercó y se arrodilló frente a mi rabo. Lo sostuvo con una mano y derramó un poco de la bebida sobre él. Estaba tan caliente que a penas noté el frío. Tenía las tetas pequeñas pero naturales. Se notaba que ella sí era joven, experta, pero joven.
Apenas tendría un par de años más que yo. Abrió la boca y lamió el líquido que se derramaba a lo largo del pene. Me limpió las pelotas como sólo Teresa lo había hecho hasta entonces.
Metió los dedos en el vaso y sacó un pequeño cubito que introdujo en su boca, seguidamente engulló mi estoque todo lo que pudo. La sensación combinada de frío y la suavidad de lengua me hizo soltar un gemido animal.
Se estaba empleando a fondo. Y yo se lo agradecería de por vida. Definitivamente, era mucho mejor que Teresa.
Sobre el escenario, la escena transcurría según lo previsto. El coño de la rubia de bote era mucho mayor que el de la adolescente Eve, con lo que Marié no había tenido dificultad alguna en meterle el puño hasta la muñeca.
Se le ocurrió salirse del guión y juré por mi madre que nunca me hubiese podido imaginar que un coño pudiese tragar dos manos a la vez.
Hasta entonces. Con las dos manos en el interior de la chica, Marié estaba fuera de sí. La penetró tan fuerte que la siliconada no pudo más y se desmayó.
Aun estando inconsciente, Marié siguió castigándola.
Creo que imaginaba que era Eve.
Cuando se dio cuenta de que el juguete yacía inmóvil sacó las manos del agujero. Si no oía los gritos de dolor, el juego y ya no era divertido.
Lamió con avidez sus manos y, salida perdida, se acercó a nosotros de un salto felino. Tiró de la cabellera de la limpiadora de pollas que cayó de culo contra el suelo.
- ¡Quita Guarra!. Es mío.- dijo gritando- ¿qué pensaría tu novio si te viese ahora?
Se dio la vuelta y apareció ante mí el mejor culo que jamás había visto.
Era evidente que si bien la delantera de Eve superaba a la de su hermana, el trasero de la pequeña le daba mil vueltas al de la primogénita.
Yo sabía lo que ella quería. Y por mis huevos que lo iba a tener.
Sorprendentemente para mí, mi pene seguía erecto. En cualquier otra circunstancia ya me hubiese corrido un millón de veces pero aquella vez no, seguro que la pastillita de marras tenía algo que ver.
De una sola vez, aquella zorra bajó la cadera y noté como la punta de mi glande presionaba su esfínter anal.
Fácilmente su ano envolvió mi ariete y repitió el movimiento rítmico que su padre tan bien conocía.
- ¡Si te corres ahí, te la corto!- me gritó estirándome del pelo- tengo sed.
Esa puta pelirroja no me da de beber….
A los cinco minutos yo ya no podía más. Experta como era en aquellas situaciones lo notó y me descabalgó. A nuestro lado, expectante, seguía la pelirroja de rodillas. La nórdica le volvió a coger de la cabellera y obligó a chupármela de nuevo…
- ¡Límpiala de mierda, hija de puta! A mí me gustan las pollas limpias y sin tropezones.
Después de tres o cuatro hincadas hasta la garganta, la pecosa volvió a terminar contra el suelo. Vomitó hasta la primera papilla.
La morena succionó mi verga de tal manera que me corrí sin contención alguna.
Agarré con ambas manos su cabeza para darle todo lo que quería.
Exhausta, se quedó mirando al suelo, sin moverse.
Yo la miraba fijamente, derrotado.
Al minuto, alzó su cabeza, fijó sus ojos color esmeralda en los míos y abrió la boca dejándome ver mi líquido blanquecino sobre su garganta.
Era el mejor fondo de pantalla que había visto en mi vida.
Continuará....
Capítulo 10
Desperté en mi habitación cerca del mediodía del día siguiente.
Tenía una resaca de caballo.
Mucho lujo, mucha moda y mucho de todo… pero garrafón, como en todos los sitios.
Había valido la pena.
Me tomé un relajante baño de espuma y intenté recordar el final de la noche anterior.
Después del último trago, nunca mejor dicho en el caso de Marié, llamamos al hotel y nos vino a recoger un flamante coche negro.
Creo que el conductor era ruso o algo así…de los del Servicio Secreto de Industrias Larsson que me comentó el botones…
Cogidos por la cintura, como dos enamorados entramos a través del desierto hall y nos despedimos con un beso.
Sabía raro pero no me dio asco.
Se dirigió al ascensor de servicio pero de repente giró la cabeza y me dijo:
-¿Sabes? Para que te hagas una idea de la suerte que tienes, que sepas que le has arreglado la vida a la pelirroja del club…
- ¿Qué quieres decir?- le contesté aturdido por el alcohol.
- Bueno, la vida no- prosiguió quitándose las sandalias- pero el verano seguro.
Esas putitas remilgadas suelen ser estudiantes universitarias de primeros años, con pocos recursos, que trabajan todo el verano como posesas para poder estudiar en invierno.
Normalmente, ni se plantean siquiera enseñar una teta…pero con lo que saque esa pecosa de la función de hoy tendrá para pagar los gastos de todo el año.
Incluida matrícula y todo eso. Y aún le sobrará algo para comprarle un regalo a su novio de toda la vida…entérate pequeño… todos tenemos un precio… incluido tú.
- ¡Jodeeer! ¡Qué pedo llevas!-me reí sacándole la lengua- mañana se lo cuento a tu hermanita…
- ¡Ni se te ocurra!
Recuerda que lo que te he contado es un secreto… aún falta la segunda parte…- me dijo fingiendo enfado- además, mañana hay reunión de La Organización, la familia no estará en todo el día….
Mirando al techo pensé.
-Reunión de La Organización. ¿Qué cojones era eso de La Organización?
Eso son leyendas urbanas o que me estaba tomando el pelo.
Me pareció más interesante el detalle de que la familia feliz no iba a estar en todo el día.
Salido como estaba, no veía el momento de entrar en la habitación del matrimonio para ver si se encontraba en ella la grabación de la noche del cumpleaños.
Pedí que me subieran el desayuno a la habitación con la excusa de una tremenda resaca y en cuanto se fue la camarera, salí a la terraza para planificar la operación.
La cosa era sencilla.
No sé porqué decía el tonto del botones que había tanta seguridad.
Salté la verja como si fuera Almonteño en el Rocío y entré en la habitación de Thomas por la puerta abierta de la terraza.
Sencillo que te cagas.
La habitación no era muy diferente a la mía, tan solo se diferenciaba en un proyector de imágenes con disco multimedia y una gran pantalla enfrente de la cama.
Bueno, además había un armario metálico que en seguida llamó mi atención.
Como esperaba, abierto.
Nervioso lo abrí de par en par y fue como encontrar un tesoro pirata.
Decenas, cientos, miles de DVD´s aparecieron ante mis ojos.
Perfectamente etiquetados y ordenados como cabría esperar de la mentalidad nórdica.
Intenté leer las inscripciones, en ellas aparecían nombres, fechas y lo que me pareció entender alguna pequeña descripción.
La mayoría estaban en sueco pero otros, los mas recientes, estaban en castellano.
Busqué algún nombre conocido y en seguida apareció uno:
Jessy.
Había más de cien con su nombre.
Elegí uno al azar… “Jessi L. Mi Primera Comunión”…¿Primera Comunión?.
Tenía entendido que los protestantes no comulgaban… vaya coñazo…pero podía estar bien… ver a Eve con unos años menos valdría la pena…qué mas da, hay que probar suerte…
Encendí el proyector y le di al play.
Desgraciadamente, se confirmaron mis sospechas.
Imagen profesional… cambios de plano…varias cámaras…una iglesia…muchos invitados…algún niño y gente joven… un tostón.
Estaba a punto de cambiar el disco cuando pensé en darle una oportunidad y adelanté unos minutos la grabación.
En la escena que venía entonces aparecía Jessy de rodillas con algunos años menos, vestida del típico traje blanco con guantes y diadema del mismo color.
Juntaba las manos como si estuviese rezando.
Exenta de maquillaje, todavía tenía un aspecto más angelical si cabe al actual.
A ambos lados los progenitores orgullosos y excitados ante aquel importante momento.
¡Qué buena está Eve!. La Gran Zorra Rubia se conservaba de puta madre.
- ¡Qué tierno!- dije- a punto estaba de parar la reproducción cuando se vio en la imagen a Jessy abriendo su boquita para tomar el santo sacramento.
En lugar de una ostia consagrada apareció en la pantalla la descomunal verga del cura que se introdujo en aquella dulzura de boca de manera lenta y constante.
Se veía perfectamente como la niña tragaba la punta de aquella polla y esta pasaba a través de su garganta.
El movimiento se repitió durante unos diez minutos sin que la ninfa ni ninguno de los presentes emitiese queja ni palabra alguna.
Pasado ese tiempo, el cura posó sus manos en la cabeza de la niña, señalando inequívocamente que estaba eyaculando tras la garganta de la cría.
Cuando el párroco acabó, ella se levantó y con una sonrisa virginal se giró hacia los presentes.
El gentío prorrumpió en aplausos y vítores.
Todos se acercaron a felicitar a la niña, besando y abrazando tanto a ella como a sus padres.
La siguiente escena correspondía ya al banquete.
El ambiente no era tan ceremonial y los comensales charlaban entre sí animadamente.
Algunos invitados ya se habían despojado de parte de su vestimenta para estar mas cómodos.
Durante el transcurso de la comida poco a poco el ambiente se volvía mas caldeado.
Algunas mujeres mostraban ya sus pechos.
Los hombres se desabrochaban los pantalones enseñando sin ningún reparo sus vergas al resto de los presentes.
Nadie parecía alterado lo más mínimo.
Como pasa en este tipo de celebraciones, niños y niñas correteaban de un lado a otro de la estancia solo que aquí lo hacían mayoritariamente desnudos.
De vez en cuando desaparecían por debajo de las mesas y volvían a aparecer masturbando a cualquier comensal.
Algunas jovencitas untaban sus pechos con mermelada y los ofrecían a los presentes.
Nadie hacia ascos a semejante manjar.
Hombres y mujeres los degustaban con deleite.
También los chicos se dejaban embadurnar con dulces ungüentos sus penes y testículos.
A lo largo de la película se podía ver a alguno de ellos tumbado en la mesa, con sus juveniles penes erectos y embadurnados, siendo devorados por comensales de ambos sexos.
En la mesa principal el ambiente no era muy diferente.
Una siempre animada Jessy lucía un corpiño blanco que dejaba ver a todos los presentes un incipiente par de tetitas.
Reía y conversaba con su padre que de vez en cuando pellizcaba aquel par de cerezas, consiguiendo enderezar los pezoncitos con facilidad.
Cuando la cámara se acercó, la niña se levantó para mostrar en el video su vestimenta completa.
Simplemente lucía en su parte inferior unas medias blancas de encaje sujetas mediante un liguero del mismo color.
Nada mas.
Tom aprovechó la ocasión y sobó el culo de su hija sin reparo.
Después la giró para que el objetivo mostrase tan bonito trasero.
Al otro lado, Eve comía la polla del reverendo rítmicamente.
No sin antes correrse como Dios manda, el religioso se levantó e hizo sonar una campanilla.
Todos los presentes detuvieron sus evoluciones, en verdad ahora comenzaba la fiesta.
Thomas se levantó con una copa en la mano.
En un perfecto inglés agradeció la presencia a todos sus invitados.
Tras una breve locución acercó la mano a su hija y esta la tomó delicadamente con aquellos guantes diminutos.
La llevó al centro de lo que en cualquier otra celebración hubiese sido la pista de baile.
En él había una pequeña camita blanca, con una sábana de seda sobre el colchón. Algunos comensales les rodearon para no perderse detalle.
No hacía falta.
La sala estaba equipada con multitud de pantallas de televisión gigantes en la que se transmitía todo lo que ocurría en la estancia con especial predilección a las situaciones más escabrosas.
Thomas alzó entre sus grandes manos el delicado cuerpo infantil y la tumbó en la camita.
La niña se abrió de piernas lo que pudo, sabía perfectamente lo que tenía que hacer.
Un primer plano del coño de la cría llenó la pantalla.
Tom liberó su miembro que, como yo ya sabía, era de un tamaño considerable.
La pantalla se dividió en dos.
La película era de lo más profesional.
A la izquierda se mostraba en un plano corto el tremendo pene destrozando el himen de la pequeña vagina.
En la parte derecha de la pantalla estaba la cara de Jessy gimiendo de gusto.
La entrada y salida del aparato era vitoreada por todos los presentes.
Tras quince minutos de lucha, Thomas descargó dentro de su hija.
Cuando se separó, la cámara enfocó un hilito de sangre y jugos que se derramaban desde la lampiña cueva hasta la sábana.
Hacía varios minutos que Jessy había disfrutado de su primer orgasmo vaginal y se mordía el labio de gusto.
Como mandaba el ritual, Eve apareció en escena lamiendo todo lo derramado como los restos viscosos que permanecían sobre el cuerpo de su hija.
Sangre incluida por supuesto.
Tumbado en la cama de la habitación de Thomas y Eve, con los ojos fijos en la pantalla, hacía tiempo que me estaba masturbando.
La película transcurrió en la misma línea, durante las dos siguientes horas
Los miembros de La Organización penetraron a Jessy sin descanso alguno.
De vez en cuando alguno prefería ponerla de espaldas y sodomizarla.
Sin ningún problema.
Como mas tarde me enteré, hacía tiempo que la lolita no era virgen por aquel agujerito.
Concretamente desde el primer día de internado.
Como corresponde en una organización jerarquizada, primero disfrutaron de la niña los miembros más importantes de la misma.
Me di cuenta que solamente los hombres participaban de manera activa mientras las féminas miraban, comentaban la jugada o se daban placer entre ellas.
- Serán las Normas- pensé- toda la leche para la homenajeada.
Se podía repetir pero había que guardar turno de nuevo.
El que no podía esperar se debía conformar con acercar el rabo cerca de la boquita de la niña.
Si no se encontraba ocupada por otra, no tenía inconveniente de tragársela hasta la garganta, como había hecho con el cura.
Estaba perfectamente entrenada para ello.
Aquella ocasión era especial, única.
Se trataba de la única hija reconocida del Gran Señor de La Organización.
De vez en cuando la imagen hacía un barrido de los espectadores.
Algo me llamó la atención y paré la reproducción.
Tenía que volver a ver algo.
- No puede ser. No-dije en voz alta- no es…
Junto a la cama estaba una estirada adolescente con el pelo corto mirando la escena en directo.
Un tío situado a su espalda le chupaba el cuello con avidez. Las manos de aquel salido estrujaban los pechos sin ninguna oposición.
La mirada de la chica estaba perdida, como recordando también su primera vez.
Entregaba su cuerpo a cualquier miembro del grupo lo requiriese.
Estaba educada para ello y disfrutaba haciéndolo.
Cuando él la invitó a agacharse para introducirle su palo en la boca, el rostro del hombre se distinguió claramente.
- ¡Hijo de puta! ¡Cabrón!- grite mientras me corría sobre la cama.
Apareció en la pantalla la cara de mi padre con los ojos cerrados de gusto.
Continuará....
Capítulo 11
Ahora sí que la había cagado.
En mi calentura había cometido un error imperdonable.
La excitación me había jugado una mala pasada.
Había dejado todo perdido.
Me levanté de un salto y apague el proyector. Corrí al baño y busqué una toalla.
La humedecí un poco e intenté inútilmente disimular el estropicio. Era misión imposible.
La cosa se puso aún peor cuando escuche voces en el pasillo.
Salí corriendo en dirección a un armario. Sabía que mi mejor opción era la terraza pero me no me daba tiempo de salir por ahí sin que la persona que hubiera abierto la puerta me hubiese visto.
Me quedé escondido intentando contener la respiración.
La puerta no era maciza, sino era formada por una sucesión de listones un poco separados entre sí.
Permitía ver claramente a la persona que, sin duda, iba a descubrirme.
Sólo Thomas entró en la sala.
- ¡Mierda!. La jodimos- pensé.
El tío era enorme.
Me hubiese dado una paliza con toda facilidad aunque no le haría falta. Un tipo así nunca se mancha las manos.
Me entregaría a su Servicio Secreto y sería hombre muerto…un cadáver en la orilla…un bulto en una cuneta…mi mente no paraba de imaginar una situación cada vez peor.
Cualquier tonto se hubiera dado cuenta de que aquella sala había sido profanada.
El armario con los DVD´s estaba abierto de par en par y sobre la cama las manchas de semen eran mas que evidentes.
Tranquilamente, como solía hacer todas las cosas, Thomas se acercó al armario dónde me yo me encontraba.
- Estoy muerto. –recé.
Miró fijamente un instante pero no abrió.
Al contrario se giró hacia el armario metálico y comprobó su contenido minuciosamente.
Sin duda notó una ausencia.
Abrió el disco duro externo y junto a él descubrió la carátula que faltaba.
Observó el título sin decir palabra, guardó el disco en su funda y a esta en su lugar adecuado.
Su mano se alargó para coger otro DVD distinto.
Manipuló el paquete con su insignia dorada y lo lanzó sobre la cama.
Justo fue a parar sobre una mancha de mi leche.
Se acercó a la misma y untó su dedo índice con mi lefa.
Al momento se lo introdujo en la boca y lo degustó.
Parecía que le gustaba.
Sin mas, tal y como había entrado, abandonó la habitación.
Salí atropelladamente de mi escondrijo, ya estaba a punto de saltar la barrera cuando me dije.
- ¿Por qué leches no me ha descubierto?- pensé- seguro que el cabrón sabía que estaba ahí.
Y el otro disco. ¿Por qué lo ha tirado ahí?.
La calentura juvenil hacía estragos en mí.
Sin pensar volví hacia la cama, agarré el pequeño paquete y me abalancé contra la estructura que separaba las terrazas contiguas. Aterrice en el suelo sonoramente.
Me había hecho daño pero me daba igual.
- ¿Dónde cojones veré esto?
Era una pregunta tonta, por supuesto que había un reproductor en mi cuarto.
Nervioso, encendí la tele y agarré el mando a distancia con frenesí.
Miré el título “Jessy L., mi decimotercer cumpleaños. 1 de 2”
A diferencia de la anterior que había visto, esta era una grabación de peor calidad.
Se notaba que era un vídeo casero.
En él se mostraba la fiesta del día del cumpreaños de Jessy.
Tal y como me había contado el botones, crías adolescentes cantando en el caraoke y riendo tontamente.
Mucha Coca Cola, dulces y chucherías.
Lo que gusta a las adolescentes.
El salón azul era impresionante, incluso tenía terraza privada y una piscina climatizada en la que se bañaban algunas jóvenes invitadas.
Lógicamente, la estancia cobraba su nombre debido al líquido elemento.
- ¡Hola Papí!- se vio a Jessy saludando a la cámara alegremente. Estaba guapísima con un vestidito blanco y corto.
Lucía un lacito azul en el pelo.
- A ese cabrón le pone vestirla con este tipo de ropa infantil – pensé- y luego follarla sin piedad.
El objetivo descansó en el escote de la niña un tiempo, demasiado tiempo.
Las carcajadas de ella hacían que a través del fino vestido se adivinasen los incipientes pechos libres de sujeción alguna.
Junto a Jessy agarraban el micrófono otras ninfas no menos apetecibles que la anfitriona.
Al poco tiempo de visionar la cinta me entendí de qué iba el rollo.
Era la típica película que rodaría un voyeaur, un mirón, vamos.
El film era una sucesión de planos mas o menos inconexos entre sí de los diferentes cuerpos de las adolescentes enfundadas en vestidos vaporosos y semi-transparentes.
Las chicas se movían despreocupadas sin ningún guión aparente, simplemente disfrutaban de la fiesta.
En realidad no hacían nada malo.
Era el operario de la cámara el que hacía uso del zoom y realizaba de primeros planos de partes de los pequeños cuerpos.
- Ahora entiendo lo de la cinta- me dije sonriendo- Thomas piensa que soy un mirón- lo cierto es que no le faltaba razón.
En primer lugar la cámara se centro en las ocupantes de la piscina.
Una a una las repasó a todas.
Pasaron ante mí una sucesión de pequeños cuepos enfundados en todo tipo de vestimenta de baño.
Bañadores ceñidos, bikinis ajustados de vivos colores e incluso un par de niñas que quisiera suponer había olvidado el bañador y jugaban en el agua cubiertas simplemente en unas camisetas.
Thomas llamó a una de estas últimas, que salió corriendo de la piscina y le preguntó alguna cosa intranscendente.
Claramente lo que buscaba era que la camiseta quedase adherida al sensual cuerpo de la joven y no perderse detalle.
Lo consiguió con creces, el agua algo fresca endureció aquellos pezones que se mostraban nítidamente a través de la prenda rosada.
El grado de transparencia era tal que se distinguían las aureolas mamarias y hasta algún lunar de aquel bendito pecho.
Tom no se cortaba un pelo.
Ni siquiera se molestaba en disimular.
De las mojadas tetas bajó hasta las diminutas bragas que cubrían el sexo de aquella futura calienta pollas.
Despidiéndose con la mano ella se dio la media vuelta enseñando a quien mirase un bonito trasero con la braga insertada en él.
Incómoda, estiró de la prenda para colocársela correctamente, dejando al descubierto por un instante la totalidad de su culo.
Tom no perdió detalle del descuido.
- ¡Sandra!- gritó el rubicundo- ¡Sandrita! ¿Dónde estás?
Ven aquí, mi muñequita rusa.
Levantándose de una toalla situada en un rincón casi oculto de la terraza apareció en la pantalla uno de los animales mas bellos del mundo que haya visto jamás.
Una estilizada criatura, de pelo castaño y ondulado, nariz respingona y con algunas pecas iluminando el rostro sonriente.
Alzó su escultural cuerpo.
Miraba a la cámara y se movía de tal modo que se notaba que, a pesar de su corta edad, tenia mucha experiencia como modelo.
- ¡Joder!, ¡Joder!, ¡Joder!- exclamé retorciéndome en mi sillón-
¿Pero qué clase de padre deja poner eso a una cría?
Efectivamente, el continente resaltaba la belleza extraordinaria del contenido.
La preadolescente lucía un mini-tanga de cuadros rojos y negros que tapaba la rajita de su coñito libre de vello.
El conjunto se completaba con un minúsculo bikini consistente en unos pequeños triángulos de tela a juego unido por finos cordones que apenas ocultaban los pezones de sus senos.
Se la veía cómoda y segura de aquella guisa.
Cualquier otra niña de su edad se estaría muriendo de vergüenza.
Thomas se acercó a la terraza para disfrutar más de cerca de aquella visión.
No tuvo que indicarle nada.
Ella sabía perfectamente de qué se trababa.
Tenía sobrada experiencia en aquel tipo de situaciones.
Como una profesional posó ante la cámara en una sucesión de sensuales posturas que exaltaban la belleza de su cuerpo.
Sabía que tenía el pecho pequeño pero unas piernas y culo excepcionales.
Tom se recreaba filmando primeros planos del las zonas erógenas de la ninfa apenas cubiertas de tela.
Ella sabía cuándo debía quedarse quieta para no salirse de plano y cuando moverse para resaltar sus curvas.
En mi mente permanecerá toda la vida una escena.
La joven se encontraba tumbada boca arriba sobre la toalla y alzaba sus pies hasta casi la altura de la cabeza.
Agarraba sus rodillas para mantener la posición forzada.
De esta guisa el esfínter de su ano hubiese quedado totalmente expuesto a la cámara de no ser por un fino cordón del tanga que lo impedía.
A su vez, se distinguían claramente sus labios vaginales debajo de la diminuta tela.
Para más morbo, permanecía con la boca semi abierta y la mirada sensual fija a la cámara.
Permaneció en esta postura hasta que Tom satisfizo su lujuria visual.
Seguro que, de habérselo pedido no habría tenido el menor inconveniente en separar aquel inoportuno cordel y mostrar al espectador todas sus intimidades.
La Venus rusa se arrodilló de espaldas a la cámara. Lentamente, giró la cabeza por encima del hombro y, mirando de nuevo a la cámara, deshizo el lazo que cerraba la parte superior de su atuendo mostrando a la cámara la totalidad de su espalda.
Antes de que la prenda cayese al suelo y mostrase lo prohibido utilizó sus manos para taparse y lanzó un beso al aire en dirección a Thomas.
Después se tumbó cabeza abajo y cerró los ojos haciéndose la dormida.
El mirón se alejó de allí en dirección al interior del salón en busca de mas carne fresca pero de repente se dio la vuelta hacia la diosa soviética.
Mediante una toma lejana se pudo ver perfectamente como la niña tumbada miraba a la cámara fijamente.
Al momento, desabrochaba también los lazos situados a ambos lados de sus caderas.
Tiró de las pequeñas cuerdas de la parte de atrás y el pequeño tanga se deslizó lentamente frotando sus intimidades y dejándolas al descubierto.
Desgraciadamente, la distancia y el ángulo impedían la visión de todo su cuerpo con detalle.
Sandra permanecía desnuda pero tumbada mirando desafiante al objetivo, alzaba el brazo lo que podía, ondeando aquella banderita de cuadros rojos y negros.
Su mirada parecía decir a quien estuviese visionando la película:
- Esto es lo que quieres, sabes que sólo tienes que venir a recogerlo.
- Sandra Orlow.
Quince años.
Nacionalida Rusa.
Sobran las palabras.- musitó Tom.
Seguidamente la cámara descubrió a Eve hablando animadamente con el grupo de payasos encargados de la animación.
- ¡Ahí están esos cabrones!- dije
No se oía la conversación pero en un momento dado ella señalo hacia donde estaba su retoño y después a ella misma.
La cámara buscó a Jessy por entre la algarabía.
Estaba sentada sobre un sofá hablando con una amiguita.
La charla era distendida y ambas estaban descalzas con los pies sobre el asiento.
De forma descuidada, abrían y cerraban distraídamente las piernas durante su cháchara.
Presa fácil para un cazador experto.
Tom se colocó estratégicamente y acercó la imagen progresivamente todo lo que daba la cámara hacia las ingles de su retoño.
- Desde luego, la fortuna no se la gastan en bragas precisamente.- murmuré.
En efecto, en la televisión plana de cincuenta y dos pulgadas apareció la raja de la niña.
Después de recrearme la vista con su sexo un par de minutos…
- ¿Qué narices es eso?- inmediatamente congelé la imagen.
Como la toma no era un posado real, no pude precisar más.
El vaivén de las rodillas tapaba a menudo la imagen.
Ahora la imagen buscó a la interlocutora.
Era una adolescente de rasgos asiáticos, bastante más menuda que Jessy.
Seguramente serían de la misma edad pero las niñas de esta raza generalmente desarrollan sus encantos mas tarde.
Tras mostrar su cara apareció un primer plano de sus labios carnosos y sonrientes.
La imagen se desenfocó un instante pero inmediatamente se centró en la entrepierna de la chinita.
- ¡Otra!-grité
Efectivamente, la ausencia de ropita interior mostraba un sexo moreno, con un incipiente bellito púbico que indicaba que la jovencita no era tan niña como su apariencia podía hacer pensar.
- ¡Mikoooooo! ¡Jessyyyyyy!- se oyó la voz de Tom- Niñas, princesitas…mirad al pajarito…
De inmediato, las niñas detuvieron su charla y se quedaron quietas.
La tele mostró a las jovencitas posando a la cámara, abiertas de piernas mostrando sus coños dispuestos.
- ¡Perfecto!- prosiguió Thomas
-Miko, cielo, ¿Es cierto lo que me han contadoooo …?
¿Matrícula de honor?...
La joven sonrió ruborizada, asintiendo con la cabeza.
- Eso hay que comprobarlo, ¿No crees?...
- Cuando usted desee Señor Larsson.
- Ahora es tan buen momento como otro cualquiera.
Perdona Jessy, enseguida te devuelvo a tu amiguita…
- No importa papi…- le contestó su hijita sonriente- Toda tuya.
Continuará....
Capítulo 12
De la mano, Thomas cogió a la japonesita y la condujo a través de una cortina a una sala contigua.
Abrió un despacho y lo cerró con llave.
No quería interrupciones.
Comprobó su insignia.
La letra brillaba.
El sitio ere seguro.
La joven a su lado todavía se veía más pequeña y más frágil.
Era sólo apariencia.
Era una experta y sabía demostrarlo.
- Miko Nakamura- dijo Tom-
- Felación masculina.
- Matrícula de honor.
Tu abuelo estará orgulloso.
Sin demora alguna, la ninfa alargó sus delicadas manitas hacia el paquete del gigantón aquel.
Acercó su boquita y bajó la cremallera hasta el fondo utilizando solamente sus dientes mientras sus manos desabrochaban el botón del pantalón.
La toma cenital tembló cuando los pantalones cayeron al suelo.
Ella pegó su cara al slip y la frotó como si fuese una gatita en celo.
De nuevo sólo con su boquita liberó al dragón de su prisión y le dio un besito en la punta.
No tocó el miembro con sus manos, tal y como había estudiado.
Se sirvió de la frente para levantar el miembro un poco y dejar a si a la altura de su lengua un par de enormes pelotas.
Me llamó la atención que Tom estuviese depilado por completo.
- ¡El pelo queda mal ante la cámara!- pensé.
Tom cogió la toma alargando su mano hacia un lado.
De esta manera no se perdería ningún detalle del limpiado de bolas.
La párvula lengua estaba trabajando los cojones.
Sin duda, la actuación de Sandra había contribuido a que estuviesen repletos.
Los mordisqueaba con delicadeza y de vez en cuando introducía uno de ellos en su interior.
Tom enfocó a su propio trasero.
Se podía ver como un pequeño dedito se introducía por su ano.
No parecía disgustarle, al contrario, estaba encantado.
En un momento dado el nibelungo se giró ofreciendo a la ninfa la inmensidad de su trasero.
Sin asco alguno, la zorrita dedicó el mismo tratamiento al ojete de aquel salido que el que había dedicado a las pelotas un momento antes.
Hasta se podía ver como introducía un poco la pequeña lengua por el oscuro agujero.
Auque estaba encantado, Tom tenía prisa, no podía perderse el resto de la fiesta.
Volvió a ofrecer a la niña la inmensidad de su falo.
Esta lo alojó de un golpe en su garganta.
Era increíble.
- ¡Como entra! Hija de puta.- grité. Menuda traga-sables. ¡Si hasta se le hincha la garganta!
En efecto, se podía ver ese detalle en las imágenes de forma nítida.
- ¡Rápido!- gritó Tom
La joven esperaba la orden tal y como indicaba el protocolo.
Era el profesor el que elegía el servicio que deseaba.
El alumno o alumna se limitaba a satisfacer sus deseos.
El siguiente minuto fue increíble.
La toma cenital mostraba a la niña tragando y vomitando a aquel rabo a toda pastilla.
Sus ojitos estaban fijos a la cámara, condición indispensable para aprobar la asignatura.
Cuando notó que todo iba a terminar se insertó el estoque hasta la empuñadura.
Eso era el sobresaliente.
Tom se corrió como un caballo semental.
Desenvainó su espada lentamente y realizó lo mejor que pudo un zoom del interior de la boquita oriental.
Nada, ni rastro.
Unos dientes blancos y perfectos, una lengua inmóvil y ni el mas mínimo resto de semen.
Todo directo a las entrañas de la putita.
Matrícula de honor.
- ¡Muy bien, pequeña!-le dijo mientras escondía su miembro viril- sólo Jessy se puede comparar a tí.
La siguiente escena mostró de nuevo el salón.
Todo seguía igual. Jessy partía la tarta junto con los payasos y el resto de las invitadas.
Un rápido primer plano mostró a la homenajeada limpiar el cuchillo con su lengua.
Era un gesto gracioso que se repite comúnmente, pero que, dadas las circunstancias, resultaba de lo más erótico.
De repente, Eve hizo sonar una campanilla.
De diferentes rincones aparecieron hombres vestidos con traje negro y auricular en un oído que hicieron salir a todos extraños de la estancia.
Camareras, payasos y resto de personal del hotel fueron invitados a abandonar amablemente el salón azul.
Cerraron la puerta con llave.
Volvió a sonar la campana.
Aparecieron en la sala varios equipos de grabación de vídeo profesionales, con focos, cámaras de fotos y todo eso.
La actitud de las niñas cambió de inmediato, empezaron a besarse y tocarse.
No es que antes no lo hubiesen hecho, pero lo que previamente era un simple saludo en la mejilla ahora se transformaba en una lucha de lenguas ansiosas.
Si antes se agarraban de las manos ahora estas se perdían por debajo de los vestidos.
Los cámaras profesionales no perdían detalle.
Tom no dejó de grabar.
Sabía que una cámara más no importaba.
El se dedicaría a lo suyo y ya vería el resto editado mas tarde.
Como era de esperar, buscó a Jessy.
La encontró levantando su larga melena de manera que Eve le desabrochaba la cremallera del vestido.
Miró a la cámara desafiante.
La Jessy puta había vuelto.
Quizás nunca se hubiese ido y que esa era la verdadera Jessy.
No lo sé ni me importaba.
Simplemente yo tenía que disfrutar el momento.
Completamente desnuda, la niña se abrió de piernas y su amiguita de los ojos rasgados se dedicó a darle placer.
- Miko Nakamura- dijo Tom de nuevo- masturbación femenina- matrícula de honor.
Ahora se veía claramente lo que antes ya sospechaba.
De las entrañas de Jessy partía un hilito blanco y fuerte, con una anillita en su extremo.
La nipona tiró del arito y del interior de aquel pequeño coño empezaron a salir lentamente una ristra de bolitas blancas, embadurnadas por una sustancia viscosa.
- Una, dos, tres- Gritaba Thomas- cuatro, cinco, seis-ahora había coro- siete, ocho, nueve, diez, once, doce y… ¡trecee!.
Enhorabuena, cariño. ¡Feliz Cumpleaños!
Yo miraba absorto la escena.
- ¿Cuánto tiempo llevaría ahí eso metido? – Pensé mientras me masturbaba de nuevo- por lo menos llevamos dos horas de fiesta.
Tom cambió de posición y se colocó detrás de Miko.
La jodida no se había quitado el vestido amarillo.
No le había dado ni tiempo.
Arrodillada en el sofá, lamiendo el clítoris de Jessy estaba en su salsa.
Se vio como la manaza de Tom levantaba la faldita de vuelo dejando al descubierto su ojete.
Otra anilla colgaba también desde su trasero.
Tom tensó la cuerda dando tironcitos, sin llegar a sacar el contenido.
La japonesa miró hacia atrás para ver quién quería robarle su tesoro.
Contrariada por la interrupción la rubita agarró con sus manos la cabecita de su compañera y la dirigió de nuevo hacia su gruta.
La oriental meneó el culo, intranquila.
Por lo que pude ver luego, no le faltaban motivos.
Bruscamente, el macho tiró de la cuerda y salió del interior de aquella ricura una gran bola roja con un sonoro chapoteo.
Tras ella, borbotones de mierda casi líquida y sangre.
La niña gritó de dolor.
- ¡Jó papá!- Jessy era la única que se atrevía a regañarle alguna vez- no tan fuerte…sabes que aún no lo hace del todo bien…¡qué bruto eres!... no te preocupes Miko, yo te curo.
Diciendo esto, sin vacilar se acercó al mancillado trasero y lo lamió con ternura y cariño.
No dudó en tragar todos los malolientes restos rodeaban el agujerito.
La nipona lloraba desconsoladamente.
- ¡Ya está! No llores más que ya pasó-dijo Jessy. Se introdujo la bola roja en la boca y la sacó reluciente.- toma tu juguete. No se ha roto.
Desgraciadamente para mí, Thomas no siguió con las evoluciones de la pareja.
Otro equipo de video inmortalizaba la escena y no quería gastar su tiempo inútilmente.
El cuerpo le pedía otra cosa.
Enfocó a Eve repartiendo consoladores de goma de alegres colores y diversos tamaños.
Las ninfas agradecían el regalo de forma educada.
- ¡Gracias señora Larsson!- le dijo una- ¿Quiere jugar conmigo, por favor?
Era la joven tetona de la camiseta pegada, con las bragas en una mano y un consolador anal-vaginal en la otra.
Como no podía ser de otra manera, era rosa.
- ¡Sobre todo, que esté a juego con la ropa!- sonreí.
Nadie en su sano juicio hubiera rechazado tal propuesta y mucho menos Eve.
Me quedé con las ganas de ver el encuentro entre ambas hembras porque Thomas se limitó a decir tras la cámara.
- Patty O´neil. Irlanda.
Catorce años.
Matrícula de honor en masturbación cubana, felación y sumisión.
Sigue la caza en busca de su presa.
La imagen mostró como salía a la terraza.
Yo estaba seguro de lo que quería.
Efectivamente, donde la había dejado antes continuaba Sandra tumbada boca abajo.
Para no quemar su blanca piel había colocado sobre sus hombros una especie de rebequita roja hecha de gasa.
Sabedora de que la mayoría de las veces es más excitante insinuar que mostrar se había colocado de nuevo el diminuto tanga.
La niña sabía lo que Tom buscaba y se lo dio.
Se puso de nuevo en la postura maldita aunque esta vez mostraba sus pechos con la chaquetita entreabierta.
Tom enfocó de nuevo un primer plano de la entrepierna de la diosa.
Su pene entró en la escena, cimbreante.
Estiró el tanga para que este se pegase todavía más al delicado coñito.
Acarició a la niña por encima de la tela.
Separó el hilo que cubría su esfínter e introdujo lentamente un dedo por el culo de la cría.
Enfocó a su carita y la jodida se chupaba el dedo con cara de gusto.
Deshizo los nudos laterales tal y como Sandra había echo antes.
Guardó la preciada tela en su bolsillo.
Ella abrió la entrada de la vagina con sus manos y el aceptó el ofrecimiento sin dudar.
Desgraciada o afortunadamente según los gustos de cada uno, a partir de ahí la imagen permaneció fija en el suelo.
Se mostraba como penetraba al delicado ser hasta las entrañas con su enorme polla.
El ritmo era lento y constante.
- ¡Se está recreando el muy cabrón!
De repente la imagen permaneció en la pantalla.
- ¡Cojones!. Mierda-protesté
La memoria de la cámara había agotado. No me extrañaba. Tres horas de película.
Continuará....
Capítulo 13
Tumbado en la cama, mirando al techo, mi mente no paraba de desvariar.
¿Qué era lo que estaba pasando? ¿Dónde me había metido?
Y Thomas
¿Por qué le hacia eso a su propia hija?
Y mi padre ¿Desde cuándo estaba en el asunto? Estaba agotado.
Era ya de noche.
Mañana será otro día me dije y me dormí.
La mañana siguiente amaneció luminosa y radiante.
Estaba hambriento.
Al fin y al cabo, el día anterior no había cenado. Tenía que devolver la película a su lugar, pero no había prisa.
Estaba claro que su dueño quería que yo la viese.
Pero ¿dónde estaba?.
La busqué por todas las partes pero no la encontré.
Inquieto, dejé mis pesquisas.
Se la habían llevado.
- ¡El Servicio Secreto!- me dije- está pero no se ve.
Qué razón tenía el botones.
Y yo que no le había hecho ni caso.
Me aseé y dispuse a bajar al comedor para desayunar. Antes de entrar, busqué a la Relaciones Púbicas… Públicas quería decir, con la mirada pero no la ví.
Teníamos pendiente una segunda entrega de las memorias de las hermanas Knutsen, que era ese el apellido de soltera de Eve y Marié.
Sin prisa tenía todo el verano por delante.
En su mesa habitual estaba la familia al completo. Enseguida Jessy me vio e hizo una alegre señal para que me sentara en una de las sillas vacías.
Como siempre, estaba radiante. Me lo pensé dos veces pero no podía negarme. Al principio tenía pudor en iniciar la conversación. No sabía qué decir. Ni siquiera podía mirar a la cara de Thomas. Jessy rompió el hielo
-¿Qué hiciste ayer?
Fuiste a la playa. Nosotros vamos hoy aunque a mami no le gusta demasiado. La arena, la gente, todo eso… Ayer…- dijo como siempre atropelladamente.
O era la mejor actriz del mundo o su educación bipolar era perfecta.
Princesa angelical en público, diablesa ninfómana en privado. Me incliné por lo segundo.
Le salía de forma natural.
Eve, autoritaria como siempre, la interrumpió
- Jessy cariño, no aburras a nuestro invitado con nuestra tediosa vida. Sin embargo yo también tengo curiosidad. Sé de buena tinta que anteanoche saliste con Marié y que lo pasaste muy bien.
¿Qué hiciste ayer?
- Ver la tele- otra vez hablaba sin pensar demasiado. Bebí un poco de zumo para refrescarme.
- Ver la tele. Dichosa tele- intervino Thomas- estás en un lugar paradisíaco muchacho. La naturaleza, hijo. Disfruta de ella mientras seas joven.
- Ya disfruto, ya.
De hecho la otra tarde me dí un paseo en moto hasta el bosque y las vistas me entretuvieron mucho.- que bocazas era, me estaba metiendo en un lío del que no sabría salir.
- Ten cuidado muchacho con tus excursiones furtivas- exclamó Thomas mirándome seriamente por primera vez desde que lo conocí- podrías perderte y no volver nunca.
Me quedé helado.
- ¡No le hagas caso!- rió por primera vez Eve- ¡no seas tonto, Tom!. Ni caso, “Pedo”. Este hombre es un bromista, siempre está de juerga. No habla enserio, cariño- apoyó su mano en mi rodilla. Clavó en sus ojos en los míos.- mientras cumplas las Normas no te pasará nada. Disfruta y vive el momento.
Este será un verano inolvidable. Ya verás.
No sabía si relajarme o echar a correr. Por un lado su mirada parecía sincera pero por otro lo que decía tenía un mensaje de velada amenaza.
Normas, ¿qué Normas?...
- Ven con nosotros, porfa…- me dijo la niña haciendo pucheros- estos viejos son muy aburridos. Mis amigas se fueron.
- ¿Aburridos?- pensé- cuando te ensartabas la polla de tu padre por el culo no se te veía aburrida precisamente. Y tampoco lo pasaste mal cuando tu madre la otra noche te lamía el coño.
Intenté evitar este tipo de pensamientos porque sin duda aparecería la denominada por Marié “tienda de campaña” bajo mi pantalón.
- Iré, claro que iré- como negarse- pero id vosotros por delante, tengo que hacer algunas cosas primero.
No quería hacerlo, pero tres días sin llamar ni a Mamá eran demasiado. También debería solucionar el asunto de Teresa. Para bien o para mal, seguíamos siendo novios.
Me sentía culpable. Le había sido infiel por primera vez. Bueno, tres a uno, todavía me llevaba ventaja.
En la habitación busqué mi pequeña agenda telefónica. Solía tener una porque era un desastre perdiendo teléfonos, aunque no había logrado solucionar el problema. También era un desastre con las agendas.
Con Mamá todo fue normal. Media hora de improperios casi todos justificados acerca de la ausencia de mi padre, de su poca seriedad, etcétera, etcétera, etcétera.
Con Teresa la cosa fue peor. Lo que comenzó como una conversación de reconciliación terminó con una sonora bronca. Le confesé mi infidelidad sin darle demasiados detalles. Era nuestra promesa. Ella siempre lo había hecho o al menos eso creía yo.
Al poco de empezar se lo había montado con un amigo en una noche loca tras la boda de su hermana, esa vez me jodió mucho. También se había tirado al profe de mates para aprobar la ESO (graduado escolar)
Esta vez no me importó demasiado porque de paso consiguió que yo aprobase también. Lo sabía todo el instituto. La convocó el jefe de estudios para interrogarla y abrir un expediente al jodido aquel. Lo que ella abrió en aquel despacho fue el culo y asunto olvidado. Era un año menor que yo, pero tenía muchas mas horas de vuelo. Yo en el fondo, un pardillo.
Hasta ahora, por lo menos. Confiaba en dejar de serlo. No obstante, mi Teresa al lado de cualquiera de las hembras que me rodeaban en este momento parecía una monja de clausura.
Sin darle más vueltas recogí mis enseres de baño y me dirigí a la playa.
Estaba un poco lejos. Es la desventaja de esta zona turística. Los mejores hoteles están alejados del mar. No obstante, el paseo era agradable. Me parecía increíble que todavía no hubiese visitado la playa desde que el día que llegué.
El hotel disponía de una zona acotada de hamacas junto al mar así que supuse que los Larsson estarían alli.
Efectivamente, parecían la típica familia guiri, no desentonaban para nada con el entorno.
- Hola- dije al llegar a su lado
Tom y sus calcetines alzaron la vista de un dossier ininteligible para mí que estaba leyendo y lanzó un gruñidito como saludo. Sin duda, le interesaba lo que estaba escrito. Eve en top less se limitó a levantar la mano. Tostándose bajo el sol, embadurnada de cremas no podía moverse si lo que quería era un moreno perfecto.
- ¿Y Jessy?- pregunté.
Tom señaló al mar.
Junto a la orilla sentada, jugando con la arena, estaba la niña.
Sorprendentemente tampoco lucía la parte superior del bañador. Al notar mi llegada, se ruborizó e intentó tapar sus terroncitos con sus manitas.
- ¿Me tiene vergüenza? ¿A mí?- pensé- Es increíble, limpia con su boca la bola anal de su amiga frente a varias cámaras sin inmutarse, su padre tiene más de cien DVD´s haciendo todo tipo de aberraciones y se ruboriza por que le vea las tetas en la playa. Es perfecta. Eso es Jessy, simplemente perfecta.
- Hola, ¿qué haces? Dije.
- Te estaba esperando. Perdona, voy a ponerme el bikini. No puedes verme así.
- No importa, de verdad. Estás perfecta.
- No, no, no está bien. Las Normas no lo permiten.
- ¿Las Normas? ¿Qué es eso de las Normas? Eve dijo algo durante el desayuno….
- Las Normas son importantes. Siempre hay que cumplirlas. Si no se cumplen hay problemas. Lo sé.
- Pero….
- ¡Haz caso a la jovencita, muchacho!- dijo Thomas detrás de mi- Jessy, mi vida, discúlpanos un momento. Pedro y yo tenemos que hablar un instante.
Nos perdonas ¿Verdad?
- Claro papi, pero no le asustes, que es muy majo- me dio un beso en la mejilla y se encaminó dónde estaba su madre.
- Caminemos- ordenó Tom.
Anduvimos por la orilla durante un tiempo, me moría por preguntarle pero opté por callar. No era habitual en mí. Me estaría haciendo mayor.
- Mira hijo- dijo sin mirarme- eres bastante listo y seguro que sabes de qué va esto.
Tu padre insistió mucho en que confiase en ti y espero no me defraudes. Puedes dejarlo aquí, olvidar lo que has visto sin contárselo a nadie, volver a tu casa con tu mamá y esa putita novia tuya.
Teresa.
Teresa se llama, nunca olvido un nombre. Es importante en los negocios.
Si esa que se lo montó con el profe y el otro tipo…
- ¿Cómo..?- le interrumpí.
- ¿Qué como lo sé?
Querido, yo lo sé todo.
Sé todo de todos. Esto es también importante para mí negocio. El poder no es el dinero, ni las armas, ni la política…
El poder es la información.
* - Sé que oíste a Eve y a mi hija follar con aquellos tipos.
* - Se que me viste romperle el culito a mi niña durante la siesta.
* - Sé que te lo montaste con Marié y una camarera en el club de boyeras.
* - Sé que Marié te contó su historia, bueno, una parte.
* - Sé que nos seguiste y viste como mi hija le comía el rabo al guarro del taxista.
* - Y por supuesto sé que entraste en mi habitación, sin ninguna discreción por cierto.
* - Se que viste lo que había en ella.
* - Se que visionaste la película de la Primera Comunión de mi niña.
* - Sé que te corriste mirándola.
* - Sé que estabas en el armario cagado de miedo rezando para que yo no te descubriese.
* - Si hasta te dejaste el DVD en el reproductor.
Recuerda que te dejé la película de la fiesta de cumpleaños para que la vieras. Hasta podría decirte las veces que te has masturbado desde que llegaste aquí.
Me puso la mano en el hombro, sonriendo.
- ¿Sabes?- prosiguió- pero más interesante que lo que sabes es, sin duda, lo que no sabes.
Te voy a contar algunos ejemplos.
No sabes que a tu Teresa la violó un tío suyo cuando tenía once años y que continúa tirándosela todos los martes cuando tú piensas que está en clase de francés, bueno técnicamente podría ser cierto, el francés lo ejercita bastante y no sólo con su tío.
Si quieres, te enseñaré las fotos.
No sabes que el amigo que se la folló en la boda era el novio o sea el marido de su hermana.
Pero hay más y de más gente.
A tu madre le gustan las mujeres, bueno eso sí que lo sabías. Lo que no sabías es que se pagó los estudios posando desnuda para calendarios baratos de taller.
Seguro que te ha contado que en Madrid se hospedaba en una casa particular cuidando niños. Lo que seguro que no te ha contado es que cada noche se metía en la cama del matrimonio para ganarse un sobresueldo.
No podía creer lo que oía.
- El novio de tu madre es gay, se lo monta de vez en cuando con un puto bastante caro para sus posibilidades.
Tu madre lo sabe pero se hace la tonta con tal de darle celos a tu padre. Menuda ingenua, celos a tu padre.
Tu padre.
Tu padre por cierto, hablemos de tu padre.
Sabes que es el gerente de este hotel desde hace años, sabes que se tira a Marié desde que llegó, sabes que está en Tailandia…a ver, a ver, no sabes…, pequeños detalles, por ejemplo no sabes que se tiraba a la hija de una vecina de doce años cuando vivía en Pamplona, no sabes que la dejó preñada a los trece y no sabes que tú tienes una hermana pequeña de unos diez años que se llama Clara, a la que visita de vez en cuando y que también se tira, por supuesto.
Precisamente esa era la convención en Barcelona de la que no podía excusarse, su Primera Comunión. Como habrás visto en la película que te dejé, los padres deben estar presentes en tan celebrado acontecimiento.
No es un rito protestante, pero en este caso lo tomamos prestado de nuestros hermanos católicos. No sabes que en este momento tu papi está en Tailandia visitando orfanatos reclutando niñas para La Organización. Si quieres sigo pero creo que ya es suficiente.
Estaba mudo, no podía creer lo que me contaba pero todo encajaba.
Teresa odiaba a su hermana y era perfectamente capaz de abrirse de piernas para joderla. No le había escuchado hablar francés ni una sola vez en tres años. Mamá de joven había hecho sus pinitos como modelo, de catálogo comercial, le había dicho. Nunca había visto aquellos catálogos.
De vez en cuando visitaba al matrimonio que la había acogido en Madrid porque guardaba, según ella, una bonita amistad y bellos recuerdos. Era posible que el novio de mamá perdiera aceite. Por eso me sobaba tanto.
Yo pensaba que era porque quería hacerse amigo mío. Mariconazo, lo que quería hacerse era con mi culo.
Y lo de papá.
Se comentó por todo el barrio lo del embarazo de la hija de los vecinos.
Con sólo trece años.
Nunca dijo quién era el padre.
Para disimular el escándalo, mandaron a la joven con unos tíos a Barcelona.
Las fechas y edades concordaban.
- Bien –prosiguió- ¿Qué decides?
- ¿Qué?
- ¡Despierta muchacho! O te quedas o te vas, tú decides
- Me quedo- conteste aun en estado de shock.
- ¡Este es mi chico!. Eres como tu padre, un salido de mierda. Lo vas a pasar de puta madre…si cumples las Normas.
- ¡Otra vez las Normas! ¿qué Normas?- comenté- No sé de lo que me está hablando.
- Son unas cuantas pero ya las irás aprendiendo poco a poco.
Mi hija te ayudará, Jessy lleva desde los seis años estudiándolas y como ya has visto hoy, de vez en cuando olvida alguna. Mira que recibirte en tetas. No, no y no- dijo meneando la cabeza-Eso no está bien.Hijo, has debido gustarle mucho para que rompa una norma tan básica.
Bueno como los mandamientos todas en encierran en dos.
Primero discreción absoluta y segundo obediencia ciega, sin preguntas. La cosa es muy sencilla, te pondré un ejemplo mira mi insignia.
Sabes que es personal e intransferible.
Miré su insignia dorada con una letra “Z” que colgaba de su mano izquierda
- Todos tenemos una.
La gente que no es de La Organización cree que es como una especie de bono que te permite entrar en sitios mas o menos elitistas, comprar cosas, etcétera.
Pero es algo más. Mucho más.
A partir de ahora nunca te vuelvas a separar de ella. Fijate, la ves así porque estamos en un lugar público, con gente, con riesgo no es seguro.
En este entorno hay que comportarse de manera conveniente, los niños son sagrados y no se les puede tocar ni que te toquen de manera lujuriosa.
Por supuesto La Organización, ni mencionarla, no existe.
Si por el contrario estuviésemos en un lugar privado, seguro la letra se iluminaría claramente, llevas unos días con ella y ni siquiera te has dado cuenta.
En ese caso se trataría de un sitio controlado y seguro.
Obedece siempre lo que dice el Servicio Secreto y todo ira bien. No habrá problemas. En ese entorno puedes dar rienda suelta a tus más oscuros deseos tanto con niñas como con niños e inclusive con otros miembros de La Organización.
No olvides que es una entidad piramidal y secreta.
Jessy te dará mas detalles. Sobre todo recuerda: discreción y obediencia.
Sobre todo al Servicio Secreto. Pueden salvarte la vida. Sé de buena tinta lo que digo.
Esta última frase me la dijo mirándome de nuevo seriamente. Sin darme cuenta habíamos vuelto al punto de partida.
Antes de llegar me dijo en voz baja.
- ¡Ah! Se me olvidaba.
Por favor, guárdame un pequeño secreto.No le digas a Jessy que Marié es su tía.
No lo sabe y debe seguir sin saberlo.
Al vernos llegar, Eve se quitó las gafas y preguntó a su marido:
- ¿Y bien?
- ¡Si!- contestó.
- ¡Bieeeeee! – dijo la niña
- ¡Jessy!- la reprendió su madre.
- ¡Vamos, al agua todos!- dijo Tom alzando a su esposa entre sus brazos.
- ¡Tom!- le dijo la mamá- ¡Tom, no te atrevas! ¡Thomas! ¡Ni se te ocurra!
Pero era tarde, ya estaba en el agua.
- ¡Thomas Larsson Tercero! Te odio- dijo entre risas-
¡Ven aquí, abusón! ¡Vamos, ayudadme!- nos grito estirando de la mano a su marido para tirarle al agua.
Tom se dejó hacer. De no haber cooperado ni en sueños hubiésemos podido siquiera moverlo.
La mañana transcurrió entre risas y juegos. Eve me puso crema para el sol en la espalda como si de una madre se tratara. Funcional, nada erótico. Yo me dejé hacer, hasta pude controlar mi erección. Discreción y Obediencia.
Continuará....
Capítulo 14
El almuerzo en el hotel transcurrió cordialmente.
Sentados en aquella mesa, ante los ojos de todos, simplemente daba la impresión de que los Larsson eran muy amables al cuidar de mí hasta que mi padre regresase de un viaje de negocios.
Jessy se deshacía en atenciones como si fuera el hermano mayor que nunca tuvo.
Al finalizar Tom me miró y me dijo.
- Deberías echarte la siesta, Pedo.
- No gracias, no tengo sueño.
- Hijo, hazme caso, te hará bien- me dijo en tono paternal.
Comencé a protestar pero al momento me callé. Discreción y obediencia.
Eso hice.
Obedecí.
Llegué a mi habitación sin sueño. Mi insignia brillaba sobre la mesilla.
- Será una especie de prueba- pensé- de esta manera evaluarán si cumplo las Normas.
Sobre la cama había una caja con una película dentro. Se leía:
“Sandra O. La cascada”
- Sandra, Sandra O- Recordé a la rusa del otro día- seguro que es una de las favoritas de Tom- me dije.
Me preparé para el espectáculo.
Era de hacía un año más o menos.
La pequeña diosa evolucionaba detrás de la cámara con la misma soltura que en la película de ayer.
Lucía un pantaloncito corto y blanco, ceñidísimo, incrustado en su pequeño coñito y en su ya delicioso culo.
Deliciosa.
El top era no menos espectacular.
Era de esos que tapan parte del pecho por arriba pero dejan ver la parte de abajo del mismo.
La tela apenas cubría el pezón.
Se veía hasta la parte de debajo de las aureolas.
La cámara combinaba planos artísticos con primeros planos en detalle del cuerpo.
Era la grabación de una sesión de fotos.
De vez en cuando aparecía en escena una señora morena bastante parecida a Sandra, sería su madre.
Maquillaba y retocaba la melena de la niña para que estuviera perfecta.
Discretamente, le pellizcaba los pezones para que estuvieran erectos para la siguiente foto.
- ¿Puedo pasar?-
Jessy estaba bajo el dintel de mi baño.
Había entrado a través de la puerta que unía mi habitación con la suya.
Ni que decir tiene que yo ya me había empezado a masturbar.
Escondí mi verga lo más rápido que pude.
- Tranquilo tonto- me dijo riendo- ¿A qué crees que vengo?
La miré a la cara.
Tenía el pelo recogido en dos coletitas y esa mirada felina.
Vestía un camisoncito rosa de una pieza juvenil y transparente.
Miró a la pantalla con desdén.
- ¡Cómo no! Sandra Orlow, la puta rusa- dijo dirigiéndose a mí.- es la favorita de papá. Bueno, siempre después de mí, claro.
- Esta peli es una verdadera mierda, no tiene trama alguna -prosiguió, bajándome los pantalones. -No es nuestra.
Si la hubiésemos rodado nosotros no habría pasado lo que pasó.
La enculan bien pero el tío que le mete la polla por la boca se corre enseguida y el del coño lo hace a destiempo, luego no se le vuelve a poner dura por mucho que lo intenta.
El paisaje es bonito con la cascada de fondo y esto. Ella es buena, lo reconozco, pero es que esos tíos no valen nada. Hasta se ve a la madre mamándosela al cabrón ese para que siga follando a su niña pero no hay manera.
Es muy buena posando, pero en la cama no vale nada. Bien con los hombres, porque os conformáis con cualquier cosa pero con las tías, una mierda, que he probado ese coñito muchas veces.
La miré extasiado al ver cómo sin más preámbulo, engullía mi verga.
Se había transformado de nuevo.
Normalmente suelo protestar cuando me cuentan la trama de una película, pero en este caso hacía que uno quisiera verla con mayor interés si cabe.
Al notar mi excitación me dijo
- Perdona, perdona. Olvidé la pastilla.
Y salió corriendo hacia su cuarto.
Seguramente sería un método anticonceptivo.
En la pantalla, la castaña ya había alzado el top y dejaba ver ese par de deliciosas tetitas.
De espaldas comenzaba a bajarse el pantaloncito blanco contoneando el trasero pícaramente delante de la cámara.
Sabía cuáles eran sus armas y sabía cómo utilizarlas.
Jessy volvió a mi estancia con una pastilla y un vaso de agua.
- ¿Para mi?- le dije.
- Por cortesía de Larsson Pharma.
- ¿Qué es?
- Es un secreto, pero te diré que creo que no es la primera que te tomas.
En efecto, recordé la noche con Marie.
- Es una especie de retardarte, ¿Verdad?- le dije- hace que permanezcas erecto bastante rato sin que uno se corra.
- Es que no quiero que te quedes a medias la primera vez.
Se nota que me tienes ganas y quiero que disfrutes al máximo de mí. Relájate y haz con mi cuerpo lo que te apetezca.
Haré todo lo que me pidas.- me dijo con carita de niña buena.
Yo quería jugar fuerte y ver que pasaba, quería ver dónde estaba el límite.
- Quiero mearte.
- ¡Empezamos fuerte! –rió – Eres igual que tu padre. ¿Sabes? Él me pidió lo mismo. Vamos al baño. No olvides el vaso. Seguro que quieres que lo use.
De camino miré de reojo a la tele.
Sandra mamaba dos pollas enormes mientras un tercero le comía el culo.
En el cuarto de baño también había un televisor enorme.
En la pantalla uno de los tipos ya se había corrido en la carita de Sandra.
Pero ahora tenía que concentrarme en lo mío.
- ¿Cómo lo hago?- pregunté ingenuamente cuanto estuvimos dentro de la bañera.
- ¿Quieres que te enseñe a mear? –Me dijo en tono de broma – yo me arrodillo, abro la boca y tu puedes mearme donde quieras, fuera, dentro, por el cuerpo… donde desees…sin problemas… me lo trago todo.
Luego nos bañamos y seguimos jugando. Es fácil.
Arrodillada y dispuesta, tal y como había dicho abrió la boca y los ojos. El orín escuece pero la habían entrenado para aguantar esto.
Esto y mucho más.
Introduje mi pene en su boquita de fresa, que permaneció todo lo abierta que pudo.
Me concentré.
Como había dicho el payaso, es difícil mear con la polla dura.
La pequeña sostenía el vaso un palmo por debajo de su barbilla, para recoger en lo posible el líquido derramado.
Eso no se lo había pedido yo, pero me pareció un detalle estupendo.
A pesar de las ganas de mear que tenía, se me ocurrió una idea.
Me concentré en mi cuerpo y comencé a mear muy despacio.
Ella no pareció sorprenderse.
Rellene aquella boquita de meado y retire mi pene de su interior.
Con todo el dolor del mundo, corté la meada para no desperdiciar nada.
Ella aguantó la postura, estaba aguardando la orden clavando en mis ojos los suyos.
La pose me recordó a su tía.
Tampoco era este un mal fondo de escritorio.
- ¡Traga, puta!
Y tragó. Apenas derramó nada. Ni siquiera tosió. Hasta lo paladeó con la lengua.
- Salada, es normal –dijo. Y volvió a abrir la boca esperando más.
Y lo tuvo.
Vaya que si lo tuvo.
No pude contenerme.
Apunté a sabiendas fuera de la boca y mi chorro chocó contra su pómulo derecho, salpicando todo.
Dirigí mi fuente de nuevo a la boca, al cuerpo, al pelo.
La meé completamente.
Quería más. Estaba desbocado.
La agarré de las coletitas y le inserté el rabo hasta la garganta.
- ¡Traga, puta!- le volví a decir. Noté como la punta de mi verga traspasaba la frontera sin dificultad.
Me meé directamente en su estómago.
Y ella, una niña de trece años, de apariencia externa virginal y pura, en lugar de negarse o protestar, recogía los restos de orina en un vaso como si le fuese la vida en ello.
Sobreexcitado, con la respiración a mil y muy nervioso no pensaba. Simplemente satisfacía mis instintos animales.
Jessi de rodillas me miraba completamente empapada.
El camisón mojado era totalmente transparente y se pegaba a su cuerpecito como un guante.
Parecía cómoda, controlaba la situación. Movió un poco el vaso como esperando la orden.
- ¿Qué nota tienes en esto?- le pregunté entrecortadamente
- Matrícula de honor- contestó sonriente- como en todo lo demás.
- ¡Bebe, puta hija de puta!
Y lo volvió a hacer. Apuró el vaso hasta el final.
Me percaté en ese instante de que la bañera tenía el tapón de desagüe colocado.
Jessy, sin duda se había encargado de ello.
Se puso a cuatro patas y me miró suplicante, sacando la lengua.
- ¡Lame, puta!
Y comenzó a lamer los restos de orina de la bañera.
Ofrecía a mi vista su redondo culo y su lampiño coñito.
Aproximé el pié y con cuidado de que no se hiciese daño la empuje con delicadeza.
Ella pareció comprender.
Quería ver como se remojaba en el poco líquido que quedaba.
- ¡Date la vuelta, princesa!
Tirada en el jacuzzi, con las piernas abiertas, mostrando su meado sexo adivinó lo que yo deseaba.
Volvió a abrir la boca.
Me hubiese gustado practicar la puntería, estoy seguro que eso es lo que ella mas deseaba, pero estaba seco.
Me limité a raspar una flema de mi garganta y le solté un enorme escupitajo verdoso que se estampó en su cara.
Sin ni siquiera pedirlo lo recogió con sus deditos y lo introdujo en su boca golosa.
- ¡Delicioso!- dijo.
Continuará....
Capítulo 15
- ¿Me prestas tu cepillo de dientes, verdad?
Era una pregunta retórica porque ya lo estaba usando. Después del primer envite, una tregua. Estábamos los dos tomando un estupendo baño de burbujas.
Yo lavaba su cabellera con champú colocado a su espalda.
En la tele, Sandra y sus secuaces, a lo suyo. Solo dos de los machos seguían el ritmo, el otro había desaparecido.
- No hay mal que por bien no venga. –pensé
El plano era buenísimo.
La Orlow ofrecía al espectador su coño y culo profanados al unísono.
Mientras tanto, fijaba su vista al objetivo sonriente, sin rastro de dolor alguno. Sus pecosas mejillas y dientes blancos destacaban en su rostro.
El trío paraba la acción para que el fotógrafo inmortalizase cada pose. Era el fotógrafo el que dirigía la sesión.
El vídeo era solo una especie de making off.
En un momento dado acaricié el costado de Jessy. La niña se estremeció.
- Eso no, por favor, tengo muchas cosquillas.
Aquí mejor- dirigió mis manos a sus tetitas- Ves lo que te decía, aquí se jode todo.
En efecto la acción de la película cesado cambiado.
Volvieron a aparecer en escena los maquilladores y resto de personal de fotografía. Había un problema. El tío de debajo no había podido contenerse y se había corrido dentro sin avisar.
Jessy continuó atropelladamente.
- Ves, el cabrón la ha cagado, al menos debe haber dos pollas que se corran al mismo tiempo.
Generalmente en la cara, sobre todo en la cara de Sandra.
Es bastante conocida ¿Sabes? Eso da más morbo. Mira ahora viene lo de su madre. Esa sí que es buena en la cama. Le diré a papi que te deje el disco. Es una zorra de cuidado. Le metí de todo… bueno, ya lo verás otro día.
En efecto, tal y como me había adelantado, la mamá mamaba de lo lindo aquel rabo flácido. Se empleaba a fondo pero no había manera. Estaba seco. De haber quedado algo dentro, aquella morena lo hubiese sacado.
Sandra miraba enfadada, con esa nariz respingona. Ella era una profesional y le gustaba trabajar con profesionales.
Se veía al fotógrafo nervioso, en lugar de buscar una solución era parte del problema. La madre tomó cartas en el asunto. Agarró de la mano al ayudante del fotógrafo, le bajó los pantalones y comenzó a comerle también el rabo. El tío no se había visto en otra igual en su vida.
- ¡Menuda chapuza!- dijo Jessy apretando mis manos para que estrujase con más fuerza sus tetas –verás como canta mucho. En tío no es que la tenga pequeña pero es que el otro parece un caballo y el cambio se nota mucho.
Efectivamente, Sandra señaló el pene del ayudante visiblemente enfadada.
Hasta daba unos pequeños saltitos de rabia. Sus tetas se movían deliciosas cuando lo hacía.
Cuando el tipo estuvo listo, todos se colocaron en posición. Sandra miraba viciosa al objetivo sin rastro de ira alguna y con gesto de deseo. A su lado dos desiguales penes se preparaban para la descarga.
- Eso sí que lo hace de puta madre. ¿Has visto su cara? Es una modelo de primera. Ni rastro de rabia por lo de antes. Sólo vicio.
Los rabos lanzaron su lefa a borbotones contra la cara y boca de Sandra, le la recibió sin ni siquiera cerrar los ojos. Incluso se vio como un poco de semen caía directamente a sus pupilas pero ni se inmutó
- Eso también es difícil. Y lo hace sin haber estudiado ninguna de nuestras academias, lo que le da mucho mérito. Es una autodidacta o como se diga eso. Bueno… eso no es del todo cierto…le enseño uno de los nuestros…
La película había concluido con un primer plano de Sandra con el rostro cubierto de semen.
- ¡Vamos a la cama! –dijo saliendo de la bañera y ofreciéndome la mano –como te veo interesado te contaré la historia de Sandra Orlow, la reina de Internet.
Sentados sobre la cama, le secaba el pelo con una toalla. Jessy no paraba de hablar. Estoy seguro de que lo que más le costaba controlar en público era su boca. En privado hablaba por los codos siempre y cuando claro está, no tuviese la boca ocupada con algo… o alguien.
- Bueno, en realidad es la historia de un Buscador.
- Qué es un Buscador.
Para que te hagas una idea, tu padre es un Buscador, aunque tu padre es en realidad un Buscador de Buscadores. Papa dice que es el mejor Buscador que tenemos. ¿Qué hace un buscador? Pues buscar, claro.
Buscan, como dice mi padre, carne fresca. Te diré que resumiendo para La Organización hay dos tipos de carne, no son niños o niñas, no se trata del sexo que tengan, se trata de las cualidades de cada uno.
La Búsqueda es un proceso de selección, de selección tanto del niño como del entorno en el que este se mueve. Papa dice que está coordinado por los mejores expertos del mundo.
No sé.
Por ejemplo, no me preguntes cómo lo hacen pero papi dice que siempre aciertan, encuentran a un niño de mi edad con detalles de marica, ya sabes, siempre está con niñas, juega con muñecas, etcétera.
Sin embargo, si su entorno no es el adecuado jamás intentarán nada con él. El Buscador podría ser descubierto y entonces tendríamos un problema, menor, pero problema. En fin, como te decía hay dos tipos de carne, y cada una tiene un trato diferente.
Se tumbó boca abajo, me miró suplicante de reojo, abrió el culo en pompa y dijo con cara de niña buena.
- ¡Rómpeme el culito! Por favor. Cuando follo con chicos, es lo que más me gusta, que me la metan por detrás.
- Pero… -balbuceé. Recordé por un instante que esa frase o algo parecido me eran familiares.
- ¡Obedece joder!- gritó con rostro furioso- o te tengo que enseñar mi fichita dorada.
Discreción y obediencia.
Obedecí.
Después supe que Jessy era la única adolescente de La Organización con tan preciado objeto.
Los adultos ordenan, los niños obedecen, menos con Jessy.
Ventajas de ser la hija del jefe. No obstante, era un detalle sin importancia. En su caso los adultos pedían lo que fuera y ella accedía siempre..
- ¡Estás tonto! –Pensé -¿No es eso lo que más deseas en el mundo?
- Bien sigamos. ¿Por dónde iba? ¡Ah, sí! Los tipos de carne.
Prosiguió sin alterarse lo más mínimo.
Tenía ensartado mi pene y hablaba atropelladamente como si nada.
Acostumbrada al miembro de su padre, el mío la dejaba a medias.
Comencé un movimiento lento, sin prisa. Disfrutando, como diría Eve, disfrutando del momento. El juvenil agujerito apretaba mi rabo como nunca antes.
Ni Marié ni mucho menos Teresa se podían comparar. A Teresita había que emborracharla primero y sólo entonces accedía a ser penetrada por aquel agujero. Afortunadamente para mí le gustaba beber demasiado cada fin de semana.
Jessy controlaba a su antojo el esfínter. Lo abría cuando yo entraba y lo cerraba cuando salía como si de su boca se tratase. Recordé sus propias palabras.
- En todo lo demás, Matrícula de Honor -me había dicho.
La pastillita era estupenda. Aguantaba sin problemas
- Como te decía, hay dos tipos de carne, la carne blanca y la carne roja.
La carne blanca son los modelos infantiles o juveniles.
Todo legal.
Estrictamente legal según la legislación del país de origen.
Poses sexis pero sin mostrar nada, pezones duros pero cubiertos, ropa ajustada pero en su sitio. Vestidos bonitos, maquillaje, mucha risa y poco más. Agencias de modelos, publicidad en televisión, revistas de ropa, complementos y esas chorradas… Los padres están encantados de que sus niñas salgan en el catálogo de tal o cual marca…
Están constantemente con ellas, o ellos, para que nada les pase… nadie les toque…ninguna foto sea demasiado fuerte…algo transparente quizás pero sin mostrar nada.
Aburrido pero papi dice que tiene que ser así.
Prosiguió hablando ofreciéndome el cuello para que lo chupase.
- Y luego está la carne roja.
Suelen provenir de hogares con problemas, padres divorciados, pocos recursos, orfanatos, hogares de acogida, zonas reprimidas.
Asia, África, Europa del Este, Sudamérica.
A veces son los padres o familiares los que abusan de ellos y cuelgan sus fotos en Internet. Venden literalmente a sus niñas por cuatro euros y no les importa. La Organización selecciona los niños que son más apetecibles o con mayor potencial. Los acoge e interna en nuestra red de colegios. Les mantiene, cuida y les da una educación, una vida, un futuro…sin golpes, gritos, malos tratos ni nada parecido.
Sé lo que digo porque yo voy a uno.
Todo eso a cambio, básicamente de dos cosas. Ya sabes, Discreción y Obediencia. Los mejores de las clases son seleccionados por La Organización para sus convenciones.
Se sacó el pene de sus entrañas, lo chupó con maestría sin importarle el sabor a mierda, se puso encima de mí, abrió de nuevo las piernas y se lo clavó por delante.
Sin dejar de cabalgar pausadamente continuó.
- Sigo.
Hay una Norma que no se puede infringir por tema de seguridad.
La carne blanca es siempre carne blanca. En cada zona del mundo hay un Buscador que busca carne de cualquier tipo pero jamás sin mezclarla.
Pero hay lugares que como hay tanta carne, es difícil confundirla.
Donde más hay sin duda es en Rusia y Ucrania. Hay uno en cada ciudad importante. O varios. Los buscadores de carne blanca suelen dirigir agencias publicitarias o algo parecido.
Retorció mis pezones.
- Hace unos años había un Buscador en Kiev. Papi me contó que era bueno, pero es que según él en ese lugar cualquiera hubiera sido bueno.
La pobreza, la corrupción, las leyes y todo eso hacía que en la cola de la agencia estuviese siempre llena de lolitas de bonitos cuerpos acompañadas de madres desesperadas.
La ley ucraniana permitía el desnudo “artístico” de niños y niñas…
¡Espera, te lo enseñaré!
Se fue corriendo a su habitación, dejándome empalmado y volvió con un pequeño ordenador portátil.
- ¡Tranquilo este es supe seguro!- me dijo entrando en una página web.
No me cabía la menor duda de ello.
Desfilaron ante mí una legión de jovencitas disfrazadas de mil formas distintas, piratas, deportistas, fantasía, animales, etc.
Series de luminosas fotos, cuidada composición, vivos colores.
Entró en una galería cualquiera y apareció una bonita jovencita vestida con un vestido colonial. Poco a poco la joven iba quitándose la ropa de manera sensual.
Mostraba sus genitales más o menos disimuladamente y la cámara se recreaba en los mismos. Todo muy sensual, rozando la delgada frontera entre el erotismo y la pornografía.
En la última foto, la jovencita lanzaba un beso al aire a la cámara con las piernas abiertas. Podía distinguirse sin esfuerzo el clítoris y sus labios vaginales.
- Esta es mi favorita –me dijo mientras entraba en otra galería –y creo que la de aquel Buscador también.
En ella aparecía una jovencita rubia muy maquillada vestida de colegiala, con una mochila a la espalda. El fotógrafo era muy bueno y sacaba de ella en cada foto la zorrita que llevaba dentro.
No llevaba ni diez fotos y ya estaba en pelotas, en poses claramente pornográficas. La boca siempre abierta, la mirada fija a la cámara y planos cortos de todo el cuerpo.
Estaba algo flacucha y tenía poco pecho pero devoraba a la cámara en cada pose.
- ¡Mira esta foto! –Dijo Jessy excitada –seguro que le habían metido algo antes para ensancharle el ojete.
En la pantalla, la ricura posaba a gatas, ofreciendo al espectador una magnífica panorámica de su trasero y al fondo su carita de viciosa.
En efecto, se veía claramente el ano totalmente dilatado.
- ¡Qué salida es! ¡Esa hija de puta es una zorra de cuidado! Casi todas las demás son unas monjitas pudorosas que hacen esto porque a mami o papi les hace falta el dinero.
A esta además de eso, le gusta de verdad. Ojala pudiese tirármela. Estas fotos son de hace algunos años. Papi dirá lo que quiera, pero sus expertos la cagaron con ella.
Carne blanca, carne blanca. ¡Con la cara de vicio que tiene!. Ya verás.
Buscó esta vez en el disco duro del ordenador.
- Las mejores chicas eran elegidas para hacer películas de larga duración.
Unían a algunas en un mismo vídeo con diferentes escenas a cual mas caliente.
Llamaron a estas series las Issues, Issue uno, Issue dos, etcétera.
A esta cachonda la emparejaron con otra tía algo mayor, unos quince, bastante bonita, también rubia y con mas curvas.
La mayor era más experta pero la pequeña aprendió rápido.
Verás.
Colocó el ordenador en el suelo, me indicó que me tumbara en la cama boca abajo para ver mejor.
En efecto en las primeras escenas aparecían las chicas bailando sobre unos sofás. A la pequeña se le veía perdida pero imitaba con mayor o menor acierto lo que la quinceañera hacía.
Comenzaron a desnudarse la una a la otra y se tocaban, pero nunca en ninguna zona comprometida.
- ¿Qué haces? ¿No hagas eso? No soy marica –le dije. Había notado que su pequeña lenguita se recreaba en la entrada de mi culo.
- Cállate y mira lo de las fresas, es casi lo mejor. Me corro cada vez que lo veo. Abre tu mente –rió –y relaja tu culo.
Le dejé hacer. Su maestría acabó con mi prejuicio inicial. Era agradable.
Le hice caso.
Había comprobado que cada vez que obedecía a Jessy, mi cuerpo disfrutaba como un enano.
Me centré en la pantalla.
Como me había adelantado Jessy, las lolitas de la pantalla estaban en una cocina. Jugueteaban con unas fuentes repletas de fresas.
Es obvio decir que ambas estaban completamente desnudas. Los recipientes estaban estratégicamente situados entre sus piernas, la cámara se centraba en ellos y cómo no, en los conejitos de las niñas.
Las dos chicas rezumaban erotismo pero es que la pequeña estaba desatada.
Rozaba con las frutas sus pezoncitos y las lamía.
Después se las comía con avidez. En otra ocasión ofrecía la fruta a la mayor que se dejaba hacer. Las fresitas entraban y salían de las bocas de ellas simulando claramente una felación. Otras veces acercaba la fruta a su coñito. Hubiera jurado que en alguna ocasión se rozó el clítoris pero de ser así, el movimiento era tan sutil que nunca se podría estar seguro.
El director de la escena era un genio, un verdadero artista. Se colocó la cámara a la espalda de la pequeña rubia, que giró la cabeza para mostrar su rostro angelical. La cría movía el brazo como si se estuviese masturbando con la fresa, pero sin mostrarlo al objetivo.
Al hacerlo mantenía cerrados los ojos de gusto. Después mostró el vegetal despanzurrado en su mano y se lo ofreció a su compañera mayor para que lo comiese.
Esta lo tragó todo sin prisa ninguna.
Seguidamente la pequeña se abrió de piernas y mostró su vaginita rodeada de restos de la afortunada fruta.
Los siguientes diez minutos fueron una sucesión de fresas espachurradas en cuerpos juveniles que eran lamidas por lenguas inquietas.
Sólo por cuestión legal, los pechos y los genitales permanecieron sin su ración de lengua. Dudo que, una vez concluida la escena, ambas pervertidas no hubiesen devorado la una a la otra esos prohibidos lugares.
Continuará....
Capítulo 16
¡Ya te lo dije! La mayor está más buena, pero es que la otra está salida, salida perdida. – Jessy ya tenía dos de sus deditos en mi interior.
- ¿Y esto dices que es legal en Ucrania? –le dije sin importarme el ser profanado
- Era.
Ahora papi dice que la cosa está más jodida. Pero como todo en la vida, sólo es cuestión de dinero.
No te pierdas lo de ahora...la hora del baño.
Me centré de nuevo en la imagen. Las jovencitas se metieron en el interior de una bañera bastante grande. Se hacían cosquillas y no dejaban de reír.
Tenían los cuerpos brillantes de sus “ataques lingüísticos”.
La mayor tomó la ducha extensible y se limpió todo el cuerpo.
Sensualmente, ayudada por una esponja, extendió espuma blanca por su delicada piel y por la de su compañera.
De repente apuntó al rostro de la pequeña con el chorro. Esta abrió su boca pero se atragantó.
El operario se partía de risa. La pequeña se sintió humillada e intentó arrebatar la ducha.
Tras un alegre forcejeo se la quitó. La jovencita era menos sutil y disparó a su oponente sin medida hasta que el cámara intervino con un lenguaje que no entendí.
Eso no era lo que el espectador quería. El espectador quería ver coños húmedos. Y la menuda eso es lo que enseñó.
Se abrió de piernas sentada en el fondo de la bañera. Y mostró su pequeño tesoro mojado por el agua.
En ese momento su compañera, cerró la ducha y abrió el grifo.
El chorro de agua caía furioso directamente a su vaginita abierta, ella se contoneaba para darse más gusto.
Su cara reflejaba un placer infinito.
- Ahora vengo. Tengo que hacerte una proposición indecente –Jessy se acercó a la puerta que unía mi habitación con la de sus padres.
Sin más empujó la puerta que se abrió para el otro lado.
Estaba abierta. Siempre había estado abierta y yo casi me había destrozado los tobillos saltando la verja.
- Volvió con un pequeño consolador sujeto por un arnés en una mano y un DVD en la otra –me miró tiernamente, suplicante –por favor déjame jugar contigo, no te arrepentirás.
- ¿Qué es eso? –inquirí.
- Un consolador diminuto, ¿No lo ves?
- Eso no, que no soy tonto. Lo otro. La película.
- ¿Te pica la curiosidad, eh?.
Es una película prohibida. Verás, en Ucrania y en cualquier sitio del mundo, para llegara a ser cualquier modelo algo famoso hay que ganárselo.
Las y los modelos juveniles no son, ni mucho menos, una excepción, todos deben ofrecer algo a los caza talentos. No vale con ser una niña mona, hay que poner el culo si quieres llegar a ser alguien en ese mundo. Como te pasa a ti, si quieres ver la peli, deberás poner el culito.
- Eso es una leyenda urbana.
- Si tú lo dices.
Lo que tengo aquí es una grabación de la primera entrevista entre el Buscador, la zorrita rusa y su mamita. No se oye, pero no hace falta. Vale la pena, te lo aseguro.
Tenía la sangre en el rabo. Sin pensar en las consecuencias dije
- ¡Ponla!
- ¡Bieeennn! –me dijo, estampándome un beso en los labios. –no te vas a arrepentir, te lo aseguro.
Mientras ella lubricaba con saliva el aparato de tortura, observé impaciente lo que pasaba ante mí.
Era una especie de cámara oculta.
En un despacho elegante y grande entran la rubita en cuestión acompañada por una mujerona bastante gorda, con ropa vieja pero limpia.
La niña vestía minifalda de vuelo azul, top de tirantes a juego y zapatos con calcetines blancos.
Muy mona.
Después del saludo protocolario y un par de minutos de conversación la niña se levantó del asiento y dio un par de vueltas, algo nerviosa. Se volvió a sentar sin mas.
Sin dejar de hablar con su interlocutor la madre abrió las piernas de su hija, apoyándolas en los brazos del sillón. De esta manera, mostraba al hombre las braguitas blancas de su retoño.
Sin vacilación alguna, apartó la delicada tela hacia un lado, mostrando la mercancía como si se tratase de una vendedora ambulante. A la niña se le habían pasado los nervios y se le veía relajada.
Se veía que no era la primera entrevista de ese tipo que hacía. El hombre, sin pudor ninguno, se acercó y sin cortarse lo más mínimo, acarició a la pequeña en sus intimidades.
Le dijo algo y ella asintió sonriente. Poco a poco la ninfa comenzó a desnudarse.
El hombre se alejó un poco para admirar el espectáculo y la gorda se arrodilló ante él, hurgó en su bragueta y comenzó a mamarlo compulsivamente. Seguramente tenían más entrevistas durante la mañana.
La niña comenzó a masturbarse delante del tipo aquel, con la misma expresión que tenía en el vídeo de las fresas. La madre no era nada atractiva, pero se le notaba experiencia y predisposición.
Cuando la cosa estuvo dura, liberó al miembro viril y ella misma lo guió hacia la entrepierna de su hija. Ayudándose con sus manos, la pequeña se abrió lo que pudo. Sin delicadeza alguna, el se la clavó hasta el mango.
Al principio la putita mordía su mano de dolor, pero pronto su semblante empezó a cambiar cuando su cuerpo se acostumbró al intruso.
Disfrutaba con aquello.
Cambio de postura, el macho quería el culo.
La pequeña decía que no con la cabeza pero su madre le estampó un tortazo en toda la cara y asunto solucionado.
La rubita se puso a cuatro patas sobre el sillón, girando su hermosa cabecita de un lado al otro, en la espera de lo inevitable.
La madre se apiadó de su hija y le comió el ojete para lubricarlo en lo posible. Daba lo mismo, el dolor iba a ser inmenso.
El macho estaba cachondo y reclamó lo que era suyo, apartando a la madre sin contemplaciones.
Introdujo su pene en el dispuesto ano de igual forma que había hecho unos minutos antes por el coño.
Sin piedad. Tenía más entrevistas que hacer por la mañana.
La pequeña se retorcía de dolor pero no se derrumbaba.
Al igual que había pasado antes, al poco tiempo el gesto de dolor se transformó en gusto.
Vicio, vicio es la palabra.
Aquel pequeño rostro resplandecía de puro vicio. Las furiosas envestidas del macho indicaron que había acabado con su faena. Se había corrido dentro del culo, la había rellenado como si de un pavo se tratase. Como yo lo estaba en ese preciso momento.
En efecto mi pequeña putita me tenía ensartado hasta el fondo. Estaba tan absorto en la película que ni siquiera noté cuándo había perdido mi virginidad anal.
Jessy se movía con maestría, como lo hacía todo en cuestión de sexo. Me corrí casi de inmediato.
Mi pequeña se quedó sorprendida y contrariada.
- ¿Ya?. ¿Pero qué haces, bobo? ¡Ahí no! –me empujó para que me apartara de encima de la mancha que había dejado sobre la sábana.
Comenzó a lamer los restos de mi corrida.
- Mi abuelo dice que el semen es sagrado como la sangre de Cristo. No hay que desperdiciarlo.
- ¿Tu abuelo? ¿También te tiras a tu abuelo? – me escandalicé.
- Por supuesto. Papá dice que viste el vídeo.
Era el reverendo de mi comunión.
A mi abuela no, no se deja.
Ella sólo hace postres, como el de mi fiesta de cumpleaños.
Continuará....
Capítulo 17
Más relajados, encima de la cama, Jessy continuó su relato.
Me agarró un pie y alternaba sus frases con lametones a mi dedo gordo. A Teresa también le gustaba hacer eso.
A mí me encantaba
- Como has visto, en ese país en aquel tiempo, la línea que separaba la carne blanca de la roja era muy delgada. El tío cometió errores imperdonables y el Servicio Secreto más todavía.
Verás, lo que acabas de ver estaba y está completamente prohibido. Por supuesto que podía tirarse a las crías. Eso lo hacen todos. Lo que no podía era grabarlo de esa manera. No era seguro. Solamente una vez determinado el tipo de carne puede hacerse. Nunca antes…
- ¿Y Sandra? ¿Qué pasó?. Seguro que era carne blanca y el tipo la trató como roja y la cagó.
- Pero mira que eres tontito, “Pedo” . ¿Pero no ves la cara de puta que tiene? Y con una madre tan salida y divorciada.
Casi sin evaluar, los psicólogos de La Organización hubiesen dicho que era un claro caso de carne roja.
- ¿Pero… entonces?
- Quieres que te lo cuente o me vas a interrumpir todo el rato.
- Sigue, sigue
- Mientras el Buscador estuvo en Ucrania, todo fue viento en popa. Nos hizo ganar mucha pasta.
Lo que pasó es que La Organización decidió trasladarlo a Moscú para intentar exportar el método Ucraniano a Rusia. Y ahí se fastidió todo.
Al principio todo fue bien. La cosa marchaba hasta que un día en un centro comercial le echó el ojo a esa pecosa engreída. Iba de la mano de su madre, tenía aproximadamente ocho años y vestía como una puta. Minifalda de cuero, top ceñido y maquillada hasta las orejas.
Hasta zapatos de tacón llevaba ¿Puede creerlo? ¡A esa edad y con tacones! Las siguió toda la tarde por el comercio y se encaprichó de la niña y de su madre.
Cuando las vio sentadas en un banco pudo comprobar que ninguna de ellas llevaba ropa interior. Eso fue demasiado. Fue un amor a primera vista…de coño.
Averiguó dónde vivían y empezó la caza. El protocolo es claro en estos casos, primero se liga a la madre y luego se tira a la hija. No le llevó mucho conseguir ambas cosas.
El tío tenía buena percha y experiencia sobrada en estos casos. Estuvo un mes recopilando datos acerca de la pareja. En menos de una semana del primer encuentro “casual” con la madre ya tenían una relación mas o menos seria.
Quince días después, madre e hija ya compartían su polla cada noche.
- ¡Joder qué cabrón! ¿Desvirgó a esa niña de ocho años?
- ¡No “Pedito” tontito! – dijo introduciendo el dedo gordo de mi pie por su coñito –de eso ya se había encargado su verdadero padre hacía tiempo.
- ¡Ostia!
- La cuestión es que el tipo lo estaba pasando de vicio… sin que la organización supiese nada de nada. No pasó ni un solo informe. Para nosotros Sandrita la putita no existía.
Creó una red paralela a la nuestra en nuestras propias narices. Ni que decir tiene que se saltó las normas principales de La Organización. Para darla a conocer colgó en varias páginas web fotos de la zorrita, casi todas vestidas pero alguna en pelotas.
Nada porno, solo artística. Baños en el mar, en una pequeña piscina y todo eso. La verdad es que la serie de la niña desnuda encima de una mesa de billar estaba muy bien.
Es muy sexi. La cámara adora a la jodida esa. El tío era ambicioso y sabía que tenía un filón. Pero Rusia no era Ucrania y las autoridades le localizaron y cerraron sus páginas webs.
Como dice papi todos tenemos un precio, así que pagó un porcentaje de pasta a algún jefazo avaricioso y consiguió reabrir sus webs. A partir de entonces para los usuarios normales de la red sólo aparecerían fotos sugerentes pero totalmente legales.
Para algunos pocos privilegiados la niña ofrecía sus servicios personales.
Sus fotos y películas pornográficas eran exclusivamente por encargo y lejos del común de los mortales. Para que te hagas una idea, por una peli suya tirándose a un perro a los diez años se llegó a pagar casi un millón de dólares…
- ¡Jodeeer! ¡No fastidies!
- Si pequeño, si- rió mientras agarraba mi polla de nuevo – en este mundillo eso es calderilla.
La cosa es que hace un año aproximadamente La Organización se enteró del tema.
Conocían perfectamente a Sandrita pero cuando constataron que era nuestro propio Buscador quien se enriquecía con la entrepierna de la zorrita el Servicio Secreto tomó cartas en el asunto.
Desde entonces Sandra Orlow y su culito trabajan para nosotros en exclusiva.
Concluyó la frase al tiempo que introducía mi pene por primera vez en aquel deseado coñito.
- ¿Y el buscador?- inquirí con un hilito de voz.
- No hagas preguntas cuya respuesta no quieras conocer, hijo –dijo Tom desde mi espalda.
Eve y Tom habían entrado en la habitación desde la suya. Di un respingo con Jessy todavía cabalgando encima de mí.
Todavía no me había acostumbrado a que unos padres me descubriesen follandome a su retoño adolescente y lo viesen como la cosa más natural del mundo.
- Niños, sois insaciables –dijo Eve –casi es la hora de cenar.
- ¡Venga mujer! -intervino el padre – ya sabes el dicho, si no puedes con ellos, únete.
Y diciendo esto comenzó a desnudar a su esposa.
- ¡ Bieeen! –gritó Jessy –orgía, orgía, orgía
Una vez desnudos, el macho dominante reclamó el territorio. Alzó con sus manazas a su hija.
Quería sodomizarla.
Jessy lanzó un gruñidito de desaprobación cuando mi pene salió de su cueva.
A los pocos minutos ronroneaba como una gata en celo con el miembro de su padre ensartado en su trasero.
Por mi parte, mi falo permaneció poco tiempo inactivo ya que Eve ocupó el puesto de su niña inmediatamente. Era fantástica.
Menuda familia de hembras calientes.
Probamos varias posturas a cual más placentera. Me corrí como un mandril en su apretado coño. Le cabría hasta un puño pero me estrujaba el nabo como un exprimidor.
En cuanto a Jessy mamaba la polla de su padre sin perder de vista como su madre y yo nos lo montábamos. En un momento dado, Eve me tiró de la mano para que nos acercásemos a la otra pareja.
- Jessy, cielo, enséñale cómo se hace.
No protesté ni me resistí.
En otro momento ni siquiera se me hubiera pasado por la cabeza tocar a otro hombre y, ni mucho menos comerle el rabo pero hasta ahora el obedecer me había proporcionado mucho placer.
Como decía Eve, en este mundo hay que probarlo todo.
- Mira se hace así, primero se lame un poquito la punta y luego se mete dentro poco a poco.
Ten cuidado, si es la primera vez es normal que te atragantes.
Cierra los labios, sólo los labios, sin morder y succiona para adentro.
Primero haz el movimiento despacito, cuando mames un rato, te saldrá de manera natural.
¡Ya verás que divertido! –me dijo la pequeña, dándome una lección magistral.
Toma ahora tú.
Acercó el enorme pene hacia mi cara. Al principio me resistí un poco pero Eve, tiernamente, empujó mi cabeza diciendo con dulzura:
- Ábrela pequeño.
Demuestra de lo que estás hecho.
Tu padre es un experto. Seguro que lo haces muy bien.
Lo hice.
Comí, nunca mejor dicho del fruto prohibido.
Despacio, según me habían aconsejado pero sin vacilar.
Era menos desagradable de lo que me hubiese imaginado.
No me disgustaba el sabor.
Thomas había tenido la deferencia de bañarse antes de iniciar el juego.
No era la primera vez que probaba el semen.
A Teresa le gustaba que me corriese en su boca y una vez, en plena lujuria de sexo y alcohol me dio a probar mi propio líquido.
Me picó diciendo que no tenía huevos de tragarlo, que se jugaba su culo a que no era capaz.
Le rompí el culo hasta la empuñadura como nunca antes lo había hecho ni nunca lo volví a hacer.
- ¡Mira como la chupa el hijo de puta! ¿Qué pensaría Teresita si te viese?
Con lo zorra que es seguro que se apuntaba a la fiesta. – dijo Eve entre risas.
- ¡Sonríe al pajarito! –exclamó Jessy con una cámara de fotos.
Esto me alteró, una cosa era que hiciese de todo en privado, pero no estaba dispuesto a aparecer en alguna página web tragando nabo.
Involuntariamente mordí un poco a Thomas en su preciado aparato.
- ¡Eeeeeeeh! ¡Cuidado “Pedito”! –gritó medio en broma medio en serio –no me vayas a desgraciar.
Esto es material sensible.
Deberías saberlo, pequeño. Jessy, mi vida, apaga ese trasto.
El chaval no está preparado aún.
Pídele perdón y compénsale, cielo.
- Si Papi, discúlpame Pedro, no volveré a hacerlo – dijo con carita de no haber roto un plato.
Y acto seguido se dispuso a mamar mi polla con una maestría inigualable.
Con semejante acto de constricción quién no perdonaría cualquier pecado.
Por su parte Eve lamía mi ano, lubricándolo e introduciendo en él poco a poco una ristra de bolitas chinas.
La dejé hacer, quería mamar más a Tom, me estaba gustando demasiado como para dejarlo.
Para la mayoría de los hombres y mujeres disfrutar de los placeres anales es un tema tabú.
No obstante, si se encuentra al profesor o profesora adecuado como era aquel caso, puedo asegurar que hay pocas cosas comparables en el mundo.
Cuando la mamá comenzó a sacar de mi interior la ristra de perlas le di a la niña una ración de mi leche en la boquita.
- Perfecto hijo mio. – Dijo Tom acariciando mi pelo – lo estás haciendo muy bien.
De casta le viene al galgo. Prepárate para tu Primera Comunión.
No entendí el doble sentido de la frase y el cabrón eyaculó sin mas en mi boca.
Me atraganté de tanto que me dio tos. Me salió la hasta lefa por la nariz.
Me entró una terrible arcada pero aguanté y, a diferencia de la pelirroja del bar, no vomité.
Manaba el semen a borbotones por mi boca pero tragué todo lo que pude.
- Enhorabuena Pedro. -Eve me dio un beso con lengua.
Tanto ella como su hija limpiaron de mi cuerpo los restos de néctar paterno que en él había.
- Lo has hecho muy bien – dijo Jessy abrazándome efusivamente.
- Bien hecho hijo. – comentó el padre estirándome de la mejilla en gesto cariñoso.
Todos me besaron tiernamente.
- Esto lo dejaremos para otro día. – Dijo Tom dándome una palmada en el trasero.
- ¡Jo, papi…- protestó la pequeña ninfómana
- Dejemos descansar a Pedro – intervino Eve- creo que ya ha tenido bastante por hoy.
Sabes que tienes algo que hacer, Jessy. Tendrás que disculparnos.
Hoy no podrás acompañarnos.
Cenamos fuera.
Mañana nos vemos.
- No importa, tomaré un bocado en el restaurante y me tumbaré.
Estoy muerto –dije mirando a la niña. - ¿nunca te cansas de hacerlo?
- No.., bueno sí, mi record son 26 horas seguidas…pero quiero batirlo este verano…a ver si me acerco más al de mami…
- ¿De verdad? No me lo creo…
- No miento, papi, dile que es verdad. – le salió la vena infantil –
Y para que lo sepas, esta noche todavía me queda la sesión de s…
- No seas indiscreta hija mía – Le riñó su padre, sonriendo –que es posible que Pedro nos vuelva a seguir en moto.
Es muy curioso.
Demasiado curioso, diría yo.
Me dedicó una mirada cuando abandonaba la habitación que me quitó las ganas de ni siquiera pensar en repetir mi excursión en ciclomotor.
Continuará....
Capítulo 18
Tal y como había dicho tomé algo en el restaurante.
Apenas cené nada.
Tenía un mal gusto en la garganta del demonio, todo lo que comía me sabía a Tom.
Eso sí, bebí mucho líquido. Debía reponer fluidos en mi cuerpo. Cuando me disponía a volver a mi habitación a ver si Tom me había dejado otra peli interesante, me crucé con Marié.
- Te veo cansado, Pedro – dijo con cara burlona – creo que ya has caído en las garras de la pequeña Jessy.
Es tremenda. ¿Verdad?.
Si de carácter es igual que su padre, en la cama es como su madre.
Una auténtica ninfómana.
Mi cara reflejaba mi cansancio.
Era evidente que Marié había disfrutado de los placeres que su sobrina podía proporcionar.
- Es una pena, había pensado dar contigo un paseo nocturno bajo la luz de la luna por la arena de la playa y contarte la segunda parte de mi historia.
- ¿Cuándo nos vamos? – repliqué al instante.
- ¡Cómo eres! Igual que tu padre – sonrío y sus ojos verdes casi turquesa se clavaron en los míos – le echo en falta ¿sabes?
Estaba claro, a su manera Marié estaba enamorada de papá. No sé qué pensaría La Organización del amor, pero cuando uno está en ese estado, le importa poco lo que piense nadie más que la persona querida.
- Quedamos aquí en media hora, voy a quitarme el uniforme de bibliotecaria y me pondré algo más cómodo.
- ¿Me pongo bañador?
Entre risas, me contestó.
-¡Qué crío eres a veces! No creo que nos bañemos, tontito, pero en el caso de que lo hiciésemos…¿de verdad prefieres que lo haga en traje de baño?
- Ni de coña. –solo de pensar en volver a tocarla me ponía a cien.
Cuando la volví a ver en el mismo sitio, lucía un vestido largo y vaporoso, oscuro pero con estampaciones luminosas. A los laterales de la falda, dos largas rajas mostraban sus bonitas piernas al andar. Me agarró de la mano y nos dirigimos a la playa.
Parecíamos una pareja de enamorados. De camino al mar, nos entretuvimos en los puestos ambulantes que salpicaban el paseo marítimo.
La conversación fue intranscendente, no era cuestión de contar intimidades cerca de oídos indiscretos.
Al llegar a la orilla me dijo, dándome un beso en la mejilla.
- ¿Por dónde íbamos?
- Creo que dejaste vuestra historia viendo una foto de Eve y tú con unos cucuruchos de helado insertados en vuestras pequeñas vulvas.
- Veo que te llamó la atención ¿eh?. Sigo pues.
Al poco tiempo de enviar las fotos, la parroquia recibió una donación anónima muy suculenta.
Con el valor de aquellas veinte fotos, se reparó la torre del campanario.
Era perfecto, todos disfrutábamos de aquello y la comunidad se beneficiaba de nuestra conducta viciosa.
Al poco tiempo, papá volvió a recibir instrucciones.
Le compraban todas nuestras fotos a un valor desorbitado a cambio de la exclusividad absoluta.
Te sonará.
Discreción y Obediencia.
Se acabó lo de abrirse de piernas a los feligreses viciosos y los ejercicios espirituales de los fines de semana.
Podíamos seguir jugando entre nosotros por supuesto, pero con nadie más hasta recibir instrucciones.
La propuesta era irrechazable.
Y no la rechazó.
Con la excusa de una posible intervención policial, fue sencillo espantar a nuestros compañeros de juegos habituales.
Un día a la media noche vino un señor vestido de negro, y se llevó todo el material que teníamos en casa, ordenadores, cámaras, discos, todo… y dejó un equipo de video grabación de última generación, acompañadas de cámaras, un ordenador especial, libros de instrucciones y un número de cuenta a su nombre en las islas caimán con dinero suficiente para retirar a papi de por vida.
Prosiguió
Pero a mi padre no le movía el dinero.
Disfrutaba con aquello.
Quería follarnos y vernos follar con otros.
Le excitaba pensar que otros nos viesen hacer todo tipo de prácticas sexuales. El dinero era la guinda del pastel.
Por el contrario ni siquiera le gustaba ver pornografía en la red. Sólo le excitaba cuando Eve y yo éramos las estrellas de la película.
La Organización no necesitaba películas de niños asustados violados por pederastas. Como esas había en la red a patadas.
La Organización producía y produce películas pornográficas de alta calidad en las que aparecen menores de edad de todas las edades.
Los niños no son víctimas.
Son actores y como tales son tratados.
Se preparan para ello.
Cada uno tiene un límite que La Organización estudia y conoce perfectamente.
No se cuelgan en la red.
No es seguro.
Cada copia es única.
Se proyectan en salas de cine. Salas privadas, pero cines al fin y al cabo.
Cada película tiene un argumento, con presentación, desarrollo y fin de la trama.
Siguen un guión cuidado, hay cambios de cámara, exteriores y todo eso.
Bueno, supongo que ya habrás visto alguna.
Tom guarda una selección de sus preferidas y seguro que te ha dejado alguna. Tienes suerte, visionar una sola vez alguna de estas películas cuesta dinero, mucho dinero.
Lancé un gruñido de afirmación. No quería interrumpirla.
- Como te he dicho, dejaron a mi papa un ordenador especial. Sólo disponía del software para descargar los vídeos y fotografías, que eran encriptados de manera automática.
Tan solo se podía conectar a una página de Internet aparentemente inocua.
Recuerdo el primer día que lo conectó y vio aparecer una página web del cuidado de las plantas de interior.
No se podía conectar a ninguna otra.
Navegó por todas las ventanas que encontró pero no apareció otra cosa que un montón de consejos del cuidado del “ficus” y chorradas por el estilo.
Seguro que se habían equivocado. De haber sabido quién se lo había enviado, lo hubiese devuelto por estropeado.
El señor de negro dijo que debía mirar el ordenador cada día en busca de instrucciones. Mi padre le preguntó en qué página debía entrar pero no le contestó.
- Eve, papá y yo estábamos excitados en espera de instrucciones, incluso a mamá le notábamos inquieta.
En el fondo creo que le gustaba vernos follar como unas zorras.
Nos tenía envidia. Las semanas pasaron pero nada. Mi hermana y yo corríamos cada mañana al ordenador pero sólo veíamos las dichosas plantas.
Teníamos que conformarnos con comernos el coño la una a la otra. Papá no llegaba a satisfacernos.
Lo ordeñábamos todos los días. Un mes después llegó el día esperado.
En lugar de las jodidas flores apareció un mensaje durante algunos segundos. “iglesia sábado 16:00”.
Después, el jodido “ficus” apareció de nuevo.
Eve y yo estuvimos hablando toda la semana. ¿Qué pasaría el sábado por la tarde?
A pesar de que normalmente, los sábados no había oficios y el domingo se celebraba una boda en la parroquia.
Papá había quedado con los novios para ese día para ultimar los preparativos.
Eran una pareja de fuera a los que había gustado la iglesia durante una visita.
Mi papa se alteró mucho.
Pensó que seguramente los de La Organización querían que nos lo montásemos en el templo pero no sabrían lo de la boda del día siguiente.
Lo peor de todo es que no podía avisarles.
El estaba realmente descompuesto.
El día señalado a la hora convenida en el interior de la iglesia esperábamos escondidas Eve y yo.
Nos acompañaba mi madre por si era necesario inventar alguna excusa de nuestra presencia si el futuro matrimonio se presentaba primero.
Mi padre no sabía qué hacer, pensaba que con un poco de suerte los de La Organización apareciesen los primeros y poder así abortar el rodaje de la película porno.
Muy a pesar suyo se presentó primero una joven pareja que se identificó como los futuros esposos, muy educada con un séquito de floristas, decoradores, cámaras y fotógrafos.
A la vista de cualquier curioso eran, simplemente, los preparativos lógicos para la celebración de la boda del día siguiente.
El hombre se dirigió a mi padre.
- Buenas tardes reverendo. ¿Dónde están las niñas? Me muero de ganas de romperles el culito….
Mi padre no entendía nada.
- ¿cómo dice? –contestó como si hubiera entendido mal
- Las niñas, ¿dónde están esas putitas? –le preguntó la mujer.
- Entonces ustedes son…la boda es…
- Por supuesto, buen hombre, ¿cómo quería acaso justificar ante sus feligreses las cámaras, las flores, el decorado y todo esto. Esto no se improvisa.
- Cada cosa a su tiempo y un tiempo para cada cosa. –le interrumpió el futuro “marido”. -¡Música! No quiero que alguien nos oiga desde fuera.
La joven mujer intervino, era la que dirigía el asunto.
- ¿Eve…Marié…dónde estáis?
- ¿Cómo saben sus nombres? –les preguntó papá.
- ¡Aquí están las princesas! –Dijo al vernos acercar sin hacer caso a nuestro progenitor –¡qué guapas sois!
Miró a papá y le dijo
- Tendrá que disculparnos, reverendo, la película trata de un cura católico y una monja que se dedican a follar con sus monaguillas.
Es más morboso que un protestante.
Como verá, hemos traído algún decorado para transformar su templo en una iglesia católica. No se preocupe, mañana no quedará nada y podremos celebrar una preciosa ceremonia.
Nos explicaron los pormenores del guión mientras nos desnudábamos y cubríamos nuestros cuerpos con las vestimentas rojas típicas de los jóvenes ayudantes del cura.
Al ver los pechos de Eve, la mujer no pudo resistirse a devorarlos durante algunos minutos. Yo me moría de pura envidia. A partir de ahí la tarde fue una sucesión de escenas a cual más pornográficas entre el supuesto cura, mi hermanita y yo.
Cuando todo estuvo a punto la directora gritó
- Escena uno “niñas comen rabo a cura y coño a monja”
La escena comenzaba con una celebración de la eucaristía de lo más natural.
Incluso con feligreses y una adolescente de unos dieciséis años que hacía las veces de monja novicia.
Concluida la ceremonia, el cura, la monja y las monaguillas se dirigen a la sacristía.
Al poco de llegar, comienza la acción. Las manos de Eve se perdieron entre la sotana dejando al descubierto el pene más grande que hasta entonces habíamos visto.
Yo no perdía el tiempo y desvestía a la monjita en búsqueda de su entrepierna.
Hasta entonces sólo había probado el coñito de mi hermana y quería nuevas experiencias.
Eve se las veía y deseaba para poder alojar en su boca semejante trozo de carne.
Yo lo tenía más fácil, la monjita estaba muy mojada. Disfruté de aquel suave juguete chupando, mordisqueando y lamiendo todo lo que pude.
Incluso comencé a penetrarla con mis deditos pero la directora me contuvo.
- De momento sólo con la boca, me indicó.
Eve se había acostumbrado a tener la mandíbula casi desencajada y movía frenética su cabecita para dar gusto al macho. Este gemía de gusto a pesar de que no introducía en mi hermana más que la mitad de su aparato.
Pese a su edad, Eve ya tenía mucha experiencia en el tema.
Mi padre podía dar fe de ello. Sin avisar, el cura eyaculo en la boca de mi hermana al grito de
- ¡El cuerpo de Cristo! – como si de una comunión se tratase.
Igual que una profesional, un primer plano mostró a la monaguilla paladeando aquel blanquecino líquido como si fuese el mismo maná.
Por mi parte, la novicia me utilizaba para aliviarse.
Me indicaron que sacase la lengua todo lo que pudiera y me dejase hacer.
Con movimientos pélvicos se frotaba en ella hasta alcanzar un tremendo orgasmo, cuyos restos me obligó a succionar. Sabía delicioso.
- ¡ Corteeeen¡
Toma buena –gritó la directora –niñas, habéis estado estupendas.
Eve, vida mía, no te limpies el semen de la cara. A ver maquillaje, quiero esa cara con más semen.
El segundo cura… ¿dónde estás?... bien…bien
En este punto del relato interrumpí a Marie.
Los dos tumbados en la arena entre unos botes de pescadores, lejos de miradas indiscretas.
- ¿Segundo cura?
- Si “Pedito”, si.
Dos curas.
Eran dos actores de cuerpos casi idénticos, muy diferentes de cara eso sí, pero la cámara apenas enfocaba nunca al rostro de los adultos.
Como ya te he dicho, en estas películas, las estrellas eran y son los niños.
Es imposible que un macho sólo hiciese todo el trabajo aquella tarde. No sólo es follar, sino que hay que correrse como si de una fuente se tratase.
Y eso es difícil. Sólo los profesionales de verdad pueden llegar a hacerlo.
¿Sigo? –me dijo acariciándome por encima de mi bragueta.
Sin esperar contestación prosiguió.
- Marié, cielo, en la siguiente escena sólo aparece Eve. No te enfades, la próxima será para ti. Entre tanto, ves a aliviar a tu padre, que seguro que te lo agradece.
En efecto, papá no había perdido detalle de todo lo ocurrido y se le notaba una erección de caballo.
Quería aliviarse pero le daba apuro hacerlo en público y en su propio templo, pero por nada del mundo se hubiese perdido un segundo de las evoluciones de sus niñas con aquella pareja de pervertidos.
- ¡Hola papi! – me acerqué a el sonriendo –ahora no me toca a mí, Vengo a que me des un rato por el culo. ¿Te apetece?. En esta postura podremos verlo todo los dos.
- ¡Nada me gustaría más en este mundo, mi vida! – dijo desabrochando su pantalón para liberar a su bestia erecta. –por favor, no te desnudes, me gusta la idea romper el culito a una tierna monaguilla.
Me senté entre sus piernas.
Cuando su pene tocó mi esfínter anal recuerdo que me corrí de gusto.
Me ensarté de un golpe como a él le gustaba y el gemido de papi me indicó que el asalto duraría poco.
De esta guisa, observamos las evoluciones de Eve en la segunda escena.
Desnuda, era follada inmisericorde por el párroco sobre el altar mientras comía el coño de la monjita.
A nuestro lado se acercó un hombre de mediana edad, rubio y muy alto, armado con una cámara de vídeo doméstico, que inmortalizaba las evoluciones de papá conmigo.
Con un gesto de su mano me indicó que me desnudase.
Lo hice sin desacoplarme lo más mínimo del miembro paterno.
Desgraciadamente para mí, papi no aguantó más y se corrió en mi culito como era su costumbre.
Apreté todo lo posible para darle más gusto.
Me levanté con las piernas cerradas y ofrecí a la cámara espontánea un primer plano de mi ojete.
Relajé el esfínter y abrí con mis manos los glúteos y salió de mis entrañas el precioso néctar de mi padre.
Seguidamente, recogí lo que pude con mis manitas y me lo tragué todo sin reparo alguno.
Tom y su cámara no perdieron detalle de todo aquello.
Continuará....
Capítulo 19
- ¿Tom?, ¿El de la cámara de vídeo era Thomas? - le dije alucinado.
- Si, “Pedito”, si.
La primera vez que ví a Thomas hace unos veinte años tenía en mis entrañas el pene de mi padre.
No supe hasta un tiempo después de quién se trataba, pero esto es otra historia.
Para mis efectos, en aquel momento era un simple operario de cámara más.
Marie prosiguió viendo mi excitación
- En el instante que me deleitaba con los jugos de papi, el cura se corría sobre el vientre de Eve.
La escena concluía con la monja y el párroco limpiando con sus lenguas su pequeño cuerpecito.
- ¡Corten! – intervino de nuevo la directora.
– Pequeña, eres buena, con esas tetitas llegarás lejos, te lo digo yo.- le dijo acariciándola de nuevo.
- Como ya te he dicho, Pedro, me molestaba un poco que todos ensalzaran el busto de Eve y despreciaran el mío.
Lo cierto es que, visto con la perspectiva de los años, era de lo más natural. Mi fuerte era mi culo y lo demostraría en cuanto pudiese.
Cualquiera de los actores tenía un miembro mucho más grande que cualquiera que me hubiese taladrado antes, pero estaba decidida a no dejarme superar por mi hermana mayor.
Haría lo que fuese para que papá estuviera orgulloso de su pequeño tesoro.
- Niña! - me gritó la directora al ver mi estado -¿quién te ha hecho eso?.
No hay mal que por bien no venga, creo que con este calentamiento previo no tendrás problemas en introducirte una verga más grande.
Maquillaje, limpiadla y volved a vestirla con la casulla. Cariño es tu turno, viene la escena del confesionario.
- Los de escenografía se lo curraban de lo lindo.
Habían construido un confesionario de dimensiones algo mayores a la habitual, para poder desarrollar en su interior una escena de sexo sin estrecheces.
Se trataba de la primera escena en la que había algún diálogo.
Le contaba al cura todo tipo de obscenidades que cometía con mi hermanita y mientras él se masturbaba.
El ambiente se caldeaba hasta que me introducía en el confesionario.
Me desnudó y sin más preámbulos me sodomizó de un golpe mientras yo miraba fijamente a la cámara.
No quería ni pestañear.
Me dolió, me dolió mucho pero la sonrisa no se borró de mi cara en toda la escena.
Acompañaba con mis manos las del animal aquel para que la penetración fuese más profunda. En mis más de doscientas películas, algunos dicen que fue mi mejor escena…
- ¿Doscientas…? – le interrumpí maravillado.
- ¿Te parecen muchas? – se rió de mi inocencia – eso no es nada.
Seguro que mi sobrinita o cualquiera de sus amiguitas llevan muchas más.
Yo comencé tarde.
Lo que oyes, a los once años que tendría para entonces ya eres vieja para empezar. Eso son detalles que no vienen a cuento.
Sigo, el actor aquel no se esperaba esto, creía que no aguantaría, que me rajaría, que me echaría a llorar buscando a mi mamá.
Pero no fue así ni mucho menos.
Lo dejé seco.
Se cuando noté que se iba a correr, saqué el pene y apunté al cámara.
Salpicó hasta el objetivo.
Nadie se esperaba aquello.
La directora estaba encantada.
Todos aplaudieron cuando gritó de nuevo el fin de la toma.
- Princesa, eres increíble –me dio un beso en todos los labios –menudo filón tienes hay detrás.
Cuídalo, es una máquina de follar y, de paso, de hacer dinero.
Mucho dinero.
Notando mi estado de total excitación Marie interrumpió el relato.
- Bueno, creo que lo mejor será que le pidas a Tom la película completa para ver el resto. Tomemos un baño a la luz de la luna y hagamos algo para bajar eso que tienes entre las piernas, que te va a reventar el pantalón.
Otro día te cuento el resto.
Efectivamente, estaba cachondo perdido. Quién no lo estaría en ese momento.
Nos desnudamos sin vergüenza ninguna y de la mano me introdujo en las aguas del mediterráneo. Apenas comenzado junio, la temperatura nocturna del agua era todavía baja, pero la calentura que llevaba en el cuerpo era tremenda.
A Marie también se le notaba alterada. El recuerdo de aquellos primeros años de despertar sexual le excitaba. Nos introdujimos en el agua como dios nos trajo al mundo. Tuvimos que adentrarnos bastante en el mar para poder dar rienda suelta a nuestra pasión.
Había algunos caminantes nocturnos que nos miraban más o menos discretamente con sana envidia.
Era evidente lo que hacíamos pero la noche nos protegía. A diferencia de nuestro primer envite sexual en el bar de lesbianas, fue todo muy bonito y tierno.
Como si se tratase de un par de enamorados cualquiera, nos besamos delicadamente mientras nuestros cuerpos se entrelazaban.
Una vez aliviados, nos vestimos entre juegos y caricias. Estaba amaneciendo.
El tiempo con Marié me pasaba volando.
Estaba enamorado.
Me desperté a la hora del almuerzo del día siguiente. Junto a mi cama había una nota de Tom. Hubiese jurado que la noche anterior no estaba. El Servicio Secreto de Industrias Larsson era increíble.
En la nota el sueco me decía que no nos veríamos en unos días, que aprovechara a descansar y pasarlo bien por mi cuenta.
El fin de semana sería muy interesante, según contaba sin especificar nada más. También me daba permiso para utilizar su cuarto y lo que en él se encontraba a mi disposición, pero debía ser discreto, no podía sacar nada del mismo ni, por supuesto, traer a nadie.
“Nadie”
Esta palabra estaba subrayada para que la tuviese bien en cuenta.
No se me hubiese pasado por la cabeza desobedecer en nada a Thomas Larsson Tercero. Tenía la seguridad de que, por mucho aprecio que sintiese por mi padre y por mí, no dudaría en prescindir de ambos en el caso de que su seguridad se comprometiera.
Por muy tentadora que resultase su oferta, necesitaba aire. Tomar algo de sol, pensar en lo que me estaba pasando y mis sentimientos acerca de Maríe.
También recordaba a Teresa.
Estaba hecho un lío.
Decidí comer fuera, hacer uso de mis privilegios y comprobar por mi mismo el poder que cierto objeto me proporcionaba. Al pasar por el Hall, la Relaciones Públicas estaba ocupada atendiendo a un grupo de japoneses que le disparaban un sinfín de preguntas. No obstante me dedicó una discreta sonrisa. Estaba esplendida, no se le notaba para nada la falta de sueño.
Salí del hotel y tomé un taxi. Ni que decir tiene que conocía de sobra al conductor. Me lo tomé a guasa y le indiqué que me llevase al restaurante más caro del lugar. Era un restaurante de un cocinero famoso, con no sé cuántas estrellas Michelín con una lista de espera de varios meses.
- ¡Con dos cojones, chaval! –Me dijo el mugriento taxista con un palillo casi negro entre los dientes –con chanclas, en bañador, sin reserva y sin tener ni puta idea de las normas de etiqueta.
De no ser por esa dichosa fichita te iban a echar a los perros. Y aún así…
- ¿Cree que me dejarán entrar?
- En otras circunstancias no tocarías ni la puerta, pero quizás si vas con la insignia por delante, puede que tengas alguna posibilidad.
- ¿Usted cree? –le dije un poco preocupado.
- No te quepa duda. Si tienes algún problema. Me lo dices. –me dijo mirándome seriamente.
Desapareció de su cara su expresión socarrona y sus malos modales.
Incluso su acento andaluz era historia. A partir de ese momento, comencé a sospechar que era algo más que un simple taxista. O bien me estaba volviendo paranoico.
Como sintiéndose descubierto, me dijo un tanto nervioso.
- ¡Joder, que no tengo todo el día! ¿Bajas o qué?
Con aquellas pintas, me encaminé a la puerta principal del Restaurante. El aparcacoches me paró. Ni siquiera llegué al portero.
- ¡Eh, tú! ¿Dónde crees que vas? Te has equivocado de sitio, chaval.
El Burguer King está lejos de aquí.
Saqué de mi bolsillo la insignia dorada y se la planté en la cara.
Su expresión altiva cambió al instante. Se puso blanco. No acertó a decir nada más. Supo al instante que la había cagado. Tan solo balbuceaba intentando excusarse.
El portero, con más experiencia, salió en su ayuda.
- Disculpe al joven, Señor. No le había reconocido. Por aquí por favor, su mesa le está esperando.
Me introdujo en una especie de vestidor. Pasó la insignia por el detector como era preceptivo. Como había sospechado, era correcta.
- En un momento estará lista su mesa. No obstante, su vestimenta no es la adecuada, señor. No se preocupe. Si lo desea podemos proporcionarle un traje de su talla….
Estaba decidido a jugar fuerte. Interrumpí su perorata.
- Pues no, no lo deseo. Me siento cómodo así. Creo que almorzaré tal y como voy vestido. No creo que haya el menor inconveniente, ¿no es así?
El portero no se sorprendió lo más mínimo. Se temía la respuesta. Llamó al Maitre y le comentó mis exigencias discretamente.
Negando con la cabeza, no le quedó más remedio que acompañarme a la mesa, entre comensales sorprendidos por mi vestimenta.
Oía como algunos comensales me trataban de identificaban como un cantante juvenil famoso, una joven promesa del fútbol y cosas así.
Me la traía floja. Tenía hambre. No había desayunado y casi eran las tres de la tarde. Me iba a poner tibio a comer. O al menos eso creía yo.
Pedí un vino cualquiera de la carta y dos latas de Coca-Cola.
El Someliere casi se desmaya al ver el preciado caldo convertido en un vulgar Kalimotxo de botellón.
La comida, una mierda. Después de una veintena de platos, tenía más hambre que el perro de un ciego (es una expresión española, que no se me ofenda nadie).
Desde entonces odio la comida de vanguardia. Tanto nitrógeno líquido, tanta espuma, y tanto minimalismo.
Todo pequeño menos el precio. Cuando me sirvieron el último postre deconstruído me sentí a morir.
Mi estómago quería más.
Abandoné el lugar jurando por lo bajo que nunca más me metería en un sitio así. Seguramente lo que pasa es que no está hecha la miel para la boca del asno, pero creo que la nueva cocina es un timo.
A la salida del tugurio aquel, me esperaba mi taxista favorito.
Bueno, en realidad era el único que había conocido a lo largo de mis vacaciones. Resumiendo, cuando vio mi cara, se partió el culo.
- ¿McDonald? – me dijo entre risas.
- Ya estás tardando –le dije indignado –la culpa es tuya. A menudo mierda de sitio me has traído. Lo único que vale la pena es el Kalimotxo con el Vega Sicilia ese…
- ¿Le has puesto Coca-Cola al Vega Sicilia? Joder qué fuerte. –Casi se traga el palillo de la risa –¡con dos cojones! Sé de un estirado al que se le habrá revuelto el estómago. A casi mil euros la botella y vas tú…
- ¡Mil euros! Ostia, yo no lo sabía…- no era cierto, sí que lo sabía.
El estirado novio de mamá era un experto en vinos y se esforzaba inútilmente en enseñarme –
Pero oye
¿Cómo conoces tú al Someliere de un sitio tan elegante?
¿Has comido alguna vez en ese restaurante?
Perdona que te diga pero no te veo a ti con esas pintas en un sitio tan elegante.
- ¡Eres tan listo como tu padre, chaval! – Se giró y me miró fijamente – se bueno y no te metas en líos.
Intenta pasar lo más desapercibido posible y todo irá bien.
No repitas el numerito de nuevo rico del restaurante.
No es bueno. No es seguro. No es discreto.
Puede traernos problemas.
Y eso no te conviene. ¿Entiendes?
Y claro que entendí y recordé
“Discreción y obediencia”
Continuará....
Capítulo 20
Comí como dios manda en el restaurante de comida rápida junto al puerto deportivo.
A la salida, afortunadamente no había ni rastro del vehículo de mi guardián.
Al llegar al hotel, el botones me abordó.
- Tío, me debes una.
Lo de la moto y todo aquello. ¿cuándo saldremos por ahí?
Esta noche hay una fiesta en un garito de lujo.
Seguro que podremos entrar, venga, enróllate colega.
No tenía mejor plan así que quedé con él para salir después.
No quería agobiar a Marié.
Todavía era temprano y me dispuse a visionar otra película de colección de Tom.
Durante el breve trayecto del ascensor, intenté elegir qué película escoger.
Me moría por ver a la hermanas en acción pero todavía tenía pendiente la segunda parte de la fiesta de Jessy.
Entré en mi habitación y atravesé la puerta que la unía con la del patriarca.
Jessy había elegido por mí. Encima de la cama de Thomas de nuevo había una cajita con un disco dentro.
Una nota con letra juvenil y corazones rojos me indicaban que esta vez era la joven quién había elegido la película.
- Espero que te guste. Pronto podrás hacer todo esto conmigo. Besos. J.
Me encaminé a mi habitación y apenas pasé la puerta sonó un zumbido.
Todas las puertas y ventanas se cerraron automáticamente.
La habitación se quedó a oscuras.
Las persianas también se bajaron. De no sé dónde salió una voz que me dijo.
- Por favor, señor. Túmbese en el suelo con las manos sobre la cabeza. Se ha producido una violación de la seguridad.
Si va armado, por su bien le aconsejamos que lo haga saber a nuestros operarios.
No intente sacar el arma. Siga las instrucciones y no le pasará nada.
Un par de matones con muy malas pulgas irrumpieron en la estancia.
No estoy seguro pero me pareció que llevaban armas.
Hablaban en un idioma extraño entre sí y a través de un micrófono.
- ¡No disparen, por mi madre, no disparen! No he hecho nada malo. – Soy el hijo de Carlos, el gerente –sollocé –por favor, no me maten… - (creo que había visto demasiadas películas sobre la mafia rusa y toda esa mierda.)
Un tío como un armario ropero me puso un pequeño teléfono móvil en la oreja
- ¿Pedro? ¿Pedro? ¿Eres tú, Pedro? – era Tom – Pero muchacho, tienes que tener más cuidado.
Puedes ver las películas que quieras pero sin sacarlas de la habitación.
Creía que te lo había dejado claro en la nota. Podrías haber muerto.
- Lo….lo siento…, yo sólo…
- No pasa nada, tranquilo… espera un momento Pedrito – se separó del auricular como hablando con alguien –
¡Jessy, ten cuidado!
Te estás pasando con el látigo, está a punto de desmayarse…- volvió a dirigirse a mí – anda, hijo, pásame a Mijhail .
El gorila me arrebató el teléfono, escuchó lo que le decían y me dedicó una sonrisa helada.
Me levantó del suelo con amabilidad fingida y me advirtió que no sacara nada de la habitación de su jefe.
Me arrebató la película y la dejó en su lugar.
Tan rápido como habían entrado, se fueron.
Al instante las puertas y persianas se abrieron, se hizo la luz como si nada hubiese pasado.
Ni que decir tiene que estaba acojonado.
Ya en la habitación de Thomas examiné minuciosamente el DVD y no encontré nada extraño.
Ni en él ni en la caja.
No sé cómo narices lo habían hecho pero tampoco quería averiguarlo.
Otro juguetito de Industrias Larsson.
No estabas seguro siquiera de ver la jodida película.
Con el acojone que llevaba ni Jessy en plena acción podría empalmarme.
¿O sí?
Me acomodé en la cama del matrimonio y me dispuse a disfrutar con
“La excursión”
Que es como se llamaba la película.
Estaba desnudo, así me la podría pelar más cómodamente.
Me pregunté si Marie podría acompañarme pero no quise correr más riesgos.
Tom había dicho nadie.
Pues nadie.
La película comenzaba como un film convencional.
Los títulos de crédito mostraban únicamente los nombres artísticos de los actores y sus edades.
Como no podía ser de otra manera, Jessy era la protagonista.
“Jessy L. (11)”
Los siguientes actores eran niños y niñas de la misma edad aproximadamente.
Como siempre, los actores adultos eran meras máquinas de follar niños, no eran relevantes.
La trama era sencilla pero muy excitante.
Un pequeño autobús cargado de colegiales que estudiaban en un internado en algún país exótico iban de excursión.
Les acompañaban una joven maestra, la directora del colegio y el conductor del autobús.
Durante las primeras escenas, iban apareciendo los retoños que cantaban canciones infantiles en inglés.
Algunas de las caras me parecían familiares.
Las había visto en el vídeo del cumpleaños de Jessy.
Cuando la cámara se recreó en el escote de una vivaracha rubia la reconocí como la irlandesa que se ofrecía a ser compañera de juegos de Eve.
A un lado de cada niña se sentaban jovencitos de cara alegre y pantalones apretados.
Mientras sus compañeros cantaban, Jessy tenía la boca ocupada con otra cosa.
Sentada en la parte trasera del bus, le comía la pequeña colita a un niñito moreno que cerraba los ojos con cara de gusto.
Cuando el pequeño estaba a punto de correrse, una de las maestras les sorprendió.
Les reprimió un poco y les cambió de sitio.
Jessy ocupó la parte delantera del vehículo con cara de enfado y al lado del morenito se sentó un chaval rubito y de aspecto muy simpático.
Al momento el rubio tragaba la verguita de su amiguito y este eyaculaba frente a la cámara directamente en la garganta suplente.
De nuevo fueron sorprendidos esta vez por la profesora menor, que se limitó a pasar su dedo por los labios del pequeño para hacerse con los restos de leche.
Una vez recolectado todo el néctar, lo tragó ella misma con cara de puta.
El viaje discurría dentro de la normalidad, a excepción de la conducta de Jessy, que tenía una mano perdida en el interior de la falda de la profe.
Esta había dejado de cantar y abría las piernas para facilitar las maniobras de la pequeña.
El conductor, ayudado por un retrovisor interior, no se perdía detalle.
En un punto del camino, pararon en un pequeño bar de carretera.
Los chavales estiraban las piernas y correteaban.
Las profesoras les vigilaban sin mucho celo.
A la entrada de los servicios, el conductor y Jessy coincidieron.
Sin pensarlo el hombre agarró a la pequeña pon la muñeca y la introdujo en el reservado masculino.
La niña no protestó, sabía lo que iba a pasar y tenía la menor intención de resistirse.
Al momento, Jessy desnuda y arrodillada, le comía el rabo al afortunado aquel.
Era una experta mamadora, yo lo sabía muy bien.
En medio de la faena se oyó el sonido de una cisterna.
Uno de los inodoros estaba ocupado.
No importaba.
Ninguno de los amantes se inmutó lo más mínimo.
Apareció en la estancia un hombre de aspecto flacucho, que miraba sorprendido la escena.
El conductor le invitó a participar y el flaco se limitó a bajarse el pantalón cerca de la cara de la lolita.
Apareció en pantalla un tremendo pene que aun en estado de semi erección tenía un tamaño considerable.
- ¡Joder! ¡Qué tranca tiene el tipo ese! –exclamé con claro signo de admiración.
Por primera vez me fijaba en el tamaño de una polla ajena.
Seguro que mi encuentro con Tom tenía algo que ver con eso.
Yo sabía de buena tinta que el sabor a orina no afectaba las evoluciones de Jessy, es más, hubiera apostado que le gustaban mas los rabos sucios que los recién limpiados.
Le dedicó al nuevo aparato lo mejor de su repertorio, sin perder la alegría en el brillo de sus ojos.
Alternaba en su boquita uno y otro aparato sin solución de continuidad.
Cuando un pene no era chupado, era masturbado con energía.
Pronto aquellas pequeñas pero expertas manitas hicieron que el conductor se corriese por los incipientes pechitos de la pequeña.
Entonces la nena pudo concentrar sus esfuerzos en el miembro mayor, que estaba en todo su apogeo.
El conductor compuso su vestimenta y abandonó el lavabo, no sin antes decir en voz alta.
- ¡Tíresela enseguida, amigo!. Nos iremos dentro de poco.
No necesitó nada más.
El tipo flaco alzó a la princesita por debajo de los hombros, la empujó contra la pared y la taladró compulsivamente.
Jessy enroscaba sus piernitas al cuerpo de aquel extraño para facilitar la penetración.
Menuda penetración.
La pequeña se estremecía de gusto en cada embestida.
Por primera vez, la vi incapaz de mirar a la cámara y poner esa cara de puta que le hacía tan sexi.
Aún era demasiado joven en ese tiempo como para parecer indiferente a semejante enviste y a seméjate polvo.
El tío era un campeón, aguantó más de diez minutos follando a aquel ritmo frenético.
La niña se mordía el labio en señal de placer.
Al correrse por enésima vez, clavó sus afiladas uñas en la espalda del semental que, como caballo espoleado, todavía aceleraba más el ritmo.
Poco antes de alcanzar el orgasmo, el ritmo descendió bruscamente.
Las embestidas eran entonces más lentas pero más profundas.
Un primer plano mostraba como el coño de aquella niña tragaba aquel impresionante rabo hasta los mismos testículos.
Un hilito de fluidos que caían hasta el suelo indicaba que la pequeña estaba disfrutando de lo lindo.
- Joder, Jessy – no pude evitar volver a pensar en alto – pedazo de puta.
¿Cómo te pueden clavar semejante nabo por ese coñito tan estrecho?
A la pequeña amazona no le satisfizo el descenso del ritmo y azuzó a su montura clavando sus dientes en el hombro.
Durante un minuto más, el cabestro profanó el pequeño cuerpo de Jessy de 11 años salvajemente.
El cabello de la criatura estaba alborotado y se aferraba al semental como si le fuese la vida en ello.
Cuando él notó que no aguantaba más, tiró a la niña en el suelo.
Sin miramiento ninguno eyaculó en el rostro de la pequeña.
El primer estallido se estampó en la cara de Jessy, junto a un pequeño ojito azul como el mar.
Para la segunda descarga la joven estaba más preparada.
Abrió todo lo que pudo la boquita, que albergó con mayor o menor acierto los tremendos chorros de semen que salían a borbotones del rabo aquel.
Un plano corto mostraba el rostro de la niña embadurnada en semen, con la boquita abierta rellena de aquel fluido viscoso.
Al tiempo, el amante utilizaba los cabellos dorados de la joven para limpiar su tremenda herramienta.
El primer plano siguiente mostraba el rostro infantil tragando todo el néctar, relamiéndose para no desperdiciar nada.
Continuará....
Capítulo 21
El hombre flaco abandonó de manera precipitada el lavabo de caballeros.
Se subió a una destartalada motocicleta y desapareció.
Al poco tiempo salió Jessy con un aspecto lamentable.
Se tropezó con la profesora joven que la interrogó
-Jessy, ¿dónde te metes, pequeña? Estamos a punto de reanudar el viaje…
En ese momento se percató del estado de la joven
Pero, ¿qué te ha pasado?
¿Quién te ha hecho eso?
¿Qué has hecho?
Sin articular palabra, la colegiala acercó su puño a su boca abierta, empujando al mismo tiempo con su lengua el interior de su moflete en clara señal de estar simulando una felación.
Eres incorregible –dijo entre risas la profesora – Jessy, te follas a todo lo que se mueve. ¿No?
Y a algunas cosas que no se mueven, también – le contestó la joven ninfómana
Me lo creo. Ven, vamos a limpiarte un poco, como te vea la directora se nos cae el pelo.
En el interior del lavabo de señoras, ayudada por un pañuelo, limpiaba como podía el desaguisado aquél.
- ¡Niña, como te han dejado! – recogió con su dedo un poco de lefa.
Cuando estaba a punto de limpiarse con el pañuelo, Jessy le agarró la mano con las suyas y limpió con su lengua los restos de macho que la había montado. Se introdujo el dedo de la profe todo lo que pudo en la boquita.
Lo metía y sacaba lentamente mientras acariciaba el pecho de la maestra.
La tutora no pudo contenerse y limpió los restos de lefa que aún quedaba en el pelo y rostro de la ninfa con su propia lengua.
- Tengo más aquí – Jessy abría su camisita blanca y su chalequito ofreciendo sus tetitas a la boca ambienta.
Nadie podía resistirse a los encantos de la pequeña Jessy.
Ni siquiera su profesora. La maestra devoró aquellos terroncitos de azúcar con avidez. La niña se dejó hacer.
- Y aquí también - levantó su faldita y mostró su vulva.
- Pero Jessy, ¿dónde están tus bragas?
- Cada día se las regalo a la primera persona que me tiro, casi nunca almuerzo con bragas y jamás las llegué a llevar durante la cena..
- ¿Se las has dado al señor de la moto?
- Qué va, pasé por el despacho de la directora antes de subir al autobús,
¿Lo pilla?
La cría se sentó en el lavabo, se abrió de piernas y dijo desafiante.
- Cómetelo todo, zorra, que lo estás deseando.
Y efectivamente, se lo comió todo, todo.
Mordisqueó, lamió y frotó las partes íntimas de la niña, eliminando completamente los restos del encuentro con el tipo flaco. Perforó con sus dedos el cuerpo adolescente.
Introducía su dedo corazón dentro del culito y después lo chupaba con deleite. Por la vagina metía hasta tres de sus apéndices.
- No pare, Señorita, que me corroooo –Jessy apretaba la cabeza contra su sexo para que no cesase en sus evoluciones.
Una vez satisfecha la jovencita, Intercambiaron las posiciones. Justo en el momento en el que la pequeña se disponía a comenzar a comerse aquel coño chorreante, llamaron a la puerta.
Era el conductor.
- Nos vamos en un minuto.
- Mierda, ahora que llegaba lo más interesante.
- Jessy, no digas palabrotas. Está muy feo.
- ¿Y acaso no es también feo que me coma el coñito, Señorita?
- ¡Qué zorrita eres! Venga putita, vamos con los demás antes de que nos abandonen en este lugar apartado de la mano de dios.
El viaje se reanudó con el mismo buen ambiente que había antes de la parada. Jessy mantuvo sus instintos contenidos y se dedicó a cantar y juguetear.
De repente, la marcha se vio interrumpida.
- ¿qué pasa? – Preguntó alguien - ¿por qué nos paramos?
- Hay algo…o alguien en la carretera…. – contestó dubitativo el conductor.
Efectivamente, unos hombres con mal aspecto y armados hasta los dientes interrumpían el paso al autobús. Los niños se agitaban nerviosos.
- Tranquilos, pequeños. Tranquilos – gritó la directora – no nos pasará nada.
Su voz delataba que ni ella misma se creía lo que estaba diciendo.
A punta de pistola, los guerrilleros entraron en el autobús. Los niños se abrazaban asustados. Cuatro combatientes, polvorientos y desaliñados tomaron posiciones. Encañonaron al conductor y a las mujeres.
- ¡Buenas Tardes! Por favor, sean obedientes y volverán a ver a sus papás.
¡Hagan todo lo que les pidamos sin rechistar! Vamos a pasar un tiempo juntos –gritó el cabecilla.
A la vez que hablaba, recorría el pasillo del vehículo, mirando a los niños y niñas como si fuesen simple ganado.
Con su mugrienta mano, rozaba los cuerpecitos que se estremecían de miedo.
Cuando llegó junto a Patty, la irlandesita pechugona, miró descaradamente su delantera.
Le desabrochó un par de botones de la camisa blanca e introdujo su mano para comprobar la mercancía. La pequeña intentó inútilmente evitarlo con sus manitas pero el animal aquel era demasiado fuerte para ella.
- Por favor, señor. Deje a los niños. Haga lo que quiera con nosotras pero por dios, no toque a los niños.
El guerrillero que estaba cerca de ella, la golpeó en la cabeza, obligándola a callar.
- ¡Silencio, puta!
- ¡Bien, jóvenes! – prosiguió el jefe del comando, mientras acariciaba el pezón de la pequeña – que las cosas queden claras desde el principio.
No quiero que nadie se lleve a engaños. Ustedes han sido retenidos por el Ejército de Liberación Nacional.
Vamos a llevarles a nuestro campamento en la zona. Llevamos muchos meses de campaña y nuestros camaradas requieren de sus servicios.
Necesitan desahogarse un poco. – sonrió
- ¡Deberían estar orgullosos, van a ofrecer sus cuerpos a los valientes integrantes del glorioso Ejercito de Liberación Nacional! –Prosiguió – relájense, el viaje es largo.
Si se portan bien en un par de días volverán a su preciosa escuela a jugar con sus muñequitas.
Durante este tiempo, ustedes serán nuestros juguetitos. Si se portan mal, serán vendidos como esclavos para toda la vida y no volverán a ver a sus papás jamás.
Diciendo esto, desabrochó su bragueta, sacó su peludo pene y se lo insertó a la sorprendida Patty hasta la garganta.
Otro individuo con aspecto todavía más desaliñado recorría el pasillo del vehículo ofreciendo su verga a todos los pasajeros. Niños y niñas cataban aquella herramienta sin asco ninguno. Las profes también recibieron su ración de polla e incluso el conductor tragó sin oponer resistencia.
Tras esto, el vehículo se puso en marcha. El soldado que ocupaba la parte delantera del autobús no era otro que el flacucho que se había tirado a mi Jessy en el bar de carretera.
La pequeña, tras la interrupción, continuaba trabajándose la entrepierna de la mentora, pero con sus piernecitas abiertas, dejando ver la totalidad de su sexo al mirón.
En la parte de atrás, el jefe del comando se trabajaba a la irlandesita.
Completamente desnuda, la niña disfrutaba del jarabe de rabo que el hombre le proporcionaba. El macho estaba sentado y sobre él cabalgaba la ninfa.
Los dos estaban frente a frente con la cámara, lo que proporcionaba una magnífica visión de la salvaje penetración. Agarrándola de sus pechos, el hombre controlaba el ritmo del coito.
Ella se dejaba hacer, sumisa.
En otro asiento, se repetía la escena, solo que el lugar de Paty era ocupado por un jovencito pelirrojo, que con una sonrisa en la cara, era sodomizado por el mismo animal que había recorrido el pasillo. El resto de niños, lejos de escandalizarse, se masturbaban entre sí, como si estuviesen aguardando impacientes su turno.
Se observaba perfectamente como los cuatro testículos chocaban entre sí al ritmo de la penetración.
Antes de la eyaculación, Paty fue perforada y profanada por su tercer agujero. Hasta el fondo, sin problemas. Inclusive el hombre le introdujo su pistola reglamentaria por el coñito de la pequeña proporcionando al espectador una doble penetración espectacular.
- Estará descargada –quise pensar.
En el otro asiento, el animal llenó de semen el intestino del chaval. Sacó su miembro aún erecto y lo ofreció a una morenita para que lo limpiase.
La chiquilla o dejó reluciente en pocos segundos.
La volvió a meter en el anito del pelirrojo. Luego, a la boquita. Repitió la rutina hasta que su aparato se tornó flácido.
Como si de un espejo se tratase, el pene que taladraba el culo a Paty era mamado por un chiquillo rubio y ansioso.
El autobús llegó a un campamento militar rodeado de vegetación salvaje.
Cuando paró, una multitud rodeó al vehículo, golpeando las puertas y ventanas ruidosamente.
Quería carne fresca. Hombres y mujeres enfervorizados aullaban y gritaban.
Decían las barbaridades que pretendían hacer con los asustados niños que se movían nerviosamente en sus asientos.
- ¡Os vamos a romper el culito!
- ¡No podréis sentaros en un mes!
- ¡La tengo tan grande que te saldrá por esa boca de putón que tienes!
- ¡Pequeño, te voy a follar hasta que me quede seco!
- ¡Espero que la tengas grande, mi vida. Te voy a hacer un vestido de babas!
- ¡Me mearé en tu puta boca, pedazo de zorra! -gritaba una morenaza de ojos verdes, junto a la ventana que ocupaba Jessy – la jovencita, lejos de parecer intimidada, abrió su boca en claro gesto de provocación.
- ¡Hija de puta! Vas a tragar mi mierda aunque sea lo último que haga.
No se le ocurrió otra cosa a la hija de Thomas Larsson III, un precioso ángel rubio de once años que recostarse en el asiento, levantar su faldita y pegar su lindo y desnudo trasero al cristal del autobús. Esto enervó más si cabe a la chusma, que zarandeaba con histeria al vehículo.
De repente, un disparo al aire hizo que todo se paralizase como por arte de magia. De una cabaña, había salido un gigantón de dos metros de alto, que empuñaba un humeante revolver.
- ¡A formar! ¡Fiiiiiirmes! – Gritó con cara de enojo - ¡Señores! ¡Señoras! El Ejército de Liberación Nacional es un ejército serio. Sé que están ansiosos.
Lo entiendo. Yo también lo estoy. Un poco de paciencia. Dejen salir a los chicos y pronto podrán disfrutar de ellos.
Una vez estuvo todo más tranquilo, las puertas del vehículo se abrieron y lentamente, los pequeños salieron temerosos del autobús. Los colocaron en formación y el gigantón los revisó uno a uno como si de una tropa de adolescentes se tratase.
A los varones palpaba sin pudor su entrepierna y a las jovencitas les sobaba el culo. Cuando acabó con todos indicó
- ¡Tú! – señalaba a un negrito asustado – ¡y tú! A mi barracón. ¡Ya!
La manaza señalaba a la sonriente Jessy. De camino a la cabaña, la niña se giró y dedicó una pedorreta con su lengua a la morenaza que la miraba con una mezcla de odio y deseo.
- Esta Marié es una buena actriz – pensé.
Antes de introducirse en la vieja casucha, el gigantón gritó.
- ¡Soldados! ¡Rompan filas! – Continuó entre risas – y rómpanle todo a esos pijitos malcriados. Que les aproveche.
Fue como el pistoletazo de salida de una carrera de caballos. Se abalanzaron ansiosos al olor de la carne fresca.
Algunos críos intentaron huir, pero era inútil. Otros guardaban fuerzas, las iban a necesitar.
Las ropitas infantiles desaparecieron hechas jirones, y decenas de lenguas hambrientas devoraban los tiernos cuerpos. Marié, caliente como estaba, eligió a su víctima. Un querubín rubio, de aspecto afeminado, que lloraba implorando que no le hiciesen daño. La hembra le propinó una bofetada que lo tiró al suelo.
- Vaya, eso duele – me quedé pensando – lo cierto es que no parece que el chaval lo esté pasando bien.
En efecto, se sucedieron ante mis ojos unas escenas de sexo duro que bajo mi punto de vista, lejos de parecerme excitantes, me hicieron sentir bastante incómodo.
Yo estaba empalmado, como casi siempre desde que entré en el hotel, pero la visión de las barbaridades que Marié cometía sobre aquel tembloroso cuerpecito me hacía sentir culpable. Me ponía cachondo y lo repudiaba al mismo tiempo.
Estaba a punto de apagar el televisor pero mis ojos no podían apartar la vista de él. En este momento, una tremenda porra policial ocupaba el ano del chaval, al tiempo que era mamado por la experta de los ojos verdes.
Tenía la polla tan pequeña que la mujer no tenía problemas en engullirla entera, incluyendo los diminutos testículos. Un hilito de sangre caía desde el culito hasta el pavimento.
- Y eso también tiene que doler, la cara del chaval debe ser un poema… -Continuaba pensando en voz alta.
Como si me estuviesen escuchando, la cámara se centró en el rostro del hombrecito.
- ¡Joder! -exclamé
A diferencia de lo que me esperaba, el niño gemía totalmente excitado, con cara de estarlo pasando como nunca antes en su corta vida. Me recordaba a Jessy en plena faena. Al momento, con su pequeña manita se introducía el mismo la porra todo lo que podía en su sangriento trasero, mientras que con la otra empujaba la nuca de Marié para que se lo tragase todo.
Las diferentes cámaras mostraban a sudorosos cuerpecitos recubiertos de semen siendo profanados por todos sus agujeros. Las maestras también recibían lo suyo, se les notaba que estaban encantadas.
A Paty la habían colocado encima del conductor, que, con los brazos y pies esposados y el pene erecto, era la montura perfecta para la tetona Irlandesa.
Primeros planos mostraban culitos de ambos sexos taladrados sin descanso. Eyaculaciones en grupo sobre juveniles rostros. Una orgía desenfrenada sin limitación alguna.
La siguiente escena mostraba lo que al tiempo pasaba en el interior del barracón.
El gigantón y Jessy se turnaban en mamar el miembro del negrito. Este era de tamaño considerable para la edad del chaval. En su caso se confirmaba la teoría de que los negros la tienen más grande. Al tiempo, mi pequeña princesa masturbaba con las dos manos al miembro del comandante aquel.
Eso era una polla. Una polla de verdad. Era tremenda. Con una sola mano no hubiese podido abarcarla. Era, y es, el mayor rabo que he visto en mi puta vida.
La escena transcurría apacible, sin sobresaltos, de manera sensual y muy erótica. Hasta que el jefe se excitó demasiado. De repente, empujó a Jessy haciéndola caer hasta el suelo. Agarró al negrito el cuello. Lo tumbó de bruces en una mesa que se encontraba en el centro de la estancia.
Apretaba su rostro contra el mueble al tiempo que embadurnaba el culo y su tremendo aparato con una especie de grasa amarillenta. El chaval gritaba e intentaba zafarse, sabía que semejante verga sin duda lo destrozaría.
Jessy observaba la escena y comenzó a masturbarse. El joven lloraba sabiendo lo que le esperaba. A Jessy el llanto de su compañero pareció excitarla aún más, por lo que incrementó el ritmo de sus sacudidas.
Cuando el gigante sodomizó al desgraciado, mi habitación se llenó de un grito de dolor terrorífico proveniente de la tele. Era imposible que aquello se metiese por aquel agujerito… pero entró.
Hasta el fondo. Lento pero firme, entró. Sin compasión ninguna. El ritmo se aceleró de repente. Las embestidas eran tan fuertes que poco a poco la mesa se fue moviendo por la estancia hasta chocar con la pared. En ese instante el mete saca era frenético. El joven ya no se resistía, su cuerpo estaba flácido, inerte. Se había desmayado de puro dolor.
Al animal de dos metros esto le tenía sin cuidado. Sólo pensaba en alcanzar su orgasmo cuanto antes sin importarle las consecuencias.
Gateando, Jessy se acercó a los dos hombres abriendo la boca. Golosa, la niña quería degustar la mezcla de sangre y néctar masculino que en breve surgiría del pedazo de nabo que tenía el hijo puta aquel.
Pero el jefe era el jefe y ejercía de tal. Tras una serie de embestidas compulsivas, descargó en el recto del negrito, o más bien, dado el tamaño de su falo, casi debió eyacular en el mismo estómago.
Cuando se apartó, agotado, brotó del castigado agujero una mezcla rojiza de semen, sangre y otros fluidos. Sin dudar, Jessy los degustó con placer.
Durante más de cinco minutos, la cámara permaneció fija mostrando las evoluciones de la jovencita comiéndose todo lo que de aquel sucio agujero brotaba.
Era asqueroso…¿o no?. Sinceramente, no sabría qué decir. He probado muchas cosas en mi vida pero esto no.
La lluvia dorada no es muy desagradable, hasta tiene su punto divertido.
De hecho, disfruté mucho rellenando la boquita de Jessy y todo eso. Pero lo que sale de un culo… sabe a mierda. Por muchos enemas y demás ungüentos, la mierda, a mierda sabe.
Volviendo a la película, cuando Jessy abrió la puerta, embadurnada de semen y salió al patio.
Una mano femenina la agarró del cabello, y la tiró boca arriba en el suelo.
Era, como no, su tía Marié, que la miraba con ojos inyectados en sangre::
- ¡Te vas a enterar, ahora, hija de puta! Menuda cara de puerca que tienes.
Estás cubierta de la leche de mi hombre. No te la mereces, zorrita. – y diciendo esto se colocó de pié sobre la cabeza de la niña y comenzó a mearla.
Un fuerte chorro de orina estalló en la cara de su preciosa sobrinita.
- ¡Traga, cielito, traga! Te juro que en un par de días no has de beber otra cosa.
Se puso de cuclillas y estampó su coño en la boca de Jessy. La pequeña lo lamió con maestría.
Cuando al poco tiempo, las heces de Marié comenzaron a caer en la boca de mi lolita preferida, mi estómago no aguantó más.
Corrí con una mano tapando mi boca al inodoro y creo que expulsé hasta mi primera papilla de bebe.
Aquello era asqueroso. Y a su propia sobrina. Sabía que la mayoría de las películas eran bajo encargo. ¿Qué monstruo podía excitarse con aquellas salvajadas? ¿Cómo podían Thomas y Eve consentir que su pequeña hija realizase ante la cámara tantas aberraciones?
¿Y Jessy? En ningún momento había reflejado rechazo alguno. Al contrario, parecía encantada con todo aquello.
Lo cierto es que, viendo el ambiente que la rodeaba, la pequeña consideraría todo aquello como lo más natural del mundo.
Pasado algún tiempo volví a la cama del matrimonio sueco, afortunadamente para mí, las escenas de cropofagia habían acabado.
La ultima toma de sexo “sólo” mostraban a Patty disfrutando de una triple penetración.
La mayoría de las veces las cosas son relativas. Después de lo de antes, veía de lo más normal del mundo que tres mugrientos mulatos perforaran por todos sus agujeros a una jovencita de apenas once años.
En la última escena, se podía ver como el jefe del campamento pagaba una cantidad indeterminada de dinero al afortunado chofer y a las viciosas profesoras.
Se daba a entender que esta era la forma de financiación del colegio, alquilar a sus alumnos durante un tiempo.
La película concluía con el autobús comenzando el viaje de retorno, con los chiquillos felices, jugando y cantando.
Como en cualquier excursión.
Continuará....
Capítulo 22
El sol de la mañana me despertó. Sobre la cama de mis vecinos de habitación, desnudo y con un hambre atroz, mi mente estaba espesa y mi pene en plena erección matutina.
Sábado, sábado por la mañana. Cuando se está de vacaciones, todos los días son sábado.
No sabía si lo que permanecía en mi mente era real o un simple sueño que mi imaginación enferma me había mostrado.
La visión de la televisión todavía encendida me hizo volver a la realidad.
La película era real.
Jessy era capaz de hacer todo aquello desde hacía al menos dos años. En este tiempo
¿Qué otras cosas macabras habrá aprendido a hacer?.
La puerta de la habitación de los Larsson se abrió de improviso y un torbellino rubio de 13 años entró corriendo entre gritos y risas
-¡Pedro! ¡Pedrito! Mi amor… - se lanzó sobre mí sin cuidado ninguno, estampándome un beso en la boca – menos mal que su higiene bucal era perfecta, porque la visión que permanecía en mi retina era la de la mierda de su tía llenando su boca y resbalando por su mejilla
- ¿Me has echado de menos?
Yo a ti sí, mucho. Muchiiiiisimo… - continuó.
Mi apretujado pene quería liberarse de su prisión - ¡Vaya! Veo que por lo menos mi amigo calvito sí que me ha extrañado.
Vamos a tratarle como se merece.
Sin más, sin ni siquiera desnudarse, se ensartó mi verga en su vagina sin lubricación previa ninguna. Su costumbre de no llevar ropa interior estaba más que justificada.
De usarla, a lo largo del día, debería perder demasiado tiempo en bajarse y subirse las bragas. Para Jessy, follar era tan natural como respirar.
Encima de mí, inició un movimiento rítmico y lento. No quería que me corriese demasiado pronto. Tampoco quería usar la pastillita mágica.
El día era muy largo y habría emociones más fuertes. Estando cerca de la pequeña ninfómana, el espectáculo estaba asegurado.
Continuó hablando como si nada como, el torbellino que era la pequeña.
- ¿Qué tal lo has pasado? ¿Qué has estado haciendo? ¿Has ligado mucho?
¿A cuántas te has tirado pensando en mí? ¿Te gustó la peli que te dejé?
¿Viste a alguien conocido?
También actuaba la Señorita Marié sabias, la de Relaciones…¡Ay! No, porfi, no me toques la espalda…
De manera natural, mis manos rodeaban su cintura acompasando el movimiento y había querido simplemente acariciarle la espalda.
- ¿Te…te has… te has quemado por… el sol? – gemí, intentando continuar su conversación.
- ¿El sol?
¡Qué va!
El sol, dices… - continuó riendo, agarró mis manos y las posó en sus pechitos, por debajo de su camiseta
¡Un viejo cabrón que no tiene ni idea de lo que hacía! Se creía un experto y sólo era un pervertido de mierda.
Él acabó peor, no veas cómo le dejé…
- Jess, mi vida – Volvió a interrumpirnos su madre cuando mejor estaba la cosa – Cielito, te tengo dicho que no aburras a Pedro con tus cosas.
En efecto, concentrado como estaba en no eyacular demasiado pronto, no advertí que Eve había entrado en la estancia.
Tras ella, enterrado en un montón de paquetes y bolsas de infinidad de boutiques, entró Tom. Ni que decir tiene que la pequeña ni se inmutó por la presencia de sus progenitores.
Siguió con su lento cabalgar de amazona como si nada.
- ¡Chavalote! ¿Qué tal estas, pequeño? – me dijo Thomas una vez se hubo librado de la carga.
Lo cierto es que no supe cómo contestar.
Quizás lo más adecuado hubiera sido tal ves
“Ya ves, aquí, tirándome a tu pequeña hija adolescente”.
No quise tentar mi suerte. Aunque correcto y educado, Tom infundía no sólo respeto en casi todos los que le rodeaba.
La palabra adecuada era miedo. Todos conocían su poder. No sólo era rico. Las revistas especializadas sólo consideraban la parte “legal” de su fortuna.
Esta porción era una parte insignificante de lo que los otros “negocios” le reportaban. Pero no era sólo eso. Con sólo decirlo, podía hacer un infierno tu vida y la de tus seres queridos.
Incluso su esposa Eve, tras su apariencia segura y dominante, le tenía auténtico pavor.
Tan sólo su hijita Jessy se atrevía a contradecirle y hacerle enfadar.
Para ella no era más que un papito adorable. Como para cualquier hija, el mejor papi del mundo. Como para cualquier hija, era su ídolo.
Como a cualquier hija de su edad, le encantaba que su padre jugase con ella.
La diferencia es que, mientras los otros cabezas de familia iban a patinar, en bicicleta o a parques de atracciones con sus retoños, Tom prefería abusar de ella de miles de maneras diferentes, a cuál más aberrante.
Ella hacía todo lo que papi dijese.
Era muy obediente y educada. Educada para el sexo, pero educada. Jamás se negó ni se negaría a nada a lo que él le pidiese.
Pero esta obediencia ciega no nacía del temor que Tom infundía en el resto de nosotros, sino en el amor que Jessy profesaba a su querido padre.
Y este vínculo es mucho más fuerte que el temor a la muerte, os lo digo yo.
Lo cierto es que estos pensamientos evitaron que me corriese como un caballo. Bueno, eso, y el hecho cierto de que, después de ver la película la noche anterior, me masturbé como un mandril en celo.
Me quedé seco, me dolían los huevos tanto que no tuve narices de irme a dormir a mi cama.
Eso y el güisqui de malta del minibar de Tom me hicieron caer en los brazos de Morfeo hasta aquella misma mañana en la habitación del matrimonio.
- Siento molestar, pequeña – continuó el sueco – pero tenemos que ir un momento a la masía. Hay que hacer unas pruebas de luz, los encuadres…, ya sabes.
- ¡Jooooo, porfiiiii! ¡Papiiii! – La niña hizo pucheros, pero, como siempre obedeció, componiéndose el vestuario dijo - ¡Pobre “Pedo”! ¿Cómo voy a dejarlo a medias? ¡Míralo!
En efecto, una vez descabalgado, mi miembro continuó enhiesto, desafiante a la ley de la gravedad.
- No te preocupes.
Eve, mi vida, no te importa ¿Verdad? – le dijo con la mayor naturalidad – ocúpate de que Pedro lo pase bien.
¡Ah! Que se me olvidaba.
¿Encárgate de que alguien le acompañe al aeropuerto?
Su padre vendrá antes del almuerzo. A la una, creo. Quedamos en el salón azul sobre las tres para estar más tranquilos.
Dile a Marie que nos acompañe. Tendrá ganas de ver a Carlos. – Agarró a Jessy de la mano y la arrastró fuera de la habitación.
La pequeña no estaba satisfecha con el plan y miró a su suplente con ira evidente.
Ordeno y mando, Tom pedía pocas cosas a su mujer, pero cuando lo hacía, no había más que decir.
Eve se desnudó y me ordenó
- Pedro, estoy muy sudada. Necesito un baño. Ven conmigo. – con Tom no se atrevía, pero a mí me trataba como un perro faldero.
Desnuda por el pasillo, sin temor a ser descubierta se dirigió a una puerta que estaba junto al ascensor. Como un caniche amaestrado le seguí en pelotas.
Creía que era simplemente una escalera de incendios, pero no era nada de eso. Una escalera de caracol nos dirigió todavía más arriba.
Era extraño, creía que nuestra planta era la superior, pero por lo visto, no era así.
En efecto, el sobre ático estaba coronado por una única estancia en la que no faltaba de nada.
Pinturas protegidas en vitrinas, otras espectaculares colecciones de obras de arte y joyas. Una barra de bar y equipo de sonido que serían la envidia de cualquier discoteca de moda. Sillones, divanes y hasta una pantalla de cine de considerables dimensiones.
Multitud de pantallas gigantes de televisión, en aquel momento apagadas colgaban de las paredes.
Todo muy limpio y exquisitamente decorado. En un fondo, un pequeño casino con ruleta y mesas de poker.
Pero sin duda, lo más llamativo del “picadero” aquel era una espectacular piscina circular climatizada que ocupaba no menos de veinte metros de diámetro. El agua caía por una cascada de apariencia natural.
La sala y parte de una pared estaban cubiertas con una cúpula retráctil, transparente desde el interior pero opaca a miradas indiscretas.
En ese momento, todo estaba cerrado pero seguro que en pocos días unos pocos privilegiados disfrutarían del lugar en compañía de infantiles acompañantes.
Por lo que supe después, algunos de los mejores negocios de la compañía Larsson se habían cerrado entre aquellas paredes.
- Jovencito, entra en el agua, que enseguida estoy contigo.
Tengo que hacer una llamada.
- A la orden, mi ama – le contesté esbozando una sonrisa y simulando un saludo militar.
Al principio no supe con quién hablaba, y la verdad es que no me pareció relevante.
Un par de órdenes en un idioma extraño y en menos de medio minuto aquel par de melones estaban a mi disposición.
Parecía como si quisiera hacer desaparecer de mí cualquier resto del recuerdo de su hija.
Si mi pene había perdido su vigor en cualquier momento, en ese instante estaba en plena forma.
Demasiado en forma para su gusto. Su febril ataque cesó de repente. Me sonrió un poco contrariada. Era evidente que, de seguir a aquel ritmo, eyacularía demasiado pronto como para satisfacerla mínimamente.
No es por buscar excusas baratas, pero es que Jessy era mucha Jessy y su coñito había estrujado mi pene de manera deliciosa.
La mamá salió del agua dejándome disfrutar de la visión de su culo. En efecto, el de su hermana era mejor pero no demasiado.
- Volvió a descolgar el auricular y soltó varios berridos al interlocutor.
Dos minutos después, Marie atravesaba la puerta de la estancia con una bandejita plateada.
Vestía su uniforme de trabajo, discreto y funcional. Su cara era de indiferencia total. Para su hermana no era más que una simple empleada.
Yo estaba avergonzado, no sabía muy bien por qué, lo cierto es que creo que también estaba un poco enamorado de Marie.
- ¡Ya era hora! - dijo Eve agarrando sin consideración alguna la pastillita mágica – este crío casi me deja a medias.
Trágatela enseguida, Tarzán, que en un minuto estarás en forma.
Marié se giró para abandonar la estancia pero Eve la detuvo.
- ¡Marié, no te vayas! Quédate y quizás así aprendas algo.
¿Sabes que hoy viene Carlos? ¡Qué tonta soy! ¡Cómo no lo ibas a saber si estás enamorada de él hasta las cachas!
Pedro y yo lo iremos a buscar al aeropuerto después.
Quiero tirármelo antes de que tenga sabor a ti. Después comeremos todos juntos en el Salón Azul.
Como la Gran Zorra Rubia había predicho, en poco tiempo mi pene estuvo en plena forma sin atisbo alguno de eyaculación.
Ella me agarró por el rabo y me sacó del agua. Quería que Marié no se perdiese detalle alguno. Era evidente que la morena y yo habíamos entablado al menos una bonita amistad, que la madre de Jessy iba a poner a prueba con sumo gusto.
Me sentía como si fuera una prostituta de un bar de carretera. Puedo decir, sin temor a equivocarme, que lo que me hizo Eve era lo más parecido a una violación.
Me utilizó como si de un consolador se tratase. Sin muestra de afecto ninguna, ni caricias, ni besos. Intenté tocar sus prefectas prominencias pero me golpeó las manos para que me estuviese quieto.
Por el contrario, retorció mis pezones con violencia. No pude evitar soltar un gritito.
Orgullosa, cumplía las órdenes de Tom a su manera.
Me follaría, pero según sus reglas.
Cuando alcanzó el clímax clavó sus uñas en mi torso y se detuvo con sus entrañas llenas de mi carne. Murmuró algo a su hermana en su idioma nativo.
De reojo, miré a Marié que negaba con la cabeza.
- Pero, Eve… - comenzó a decir la morena.
- ¡Que lo traigas ya! – ordenó la primogénita con cara de poseída.
No sabía qué iba a pasar, pero presentía que nada bueno para mí.
Cuando Marié se acercó con un vibrador negro en una mano y un frasco de vaselina en la otra, confirmé mis sospechas.
Eve quería mi culo. Horrorizado y a la vez excitado comprobé el tamaño del aparato mecánico. No era demasiado grande pero sí mayor que el que me había ensartado Jessy.
Intenté decir algo pero la dominante me calló con una sonora bofetada.
En ese momento estaba acojonado. Pensándolo fríamente, yo era bastante más fuerte que la histérica mujer pero estaba paralizado por el miedo. Mi mente se encontraba en blanco, a la espera del fatal desenlace para la integridad de mi ano.
Sometido. Sí, esa es la palabra, sometido.
- Esto no nos va ha hacer falta – para mi desgracia, se trataba del lubricante. – ponte a cuatro patas, Pedrito. Cuanto más te resistas, peor lo vas a pasar.
Y mejor lo pasaré yo.
Como si de un autómata se tratase, obedecí, poniendo mi culo a la disposición de la zorra aquella.
Afortunadamente para mí, teníamos algo de prisa, así que no prolongó la tortura demasiado. Lamió mis testículos y escupió en mi ojete. Con su lengua, limpió mi abertura trasera.
Mientras ella me masturbaba con una mano, noté la punta del vibrador en mi esfínter. Sin introducirlo todavía, reconozco que la situación no me desagradaba en absoluto. Estaba a punto de correrme.
- Te gusta, ¿Verdad? En el fondo, dentro de cada macho hay un maricón perdido. Sólo hace falta la persona que sepa sacarlo afuera. Toma, putito, aquí tienes lo tuyo.
Lentamente, el negro aparato penetró en mí con su mágico movimiento.
Apenas me ensartó por completo, bramé como un elefante y eyaculé en el suelo.
Durante unos minutos deliciosos, la experimentada Eve y su aparatito me llevaron al séptimo cielo.
Cuando ya no pude más, me derrumbé sobre mi semen y cerré los ojos.
Permanecí así un instante, intentando recobrar mi aliento. Noté algo duro en los labios.
- ¡Chúpalo, pequeño! Métetelo hasta la garganta, que Marié vea lo marica
que eres.
Me estiró del pelo con una mano y obligó a arrodillarme frente a su hermana. Con la otra mano mano, colocó el vibrador junto a mi cara.
Poco a poco, de manera inconsciente, abrí mi boca. Sin vacilar, la Gran Zorra Rubia introdujo en ella el vibrador que instantes antes había profanado mi ano.
Borbotones de mis propios jugos fueron succionados por mi propia lengua.
- Ves Marié – continuó – ¡Así se trata a los hombres!
Sin más, me soltó la cabellera y abandonó la estancia no sin antes volver a dictar una orden sin ni siquiera girarse.
- “Pedito”, cariño, te espero en media hora en el hall, no tardes, querido.
Continuará....
Capítulo 23
Vamos a llegar tarde por tu culpa, Pedrito. Cuando yo digo media hora es media hora, no cincuenta minutos.
Espero que sea la última vez que me contradices. – Me comentó fríamente Eve durante el trayecto al aeropuerto – ¡Por favor, deprisa! – le dijo al barrigudo taxista.
Este le comentó algo en ruso y ella sonrió. Lo cierto es que yo no les hacia caso. Estaba dándole vueltas a todo lo que había escuchado. Marié no hubiera bromeado conmigo. Con esas cosas no se juega. Por lo que sabía, aquel negocio movía cientos de millones de euros.
Por ese dinero, se mata. En verdad todos tenemos un precio. Lo cierto es que hoy en día se mata hasta por un plato de lentejas.
Miré fijamente a la Gran Zorra Rubia, que volvía a estar parapetada detrás de aquellas gafas de sol enormes. Era hermosa, dura y segura de sus actos.
Pobre Marié. Era una infeliz. Se engañaba a sí misma. Sin duda Thomas había elegido a Eve como madre de sus hijos y si había montado aquel rollo del embarazo era por no hacerla sentir inferior a su hermana mayor.
El aeropuerto tenía una pista privada.
Nos permitieron acercarnos al espectacular avión de Aerolíneas Larsson hasta el pié de la escalerilla. Al abrirse la portezuela, un rostro bronceado y sonriente me saludó.
Enfundado en un elegante traje con corbata, mi padre bajó por las escaleras de dos en dos.
Todo el odio y la ira contenida que había estado guardando durante un año desaparecieron en un instante. Incluso había ensayado mentalmente lo que le iba a decir, tenía preparados una larga lista de reproches, sin olvidar los de mamá… pero nada.
En el fondo le quería y, entre sus brazos, me volví a sentir como aquel chiquillo de Pamplona al que su padre, muy de vez en cuando, iba a recoger al colegio.
Me sacó de mi trance una pequeña niña de unos diez años, de pelo castaño y ojitos de color miel que, enfundada en una blusita de punto grueso con botones en su parte delantera, muy ceñida a su torso y que dejaba al aire un delicado ombligo.
Agarrándose su corta falda de vuelo, bajaba tímidamente por la escalera.
Estaba muy azorada, vergonzosa no se atrevía a acercarse al grupo.
Papá, notando su presencia la llamo.
- Ven, ven pequeña, ven aquí. A la Señora Larsson ya la conoces.
Este es Pedro, mi hijo Pedro.
Se colocó en la espalda de la joven. Deslizó sus manos por debajo de los sobacos de la niña y rozó con sus dedos la delgada malla que cubría las pequeñas manzanitas que la cría tenía por pechos.
Jugueteó con un botón entreabierto del escote de la pequeña. En otras circunstancias, el gesto hubiese pasado inadvertido para mí, pero la visión de tanta película de pornografía infantil me había ensuciado la mirada. Con toda la razón.
A esa distancia pude observar que ese top debería conjuntarse con un sujetador que ocultase las transparencias.
Ni que decir tiene que no había rastro alguno de dicha prenda, con lo que los pezones de la niña estaban expuestos a quien se fijase un poco mas de la cuenta.
- Pedro, esta es Clara, ella es… - paró un momento para decirme lo que yo ya sabía – Pedro, Clarita es tu hermana.
No supe qué decir. Se produjo uno de esos silencios tensos en los que nunca se sabe cómo actuar. Eve y su pragmatismo exagerado rompió el trance.
- Pero niña, ¿te has dado cuenta cómo vas?
En efecto, la primera vez en mi vida que vi a Clarita, llevaba en la comisura de sus labios el característico resto blanquecino de una felación.
Al descubrirse la evidencia de sus recientes relaciones sexuales todavía enrojeció más aquel angelical rostro.
Era preciosa.
Intenté descubrir algún parecido conmigo pero Eve entró en escena, sacó de su bolso una toallita húmeda y limpió los restos de lefa de la cara Clarita diciendo:
- Princesa, tienes que tener más cuidado. No debes mancharte. Ya lo sabes. Carlos, esta niña debería ir a un colegio adecuado.
Te lo he dicho muchas veces. Tiene un potencial enorme pero si no es educada severamente, nunca llegará a nada.
- Ya estás otra vez con lo mismo, Eve…Ya lo hemos hablado muchas veces… su madre no quiere… - intervino papá
- Gilipolleces – espetó la rubia –
En fin ¿por qué has tardado tanto el llegar?
- Verás, Thomas me llamó para que recogiésemos de camino a Clara en Barcelona. Sugirió que sería bueno que conociese a Pedro. Al fin y al cabo, son hermanos…Y sabes que una sugerencia de tu marido…
- ¡Si, ya! Y yo me chupo el dedo – interrumpió Eve – después de la comunión del otro día, Thomas quiere jugar con tu Clarita, Carlitos.
Le molestó mucho el no poder estar presente. Sabes que le tiene muchas ganas a esta pequeña putita. – dijo elevando con un dedo el mentón de mi recién conocida hermana
- Tiene todo el verano para desahogarse. – contestó Papá hablando de su retoño como si de simple ganado se tratase.
- Seguro que lo hace – murmuró Eve acercándose de nuevo al vehículo – no te quepa duda.
Como siempre la Gran Zorra Rubia nos colocó en el sucio taxi como ella tuvo a bien.
Junto al conductor se sentó Clara, tras él, mi padre. Eve en el centro del asiento trasero y yo en el sitio que quedaba libre. Papá y ella hablaban de cosas intranscendentes. Clara y yo permanecíamos en silencio
A mitad de camino, el conductor tosió de manera descarada.
Eve le siguió el juego.
- Por favor, pare en el bosque, usted ya sabe.
Por supuesto que lo sabía. Nos detuvimos en un lugar cercano que ya me era conocido. Eve abrió su diminuto bolso y sacó su insignia dorada. Brillaba como un lucero.
El sitio era seguro. La escena me era familiar, pero ahora sería un espectador de lujo.
El asqueroso taxista desabrochó su cinturón y liberó su asquerosa tripa, no sin dificultad sacó su miembro.
Podía verlo desde mi posición. En efecto, era pequeño y con mucho pelo alrededor. Tenía un aspecto nada apetitoso. El cabrón aquel desabrochó el cinturón de seguridad de Clara y la agarró de su cabello.
La pequeña se resistió a su destino sin esperanza ninguna.
- Pa… papi – miraba a mi padre en busca de auxilio – pero mi padre no dijo nada. Estaba con la cabeza mirando al techo y Eve tragando su verga de manera frenética.
Tal y como le había prometido a Marié, se lo iba a tirar antes que su hermana lo hiciese.
- Papito… pap….grrrrrr – ya no pudo articular palabra, algo se introdujo en su pequeña boca
Desde mi asiento podía ver perfectamente como el diminuto pene era mamado no sin alguna dificultad.
El jodido gordo apartaba el pelo de la cara de Clarita para que yo pudiese verlo todo. Se la notaba apurada.
No era la primera vez que se trabajaba un rabo, pero no era experta ni mucho menos. El ritmo era irregular, la niña paraba cada vez que un vello púbico se introducía en su boca. Hasta el macho emitió alguna queja
- Tranquila, putita, no hay prisa. Ten cuidado con esos dientes. ¿No querrás hacerme daño, verdad? -
- ¡Clara, hazlo bien, joder! – Grito Eve que ya montaba a mi padre. – esta niña es tonta. Y todavía dices que te recuerda a Jessy.
De manera inconsciente, saqué mi verga y comencé a masturbarme. Clara era preciosa y con aquel rabo en la boca todavía lo era más.
El comentario de Eve había cumplido su efecto. Herida en su orgullo, mi hermanita se aplicó en su faena. El barrigudo comenzó a gemir, pero esta vez de gusto.
Una mano me agarró el pene y acompaño a la mía durante la masturbación. Le dejé hacer, con la vista fija en Clara.
En verdad tenía cualidades para la felación. El hijo de puta aquel estaba a punto de estallar.
- ¡Zorra! Trágatelo todo hija de puta… - y unas cuantas cosas más en un idioma extranjero salieron por la boca de aquel mamarracho cuando eyaculó en el interior de mi hermanita.
Nos corrimos los tres machos casi al mismo tiempo.
Mi lefa empapó todo a mi alrededor. Cuando me hube repuesto un poco, pensé que Eve hacía las mejores pajas del mundo. Probablemente sería así, pero cuando miré a mi bragueta pude comprobar que no era la mano de Eve la que me había dado placer aquel mediodía.
Mi esperma se había derramado por la mano intrusa, que acariciaba mi flácido apéndice.
Era la mano de papá.
Durante el camino al hotel los adultos continuaron su alegre conversación.
Sus voces apenas cubrían los sollozos de Clara.
Como Jessy ella también adoraba a su padre.
Pero a diferencia de la sueca, había algunas cosas que todavía no asimilaba su pequeña cabecita.
Quería creer que lo que Carlos le hacía cada noche que pasaba en su casa no era mas que una demostración de amor. No le importaba ser su juguete. No le importaba ver películas porno con la mano de su papi bajo las braguitas.
No le importaba comerle la el rabo mientras cenaba o que eyaculase en su plato de macarrones. No le importaba ejercer como su modelo fotográfico posando de manera pornográfica.
No le importaba que la taladrase por el culo en su camita, entre peluches, consoladores y pósters de Hanna Montana.
Ni siquiera le importaba cuando el cabrón de mi padre la metía entre risas en la bañera y se meaba encima de ella, como si fuese lo más natural del mundo.
No le había importado que le arrebatase su virginidad apenas unos días antes…pero no entendía por qué lo había hecho delante de tantas personas.
No entendía como su padre, durante la ceremonia de su Primera Comunión había dejado que unos viejos babosos la follasen sin pudor por todas sus aberturas.
No entendía por qué la había abierto de piernas y le había levantado el trasero en pompa para que el comandante del avión le rompiese el culo y disfrutada de su pequeño ano de 10 años.
No entendía por qué le había obligado a comerle la polla delante de aquellas azafatas.
Y para colmo, no entendía como consentía que un sucio baboso y barrigudo se corriese en su boca delante de su hermano recién conocido.
Y sinceramente, yo tampoco.
Aunque, bien pensado, yo no era mejor que su querido papi.
En lugar de defender a mi hermana frente a aquel jodido taxista, me había masturbado viendo como se la trajinaba.
Como bien decía Marie, para lo bueno y lo malo era igual que mi padre.
Continuará....
Capítulo 24
Cuando llegamos al hotel, el vehículo se introdujo directamente en el parking subterráneo privado. Nuestro aspecto, y en especial el de Clara eran deplorables. La mezcla de semen y lágrimas recorriendo su bendito rostro no se me olvidará nunca. Al subir por el ascensor, con un ataque de hipo se agarraba a la pierna de papá en busca de una protección que nunca obtendría. Eve la insultaba y gritaba cruelmente. Ni papa ni yo teníamos cojones para decirle que ya era suficiente. Cuando entramos en el pasillo de nuestra planta, el corpachón de Tom nos estaba esperando. Ni siquiera su presencia hizo que Eve cesara en sus excesos verbales.
- Eve cariño, ya es suficiente – le indicó sin alterarse
Pero la noruega se hizo el sueco y continuó.
- Eve, mi vida… - dijo en un tono algo más severo.
La rubia tensó todavía más la cuerda. Estaba fuera de sí. Amenazó con pegar a Clara, incluso llegó a levantarle la mano. La niña sollozaba y cubrió su cabeza con las manitas esperando protegerse del golpe. Un golpe que, por otro lado, nunca se produjo.
Tom cazó al vuelo la mano de su media naranja. La agarró tan fuerte que obligó a Eve a arrodillarse en el suelo.
- Eve, cariño, he dicho que ya es suficiente – le indicó en un tono dulce y cariñoso, nada alterado – Por cierto mi vida, el día que le pongas tu jodida mano encima a Clara sin mi permiso, te la cortaré. ¿Entiendes?
Me impresionó, bueno, en realidad nos acojonaron a todos las palabras de Tom hacia su esposa. Por primera vez desde que la conocía, a Eve le abandonaron las fuerzas. Se arrodilló en la moqueta, agachó la cabeza y comenzó a llorar. Toda la ira se había convertido progresivamente en impotencia, vergüenza y miedo. La Gran Zorra Rubia estaba humillada ante nosotros y eso no se veía normalmente. A diferencia de lo que ella había hecho con Clara, Tom la consoló inmediatamente.
- No mi vida, no. No es necesario todo esto. Por favor, levántate. Tengamos la fiesta en paz – alzó a Eve del suelo e intentó sin suerte, eliminar las arrugas de su vestido.
Se dirigió a nosotros.
- Os ruego olvidemos este desagradable incidente. Clara por favor, sonríele a este viejo cascarrabias. Así, muy bien princesa. Eso está mejor. No hay que llorar por nada en este mundo. – efectivamente, las lágrimas habían dejado de brotar de los ojos de mi hermana, que miraba al gigantón como si fuese un enviado del cielo que iba a defenderla de todos los demonios. Hasta esbozó una sincera sonrisa de agradecimiento – Es tarde, vayamos a cambiarnos. Hoy almorzamos en el Salón Azul. La comida es especial. He preparado una bacanal romana. Espero que todos disfrutemos. Tenéis las ropas adecuadas sobre vuestras camas. Por favor, en media hora os espero abajo.
Se dirigió a mí mas concretamente.
- Pedro, por si no lo sabes, puedes llegar al salón directamente a través del ascensor privado. Basta con que coloques la insignia sobre el pulsador de la primera planta.
Una vez expuesto el plan, cada mochuelo fue a su olivo. Papá y Clara compartían la habitación contigua a la de Jessy. Al fin y al cabo, era lo normal, que padre e hija durmiesen en la misma estancia.
Tomé una ducha rápida y me puse lo que Tom había escogido para mí. Una simple toga y unas sandalias de cuero. Nada más. Una duda me recorría la cabeza. ¿Y la ropa interior? Lo cierto es que tampoco disponía de mucho tiempo. Decidí prescindir de ella. Al fin y al cabo, conociendo la meticulosidad de Tom si hubiese querido que la llevase, estaría con el resto de la vestimenta.
Seguí las instrucciones que se me habían dado y aparecí en el susodicho salón. No era el primero en llegar pero tampoco el último. Sobre unos divanes charlaban animadamente Marié, Jessy y mi hermanita Clara. Se veía que, a pesar de la diferencia de edad las chicas eran buenas amigas.
En presencia de la hija de Thomas, la pequeña se encontraba más decidida y cómoda. No parecía importarle que su vestimenta dejase al descubierto la totalidad de uno de sus pechitos. Ni siquiera cuando me acerqué noté rubor ninguno en su rostro.
- ¡Pedro! ¡Pedro, ven aquí con nosotras! Tranquilo, que no te vamos a comer… de momento – Jessy se rió de su propia ocurrencia – estamos guapas, ¿verdad? Clara está preciosa – hizo que ambas se levantasen para que yo pudiese observarlas con mayor detenimiento – estas tetitas me vuelven loca.
Y dicho esto lamió el pezón de Clara que no se esperaba semejante tratamiento.
En verdad las tres hembras estaban preciosas. Llevaban el cabello suelto bajo una pequeña ristra de guirnaldas. Las semitransparentes túnicas no dejaban nada a la imaginación. Los cuerpos se adivinaban de lo mas deseables. Dos de ellos ya los había catado y algo me decía que no tardaría en hacer lo mismo con el tercero. Solo con pensarlo, mi pene comenzó a endurecerse.
- ¡Tranquilidad, jovencitas! – intervino Thomas desde la piscina. Ni siquiera me había dado cuenta de su presencia – Cada cosa a su tiempo y un tiempo para cada cosa. Repongamos fuerzas primero. Tenemos toda la tarde para divertirnos. Espero que Eve y Carlos no nos hagan esperar demasiado.
Y dicho esto, abandonó la piscina como Dios le trajo al mundo. No pude evitar en fijar mi vista en aquel pedazo de carne que tenía por pene.
- Papi, porfi, ¿podemos secarte?, seremos buenas.
Sin decir nada, el nibelungo asintió.
Jessy agarró a su compañera del brazo y, armadas con varias toallas, se acercaron a Tom. Guiada por la mayor, la pequeña secó el corpachón por todas las partes.
- Ves Clara, se hace así – elevó la verga paterna para poder secar aquel par de pelotas con facilidad. – a ti te toca el trasero. Haz lo que yo te diga, es divertido.
La pequeña asintió atenta a la lección. El ambiente con Thomas presente siempre era mas agradable. Clara estaba más desinhibida. Se encontraba a gusto, aquel hombre la había tratado tan dulcemente que iba a entregarse a él en señal de agradecimiento. Al fin y al cabo, era lo que deseaba su padre que hiciese.
- Verás, primero se separan los glúteos. ¡Papá, creo que deberías ponerte a dieta! Ves, así. Luego, con la lengua se lame…..¿Ves? – explicó Jessy
- ¡Ggrgg grggr ggewdeggg ggg!
- ¿Qué dices, Jess? No te entiendo.
- Digo que metas la lengua todo lo que puedas. Salen unos jugos. Al principio saben raro pero luego, cuando te acostumbras, son deliciosos.
Supuse que en el fondo a Jessy le gustaba que le cagasen en la boca. Era asqueroso pero empezaba a considerarlo cada vez más algo excitante, una parte más del juego.
- Jessy, cariño, ¿Podrías…? – Marié abrió sus piernas mostrando su sexo.
- Claro, con mucho gusto. ¡No veas el hambre que tengo…!
Cuando Clara llevaba cinco minutos con su lengua en el interior de Thomas, aparecieron por el ascensor Eve y mi padre. Jessy le comía el coño con destreza a la morenaza de ojos verdes pero se detuvo al contemplar la vestimenta de su madre.
Atada por el cuello a una fina correa de oro, unas pocas cintas de cuero tapaban su pequeño pero torneado cuerpo. Tanto los senos como su sexo estaban al descubierto.
Una graciosa diadema con orejitas felinas coronaba su larga melena y tenía insertado en el trasero un curioso consolador en forma de rabo.
Gateaba sin ninguna dificultad con aquello metido por el culo. Señal de que no era la primera vez que lo hacía. Estaba claro, Tom quería dejar constancia a todos de quién mandaba ahí, en especial a su caprichosa mujercita.
No consentía ningún acto de indisciplina como el que se había producido antes, ni siquiera de su mujer. Cuando el sugería algo en realidad era una orden, que debería ejecutase sin vacilación. Eve aguantaba el castigo sumisamente, en lugar de sentarse a la mesa con los demás, se acurrucó en sobre una pequeña alfombra, al lado de dos cuencos vacíos.
Era excitante por una vez verla de ese modo. Era increíble que pudiese mantener su culo ocupado durante tanto tiempo. El almuerzo comenzó de forma distendida. Papá nos contaba sus andanzas por el lejano oriente.
Un par de pecosas gemelitas de unos doce años se encargaban de servirnos comida y bebida. Sus ricitos pelirrojos caían sobre sus pechos desnudos. Los demás comensales les magreaban el culo en cuanto estaban a su alcance.
A Clara y a mí nos daba un poco de vergüenza, pero era difícil resistirse a tanta belleza. Los manjares que nos servían eran exquisitos. A Eve le llenaron un cuenco con agua nauseabunda y el otro con vísceras asadas.
El aspecto era asqueroso, pero no protestó mientras comía sin utilizar sus manos. Lo cierto es que no articuló palabra durante toda la tarde. Se limitaba a ronronear como una gatita en celo.
Jessi se pasaba trocitos de comida por su coño y se los daba a comer a Clara. La pequeña tragaba entre carcajadas e imitaba a su amiga ofreciendo sus líquidos a Thomas.
- Cuando ese cabrón te rompa el culito, no te vas a reír tanto, hermanita –pensé
En un momento dado, entre plato y plato, la joven sueca desapareció debajo de la mesa. El juego consistía en averiguar a quién estaba masturbando. Las mejillas sonrosadas de Clarita no dejaban lugar a la más mínima duda.
La pequeña tuvo que ocupar el lugar debajo de la mesa. Pasaron varios minutos hasta que papá se delató, no pudo aguantar la risa cuando Clara se golpeó su cabecita contra el tablero. Se le había cansado la mano y había intentado mamar a su padre, con tan poca destreza que, sin querer se había tropezado con la mesa.
Entre aplausos y vítores, la niña ocupó de nuevo su asiento, frotándose la sesera para mitigar el dolor. Papa desapareció bajo el mantel. Yo estaba convencido de que alguna de las féminas sería el blanco de sus caricias. Sin embargo no fue así.
Noté que una mano me acariciaba y que una boca absorbía mi rabo con maestría. Era evidente lo que estaba pasando, inclusive no pude evitar un pequeño respingo de sorpresa. No estaba preparado para que mi padre me chupase la polla. Expertos en el juego, el resto de comensales se callaron como putas.
Era patente que querían que mi padre me mamase sin prisas. Clara, inocentemente, intentó ponerme en evidencia pero Marié la interrumpió con alguna pregunta banal.
Cuando papá estuvo satisfecho, Tom se dirigió a mí.
- “Pedito”, creo que es tu turno.
Estaba decidido a meterle un dedo por el culo a Marié. Incluso comencé a gatear en su dirección en cuanto me introduje debajo de la mesa. Sin embargo, Tom meneaba su verga de manera ostensible.
Era su turno. Requería mis atenciones. No podía negarme, de haberlo hecho seguro que la consecuencia hubiese sido peor. Intenté no pensar demasiado. Le mamé lo mejor que supe. Me dolía la quijada de tanto abrir la boca.
La punta de su capullo llamaba a las puertas de mi garganta. Recordé las palabras de Eve, todo hombre lleva una maricona en su interior. Bueno, no sé si todos los hombres cumplían aquella norma, lo ciento es que en mi caso, se empezaba a confirmar.
Lamía aquellas pelotas con avidez. Me gustaba introducirme los testículos en la boca. Lo estaba pasando de puta madre. Cuando los líquidos preseminales empezaron a brotar de aquel capullo, aceleré el ritmo. Mi mente deseaba que aquella tortura terminase pronto.
Mi cuerpo lo que quería era tragar semen. Lo cierto es que Tom, no había parado de conversar con Marié durante mis maniobras “felatorias”. Sujetándome la cabeza con sus enormes manos dijo.
- Pedro, hijo, ya es suficiente. Lo has hecho muy bien. Guardemos algo para el coñito de Clara ¿De acuerdo?
Se dirigió a mi padre y le dijo
- Enhorabuena, Carlos. Tu hijo es digno sucesor tuyo.
Salí de debajo de la mesa, empalmado y sudoroso.
Me había dedicado a fondo con el rabo de Thomas. Jessy alzó sus pulgares en señal de aprobación.
Al fin y al cabo, ella me había enseñado todo lo que yo sabía de felaciones masculinas.
Clara estaba sentada sobre las rodillas de Marié. Completamente desnuda, escuchaba las diabluras que la morena le susurraba al oído. Marié alternaba su plática con mordisquitos en el lóbulo de la niña y lametones en su cuello. Su mano se perdía en la entrepierna de la chiquilla con rápidos movimientos.
Clara permanecía con la cabeza agachada. Emitía unos gemiditos que yo no acertaba interpretar. No sabía si eran de llanto o de placer. Con toda la sangre en mi pene, la verdad es que no me importaba. Me acerqué, salido perdido y metí mi aparato por entre el cabello de mi hermana, en busca de su boquita. No llegué a mi objetivo. Clara alzó la cabeza hacia techo azul y lanzó un grito característico. Marié, la lesbiana Marié, le había proporcionado un orgasmo sublime.
El primero de los muchos que disfrutaría aquella tarde. Tragó sus propios jugos que la adulta le ofrecía entre los dedos. Prácticamente en familia, la pequeña estaba disfrutando ahora sí de su sexualidad.
Poco a poco, su cabeza iba asimilando su realidad. Pronto ofrecería su cuerpo a quien su padre le ordenase sin reparo alguno. Y hasta disfrutaría con ello.
Thomas intervino de nuevo.
- Carlos, ¿nos has traído un regalito? Como sigamos así, estas putitas acabarán con nosotros antes del postre.
- ¡Joder, lo había olvidado! Jessy, por favor, ¿Puedes traer aquella cajita negra? Gracias, ricura.
Ágilmente, la pequeña rubia se levantó de la silla y correteó hasta un aparador de la sala. Aprovechando la carrera, se desnudó completamente.
Mis ojos la siguieron en sus evoluciones. Era un animalito precioso, sexualmente difícil de saciar.
- Si eres tan amable, ábrela y danos una pastilla a cada uno de nosotros.
Sonriendo se me acercó con la cajita abierta. Cuando intenté coger una de aquellas perlitas negras, jugueteó un poco conmigo, acercando el recipiente a su coñito.
Quería que yo viese algo. En efecto un cordel anillado surgía de sus entrañas de nuevo. Era increíble. Lo que fuese aquello llevaba dentro desde hacía tiempo. Cuando seleccioné una píldora, ella se giró y me mostró su culo. También estaba ocupado con algún intruso aparato.
- Yo también tengo un regalo, Pedro. – me dijo – esto es para ti.
Acompañaba sus palabras con un movimiento de caderas, que hacía que ambas anillas plateadas chocasen entre sí.
- Escoge una. La de delante o la de detrás. ¿Cuál prefieres primero?
Lo cierto es que era difícil decidirse.
- Venga, que no tenemos todo el día – me dijo, impaciente.
Tiré levemente de la cuerda trasera. Apenas se tensó un poco la joven suplicó
- ¡Así no! Porfa, estira todo lo fuerte que puedas. Da mas gusto si lo haces de una vez.
Sin pensar, cumplí sus deseos sin delicadeza alguna. Tras el tirón, tres enormes bolas rojas unidas por una gomita surgieron de sus entrañas. Jessy no pudo reprimir un grito de dolor y cayó de rodillas al suelo.
- ¡Joder…, qué fuerte! – dijo -¡Qué pasada!
- Pe… perdona… Jess, lo… lo siento…tú…tú me dijiste que… - intentaba inútilmente justificarme.
- Tranquilo Pedrito – intervino Thomas - ¿de verdad no te has dado cuenta de que se ha corrido de gusto?
En efecto, a cuatro patas, la jovenzuela me ofrecía un panorama expectacular. Era una ninfómana empedernida. Puso su culo en pompa para que todos pudiesen ver lo puta que era. El agujero que habían dejado las bolas era tremendo y permanecía completamente dilatado. No me extrañaba que, con tanta flexibilidad intestinal, Tom se la pudiese clavar sin dificultad alguna desde hacía bastante tiempo.
Puse la mano sobre su trasero y me dispuse a descorchar su coñito. Si aquellas esferas habían salido de su culo, a saber qué aparecería de dentro de su vagina. Noté que temblaba de excitación.
- Este ¿cómo quieres que lo saque? – inquirí de forma inocente.
Con la mirada furiosa la zorrita me gritó.
- ¡Tira de una vez, cabronazo! Me cago en tu puta madre…
No pudo continuar insultándome, un tremendo chapoteo sonó en la sala.
Un engendro ovalado salió disparado por el parquet, no era excesivamente grande pero tenía unas púas de goma que le asemejaban a un pequeño erizo. Me lo quedé mirando atónito.
El artefacto aquel rebotaba sobre la madera como si tuviese vida propia.
Aún después de chocar contra el cuenco de la comida de la gata, en artilugio continuaba dando botecitos. Parecía que el cacharro tenía vida propia. Ahora lo entendía todo. El culo de Jessy no temblaba de excitación, sino que se estremecía por el vibrador que la jovencita tenía inserto en su interior.
La escena nos calentó a todos. Bueno por lo menos yo estaba caliente como el palo de un churrero. Miré mi herramienta. Me asusté, creyéndome enfermo. En efecto, mi pene había crecido. La verdad es que no era mucho mas largo, apenas un par de centímetros pero era mas grueso, bastante mas grueso diría yo.
- ¡Carlos, estas pastillitas nuevas son estupendas! – gritó Thomas a mi padre. En efecto si en mí se notaba su efecto, en el tremendo aparato de Thomas se manifestaba mucho más.
- Estamos en fase de pruebas, pero como verás de momento los resultados son estupendos. De momento sólo tienen una pega… - bebió un poco de vino para aclararse la garganta – que sus efectos se prolongan…demasiado.
- ¿Demasiado? – Thomas se partía de risa - ¿cómo es posible que esta tremenda erección dure demasiado? Creo que, contra más tiempo dure, mejor será. ¿No crees, Pedrito? – me miró divertido - la cosa dura mientras dura dura.
- Bueno, lo ciento es que los hombres que la hemos probado no tenemos queja ninguna pero… - continuó papá.
- ¿Pero…? – le animó Tom
- El problema es que una mujer convencional no aguanta cuatro horas con eso metido dentro…
Fue demasiado para Thomas, se atragantó con la bebida. Todos nos reímos a moco tendido.
Tras un rato de algarabía, el anfitrión alzó las manos. No callamos de inmediato. Giró la cabeza hacia Clara, que todavía se encontraba sobre Marié.
- Preciosa, debo pedirte disculpas por la actitud que para contigo ha tenido mi esposa esta mañana. Eres nuestra invitada y no mereces tal trato. Como ves, en acto de desagravio Eve no está entre nosotros. En su lugar nos acompaña una felina obediente que recibirá su merecido castigo.
Antes de proseguir con el espectáculo te concedo el derecho de resarcirte por su actitud. Puedes hacerle lo que desees. No es un acto de venganza, sino de justicia.
Clara meneaba la cabeza, lo estaba pasando bien y no quería problemas.
Ni siquiera recordaba el mal trago de antes.
- Princesa – prosiguió Tomas – será mejor que le hagas algo y que me guste a mí, porque si no, dejaré que Eve se ensañe contigo de nuevo.
Y no te va a gustar, te lo digo yo.
Eso ni hablar, era tímida pero no tonta. Se levantó de un salto y se acercó a gatita que estaba sentada sobre sus talones esperando el castigo.
- Perdóname Eve – susurró.
Sin dudarlo, le cruzó la cara con un tremendo bofetón que ninguno de nosotros esperaba. Hasta Clara se veía asustada de sí misma. Ni mucho menos sospechaba Eve que la niña fuese a darle tan fuerte, pero del golpe que le soltó cayó de lado sobre la alfombra.
Bueno, me fijé que un comensal no se extrañó de la actitud de mi hermanita. Marié sonreía maliciosamente, modiendose sutilmente su labio inferior. Seguro que había aleccionado a la pequeña para que tratase a su hermana como se merecía.
La niña se había hecho daño en una mano y de la nariz de la Gran Zorra Rubia brotaba un hilito de sangre. La leona se volvió a colocar a cuatro patas, consciente de que aquello no había hecho más que comenzar. Clara miró a Marié en busca de apoyo y la morena asintió levemente.
De cuclillas mi hermanita orinó sobre el cuenco de la comida y utilizó la correa para obligar a la pobre Eve a tragar del recipiente. Poco a poco comenzó a engullir trozos de intestinos regados con el néctar adolescente.
La postura dejaba su coño ligeramente abierto, a merced de la chiquilla. Noté que Marié estrujaba la servilleta nerviosamente. Yo presentía que iba a pasar algo.
Jessy se estaba masturbando sin pudor alguno, creo que hubiese pagado lo que fuera por estar en el lugar de su madre.
De repente, mi hermanita pequeña, la misma que lloraba desconsoladamente en aquel sucio taxi se transformó en una bestia sádica. Tomando unos pasos de carrera, propinó a Eve una tremenda patada en su pelado coño que tuvo como consecuencia que la treintañera entrase de morros en el cuenco de la comida, desparramando su contenido por el suelo.
La gatita se retorcía de dolor, pero no dijo nada.
Clara se había pasado con Eve. Bueno, a decir verdad, Marié se había pasado con su hermana. La niña, tal y como había pasado antes conmigo, sólo era un instrumento mas en la sádica disputa fraterna.
- Bueno, creo que ya es suficiente. Clara, trae la otra cajita, la roja y acércate, mi amor.
El turno de la pequeña había llegado.
El gigantón destapó la pequeña cajita y untó su dedo índice con el gel que había en su interior. Con la mayor de las delicadezas embadurnó aquel delicioso coñito. La pequeña se dejó hacer. El tratamiento se repitió con su abertura trasera. Al ver mi cara de extrañeza y Thomas me dijo.
- Hijo, esto es un invento mágico, no es un simple lubricante. Verás, los cuerpos infantiles son muy flexibles, pero hasta cierto punto. Si se supera el límite, el niño sufre más de la cuenta. Y nosotros no queremos eso ¿Verdad? Preferimos generalmente que disfrute del coito.
A diferencia de Jessy, Clara no está acostumbrada al tamaño de mi pene, sobre todo después de tomar la pastilla de antes. Con esto – dijo mostrandome su dedo pringado – la pequeña Clara no sólo no sufrirá, sino que su orgasmo será mucho más intenso. Además, tiene efecto afrodisíaco. En un momento estará suplicando verga
La pequeña, al oír esto, Clara se estremeció de gusto. Tom le gustaba cada vez mas.
- Mientras tanto – golpeó sus manazas con energía – ¡Que comience el espectáculo!
A continuación cuatro enormes mandingos negros entraron por la puerta.
Eran espectaculares. Los cuatro morenos estaban disfrazados como si fuesen leones, con un traje similar al de Eve. También llevaban orejas felinas postizas y una cola metida por el culo. Sus vergas duras se cimbreaban cerca de la leona.
- Señores, un poco de silencio – les dijo Tom a los recién llegados. – señores, por favor. Sean tan amables de tomarse una de estas pastillas.
Tengan un poco de paciencia. Tardan en actuar unos minutos pero luego su efecto se prolonga por horas. Les pido por favor, una cosa – Tom ordenaba las cosas de esta manera sutil – en todo ese tiempo no quiero que ese delicado trasero pase hambre, deseo que no esté desocupado ni un solo instante.
Dedíquense al culo especialmente. Por favor. Esa hembra malcriada debe aprender a obedecer. Espero que no olvide esta tarde en su puta vida.
Aquellos salvajes se abalanzaron sobre la rubia que, en posición fetal todavía estaba en el suelo, intentando recuperarse del golpe. Sin importarles su estado comenzaron a insultarla y pellizcarla.
El mejor dotado, el jefe de la manada, comenzó el ritual. Puso a Eve a cuatro patas y le arrancó la cola de un golpe. Escupió en su abertura. Poco a poco, aquel chorizo de carne dura y negra se metió en el blanquito ojete.
El tío la tenía enorme, y eso que todavía no le había hecho efecto la píldora negra. No obstante, se notaba que Eve tenía experiencia. Cosas mayores habrían entrado por aquel divino agujero.
En nuestra mesa había movimiento. Tal y como Tom había predicho, fue la misma Clara la que se colocó sobre él. Su cuerpo le pedía sexo. Sexo duro y sexo ya. La pequeña y el sueco se enlazaron en un combate de lenguas desigual.
El hombre estrujaba los glúteos que desaparecían por completo detrás de aquellas enormes manos. Poco a poco, vi como el rabo de Thomas se introducía en aquella pequeña cueva que yo todavía no había explorado.
Ya llegaría mi turno. No le cupo entera. La pequeña se colmó con apenas la mitad del miembro de su amante. Poco a poco, iniciaron una danza de cuerpos compenetrado. La niña tenía los ojos en blanco, estaba disfrutando como nunca.
- Carlos, mira esto, estas pastillas son una pasada.
En efecto, separó las manos que sujetaban a la ninfa. Ensartada como un cristiano, se podía observar como el pene de Thomas era el único punto de apoyo de la niña. El vigoroso ariete estaba lo suficientemente excitado como para aguantar todo su peso.
Pero mi padre a penas le lanzó un gruñido. Hacía un rato que le daba por el culo a Jessy. A diferencia de Clara, a la pequeña Larsson no le hacia falta ungüento alguno para poder ser penetrada por un hombre. Seguro que pensó:
- Clarita, si tú te tiras a mi papi, yo me follo al tuyo.
La postura de Jessy tenía una ventaja, entregando su trasero, podía seguir las evoluciones de los negros sobre su madre. En el suelo, Eve era penetrada al unísono por sus tres agujeros de manera despiadada.
Tom quiso imitar a mi padre. Jugaría con el culo de Clara esta vez. La tumbó boca abajo sobre el mantel y comprobó la mercancía. La postura me recordó a la del desgraciado morenito de la película de Jessi. En pocos minutos, el salvador de Clara se iba a convertir en su peor pesadilla. Bueno, eso creía yo. Tomas introdujo su dedo corazón en las entrañas de la chiquilla. Entró sin dificultad alguna, el gel había hecho el milagro. La joven se abrió todo lo que pudo, tal y como le había enseñado su papi en las noches de Barcelona. A pesar de que el tamaño del miembro de Thomas era mayor que el de Carlos, la niña estaba tan caliente como para no pensar en ese pequeño detalle. Su culo le ardía y necesitaba una manguera para apagar el fuego. Y si algo le sobraba al sueco era manguera. Poco a poco, sin forzar la máquina, Thomas sodomizó a mi hermanita de diez años sin piedad. Esta vez sí pudo penetrarla completamente. El rabo desaparecía y aparecía en un rítmico vaivén. Yo estaba en trance embobado con el movimiento.
Un grito infantil me sacó de mi letargo. Marié estaba haciendo de las suyas. Frente a ella, una de las camareras estaba tumbada en la mesa abierta de piernas. Sin duda, la nórdica le había estado comiendo el coño a placer. Pero el grito no había sido de placer, sino de dolor. La mujer se había apoderado de una vela morada, que servían de adorno en el centro de la mesa. Se divertía dejando caer cera ardiendo sobre aquel juvenil cuerpo. La cera cuando cae sobre la piel quema un poco, pero no deja rastro alguno. Sin duda, era lo que Marié buscaba.
- ¡Abrelo puta! – Gritó Marie – si no lo haces tú, lo haré yo.
Temblorosamente, la gemelita pelirroja abrió sus labios vaginales mientras decía no con la cabeza. Pedía una clemencia que jamás llegaría.
Un chorrito de cera líquida se desparramó sobre el clítoris de la joven. Otro grito sonó en la sala. Gota a gota, se fue formando sobre su piel un caminito blanco, que se dirigía a sus pechos. Observé con sorpresa que los pezones estaban erectos. Sin duda, no lo estaba pasando tan mal como parecía.
Sentí la llamada de la naturaleza. Todos estaban disfrutando de la carne menos yo. Pero ¿Quién me quedaba para mí? Eché un vistazo a la sala. Sólo estaba disponible la otra pelirroja. Lo ciento es que bien mirado cualquier otro lo hubiera considerado como una suerte.
La mocosa estaba de miedo. Como si de un vulgar camarero se tratase, la llamé haciendo un gesto. Se dirigió hacia mí con cara de niña buena. Sin dejarla llegar, le escupí en la cara. La agarré por un brazo, la tumbé en la mesa y se la clavé por detrás como un animal. Le tiré del cabello para ensartársela mas adentro.
No pudo reprimir un gritito. En aquel momento no era yo, era una bestia en celo. Le puse el culo colorado de una serie de sonoros cachetes que le di. A Teresa eso le gustaba. Al recordarla, todavía me puse más burro. Imaginé que el trasero que perforaba era el de la puta de mi novia.
También la imagine follando con su tío cada martes. Seguro que a aquel cabrón no le hacía falta emborracharla para darle por el culo. No sé porqué en aquel preciso momento recordé a Thomas diciéndome que tenía fotos de aquellos encuentros. Era un detalle en el que no había reparado.
Un aullido de placer de mi padre me sacó del trance. Se había corrido dentro de Jessy. Tom también estaba a punto. La boca de Clara iba a ser el blanco de su eyaculación. Hacía tiempo que esperaba este momento. Sin decirle nada, la niña abrió completamente su boquita.
Tomas apoyó la punta de su glande en su pequeño labio. A esa distancia era imposible fallar. Y no lo hizo. Chorretones de esperma se desparramaron dentro de mi hermanita. El último estertor se estampó en su carita. Estaba ahogada en semen.
- No te lo tragues hasta que yo te diga.
Y diciendo esto, Tom introdujo su rabo en aquella boquita colmada de jugos. Chorretones de esperma se deslizaron sobre la cara de Clara, cayendo sobre sus desnudas tetitas. De haber tenido una cámara hubiera inmortalizado el momento.
Me pareció extraño que no hubiese nada con lo que inmortalizar el momento. Pero ahora había otra cosa mas urgente.
En poderosas y secas arremetidas eyaculé en el culo de la niña que tenía entre mis manos. En verdad, estaba un poco arrepentido. La había utilizado como si fuese una vulgar muñeca hinchable.
Podría decirse que la había violado.
Categorías
V.O.
Comentarios
Publicar un comentario