Capítulo 5
Después del encuentro sexual con Jessi y su mamá, nos dimos los tres un respiro. Laura y yo estábamos exhaustos, pero daba la impresión de que la quinceañera seguía con ganas de guerra. Apenas unos instantes después de verter en su vagina hasta el último hálito de esperma que había en mis pelotas, ya estaba ella de nuevo lamiéndomelas con insistencia. Yo me dejé hacer, a nadie le amarga un dulce, no obstante era perfectamente consciente de que, pese a que al encomiable esfuerzo de la niña, su tarea iba a resultar harto complicada. Desgraciadamente, uno ya no es el adolescente de erección fácil de antaño, aunque tampoco el eyaculador precoz de entonces. No hay mal que por bien no venga.
Con todo el dolor de mi corazón, tuve que detenerla, pese a que su lengua y mis huevos se entendían a la perfección, confraternizando de manera antológica.
Jessi en la cama era de todo menos inocente. La muy viciosa sabía cómo satisfacer a un hombre y hacerlo vibrar. Su osadía era tal que incluso un par de veces aquel piercing travieso que coronaba su lengua tonteó con mi ojete, lubricándolo con maestría. Confieso que, si bien en un primer momento me inquietó la presencia metálica en salva sea la parte, no guardo una mala experiencia de aquello. Me dejó el orto a punto de caramelo.
Para quitarle el mal sabor de boca, y aún a riesgo de parecer demasiado amable, sugerí encargar un par de pizzas para la cena con la condición de que fuese la propia Jessi la que atendiese al repartidor tal y como su madre la trajo al mundo. Ya sé que fue una imprudencia, que el tipo hubiese podido montar una escena y armar un escándalo jodiéndolo todo, pero en aquel momento no me pareció algo fuera de lugar y sí muy morboso. El cuerpo de Jessi era algo digno de mostrarse.
Laura lanzó una mueca de desaprobación y la niña simplemente se encogió de hombros, como si mi ocurrencia fuese algo trivial. Otra en su lugar me hubiera partido la cara, o al menos lo habría intentado. Creo que la niña había exhibido tantas veces sus voluptuosas curvas a desconocidos, que ya no le suponía ningún trauma hacerlo una vez más. Tenía totalmente asumido su papel de mujer objeto, más bien niña objeto en este caso.
Reconozco que me salió el tiro por la culata. En lugar de repartidor, fue una repartidora bastante mona la que nos trajo la comanda. La joven debía estar curada de espantos porque no se alteró en absoluto ante la ausencia total de ropa de la anfitriona. Supongo que pequé de poco original y que aquello era una broma habitual en las fiestas de pijamas entre adolescentes. Quizás fue por eso por lo que no dijo nada, o tal vez por el billete de cincuenta euros que se llevó de propina. Ell caso es que se largó con total indiferencia a la velocidad del rayo, aunque con el equivalente a las ganancias de un par de noches en el bolsillo.
La cena transcurrió en silencio. Yo apenas tomé una porción de pizza, en cambio las otras dos comensales devoraron la comida italiana como si llevasen todo el día sin probar bocado. Me dediqué sobre todo a analizar el semblante de Laura: su cara lo decía todo; la vida no le había tratado demasiado bien.
Con el estómago lleno, Jessi se transformó en una chica extrovertida, incluso diría que risueña, con ese hablar fluido que suele poseer uno cuando bebe sin estar acostumbrado a ello. Para mayor gloria de mis ojos, permaneció desnuda en todo momento. Sus enormes tetas tenían un movimiento pendular que me hipnotizaban. Creo que fue ese el motivo por el cual consentí, por fin, que se quitase las botas que tanto le incomodaban, a cambio varias chupadas en los pezones. Todavía estaban decorados con restos de mi esperma, no obstante eran tan apetecibles que ese pequeño detalle no me hizo echarme para atrás.
Me di un homenaje con las tetas mientras su dueña no dejaba de parlotear. De manera torpe, quería sonsacarme detalles de mi vida. Entre lamida y lamida, le contestaba con evasivas; todavía no había llegado el momento de mostrar todas mis cartas. Tendría en cuerpo de una diosa, pero cuando abría la boca, dejaba bien a las claras que no era más que una niña. Yo también estaba desnudo, Laura en cambio me pidió prestada una camiseta que disimulase sus vergüenzas. Accedí a su petición, con la condición de que no fuese cicatera con el Lambrusco y que bebiese al ritmo del resto de nosotros.
¿Es que quieres emborracharnos? – Dijo Laura, esbozando una sonrisa después de varias rondas del vino rosado.
No tendría sentido. Ya he pagado lo mío y puedo hacer lo que quiera con vosotras. Si me apeteciera, agarraría a tu novia por el pelo, la tiraría sobre la mesa y le daría por el culo hasta sacarle la polla por la boca. Nada me impide hacerlo.
Semejante impertinencia pudo parecer fuera de lugar. Fue algo premeditado, no quería yo que se tomaran demasiadas confianzas sino dejar bien a las claras quién llevaba las riendas de la situación. Ambas se callaron al instante, volviendo a la cruda realidad: no eran más que un par de putas a mi servicio. Nada más.
Y… ¿vas a hacerlo? – dijo la lolita con timidez, tapándose ligeramente el busto con sus manos.
Cuando Jessi me hace este tipo de preguntas, utiliza un tono ambiguo que me saca de quicio. Nunca he sabido a ciencia cierta si le aterra más la idea de que cumpla mis amenazas o que no lo haga.
Seguro, te la meteré hasta los huevos. Voy a dejarte el culito en carne viva… pero más tarde. No hay ninguna prisa.
Decidí que era el momento de dar el paso definitivo para saber si las dos hembras tenían lo que había que tener para seguir adelante con el loco plan de mi sobrina. Con la niña no tenía ninguna duda al respecto, iba sobrada de materia prima para ser una prostituta de las que quita el sentido. Su predisposición al sexo extremo estaba fuera de toda duda. La madre ya era harina de otro costal. Tenía que comprobar si tenía el estómago suficiente para seguir adelante.
Me levanté de la silla con cuidado. Uno ya tiene las suficientes tablas como para saber que ese dulzón caldo italiano es suave al paladar y letal para el equilibrio. Jessi se revolvía nerviosa en su asiento, sin apenas conocerla estaba seguro de que era capaz de retirar la caja de cartón de un golpe, abalanzarse ella misma sobre la vajilla y abrirse a dos manos el ojete de par en par para que yo disfrutase del último de sus agujeros que me quedaba por degustar.
Yo tenía otros planes. Desaparecí unos instantes en mi cuarto para volver con algo oculto en mis puños poco después. A las dos se les abrieron los ojos como platos cuando abrí una de las palmas y extendí sobre la mesa dos billetes rosas de quinientos euros. Me costó un poco desplegarlos con una mano solamente, tanto mi sobrina como las otras chicas tienen la puta manía de enrollarlos como si fuesen un canuto. Leire me había proporcionado tal provisión de fondos para mis gastos que podía permitirme perfectamente semejante dispendio.
Cuando les expliqué mis intenciones, las dos hembras reaccionaron de manera diametralmente distinta.
No. Eso no. Eres un cabrón si piensas que puedo hacer algo así. – Dijo Laura, realmente enfadada.
Me esperaba tal reacción de ella, así que dirigí mi dardo al eslabón más débil de la cadena.
Y tú… ¿qué opinas, María dos? – Remarqué con sorna el nombre evidentemente falso de la niña.
Bueno… yo…
¡Que no! ¡No se hable más! Métete tu puto dinero donde te quepa. Has pagado por follarnos toda la noche, ¿no? Pues eso. Métenos tu jodido rabo por dónde te apetezca, pero eso que nos pides… ¡ni lo sueñes!
Ni siquiera me molesté en mirarla. Seguía con los ojos puestos en Jessi. Creo que estaba calculando mentalmente los polvos que tendría que echar en el descampado del polígono industrial para poder ganar semejante fortuna. Las matemáticas no eran su fuerte, pero aun así era consciente de que no serían pocos.
Es… es mucha pasta.
¡Qué no! ¡Joder!
Reconozco que Laura me sorprendió por su vehemencia y aplomo, cualidades muy loables, que desaparecieron de un plumazo cuando un tercer billete acompañó a sus compadres. Los tríos siempre han dado mucho juego en todo.
¡Mil quinientos! – Dijo Jessi realmente alucinada. Probablemente aquella fue la primera vez en su vida que vio tal suma de dinero junta -. Hagámoslo… ¡Son mil quinientos euros!
Yo sabía de sobras cuál iba a ser la siguiente jugada de la mujer: negación, enfado…
¿Y si lo hacemos al revés? Cambiamos los papeles y yo…
… negociación.
La interrumpí sin miramientos, quería que aquello fuese rápido. Lo crean o no, tampoco a mí me gustaba la idea de mi sobrina. Me parecía algo enfermizo y asqueroso, indigno de ser tan siquiera considerado por una mujer y mucho menos por jovencita de su edad.
¡Ya me estás tocando los cojones, puta! ¿Qué es lo que entra en tu cabecita loca? Creo que lo he dejado meridianamente claro. ¡Mil quinientos, aquí están! Son vuestros si hacéis exactamente todo lo que os he dicho. ¡Todo o nada! – Remarqué las palabras para que no hubiese dudas -. Lo tomáis o lo dejáis. No hay más.
Otro silencio precedió al desenlace. Sabiendo los antecedentes de Laura y su falta total de autoestima, su decisión no me sorprendió en absoluto.
Su… supongo que no serán falsos.
Supones bien.
Eres un hijo de puta asqueroso y pervertido. ¿Lo sabes?
Y tú novia y tú unas zorras que hacéis cosas asquerosas y guarras por la pasta que os damos los hijos de puta como yo. Y ahora que tenemos todos muy claro lo que somos… ¿nos dejamos de tonterías y vamos al tema?
Si hacemos esto es… porque realmente necesitamos el dinero.
Eso a mí me la suda, como si os queréis meterlo todo por las venas. Adelante, guarras.
Después nos iremos. No quiero volver a verte en la vida.
Volví a apostar fuerte.
¿De qué cojones estás hablando? Después volveremos a la cama, que la noche es joven. No ha de amanecer sin que le haya roto el culito a esa putita…
Laura estaba roja, pero no de ira sino de vergüenza.
Tú… tú ganas. – Dijo estrujando con rabia los tres billetes rosados.
Cómo no, la primera en levantarse de la mesa y dirigirse al baño fue la que aparentemente peor lo iba a pasar con todo aquello. Jessi jamás ha dejado de sorprenderme.
Minutos después, la niña yacía totalmente sobre el fondo de la bañera. Era lo único realmente grande dentro de mi minúsculo apartamento. Sobre ella, de cuclillas, Laura seguía negando con la cabeza.
No puedo creer lo que estoy haciendo.
Venga no seas quejica.
¿No pretenderás grabarlo?
Por supuesto. Por lo que he pagado, podría hacer hasta una serie de varios capítulos.
Eres un hijo de puta.
Al tema, basta de tonterías.
Busqué el mejor ángulo que me fue posible, invirtiendo unos segundos en enfocar los rostros de madre e hija. No quería que quedase ninguna duda sobre su identidad. No pretendía ni mucho menos comerciar con las imágenes en la red, ni siquiera extorsionar a las chicas con ellas. Mi intención al tomar las fotografías era conseguir una especie de seguro, un as en la manga con el que evitar que Laura fuese con el cuento del prostíbulo a la policía en el improbable caso que no llegásemos a un acuerdo.
Jamás olvidaré la expresión de Jessi, con la mirada fija en el trasero de su madre. Expectante, pero sobre todo curiosa, como si de aquel agujero que poco a poco se iba acercando a su cara pudiera salir otra cosa distinta que una buena ración de mierda. La niña abrió los labios cuanto pudo, como si fuese un polluelo en el nido, esperando obtener de su madre algo jugoso que llevarse a la boca. Y así fue, aunque no en un primer momento.
No puedo. No sale.
Venga, no seas gilipollas.
Es que… no… no puedo…
Tranquila – intervino de improviso Jessi con su vocecita juvenil -, todo va bien… tú no te preocupes… sólo hazlo…
Laura respiró hondo, constriñó su intestino y la mierda comenzó a salir de su ano lentamente. Poco a poco, el nauseabundo chorro marrón fue alojándose en la boca de Jessi, que permaneció impasible en todo momento, como si no fuera primeriza en todo aquello. Sabiendo su grado de depravación, contemplé la posibilidad de que mi sobrina tuviera algo que ver en eso.
Jessi apenas parpadeó siquiera cuando la vejiga de la madre se relajó, lanzando un chorro de orina que se estrelló contra su voluptuosa delantera. Cuando su cavidad bucal se colmó, grumos de heces sobrantes resbalaron por su mejilla, cuello y barbilla. Alguna porción de mierda se alojó entre los senos de la lolita, uniéndose con la orina, formando una malgama de aspecto deplorable, como el aspecto global de la niña.
Laura se incorporó, no tuvo el valor de darse la vuelta y ver el resultado de sus actos.
No me fue fácil hacerle las fotos, la poca comida que tenía en mi estómago quería salir de él en estampida. Después de contemplar varias veces el vídeo de mi ahijada Leire siendo cagada en la boca, creía cándidamente que mi cuerpo podría soportar verlo en directo, pero no fue así ni por asomo. El olor es tan intenso y fuerte que resulta vomitivo por sí solo.
¡Traga! - Ordené, con todo el dolor de mi corazón.
Apreté la mandíbula fuerte pero ni aun así pude evitar que una arcada trajese de vuelta algo de comida a mi boca cuando Jessi comenzó a mover su mandíbula. Fue algo difícil de contemplar en directo. Sus dientes otrora blancos completamente marrones, rebozados en heces, masticando lentamente. Sus ojos azules miraban directamente a la cámara, y el nivel de mierda en su boca iba descendiendo al ritmo que su estómago se iba llenando de ella.
Supongo que habrá quién alcance un orgasmo simplemente viendo a una niña comiendo heces. Excitación fue lo último que yo sentí en aquel momento. Como queriendo compartir mi sentimiento de culpa ordené, a Laura que se diera la vuelta:
¡Mírala!
¡No!
¡Que la mires, hostia! ¿Es que te vas a echar atrás ahora? – le grité, agarrándola de la mano con firmeza -. Todavía no hemos acabado.
¡Por… por favor…! – Suplicó.
Contuve cuanto pude los deseos de apiadarme de ella, obligándole a girarse. Se llevó las manos a la cara al ver su obra:
¡Dios!
Venga, continúa.
Tuve que ayudarle a arrodillarse sobre la niña, parecía que las fuerzas le fallaban a la pobre mujer. Lloraba como una Magdalena.
Extiéndele la mierda por las tetas.
Pero Laura ni siquiera se movió. Reconozco que la vi tan mal que no tuve el coraje de insistir.
Tranquila – repitió Jessi con un hilito de voz -. Todo está bien. No pasa nada…
Lo dijo como si exculpara a su madre no sólo de esa afrenta sino de todas las sufridas anteriormente. Creo que, lejos de conseguir el efecto deseado, aquellas palabras todavía hicieron que la mamá se sintiera peor. Fue la propia chiquilla la que utilizando las manos de su progenitora, se extendió parte de las cacas sobrantes por los senos. Posteriormente, hizo algo similar con su cara, e incluso para finalizar utilizó su propio cabello para limpiarle las manos a una Laura que no dejaba de sollozar. Sólo sus luceros azules permanecieron ajenos al tinte marrón.
¿Estás bien? – Le preguntó tiernamente a su mamá.
Sí – mintió la otra de manera pésima -.
Acabemos con esto, ¿vale?
Laura solo pudo asentir, justo antes de que Jessi se incorporara para agarrarle con sus manos tras la nuca, fundiéndose ambas hembras en un profundo y tórrido beso.
Me quedé tan impactado por la escena que en lo último que pensé fue en hacerle fotos. Madre e hija se retorcían dentro de la bañera rebozadas en orina y heces. Alguien pensará que soy lo peor, pero no pude evitar sacarme lo mío y mearle a Laura en la cabeza de tal forma que mi orina cayó en cascada por su cara, continuando por la de Jessi, justo antes de perderse por el desagüe, contribuyendo de esta manera a agrandar el deplorable aspecto de ambas mujeres. Estaba tan fuera de mí que agarré del cabello a la adulta bruscamente para que no se interpusiese entre lo que salía de mi pito y la boca de la niña. Vacié mi vejiga en su rostro infantil de Jessi y ella aguantó estoicamente mi mala acción.
Alguien incluso más enfermo que yo se le habrá ocurrido la genial idea de que fuese yo mismo el que cagase en tan delicado inodoro, pero lo crean o no, y pese a lo que les había obligado a hacer o a lo que sucedería en fechas posteriores, a mí no me van ese tipo de filias. En lugar de eso, encendí la ducha de agua caliente y me escabullí como pude hasta la cocina. La poza del fregadero fue el mejor lugar que encontré para dejar por fin salir cuanto se alojaba en mi estómago.
Fui devorando cigarrillo tras cigarrillo, esperando pacientemente que madre e hija abandonasen el baño. Tras un buen rato, fue Jessi la que apareció tras la puerta bajo una de mis toallas. Sin dejar de mirar al suelo, se dirigió dando saltitos hasta mi cuarto. Volvió con las dos maletas, y sin articular palabra, fue recogiendo el resto de sus cosas que estaban desparramadas por el salón.
Como ya me temía, cuando las dos mujeres volvieron a aparecer frente a mí, estaban completamente vestidas, con el cabello húmedo, listas para emprender el vuelo. Ya no portaban sus uniformes de batalla sino ropa más cómoda y convencional. Como único vestigio de las prostitutas que hacían la calle en el polígono industrial de las afueras de la ciudad, permanecía la torerita de Jessi. Supuse que la cría no tenía más ropa de abrigo que aquella minúscula prenda. Su aspecto se correspondía más con el de una adolescente de su edad, siendo este infinitamente más apetecible que el de puta poligonera. Era una muñequita preciosa, sin embargo no pude recrearme demasiado la vista, como queriendo protegerla de un monstruo, su madre se interpuso entre nosotros. Por extraño que parezca, le ofendía más que la mirase de aquel modo que el que me la follase por treinta cochinos euros. Laura no era por aquel entonces una persona muy estable que digamos, estaba superada por cuanto le había ocurrido en la vida.
No… nos vamos – dijo sacando fuerzas de flaqueza. Creo que temía mi reacción ante tal noticia y quiso compensarme -. Si quieres te devolvemos los trescientos euros pero no… no podemos quedarnos toda la noche.
Sólo le faltó decir lo que realmente pensaba, que no se fiaba ni un pelo de un pervertido como yo. Supongo que temía que las descuartizase mientras dormían o algo así.
Simplemente me encogí de hombros.
La ambigüedad de mi respuesta le hizo dudar nuevamente. La duda constante era y sigue siendo algo consustancial a Laura, quizás por eso se aferraba tanto a los hombres que la engatusaban; buscaba en ellos la seguridad que no tenía, aun a costa de que le destrozaran su vida y la de su niña. Se quedó como una estatua, pero poco a poco volvió en sí. Ya estaba a punto de accionar el pomo de la puerta cuando saqué mi as de la manga:
Laura, tú y yo sabemos que las calles son peligrosas para tu hija. Sólo tiene quince años y toda una vida por delante. Ella no se lo merece. Donde tiene que estar Jessi es en el instituto, con sus amigas…
Solté la bomba y esperé la explosión. Esta se hizo evidente cuando la mujer soltó el asa y la maleta cayó al suelo. Fue Jessi la que, dándose la vuelta, me miró con los ojos desorbitados:
Pero, ¿tú como sabes eso? – me dijo como si fuera un extraterrestre.
Habrá… habrá mirado en nuestros bolsos…
No me hace falta mirar en ningún sitio. Sé quiénes sois, a lo que te dedicabas antes de ser puta, el instituto de secundaria donde supuestamente debería asistir Jessi y no lo hace… ¿quieres que siga?
La mujer se quedó pétrea, sin saber a qué atenerse.
Madre soltera, experiencia en temas sanitarios, pero sin titulación alguna, por eso te resulta tan difícil encontrar trabajo y ya no ejerces desde que el viejo dentista cerró el negocio. Todo iba bien y de repente… se fue todo a la mierda ¿no es cierto?
No sentí la necesidad de machacar más a la pobre mujer y mucho menos delante de su niña.
Por favor, sentaros. ¿Queréis una taza de café? A mí me gusta fuerte. Os ayudará a pensar sobre lo que voy a proponeros. Especialmente a ti, Laura.
¿Quién narices eres tú? – preguntó la chiquilla todavía en shock.
Me llamo Rubén. Supongo que eso no os dirá nada, pero si os cuento que soy el tío de Leire, la compañera de clase de Jessi, será otra cosa, ¿correcto?
¡Leire! – Repitió la lolita como si fuese un papagayo.
¿No es esa la chica… que…? – Comenzó a decir Laura pero su hija la interrumpió.
¡Sí! – se apresuró a decir la adolescente, frenando en seco a su madre.
Me quedé con las ganas de saber algo más de su relación con mi sobrina, no obstante como vi que callaba, proseguí:
Tengo… tengo algo que proponeros. Escuchad mi oferta, por favor, y después podréis iros libremente.
Tras mirarse las dos unos instantes, fue la madre la que me conminó a proseguir:
Te… te escuchamos.
Entre tazas del negro bebedizo y el humo de varios cigarrillos, expliqué con pelos y señales nuestro plan de negocio. No me reservé nada, puse boca arriba todas mis cartas, sabedor de que si me mostraba arrogante y seguro de mí mismo, entraría dentro del perfil del tipo de hombre que gustaba a Laura, eso sin contar el tema del dinero, que dado su precario estado financiero estaba seguro de que también le agradaría.
A… a ver si lo he entendido - Dijo Laura, una vez hube terminado mi exposición intentando asimilar la información obtenida -. Se trata de montar una especie de burdel de niñas…
Bueno… de adolescentes más bien pero sí, básicamente así es. Más bien reabrirlo, ya que funcionaba a pleno rendimiento hasta hace unos meses… tuvieron que cerrar el negocio por no tener una buena tapadera.
Entiendo.
No será un local cualquiera. Por lo visto hay un montón de chicas por ahí follando por dinero… a las pruebas me remito – dije sin demasiada sutileza, mirando claramente a Jessi que desvió vista hacia otro lado -. Eso no da beneficios. Nuestra intención es que sea un lugar exclusivo para gente podrida de dinero, con sexo extremo, ya sabes: bondage, scatología, lluvia dorada…, zoo…
Jessi se removió de la silla al escuchar esta última palabra. Se puso roja como un tomate pero el que realmente se sorprendió fui yo al escuchar a Laura:
Entiendo que es ahí donde entra Jessi, para eso la quieres, ¿no? Para que lo haga con animales, ¿verdad? Supongo que has visto su vídeo chupándole la cosa a un perro y has pensado que ella encajaría en tus planes.
¿Lo sabías? – dijo la joven, totalmente alarmada.
Ella se limitó a asentir.
Sí, Jessi… - dijo la madre nada orgullosa semejante confesión-. Aquel malnacido se las enseñaba a sus amigotes en la tele del salón… mientras guardaban turno para … ya sabes.
Sí, ya sé. – Dijo la chica con verdadera tristeza.
Por lo que supe después el último novio de su madre realmente había sido el peor de todos. Estaba tan enganchado a la heroína que todo el dinero que podía conseguir era poco. Inclusive había prohibido a la adolescente acudir al instituto para así poder prostituirla mañana, tarde y noche.
Aunque tuve que hacer tremendos esfuerzos por morderme la lengua, evité preguntar más ya que, por su actitud dejaba a las claras que era un pasaje que no querían rememorar.
Pasamos varios minutos en silencio, a mí me parecieron horas hasta que volvió a hablar:
Y… y yo, ¿qué pinto en todo esto? Comprendo que quieras a Jessi para… - se notaba que le costaba verbalizar todo aquello, cosa totalmente lógica por otra parte -… para hacer ese tipo de cosas. Ella es joven, bonita y… está claro que tiene experiencia en algunas de esas cosas, pero no termino de comprender qué pretendes de mí.
Respiré profundamente aliviado antes de proseguir, aquella reflexión era más propia de una persona con intención de aceptar que de rechazar la propuesta.
Necesito una persona con experiencia en coordinar agendas, recoger citas y asistir a las niñas. Yo no sé de muchas cosas de mujeres. No voy a engañarte, es un trabajo duro. Verás cosas que te removerán el estómago. Además, tendrás que limpiar el prostíbulo y acondicionar las habitaciones entre cliente y cliente para que no haya problemas de higiene. Eso sin contar con lo de aparentar ser una enfermera…
¿Enfermera?
¡Sí! – Dije riendo, sin duda satisfecho por el devenir de los acontecimientos-. Verás, como ya te he dicho el prostíbulo funcionaba a las mil maravillas, sin embargo tuvieron que clausurarlo a marchas forzadas por culpa de una vecina de lo más cotilla e impertinente que vive al lado. Por lo visto, la buena señora no tiene otra cosa con la que ocuparse que vigilar constantemente a los vecinos y descubrió que por la puerta contigua entraban gran cantidad de señores y de jovencitas sin justificación alguna. Hemos pensado en una tapadera, hacer creer a la vecindad que allí se ha instalado un urólogo privado.
¿Un urólogo? – Preguntó Jessi como si esa palabra le sonara a chino.
Es un médico que se encarga de los temas del aparato reproductor de los hombres. – Dijo su madre no muy segura de lo que hablaba.
Yo sabía que no se trataba exactamente de eso, no obstante lo encontré poco relevante para la conversación.
Pero… ¿Y nosotras?
Jessi ya asumía como más que probable ejercer de meretriz en aquel lugar de vicio extremo. Gran parte de mi trabajo estaba hecho.
Eso… ¿y las chicas?
Bueno. El urólogo también se encarga de temas de mujeres, pero hemos pensado en algo mucho mejor: Una Academia de Estudios.
¿Una academia?
¡Uff! Me he perdido completamente.
Es muy sencillo, veréis: en un bloque de edificios está la consulta del urólogo por la que entran los clientes. Como es una privada, a nadie le extrañará que el doctor aquí presente – dije señalándome a mí - ayudado por la enfermera Laura, pase consulta a señores durante las tardes, incluso los fines de semana. Hay algunas de estos gabinetes que incluso atienden urgencias por la noche, o los domingos…
Laura asintió con la cabeza:
Bien. Hasta ahí todo correcto pero…
… en el edificio contiguo abriremos La Academia – proseguí, como si no me hubieran interrumpido -. En ella el profesor de matemáticas o sea yo, asistido por la profesora Laura, o sea tú, daremos clases particulares a bonitas jovencitas que necesitan un poquito de ayuda para mejorar sus calificaciones.
Jessi abrió los ojos como platos:
¡Entiendo!
¿Entiendes? ¿Qué entiendes? – dijo Laura realmente mosqueada por ser la única que no comprendía el asunto.
¿Es que no lo ves? Es supersencillísimo – la niña estaba realmente excitada -. La academia y la consulta las separa sólo una pared. ¿No te das cuenta?
Así es. Basta con abrir una puerta en los tabiques que separan ambos bloques de edificios y… “voilà”: ya está el negocio montado.
Ya veo. – Dijo Laura intentando hacerse una idea.
¡Es genial! – prosiguió Jessi -. Las chicas por un lado y los clientes por otro. Cada uno por un edificio distinto. Nadie sospechará nada…
Pero eso… ¿puede hacerse?
Bueno, técnicamente no, pero si lo que vamos a montar es un puticlub de adolescentes, estarás conmigo que contravenir unas cuantas normas de urbanismo no empeorará las cosas…
Es cierto…
¡Biennnn!
¿Qué me decís? ¿Aceptáis? Aún hay muchas cosas por hacer pero os aseguro que pronto nos pondremos en marcha y los beneficios no tardarán en llegar.
Venga Laura, di que sí. – Jessi estaba totalmente entregada a la causa.
¿Jessi seguirá yendo al instituto?
Por supuesto. Me encargaré personalmente.
No… no tenemos dónde quedarnos…
De momento no puedo ofreceros otra cosa que este apartamento. El sofá es muy cómodo.
Y yo… también tendré que… ya sabes, ¿hacerlo? – Dijo Laura con cierto pudor.
No. En principio a ti sólo te follaré yo.
Jessi tosió. No esperaba una respuesta tan contundente. A Laura en cambio se le iluminó la mirada, yo sabía que eran ese tipo de cosas las que le hacían encoñarse de un hombre y actué de forma premeditada.
Hay un problema muy grande… - Prosiguió la madre.
¿De cuánto estamos hablando?
¿Cómo sabes que se trata de dinero?
Ya te he dicho que lo sé todo sobre vosotras, excepto la cantidad que le debes ese prestamista.
Es un tipo muy peligroso…
¡Laura, no se lo digas…! ¡Dijo que nos mataría…!
Tranquila, Rubén nos ha contado su secreto. Es justo que él sepa dónde se está metiendo. Ese… ese prestamista como tú lo llamas es un tipo despreciable.
Cuando salió de su boca la cantidad adeudada no pude disimular mi estupor.
¿Se ha quedado vuestra casa y todavía le debes cincuenta mil?
Sí…
Es mucho dinero.
Tengo que pagarle tres mil al mes… por cada mes de retraso son mil más.-.
¿Cuánto necesitas para ponerte al día?
Dieciocho en tres semanas, con el cambio de mes.-.
Los números son lo mío, enseguida me percaté de que aquella sucesión era una locura. A treinta euros el polvo les iba a resultar imposible afrontarla a madre e hija. Lo cierto es que cieciocho mil euros era una cantidad asumible para mis tres patrocinadoras, no obstante andábamos algo justos de efectivo, teníamos que alquilar los dos locales y acondicionarlos para ponerlo todo en marcha. Aquel era un gasto importante.
¿Qué pasa? – Dijo Jessi verdaderamente asustada – Haré lo que haga falta, por mí no tengas dudas. Me follaré a todo lo que se mueva: perros, caballos, lo que sea… hasta muertos si es necesario…
No pude por menos que reírle la ocurrencia.
De acuerdo. – Dije tras reflexionar un rato.
Mi sobrina me dejó meridianamente claro que no reparase en gastos, que ella buscaría el dinero pero que quería a Jessi cerca suyo. Confiaba en Laia y en su capacidad financiera. Observé a la jovencita rubia, realmente estaba esperanzada con todo aquello. Intuí que sabía que era la última oportunidad de salvación para ella y su madre, aun a costa de hacer cosas impensables para el resto de los mortales.
¿Te importaría dejarnos un rato a solas, por favor?
Pero Laura, ¿qué hay que hablar? – Protestó Jessi.
Hay que hablarlo, Jessi. Es algo que nos afecta a las dos. Por una vez quiero pensar antes de hacer las cosas.
Yo me voy a la cama – les dije, incorporándome de mi asiento -. Ahí tenéis el sofá para dormir. Independientemente de vuestra decisión os pido por favor que paséis aquí la noche. Mañana me dais la respuesta… o no. La puerta está abierta. Podéis iros cuando queráis.
Ni siquiera había apagado la luz de mi habitación cuando madre e hija aparecieron por la puerta. No hizo falta que me diesen el veredicto, la desnudez de ambas lo dejó tremendamente claro.
No sé exactamente a qué fue debido. Supongo que el verse liberada de la losa que la atenazaba hizo que Laura diese rienda suelta a sus más bajas pasiones. Se comportó realmente como la más viciosa y depravada de las putas cuando curiosamente no había necesidad de hacerlo. Llevó la voz cantante durante el último acto sexual de la noche, y nada tengo que objetar sobre sus evoluciones; lo pasé de puta madre compartiendo fluidos con madre e hija. Succionó tanto mi verga como el sexo de su niña con una fruición y avidez que rayaban lo violento. Le comió las tetas y la boca a la chiquilla como si no hubiese mañana.Y para finalizar, lubricó el ano de su más preciado tesoro con la lengua y ella misma dirigió mi verga hacia el interior del intestino de una Jessi que, realmente disfrutaba tanto viendo a su mamá despreocupada, que no le importó el dolor que mi falo le produjo en su ojete. Tampoco fue para tanto. Desgraciadamente para ella, muchos tipos antes que yo habían explorado su puerta trasera de forma mucho más violenta en intensa.
Por mi parte comprobé una vez más que estaba muy equivocado en la vida. Había algo mejor que follarse a una chica delante de uno o varios de sus progenitores: darle por el culo mientras la mamá me lamía el mío.
Comentarios
Publicar un comentario